CAPÍTULO XII – Sangre, sudor y... revelaciones

En las mazmorras, ajenos a todo lo que ocurre a su alrededor, un rubio y un moreno han dejado libre su pasión contenida durante tantas semanas sin verse. Han sido muchos días sin poder hablar, disimulando ante todos, sin poder abrazarse, mostrando indiferencia cuando se encontraban, sin poder estar juntos. Demasiados días.

- No te imaginas cuánto echaba de menos esto – dice el moreno mientras su pareja recuesta la cabeza en su pecho.
- ¿De verdad? – responde el rubio con la voz aún ronca producto de la excitación de unos minutos antes -. Pues yo creo que has estado bastante distraído estos últimos días, no sé si has tenido tiempo para echarme de menos – añade finalmente.
- Yo siempre te echo en falta, pero sí, tienes razón, entre mi paso por la enfermería y luego lo de Harry…
- ¿Qué le ocurrió?
- Oh, pues él… él se… se desmayó porque no comía bien y, bueno… estaba muy débil – la voz del moreno no suena muy convincente.
- ¿Por qué noto que hay algo que no me cuentas? – pregunta el rubio levantando una ceja.
- Tienes razón… Verás, el motivo por el que no comía bien ni sentía ilusión por nada era por culpa de un desamor.
- ¿Desamor? – Draco se extraña ante la mención, nunca se habría imaginado a Potter enamorado.
- Sí, no sé, me dijo que me atacó porque estaba celoso. Pero no logro entenderlo…
- ¿Celoso? ¿Harry está enamorado de…?
- Oh, no, tranquilo, no eres tú. Sólo faltaría. Además, nos vio.
- ¿Nos vio? - Draco se levanta de la cama nervioso, empezando a dar círculos por la habitación -. ¿Y me lo dices tan tranquilo? - se para encarando a Sirius.
- Bueno, es que me dijo que no le importaba mientras fuera feliz – responde el moreno sonriéndole.
- Un momento… - Draco se acerca hasta quedar a pocos milímetros de Sirius – ¿me estás diciendo que a tu ahijado no le molesta que yo sea tu pareja? ¿Potter dijo eso? – Sirius asiente -. Creo que definitivamente está mal de la cabeza…
- Oh, vamos, Draco, seguramente ha madurado, ya no es el mismo Harry de antes, ahora incluso lo veo un poco más responsable.
- Pero… ¿no le importa? – el rubio sigue con la misma cara de incredulidad.
- No, me dijo que no, ya te lo he dicho. Anda, ven… - pide Sirius y le indica al rubio que se tumbe junto a él.
- Es que no puedo creérmelo. Tantos meses ocultándonos y ahora resulta que le parece bien…
- Sí, pero lo hemos pasado muy bien todo este tiempo, ¿no? Además, ocultarnos tenía un morbo especial…
- ¡Ja!, que te lo crees tú, ¿o acaso piensas que he olvidado lo mal que lo pasé ese día mientras estaba ahí escondido?
- ¿Aún no me has perdonado? – Sirius pone cara de cordero degollado.
- No, ni creo que pueda hacerlo nunca – el rubio lo mira completamente serio.
- ¿Tan malo fue? – le pregunta el moreno sonriendo de medio lado.

Flashback
- ¡Draco! – exclamó Sirius al tropezarse con él al salir de la ducha -. ¿Qué haces aquí?
- ¿Esas son maneras de recibirme? Bueno, no tengo nada que discutir sobre la ropa… ¿Acaso me esperabas? – le dijo mientras con el dedo índice recorría su pecho.
- Pues no, no te esperaba – apartó al chico y siguió su camino hasta la cama donde tenía la ropa tirada.
- Necesitaba verte. El otro día…
- Draco, sabes que no deberías estar aquí – Sirius lo fulminó con la mirada -, te lo dije.
- ¿Y se puede saber por qué? – el rubio levantó la voz -. ¿Tienes a algún amante más y no quieres que te descubra? – añadió hecho una furia.
- Por favor, no te pongas así. No vivo solo y lo sabes, y además mi casa…
- Sí, sí, ya lo sé, es el cuartel general de la Orden – dijo imitando la voz del moreno -. Pero ahora no tenéis reuniones y hace mucho calor y… me apetecía algo de acción – empezó a meter sus manos por debajo de la fina camisa de Sirius.
- Draco… - pero el muchacho lo ignoraba, le sacó la camisa despacio y empezó a recorrer su torso mientras depositaba en él pequeños besos -. Draco ya sabes que… Mmmm… - le había besado en el cuello y Sirius no podía resistirse ante eso.
- De acuerdo… lo he entendido, entonces me iré – dijo el rubio dándose media vuelta.
- No… - Sirius lo agarró por el brazo y lo atrajo hacia sí -. Ahora no puedes irte, tengo un problemilla que resolver – dijo señalando hacia su entrepierna.
- Hace un par de minutos querías echarme… - Draco puso su mejor cara de niño bueno.
- Sí, pero he cambiado de idea – respondió Sirius mientras lo abrazaba -. Ya sabes que no puedo resistirme…
- Pues no te resistas y disfruta – Draco se acercó hasta su cuello de nuevo y lamió lentamente justo debajo de la oreja, sabía que Sirius enloquecía ante el contacto de su lengua contra su piel.
- Dios… Draco…

Sirius ya no podía controlarse. Agarró a Draco por la cintura hasta que sus erecciones se rozaron, hecho que provocó un gemido por parte de los dos, antes de lanzarse a por la boca del otro como si les fuera la vida en ello. Empezó a desnudar al rubio y a contemplar su belleza. Sirius se sentía afortunado de haber encontrado a alguien como Draco. El chico era muy maduro para su edad y realmente encantador cuando se lo proponía. Si a eso le añadimos su belleza y su carácter, era una combinación explosiva. Y a Sirius le encantaban las mezclas peligrosas.

- Oh… mmmmm… - gritó el animago al notar la cálida boca del rubio alrededor de su palpitante erección.

Y Draco siguió torturándolo hasta el final, cuando Sirius ya no pudo más se corrió en la boca de su joven amante. Draco se levantó y besó al moreno en la boca, dándole a probar su semilla, como si fuera el néctar prohibido. Sirius ya no aguantaba más, deseaba poseer ese cuerpo, hacerle gritar de placer como la última vez. Lo arrastró hasta la cama y lo hizo tumbar, situándose encima de él. Depositó miles de besos en el blanco cuerpo, mientras Draco susurraba entre jadeos pidiendo más. Sirius quería hacerle sufrir un rato, así que siguió besando cada parte del cuerpo del rubio hasta llegar a su entrepierna. Contempló el magnífico miembro que se erguía ante él, Draco estaba muy bien dotado para su edad y el moreno se lanzó a por él. Recién empezaba a lamer y a succionar la virilidad del rubio cuando unos golpes en la puerta hicieron que se levantara a toda prisa dejando a un rubio algo enfadado y totalmente empalmado en la cama.

- ¿Harry?
- Hola, Sirius, ¿puedo pasar?
- No – dijo tajante -, no, yo… lo siento, estaba medio dormido…
- Oh, perdona, es que quería hablar contigo y… - el chico daba media vuelta.
- Harry, no te vayas, recojo esto y puedes entrar.

Sirius cerró la puerta y maldijo a su ahijado. ¿Por qué tuvo que aparecer justo en ese momento? La cara de Draco le decía que estaba pensando justamente lo mismo.

- Lo siento… tendrías que esconderte – dijo casi susurrando.
- ¿QUÉ?
- ¿Quieres bajar la voz? Harry está…
- ¿Que me esconda? – volvió a protestar.
- Draco… lo siento, pero no puede descubrirte aquí…
- Claro, sería una vergüenza para ti que me encontrara contigo. Un Malfoy no es bueno para Sirius, no es bueno para el padrino de Harry Potter…
- Draco, sabes perfectamente que no pienso eso.
- Pero me escondes…
- Es Harry, sabes cómo es, no lo entendería… - vio como el rubio abría la boca y la cerraba y finalmente habló.
- De acuerdo… pero sólo un rato.
- Te quiero.
- Eso no te va a salvar después. Un rato, Black… tú mismo.

Sirius arregló la habitación y metió a Draco en el armario del cuarto. Al cabo de poco, sentados en la misma cama donde minutos antes había estado a punto de poseer al rubio, estaba sentado junto a su ahijado. Hablaron un largo rato, Harry le contó todos sus miedos y pesadillas, como se sentía y lo mal que lo estaba pasando al sentirse tan solo. Sirius lo abrazó y lo consoló, lo escuchó y le aconsejó. Sabía que Draco estaba ahí y que lo estaba oyendo todo, pero Harry se veía realmente mal y tenía que ayudarlo. Era su padrino, era su deber, no podía dejarlo a la estacada.

Un par de horas más tarde, Sirius abrió la puerta del armario. Ahí seguía Draco, con cara de aburrimiento. Se sentó en el borde de la cama mirando al infinito.

- No sabía que Potter lo pasara tan mal…
- Harry es fuerte, puede superarlo.
- Siempre había pensado que le gustaba ser un héroe y que todos lo admiraran. Ahora veo que me equivocaba.
- Nunca le ha gustado el papel que le ha tocado en esta vida. No sé qué le pasa últimamente. Está bastante triste y bueno… ya lo has oído.
- Lo siento.
- ¿Por qué?
- Por lo que dije antes. Sé que no te avergüenzas de mí.
- No podría aunque quisiera. Draco tú… sé que hace pocos días que estamos juntos, pero algo ha cambiado en mi. Desde mi salida de Azkaban me sentía solo en este mundo, tenía a Harry y a Remus – Draco arrugó la nariz, siempre había sentido celos del licántropo – pero llegaste tú y… anhelaba una razón para vivir y tú me la diste. Te quiero, Draco…
- Yo… - el rubio agachó la cabeza.
- Lo siento, quizá no he debido decirte eso, te he incomodado y yo…
- No, no… no es eso, Sirius – el rubio tragó saliva, le costaba hablar de su vida, pero el moreno lo merecía -. Verás, en mi vida me había sentido así, todo esto es nuevo para mí y me cuesta expresar mis sentimientos. Pero… por fin he encontrado la ilusión contigo, hasta ahora mi vida ha sido un auténtico desastre. Mi padre… mejor ni lo menciono, está demasiado obsesionado con servir a Voldemort – una mueca de asco apareció en su rostro – y mi madre… nunca ha estado allí para mí – Draco permaneció unos segundos en silencio y Sirius lo cogió de la mano para darle fuerzas -. Cuando llegué a Hogwarts encontré a algunos buenos amigos, pero no logré llenar el vacío que había en mi corazón… hasta hace un tiempo. Sirius, yo te… te quiero – un ligero tinte de rubor apareció en su rostro -, sé que quizá no soy el más adecuado para ti, y mucha gente dirá eso, pero… - el dedo índice del moreno se posó encima de sus labios.
- Draco, me da igual si eres el más adecuado para mí y me importa mucho menos lo que digan los demás. Además, ni tan siquiera sé si yo soy el más adecuado para ti, pero sé una cosa y es que te quiero más que a nada en el mundo y no pienso dejarte nunca, me oyes, nunca…

Fin del flashback

- No te lo he contado antes pero… esa noche, mientras cenábamos, recordé tus palabras y supe que era el adecuado para ti – dice Sirius mientras lo abraza fuerte contra su pecho.
- ¿Cómo…?
- Remus me vio sonreír y me dijo en privado que no me había visto nunca enamorado hasta ese momento. ¿Lo entiendes ahora? – Draco pone cara de no saber de qué le está hablando -. Dijo enamorado. Enamorado, Draco. Y la verdad es que tenía razón. Por eso siempre he sabido que, a pesar de todo, estaríamos juntos.
- Creo que Lupin empezará a caerme bien – continuó al ver la cara del moreno -. No me gustaba, estaba celoso, yo pensaba que tú y él…
- ¿Remus y… yo? ¡Por favor, si es como mi hermano!
- Ya pero… no sé, siempre estaba contigo y yo pensé…
- Draco, yo sólo puedo quererte a ti.
- Sirius…
- ¿Por qué no me dejas compensarte por esa tarde? – sugiere el moreno en su oído.
- ¿Otra vez? Creo que me has compensado muchas veces desde esa tarde…
- Bueno, otra más, por si aún no me has perdonado… - Draco sonrió y el moreno se lanzó a por sus labios, la sonrisa del rubio lo hacía enloquecer.

Hace varios días que no tengo noticias de Lucius. Me hubiera gustado recibir alguna nota para saber si está bien. Los sueños con Voldemort no se han vuelto a repetir, al menos eso no me tormenta. Pero su silencio es aún peor.

- Harry… – Ron me señala la ventana -, parece que es para ti – su lechuza, la lechuza negra.

Salto de la cama y abro rápidamente la ventana. La lechuza ya me conoce, ulula, le doy una galleta, y me acaricia la mano con su pico. Veo como emprende el vuelo para regresar a su lado. La envidio, esta lechuza puede ver a Lucius más que yo.

- ¿Quién te envía una nota a… – veo como Ron consulta su reloj – las diez y media de la noche?
- Na… nadie, no es nada. Voy al baño… - digo levantándome de la cama.
- Harry, el baño es por ahí – dice señalándome a su izquierda.
- Oh, sí… bueno es que me apetecía pasear – disimulo.
- Ya… ¿a estas horas y con Filch haciendo su ronda?
- Mmmm… sí.
- Harry, ¡por favor! No soy tonto. Anda ve, pero ten cuidado.
- Gracias, Ron.
- Espero que algún día me cuentes todo eso…
- Descuida, lo haré – desaparezco de su campo de visión en un abrir y cerrar de ojos.

Lucius está en la Torre. Nunca en mi vida había tenido tantas ganas de abrazarle, de besarle, de estar con él, de pasar la noche entera entre sus brazos después de hacer el amor. Cuando abro la puerta, lo veo sentado en un viejo sofá. Se gira al oír pasos detrás suyo y me mira. Está destrozado. Su cara, antes blanca, está llena de moretones; sus labios, antes rosados, están hinchados y rojos por la sangre que brota de las heridas; sus ojos, antes resplandecientes, están apagados por el dolor… Otra vez, otra vez lo ha hecho, pero en esta ocasión no lo he visto. No ha querido que lo viera.

Reacciono y voy a por él. Hago aparecer una cama y lo tumbo en ella. Lucius me mira pero no dice nada. Sé que se avergüenza de lo que le ocurre, pero yo no puedo culparle. ¿Cómo voy a culparle de algo que no puede evitar? No puedo culparle por querer vivir. Si algún día se enfrenta a él… morirá y no quiero que esto ocurra. Prefiero curar sus heridas antes que estar sin él. Pero son tantas esta vez…
Le desnudo lentamente, con precaución, tiene la ropa pegada al cuerpo por culpa de la sangre reseca que se cuela por en medio del tejido. Su pecho muestra señales explícitos de unos cuantos cruciatus y no puedo evitar compadecerme de él.

- Ha… Harry… – ni su voz es ya la misma.
- Te quiero, te quiero… – beso su mejilla y mis lágrimas se mezclan con su sangre.

Termino de limpiar su pecho lleno de marcas, heridas y más moretones. Nunca habría pensado que un mortífago llegaría a soportar tanto por amor. Pero ahora sé que eso es posible, el mejor ejemplo de ello está tumbado frente a mí. Le quito finalmente los pantalones, y ahí hay más. Justo en medio de su muslo derecho, una gran herida, profunda, hecha seguramente con algún arma cortante, de donde sigue escurriéndose sangre lentamente. Intento parar la hemorragia, pero mis conocimientos de hechizos sanadores son muy limitados. No tengo elección, necesito a un médico si quiero que Lucius sobreviva, pero está demasiado débil para ir a un hospital, y además es Lucius Malfoy, antes que curarlo lo trasladarían directamente a Azkaban.

- Lucius…
- No, Harry…
- Tiene que verte un médico.
- No, llevo la túnica de mortífago…
- Pero…
- No hay nada qué hacer…
- No, no… no digas eso – las lágrimas bajan con fuerza por mis mejillas -, tiene que haber una solu…
- ¿Qué?
- Ahora vuelvo.

Desciendo rápidamente de la Torre, bajo por las escaleras que conducen al primer piso y giro a mano derecha. Sólo él puede ayudarme en este momento. Estoy desesperado. Lucius se está muriendo y yo no puedo salvarle. Me siento impotente, apenas tengo fuerzas para correr. Lo he dejado ahí solo, pero necesita ayuda y es primordial que me de prisa. Agilizo el ritmo y sigo corriendo. Poco me importa si me cruzo con alguien o el castigo que pueda imponerme. Ahora sólo cuenta él y tiene que salvarse.

- ¡PUM, PUM! – golpeo su puerta, pero no oigo nada -. ¡PUM, PUM, PUM! – más fuerte -. ¡PUM, PUM! – entonces se abre y aparece él.
- ¿Se puede saber…? ¿Potter?
- Profesor, yo…
- ¿Acaso no ha visto la hora que es? ¿Además, qué hace en el cuarto de un profesor?
- Necesito su ayuda. Tiene que seguirme, no puedo contárselo ahora. Por favor…
- No pienso ir a ningún sitio con usted, Potter, y menos ahora.
- Por favor… No hay tiempo – le suplico.
- Potter…
- Por favor…
- De acuerdo – me sorprendo ante la aceptación, supongo que mi insistencia le ha indicado que algo malo debe haber ocurrido.

Le guío hasta donde está él, no hace ningún comentario en todo el camino. Ya me temía tener que responder algunas de sus preguntas impertinentes, pero ha permanecido en silencio, siguiéndome mientras corría para llegar hasta Lucius. Abro la puerta y le indico que pase. Me mira extrañado, creo que nunca le había visto con esa cara de no saber qué está ocurriendo, él que siempre lo tiene todo planeado.

- ¡Por Merlín! ¡Lucius! – corre hasta situarse al borde de la cama -. Se ha desmayado, ha perdido demasiada sangre – observa la herida -. Potter, ¿qué…?
- Voldemort – me mira y luego a Lucius, creo que empieza a entender las cosas -, ya lo vio en… mis recuerdos.
- Tendrá que ayudarme, Potter. Esto será más complicado de lo que parece – sigue repasando el cuerpo de Lucius como si buscara algo -. Voldemort ha utilizado magia negra, puedo percibir su presencia. Esta herida no se curará con un simple hechizo, ha querido que Lucius se desangrara poco a poco, para poder saborear su muerte.
- ¿Entonces…? – el miedo de perderlo se apodera de mí.
- No, no va a morir, al menos si puedo evitarlo. Ha hecho lo correcto, Potter. Le ha salvado la vida.

Snape se arremanga la túnica, ante él aparece un equipo de cirugía pero distinto del de los hospitales muggles, este incluye varias pociones, instrumentos que no he visto en mi vida y un libro negro, que parece muy antiguo. Le veo concentrado, relee las páginas mientras comprueba que no le falte ningún ingrediente.

- ¡Potter! Ayúdeme, sujete esto – me da un par de ampollas y una especie de bisturí -. ¿Será capaz de hacerlo bien? – asiento -. Perfecto. Mezcle esas dos pociones, pero escúcheme atentamente. Tiene que echar dos tercios de cada botella en ese recipiente, ni una gota más, ¿de acuerdo?
- Sí… sí.

Empiezo a hacer lo que me ha pedido mientras él termina de sacarle los pantalones a Lucius. Coge el libro y lo pone a su lado. Limpia la herida, desinfectándola con una poción y un par de gasas. Suerte que está aquí, no sé qué hubiera hecho sin su ayuda.

- Acérquese, déme la mezcla.
- Sí, tome – se la acerco - ¿Funcionará?
- Si lo ha hecho bien, sí – Snape ha regresado, pero ahora no estamos en clase y no le tengo miedo.
- He hecho lo que me ha dicho – le respondo con autoridad.
- Entonces irá bien. Sujéteme ese libro – noto que está nervioso, aunque no lo demuestra.

Lo miro. Parece tan distinto cuando está en clase. Un par de mechones le resbalan por las mejillas. Siempre había visto a Snape con el pelo suelto, pero ahora, con esa coleta, le da un toque más juvenil y natural. Debería cambiar su imagen, ahora se le ve más humano. Creo que hoy estoy viendo a un Snape distinto, quizá es el que conoce Remus. Ojalá sea correspondido algún día y Snape se de cuenta de su amor.

- ¡Potter! ¿Quiere prestar atención?
- Ehh… sí…
- Vale, ahora que ya se digna a colaborar, páseme ese frasco y ese bisturí.
- ¿Qué hará?
- Pues tengo que introducir esta poción a través de la herida, y necesito que sangre de nuevo, por eso voy a cortar un poco más.
- ¿Cortar?
- Sí, es necesario, tiene que ser sangre sin contaminar, la que ya ha salido está infectada por el hechizo. Muy bien, cuando corte, usted vierta tres gotas en la herida, ¿lo ha entendido? – asiento -. Perfecto, ahora…

Cuento las gotas, primero una, veo como la herida sangra y se mezcla con ella; después la segunda, la herida empieza a cambiar de color, ahora la sangre es más oscura, y finalmente la tercera, la sangre se está coagulando y la herida empieza a cicatrizar. Snape tiene los ojos cerrados, y en su frente hay varias gotas de sudor. Cojo un trozo de gasa y le seco la frente, abre los ojos e inclina la cabeza en señal de agradecimiento. Continúa recitando en voz baja, apenas oigo lo que pronuncia, seguramente un contrahechizo de magia oscura. Poco a poco, su voz se hace más audible.

- Curare heridum, sangrum restituo…

Esa letanía penetra en mi cabeza y yo también empiezo a recitar en voz baja.

- Potter, venga también. Creo que su voz será fundamental para esto.

Me sitúo a su lado y cerramos los ojos a la vez, concentrados en tan ardua tarea. Recitamos la frase como si de una plegaria se tratase. En mi mente se agolpan los recuerdos de nuestros encuentros, no quiero perderlo, no quiero que me deje, tiene que cicatrizar, tiene que funcionar, no puede dejarme solo.

- Concéntrese… - la voz de Snape me regresa a la realidad y me sonrojo, si ha visto lo que estaba pensando, ahora ya no debe tener ninguna duda.

El cuerpo de Lucius empieza a reaccionar. La palidez extrema de hace apenas unos minutos ya no es tal, ha movido el brazo y parece que va a despertar de un momento a otro. Lo ha conseguido, Snape lo ha conseguido.

- Lo hemos conseguido, Potter – rectifica.
- Oh…
- Debería cerrar su mente, cualquiera podría ver escenas… poco recomendables – ha vuelto a conseguir que me ruborice. Este hombre disfruta invadiendo mi mente.
- Tiene razón, pero depende de lo que veo. Y no se sonroje…
- Yo… es que…
- ¿Qué?
- Quería… - las palabras se me quedan atragantadas - gracias… - consigo decir finalmente. Se queda quieto mirándome, pero no responde. No sé qué esperaba.
- De nada. Lucius es mi amigo, no podía dejarle morir – responde en un tono seco, sin nada de la humanidad de antes.
- Yo…
- Ha sido valiente, Potter, recurrir a mí no debe haberle sido fácil – ha conseguido dejarme sin palabras.
- Ha… Harry – Lucius empieza a volver en sí.
- Estoy aquí, tranquilo – le digo acariciándole la frente y cogiendo su mano entre las mías -. Todo está bien.
- ¿Cómo…?
- Ha sido él – digo señalando a Snape y veo como Lucius le sonríe.
- Cuídelo bien – me dice Snape poniendo una mano sobre mi hombro -, cuídelo bien, Potter – añade antes de salir por la puerta.

Severus desciende hasta las mazmorras, hasta su habitación. Cuando Potter ha llamado a su puerta un par de horas antes, nunca se hubiera imaginado el porqué de su visita. Ni aunque lo hubiera intentado adivinar miles de veces. Mientras abre la puerta, piensa en lo que acaba de ver y sacude la cabeza. No logra entender cómo un chico como Potter puede tener tanta facilidad para meterse en tantos líos a la vez. Se quita la túnica y la camisa y se mete en la cama, intentando no hacer ruido para no molestar a su pareja. Se tapa, se pone de lado e intenta dormir, pero sabe que eso no va a ser posible, y menos después de lo que acaba de presenciar.

- ¿Dónde habías ido?
- Duerme, aún es pronto.
- No tengo sueño ahora – el castaño se recuesta y mira la ropa tirada en el suelo -. ¿Eso es sangre?
- Sí.
- ¿Me piensas decir dónde has estado?
- Ya he resuelto tu problema. No te equivocabas.
- Sev… ¿quieres deja de cambiar de tema y responderme? – dice Remus algo molesto ante el comportamiento de su pareja.
- Es la sangre de Malfoy. Potter ha venido a buscarme.
- ¿Sangre de Malfoy? ¿De Lucius? – Severus asiente -. ¿Harry…? – asiente de nuevo y el licántropo se queda sin palabras.
- Tenías razón, están juntos. No sé cómo ha ocurrido, pero bastaba con mirar a Potter a los ojos para darse cuenta de todo.
- Oh, dios… Harry, pero si es un niño…
- Por lo que he visto, poco le queda de inocente… - añade Severus con una media sonrisa.
- ¡Severus! ¿Has entrado en su mente?
- No he podido evitarlo, además, sólo he tenido que entrar y mirar, tenía vía libre – se ríe.
- No tienes remedio… ¿no piensas cambiar nunca? – le regaña Remus.
- Pensaba que te gustaba tal y como era – el moreno se recuesta en la cama y levanta una ceja para mirar al castaño.
- Y me gustas, sólo que cuando se trata de Harry hago alguna excepción. Nunca hubiera pensado que Harry y Malfoy… Pero, la sangre…
- Los sueños que te conté eran reales. Voldemort castiga a Lucius y esta vez se ha ensañado con él.
- ¡Por Merlín! Se ha vuelto loco… Si trata así a su mano derecha…
- No pienses ahora en eso – Severus besa al licántropo en la mejilla -. Por cierto… Harry desea que estés conmigo.
- ¿Harry desea…? ¿De dónde has sacado eso?
- De su mente. Bueno, no era así exactamente. En realidad me ha observado un rato y ha creído que soy humano y que tú serías afortunado de ser correspondido.
- Oh…
- ¿Hay algo que no me has dicho, Lupin? – el moreno mira fijamente a los ojos de su pareja.
- Bueno… resulta que en una sesión de entrenamiento vio que te miraba demasiado y… bueno, no es tonto… Pero no le he dicho nunca nada. Él cree que me gustas y que tú no me haces caso.
- Entonces no es tan listo como dices. Y te recuerdo que hemos dejado un asunto pendiente y… como ahora ya estás despierto… - Severus agarra el brazo de Remus y lo atrae hacia él.
- Definitivamente, no vas a cambiar nunca – añade Remus antes de rodear el cuello del moreno con sus brazos y dejarse llevar por la pasión.

Como cada tarde, salimos a pasear y a tomar el sol. La primavera se acerca, el mes de marzo ya llega mientras se extinguen las últimas horas de febrero llevándose consigo toda mi tristeza. Lucius me envió una lechuza contándome que ya se había recuperado, pero que no había vuelto al cuartel de Voldemort de momento. Había permanecido unos días en la mansión, oculto, pero sabía que tarde o temprano tendría que regresar junto a su señor. Tengo miedo, quizá algún día no pueda ayudarle, quizá algún día muera lejos de mí por culpa de ese desgraciado. Pero ahora no quiero pensar en eso, tengo que pensar sólo en cosas alegres, en nuestro próximo encuentro, que espero que sea pronto, estoy impaciente.

- Hola, chicos – Pansy acaba de llegar y se sienta junto a Ron -. ¿Alguna novedad?
- Nada de nada – le responde Hermione.
- Vaya colegio más aburrido, nunca ocurre nada interesante – añade la morena.
- Y si ocurre no nos lo quieren contar – dice Ron inocentemente y lo fulmino.
- ¿A qué viene eso?
- No es nada, Blaise.
- ¿Y si no es nada por qué le respondes que no es 'nada'?
- Harry y sus escapadas nocturnas – les cuenta mi amigo.
- ¿Escapadas nocturnas, Potter? – dice Pansy sonriendo -. Te lo tenías muy calladito… ¿Quién es el afortunado?
- Nadie.
- Oh, vamos… a mí me lo puedes contar, será nuestro secreto – insiste la chica.
- No, Pansy, déjalo, si no quiere contarnos nada ni presentárnoslo es porque se avergüenza de nosotros.
- Ron… ¡sabes que eso no es verdad! – protesto.
- ¿Entonces por qué no le conocemos? Tráelo alguna tarde aquí…
- No – me temo que esto será largo.
- ¿Lo ves?
- Quizá Ron tenga razón – ahora Blaise.
- No.
- ¿Y por qué…?
- ¡Por Merlín! Ya basta, ¿no?
- Harry, llevas mucho tiempo con tanto secretito y salidas a escondidas… ¿No sería ya hora de que nos dijeras de quién se trata? Además, si te ves con él aquí… debe ser alumno de Hogwarts… - Hermione ya ha sacado sus propias conclusiones.
- No tienes excusa, seguro que nos cruzamos con él veinte veces al día y tú disimulando – Blaise se ha puesto del lado de Hermione.
- Que no… - me giro, no quiero ni verlos, son unos pesados.
- Harry… anda… dínoslo – Pansy al ataque de nuevo -. Venga, somos tus amigos, ¿verdad? – se acerca más y pone su cara más inocente -. Además, ¿crees que alguien se sorprendería después de ver a Ron conmigo y a Hermione con Blaise? No tienes nada que temer… sea quién sea, no hay ningún problema – la verdad es que tiene razón, ellos son unas parejas bien extrañas, pero la mía es mucho más sorprendente.
- Pansy tiene razón… - Hermione también.
- Sí, estoy de acuerdo – y Ron, como no.
- Exacto – Blaise de nuevo.
- Chicos… ya basta. No va a venir ninguna tarde, no lo conoceréis y punto – mi paciencia se está agotando.
- Ya os decía yo, no quiere que nos conozca - Ron y sus ideas.
- Creo que acertaste.
- Oh, por favor, ¿cómo queréis que le diga a Luci…? - ¡mierda¡ ¡mierda¡ ¡mierda! Otra vez mi lengua me ha traicionado, ¿por qué no puedo mordérmela de vez en cuando?

Levanto la cabeza y los miro. Se miran los unos a los otros y me miran a mí. Me he sonrojado, no sé qué decir. Creo que están atando cabos por segundos y lo que están pensando no les gusta para nada, a juzgar por sus rostros. Ron está algo pálido, creo que la noticia no le ha sentado nada bien; Hermione parece estar pensando y analizando la situación; Pansy y Blaise simplemente tienen la boca abierta y parecen no reaccionar.

- ¿Has dicho lo que has dicho? – Hermione finalmente sale del estado de trance.
- Eh…
- Harry… - Pansy también regresa -, te das cuenta de…
- Yo…
- Ma… Mal… - balbucea Ron mirándome, supongo que espera que le diga que lo ha entendido mal o algo así, pero me he quedado igual que ellos, no pretendía decirles nada y ahora… ya es demasiado tarde.
- ¡Por Merlín! ¿Te estás viendo con Lucius Malfoy? – oh, me gusta Blaise, al menos es capaz de decir las cosas por su nombre, eso sí, al cabo de unos minutos.
- Eh… yo… veréis… - ¿qué puedo decirles?
- Harry, ¡es un mortífago! – exclama Hermione.
- Peor, es el más fiel seguidor de… de quién tú ya sabes – añade Ron casi temblando.
- Eso ya lo sé – mi voz suena serena, calmada, nada de lo que me digan va a sorprenderme.
- ¿Y a pesar de todo… estás con él?
- Sé que es complicado de entender, y sé también que quizá no lograréis comprender mis motivos, pero sólo os pido que respetéis mi decisión y no se lo contéis a nadie, por favor.
- Tranquilo, no diremos nada, por eso somos tus amigos, ¿verdad? – Blaise mira a todos quienes asienten ante su pregunta.
- Gracias, muchas gracias – estoy feliz, mis amigos me respaldan a pesar de no gustarles. Ahora aún tengo mas ganas de verlo, pero tendré que esperar. Pero, ¿cuánto tiempo más aún?