CAPÍTULO XIII – Hogwarts, de noche
- Este fin de semana tendremos pocos deberes – dice recogiendo sus
pergaminos.
- Sí… parece que los profesores nos han dado
un respiro.
- Podríamos salir a Hogsmeade a cenar, ¿qué
te parece?
- Bi… bien, cenamos y luego volvemos.
- Oh, Ron…
¿por qué tanta prisa? Podemos tomar algo por ahí
y regresar más tarde – añade acercándose a su
novio.
- Pero…
- ¿No te gustaría pasar más
rato conmigo? – Ron se atraganta con la saliva y empieza a toser.
-
Pues… no sé…
- ¡Oh, por Merlín! ¿No
te apetece pasar un rato a solas conmigo? ¿Qué pasa?
¿Ya te has cansado de mí? – Ron la mira pero no sabe
qué responder -. Entiendo, pues si no te apetece me lo dices y
punto. Quizá dentro de cinco años tengas ganas, lástima
que yo ya no estaré aquí para verlo – Pansy se aleja
de ahí dejando a Ron completamente descolocado.
Cruzo el umbral de la puerta y veo a Ron sentado en el sofá con cara de abatimiento.
- Ehm… ¿qué ha pasado? Acabo
de cruzarme con Pansy y traía una cara…
- Se ha enfadado
– me responde Ron.
- ¿Qué has hecho esta vez?
-
¿Por qué supones que he sido yo? – lo miro fijamente
-. De acuerdo, sí… todo es culpa mía – dice
resoplando.
- Ron, tampoco es eso…
- Quería ir a cenar
este sábado en Hogsmeade.
- ¿Y?
- ¿Cómo
que y?
- Pues que no le veo el problema.
- 'Cenar y pasar más
rato a solas', ese es el plan completo.
- ¿Y? – repito
de nuevo -. Perdona, Ron pero sigo sin entender.
- Harry… a
solas… ella y yo… - se está poniendo nervioso.
- ¡Oh!
¿Y qué problema hay? – la cara de mi amigo es todo un
poema y entonces lo entiendo -. ¡Ron! No me digas que tú
y Pansy aún no…
- No, Harry, no, ¿vale? Y no te
rías… - me regaña al ver que empezaba a sonreír.
-
No me río, pero no creo que tengas que ponerte así por
eso.
- Ya habló el experto – dice protestando.
- Eh,
has sido tú quien me ha pedido ayuda.
- No lo he hecho.
-
Pues deberías…
- Ya… ¿a un gay?
- Bueno, no
es lo mismo pero casi.
- Pero Pansy es distinta, ella… ella lo
tiene todo muy claro y yo…
- ¿La quieres?
- ¡Claro
que sí! ¿Cómo te atreves siquiera a dudarlo?
-
Como has dicho que no lo tenías claro, pues…
- Me refería
a eso…
- Sexo, Ron, se llama sexo – le digo vocalizando
perfectamente.
- Pues Pansy…
- ¿Te ha presionado?
-
Eh… no, no, pero desde hace un tiempo que me lo insinúa,
supongo que si estamos solos este sábado pues… bueno, ya
sabes… - se ha puesto rojo como un tomate.
- ¿De qué
tienes miedo, Ron?
- Yo no tengo miedo, Harry – me responde a la
defensiva.
- Ya… ¿crees que no conseguirás que
disfrute? – me mira -. ¿Es eso?
- Yo…
- Vale, es
eso. Ron, no tienes que obsesionarte. Háblalo con ella y
déjate de tonterías. Esas cosas no se planifican, se
hacen y punto. Además, si ella tampoco tiene experiencia,
mucho mejor – me callo, veo su cara y comprendo lo que le pasa por
la cabeza -. Entiendo, piensas que…
- No, no sé si tiene
experiencia, no hemos hablado de eso, pero no me extrañaría.
Es tan guapa y yo… Seguramente ha tenido más novios y yo
haré el ridículo.
- Ron, no te tortures más.
Cuéntale todo a Pansy y verás como todo irá
bien.
- Pero no quiero decepcionarla y a lo mejor si le digo que
no lo he hecho nunca pues… me deja.
- ¿Estás
seguro de eso que dices? Mira, Ron, Pansy puede tener sus cualidades
y defectos y ser como es, pero si hay algo de lo que estoy seguro es
de que te quiere. ¡Por Merlín! Tiene que quererte, ¡y
mucho! Varias amigas le dieron la espalda cuando se supo lo vuestro y
ella no se ha quejado nunca.
- Ella… ¿por mí?
-
Sí, Ron.
- ¿Y por qué nunca me lo ha dicho?
-
Pues no sé, quizá porque tú eres mucho más
importante para ella. Por eso no tienes que temer nada. Pansy te
quiere tal y como eres, incluso con tus estúpidas dudas – su
bufanda va a parar directa a mi cara.
- Eh, no te metas conmigo –
protesta mientras sigo riéndome.
- Esto… ¿Harry?
-
¿Sí?
- ¿Tú… tuviste miedo?
- Mmm…
claro. Además, ten en cuenta de que yo no tenía
experiencia y él… bueno, qué te voy a contar.
-
No, mejor no me lo cuentes. Ya has hecho que me lo imagine y creo que
voy a vomitar – dice haciendo el gesto.
- ¿Qué te
has creído? – le lanzo de nuevo su bufanda enfadado y
empiezo a hacerle cosquillas.
- No, Harry… no, para… para, por
favor – consigue decir entre carcajadas, pero sigo sin piedad -.
Ha… Harry, por… favor, para…
- Te mereces un buen castigo,
pero creo que dejaré que sea Pansy quien te torture cuando se
entere de las estupideces que piensas… - me alejo rápido
antes de que venga a por mí.
Ron está nervioso. Lleva toda la noche sudando. Durante la cena apenas ha comido, los nervios se han concentrado en su estómago y le han quitado el apetito. Pansy está sencillamente preciosa, con un vestido negro de manga larga que le llega hasta las rodillas y el pelo recogido. Un par de mechones caen harmoniosamente sobre sus mejillas. Ron no ha dejado de observarla. No le ha dicho nada de sus miedos, sabe que es un cobarde pero teme que ella salga corriendo al enterarse. Y por culpa de su inexistente valentía gryffindor, ahora tiene las manos chorreando y la camisa pegada a su espalda. Y no nos olvidemos del plato. Por una vez que comía fuera de la escuela… y no ha probado bocado.
Cuando Pansy ha sugerido que regresaran a Hogwarts, Ron se ha sentido aliviado, incluso menos pesado, pero al ver hacia donde se dirigía la chica, ha empezado a temblar de nuevo.
- ¿Por qué te
paras? Ya casi hemos llegado.
- ¿Cómo sabes…?
-
Oh, me lo contó Harry el otro día. Aquí nadie
nos molestará – dice ella situándose frente a una
pared -. Anda, pasa…
Ron cruza el umbral de la Sala de los Menesteres y su nerviosismo regresa de nuevo, pero esta vez mucho más persistente. Delante tiene un precioso y enorme sofá de color rojo, iluminado sólo por algunas velas y a luz de la luna que se cuela por la ventana. Y, al fondo, puede distinguir una cama con una chimenea calentando el ambiente. Precioso sí, pero demasiado romántico para él. No sabe cómo va a salir vivo de ahí cuando le diga a Pansy todo lo que ha estado pensando. Seguramente la chica lo va a despedazar vivo, asará su carne en las brasas y se lo comerá para no dejar pistas. Niega con la cabeza, no, Pansy nunca haría eso, ¿o quizá sí?
- ¿Qué te ocurre?
-
Nada.
- Ya… y por eso llevas toda la noche sudando y sin probar
bocado.
- No tenía hambre.
- Ron, siempre acostumbras a
devorar lo que te ponen delante, y repites habitualmente. ¿Qué
sucede?
- Pansy yo…
- Dime, cariño… - se acerca a él
y empieza a besarle el cuello. Ron pega un bote y queda medio tumbado
en el sofá. Pansy aprovecha para recostarse a su lado.
-
No…
- ¿No te apetece?
- … - mira a la chica,
avergonzado -, no…
- ¿Qué? – Pansy se levanta y
se abrocha la camisa.
- Pany… - le coge una mano.
- Déjame
– se suelta con lágrimas en los ojos.
- Pansy no es lo
que crees…
- ¿Que no es lo que creo? ¿Y qué
es entonces? Yo sólo sé que mi novio, MI NOVIO, no
quiere ni estar conmigo. ¿Cómo quieres q ue me
sienta?
- Lo siento…
- ¿Eso es todo lo que sabes
decir? – Ron agacha la cabeza -. Entiendo… me largo, ya te dejo
tranquilo.
- No… espera – Ron se levanta y la alcanza antes de
cruzar la puerta.
- Pansy… yo… me gustas, me gustas mucho…
-
¿Y si tanto te gusto, por qué no quieres estar conmigo?
– el chico no responde -. Pensaba que ya llevábamos tiempo
suficiente como para hacerlo, que me querías y que querías
estar conmigo, como yo lo deseaba. Pero ya veo que me equivocaba…
-
Espera…
- ¡Déjame! – la chica consigue deshacerse
del agarre del pelirrojo -. ¡Maldito el día que me
enamoré de ti, Ronald Weasley¡
- ¿Qué
has dicho? ¿Enamorada? – Pansy asiente tímidamente -.
Yo…
- No hace falta que me digas más, entiendo que no
sientas lo mismo, así que mejor me voy… esto ha sido un
error.
- No… ven – la abraza fuerte -. Pansy, escúchame.
Te quiero, te quiero muchísimo y no quiero perderte. Verás
– se sonroja un poco – yo… tenía miedo.
- ¿Miedo?
– levanta la vista.
- Sí.
- ¿De qué?
-
De hacer el ridículo…
- Ron…
- Nunca he estado con
nadie, Pansy, y quería que fuera especial pero no me atrevía
a decirte nada por miedo a que me rechazaras y…
- ¿Creías
que te iba a dejar por no haber estado antes con nadie? – asiente
-. Eres más tonto de lo que pensaba, Weasley – le dice
dándole una colleja en broma.
- Bueno… vale… Lo siento
– dice finalmente -. ¿Me perdonas?
- Sólo con una
condición.
- ¿Cuál?
- Que esta noche –
se acerca insinuante al oído del chico – me hagas sentir la
mujer más especial del mundo.
- Te lo prometo, preciosa,
pero no sólo esta noche… sino para siempre.
Ron termina de romper el poco espacio que quedaba entre ellos y le besa la punta de la nariz. Pansy sonríe. Le seca las lágrimas que aún quedaban en su rostro y la besa en los labios, muy despacio, con ternura, saboreando el dulce momento. Pansy rodea con sus brazos la cintura del chico y hunde la cara en el pecho.
- Pansy, mírame – ella levanta la cabeza -, te amo – la voz más sincera de Ron y otro beso, pero esta vez mucho más pasional.
La chica aprovecha para colar sus manos bajo la camisa de Ron, quien se estremece ante el contacto. Rodea entonces la cintura de Pansy y lentamente le quita el vestido. Los ojos de Ron se abren como platos, nunca había imaginado que su novia tuviera un cuerpo tan perfecto. Piernas delineadas, cintura estrecha y unos pechos más que apetecibles. Con un ligero rubor en las mejillas, recorre el busto de la chica mientras ella gime suavemente al notar las frías manos de Ron, provocando que sus pezones se endurezcan.
Poco a poco, va quitando la camisa del chico y le permite comprobar que, debajo de todo ese montón de ropa que lleva siempre, Ron tiene un cuerpo de atleta: los abdominales ligeramente delineados, brazos fuertes y un par de pezones rosados a los que tortura sin piedad hasta dejar erectos.
Sin saber cómo, llegan a la cama. Ron se sitúa encima y empieza a liberar a la chica de la presión del sostén. Le quita una tira, luego otra. Quiere contemplar toda su belleza en su expresión máxima, sin prendas que estorben. Con la lengua inicia un descenso desde el cuello hasta sus pechos, parándose en los pezones y seguiendo por el ombligo hasta las ingles. Contempla el tanga y sonríe al ver el dibujo que tiene. Un ángel con cola de diablo. ¿Ángel o demonio?, pone en un lateral. Su chica es un poco de todo, y eso es lo que más le gusta de ella. Le quita la última prenda y los nervios vuelven a adueñarse de él. No quiere decepcionarla, quiere que disfrute, quiere que recuerde esta noche toda su vida.
Pansy se da cuenta de la indecisión de su novio. Cambia rápidamente las posiciones y se sienta encima de su estómago. Lo besa ferozmente, como si de una leona en celo se tratara y, siguiendo su ejemplo, marca con su dedo índice el recorrido a seguir. Desciende por el pecho, se para a lamer los pezones, juega con el ombligo y se sitúa frente a la hebilla del cinturón. Lentamente, desabrocha los pantalones, le baja la cremallera y se los quita. Ron suspira, el contacto de las dos pieles se está haciendo más y más real, y es electrizante.
Le quita el bóxer, contempla embelesada la magnífica erección de su novio y sonríe de medio lado. Ron recordará esta noche, va a asegurarse de que así sea. Con su mano derecha empieza a acariciar la virilidad del chico, arriba y abajo, lentamente, torturándolo, mientras Ron suspira y gime sin apenas hacer ruido. Acerca su boca hasta el glande y lame suavemente alrededor del prepucio, para reseguir con la punta de la lengua toda la extensión. Se para en los testículos, los masajea procurando no hacerle daño y regresa de nuevo hacia la parte más sensible. Cierra los labios entorno al glande y empieza a succionar ayudada por sus manos en un vaivén perfectamente sincronizado.
- Ohmmmm… - ya no puede más, está disfrutando como nunca -. Sí, más, así… - Ron está completamente extasiado.
Y Pansy sigue con su placentera tarea. Cuando nota que le queda poco, decide parar y el chico protesta, pero entonces se acerca hasta su oreja, la lame y la muerde con suavidad.
- ¿Estás listo? – su voz
suena terriblemente excitante.
- S… sí.
- Te quiero,
Ron – las palabras logran encender al chico que se sitúa de
nuevo arriba para tener mayor acceso al cuerpo de su novia.
Se centra en los pechos y desciende hasta la entrepierna. Con la nariz empieza a hacerle cosquillas, le gusta oír su risa. Sin apenas darle tiempo, empieza a lamer despacio la zona que rodea el clítoris, haciendo círculos para que se endurezca. Un dedo se introduce en el interior, está húmedo, la calidez de la cavidad le hace enloquecer. Desea más y mete un segundo. Pansy gime de placer, ya no hay vuelta atrás. Cuando nota que está completamente mojada, retira sus dedos y sitúa su erección en la entrada de la vagina. Mira a la chica a los ojos y esta asiente. Entonces, procurando causarle el mayor placer posible, empieza a penetrarla muy lentamente, notando como la estrechez de la chica lo envuelve. Una vez dentro, espera unos segundos para que ella se acostumbre a la intromisión. Cuando nota que los dos cuerpos se han amoldado a la perfección, se acerca hasta la boca de Pansy, atrapa su labio inferior entre los suyos y la besa con deseo.
- Eres preciosa – susurra clavándose
totalmente en su interior.
- Ohmmmmhhhh… - Pansy acaba de
saborear la primera embestida.
Las siguientes son igual de certeras. Las paredes de la vagina se contraen cuando está a punto de alcanzar el orgasmo, que llega en unos segundos. Unas embestidas más y Ron grita de placer. Sale lentamente del cuerpo de la chica después de un par de minutos y se tumba a su lado. La abraza, le da un beso en el pelo y entonces la mira. Es la mujer más perfecta que ha visto en su vida, y es suya.
-
¿En qué piensas?
- Soy feliz, completamente feliz.
-
Yo también. Ron…
- ¿Sí?
- Yo tampoco
había estado nunca con nadie.
- ¿Qué?
-
Eso, que no había estado…
- Ya te he oído, sólo
que pensaba que tú pues…
- No, nunca. Quería que
fuera alguien especial, y así ha sido.
- Pansy… - se
acerca hasta sus labios y deposita un beso muy pequeño en
ellos -. Eres lo mejor de mi vida – la chica sonríe y sus
ojos brillan de la emoción -, me encanta verte sonreír.
¿Sabes? Me encantaría dormir cada noche contigo, pero
daría mi vida por poder despertar a tu lado cada mañana.
-
Ron…
- ¿Me quieres? – la chica lo mira extrañada.
-
¡Claro que sí!
- Pues entonces no digas nada más
- le señala un hueco a su lado -, esta noche es nuestra y
vamos a aprovecharla – la chica sonríe de medio lado y se
sitúa encima de su novio. La noche va a ser
larga.
Esa misma noche, fría noche en Hogwarts, pues las temperaturas habían descendido considerablemente los días anteriores, la escuela parecía experimentar un ambiente de soledad, el mismo ambiente de los últimos días. La mayoría de alumnos apenas salía de sus habitaciones para ir a clase y a comer; los deportes al aire libre se habían suspendido y los paseos y las tardes al sol habían sido suplidos por sesiones de charla frente las chimeneas. Y esa noche no estaba siendo distinta. Los estudiantes y profesores, después de cenar, se habían refugiado en sus salas comunes o habitaciones, buscando algún calor que reconfortara su cuerpo.
Dos figuras deambulan por la escuela mientras buscan precisamente lo contrario. El calor se ha adueñado de sus cuerpos y quieren ponerle remedio. Se habían citado en el mismo sitio de siempre, pero las frías mazmorras eran esa semana un gigantesco frigorífico que incitaba a no permanecer allí más de dos segundos. Así que habían decidido ir al encuentro de una alternativa. Andan por los pasillos a oscuras, guiándose sólo por la memoria, pues los dos conocen perfectamente cada rincón de ese viejo castillo. De vez en cuando, se paran para dar rienda suelta a su pasión, con algún que otro beso bastante fogoso y alguna insinuación poco recomendable para menores. Avanzan unos pasos más, distraídos, persiguiéndose para llegar a su destino final, la Sala de los Menesteres. Ahí podrán disfrutar de la privacidad y la calidez que desean. Tan absortos están con la idea de poder compartir un rato a solas que ni se fijan por dónde caminan, escogiendo el pasillo correcto por intuición, pues no ven ni dónde pisan.
- ¡Ouchhh!
-
¡Lumos!
- ¡Malditos alum…¡ ¡DRACO! –
mira a su ahijado que llevaba la camisa por fuera y el pantalón
medio desabrochado -. ¿Se puede saber qué haces… -
pero la pregunta muere en sus labios al ver su acompañante -.
¡BLACK! – el grito resuena en todo Hogwarts.
- Padrino,
yo… - Draco agacha la cabeza consciente de que lo han pillado.
-
Sev, cálmate – dice una voz detrás suyo.
-
¡¿REMUS?! Tú… tú y… - Sirius no
asimila lo que sus ojos le están mostrando.
- Black, no te
metas en esto. Draco – lo mira de forma intimidatorio – tú…
-
S… sí – el rubio casi tiembla de miedo -, Sirius y yo… -
mira a su pareja, le coge de a mano y el moreno se sorprende una vez
más ante la madurez del rubio -, nos amamos.
- ¡BLACK
TE VOY A…!
- ¡SEVERUS! ¡Ya basta! – la bestia
dormida dentro del castaño hace acto de aparición.
-
Remus, pero… - protesta Severus.
- Remus… cómo – dice
Sirius mirando al hombre que tiene delante -, cuándo… qué…
- los mira de nuevo como en estado de shock.
- Sirius – se
acerca y pone una mano en su hombro -, cómo… pues no lo sé,
qué… lo amo y él a mi – Sirius hace una mueca –
cuándo… hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo.
-
¿Entonces tú… tú y él…? – Remus
asiente -. Creo que necesito un trago…
- ¿Un trago? ¿Y
qué crees que necesito yo? ¡Acabo de encontrarme a mi
ahijado medio desnudo corriendo por los pasillos con su novio que no
es otro que… que tú, Black! ¡Supera eso si puedes!
-
Pues mi amigo Remus, aquí presente… ¡por Merlín!
Eres… eres su pareja… - Sirius hace otra mueca, esta casi de
asco.
- Pero Draco es mi ahijado y yo…
- Y Remus…
-
¿Queréis dejar de comportaros como críos? – el
licántropo interviene de nuevo.
- Rems…
- Remus…
-
¡BASTA YA! ¡LOS DOS! Comportaros como personas
civilizadas y maduras… como os pertoca.
- Pe…
- Nada de
peros, Sirius – el moreno agacha la cabeza -. Sev, no digas nada –
añade rápidamente al ver como su pareja boquea-. Ahora
nos iremos cada uno por su lado y ni una palabra de todo esto a
nadie, ¿de acuerdo?
- Pero Remus, él seguro…
-
No, Sirius, a nadie. Te prometo que me encargaré personalmente
de que Severus no lo comente con nadie.
- Genial… acabo de
imaginarme como vas a convencerle, y me has traumatizado de por vida,
creo que nunca podré volver a dormir – dice Sirius
dramatizando.
- Por favor, Black, ni que tú fueras un
santo. Vete a saber dónde ibas… - entonces reflexiona lo que
está diciendo y reacciona-. ¡BLACK! ¡Es un niño!
¿CÓMO TE ATREVES? ¡Abusar de menores…! –
Severus se abalanza sobre Sirius pero en el último momento
Remus consigue pararlo.
- Padrino – dice Draco serenamente -,
Sirius no ha hecho nada que yo no haya consentido. Ahora, con tu
permiso o sin él, iremos a terminar lo que ya empezamos.
-
Dra… ¿qué? ¡Vuelve aquí ahora mismo! –
pero el rubio se aleja del brazo de su pareja. Sirius gira la cabeza
y le saca la lengua.
- ¡MALDITO…!
- ¡SEVERUS! –
el moreno calla enseguida -. Déjalos, si se quieren…
-
Pero Draco es…
- Sí, es tu ahijado, pero ya no es un
niño. Si se aman tienes que dejar que tengan la oportunidad de
ser felices, como nosotros – Severus sonríe, sabe que en el
fondo tiene razón pero… ¡pero es Black! -. Además,
nunca había visto a Sirius tan feliz – añade el
castaño -. Yo me alegro por ellos. Y tú deberías
hacer lo mismo - dice dándole un beso en la nariz.
- Pero…
yo…
- Venga – dice empujándolo -, no pretenderás
dejarme sin postre, ¿verdad? – el castaño entra en la
habitación seguido de un moreno con la lujuria adueñándose
de sus ojos.
Días. Horas. Minutos. Segundos… eternos. Eternos por no haber podido estar con él. Eternos por no haber podido decirle todo lo que quería y lo culpable que me sentía por haberme dejado guiar por los celos y la venganza ante el dolor que sentía. Pero ya no más. Estoy recostado en una manta, delante de la chimenea, entre sus brazos. Sus fuertes brazos, aún con señales de moretones, rodean mi cuerpo y me envuelven, elevándome al cielo. Permanecemos en silencio desde hace un buen rato, aún estoy avergonzado por mi comportamiento, fue injustificado, pero lo amo tanto que siento que no puedo vivir sin él.
- Harry… Mírame… - siempre creo que
puede saber qué pienso con sólo una mirada.
- Yo…
- la culpabilidad se apodera de mi rostro.
- No tienes que
disculparte por nada – me hace una señal para que no diga
nada y sigue hablando -, quiero olvidar todo lo que pasó,
quiero disfrutar del ahora y aquí, y no quiero preocuparme de
mi futuro, de nuestro futuro. Necesito… necesito sentirte cerca
para poder soportar todo esto – sus palabras nunca me habían
sonado tan sinceras como en este momento.
- Lucius si tú
quisieras…
- No es tan sencillo, no puedo dejar de ser lo que
soy, yo…
- Shhhttt, no, no, no… - le beso la frente -. No eres
nada, eres mi Lucius, - un beso en los labios - sólo mi
Lucius… - le beso de nuevo con toda la ternura mientras lo abrazo
fuerte para que sepa que estoy a su lado.
- Tienes razón,
Harry… Soy tuyo… Tuyo y de nadie más – se apodera de mis
labios y me lleva al paraíso.
Me tumba en el suelo mientras las llamas de la chimenea iluminan la habitación y se reflejan en su rostro. Ha sufrido tanto en tan poco tiempo que no puedo creer que todo sea por mí. Le amo tanto… Se sitúa a mi lado y deposita pequeños besos por todo mi cuello. Estoy terriblemente excitado, todos estos días queriendo estar con él, deseando estar desnudos en una cama, al fin se hace realidad. Me quita la camiseta y recorre con la mano todo mi pecho antes de quitarme los pantalones. Con un hechizo, su ropa sigue el mismo camino que la mía y se sitúa a horcajadas encima de mí. Nuestras erecciones se rozan a pesar de que la tela de mis bóxer impide el contacto directo, pero no puedo evitar gemir de placer, todo mi cuerpo parece estar conectado a una red de placer continuo. Cierro los ojos y me dejo llevar por las sensaciones.
Noto como sus manos acarician mis muslos y como empieza a masajear mi erección por encima de mi ropa interior. Jadeo, ansío el contacto con su cuerpo, deseo sentirlo dentro de mí, anhelo que me posea y que me haga vibrar de placer. Retira mi bóxer lentamente, haciéndome sufrir como nunca antes, pero no aguanto más y susurro un hechizo que lo hace desaparecer. Sonríe y se acerca hasta mis labios. Nuestros pechos hacen contacto y siento una descarga eléctrica desde los pies hasta la cabeza. Su erección se clava en mi cadera y la mía roza su piel suave cuando se acerca para torturar mis pezones.
- Mmmhhhmmm… - que no pare, que no
termine nunca este placer.
- Oh… sí… - susurra mientras
sigue con la tortura.
Desciende hasta mi cadera y besa cada centímetro hasta llegar ante mi miembro que, totalmente erecto, está reclamando atención desde hace un buen rato. Con una mano, masajea los testículos y la base del pene, mientras con su lengua empieza a recorrer toda la longitud del mismo. Ahora sí, he entrado en el paraíso y esto es el premio gordo. Su boca se cierra alrededor de mi erección y al notar su aliento en el glande siento que todo el dolor sufrido ha valido la pena por poder vivir este momento.
- Oh… así… - digo entre jadeos mientras su lengua lame el miembro, sus manos marcan el ritmo desde la base y sus labios se encargan de controlar cada embestida en su boca -. Mmhhh… - siento que ya no podré aguantar mucho más, es una tortura deliciosa que deseo que no termine nunca pero sé que va a durar poco - ¡Lucius! – grito al alcanzar el orgasmo.
Tardo unos segundos en recuperarme. Se tumba a mi lado y recuesta la cabeza en mi pecho. Le acaricio el pelo, me hace cosquillas encima del estómago. Es tan sedoso, su piel es tan suave… Ojalá pudiéramos estar así toda la eternidad. Me volteo y lo recuesto encima de la manta. Me sitúo encima y le beso, quiero recompensarle por todo el placer que me ha regalado, pero no como un favor que se devuelve, quiero transmitirle el mismo placer que yo he sentido, con todo mi amor. Beso su cuello, su pecho, juego con su ombligo mientras torturo sus pezones ya duros. Desciendo mi mano hasta su erección. Parece que su miembro está esperándome, erguido, aguardando mi boca, ansiosa por devorarlo y llenarme de su esencia. Lamo el glande y chupo con lentitud, sé que le encanta pues se excita mucho más y esta noche quiero que alcance el mayor nivel de excitación posible. Recorro con la lengua todo el miembro y los testículos, hasta llegar a su entrada. Conjuro un tarro de vaselina y unto mi dedo en ella. Con la lengua retomo el camino de vuelta mientras mi dedo se cuela en su interior.
-
No… - se levanta y me aparta bruscamente.
- Luc… - me sitúo
de nuevo a su lado y acerco mi mano a su mejilla.
- No puedo…
-
Ven – digo abrazándole y se acurruca en mi pecho como un
niño pequeño.
- No puedo… - sus ojos son un mar de
lágrimas que caen directamente a mi corazón. ¿Por
qué lo ha hecho? ¿Por qué se ha entregado a él?
¿Por qué lo ha aceptado? – Lo siento – consigue
decir entre sollozos -, yo…
- No tienes que justificarte, te
quiero, todo esto no va a cambiar nada…
- Pero él…
-
Él puede hacerte daño y poseerte, pero nunca tendrá
tu corazón, recuerda bien eso. No le entregues eso, por favor…
- mis lágrimas se confunden con las suyas. No soportaría
el dolor de perderlo, de saber que está en brazos de otro
hombre, de saber que ha entregado su cuerpo y su alma a otra persona.
Lo amo, es mi vida y lucharé por él, es lo único
que tengo. Ahora que ha vuelto a mí no volveré a
perderlo.
