CAPÍTULO XIV – Verdades

Me he pasado el último mes suspirando cada par de minutos. Esto de las reconciliaciones es lo mejor, aunque sé que Lucius aún está herido, herido en lo más profundo de su ser, en su orgullo. No sé ni qué nos está contado la profesora McGonagall, y para no saber no sé ni cómo he llegado a clase. Tan sólo puedo imaginar nuestro próximo encuentro.

No sé qué me pasa, tendría que estar aterrado por todo lo que esta relación significa y por el peligro de la guerra y sin embargo me invade la felicidad. Todos mis poros respiran felicidad. Y lo más surrealista es que estoy feliz gracias a él. Si alguien me lo hubiera dicho antes, le hubiera llamado descerebrado o algo peor, porque ¿quién iba a imaginar que Harry Potter, el niño-que-vivió, el que está llamado a ser el salvador del mundo mágico, se enamoraría de Lucius Malfoy, el mayor servidor de su enemigo? Sí, es curioso, lo sé. Si, es arriesgado, también lo sé. He analizado todos y cada uno de los pros y los contras. Pero todo lo negativo se desvanece al recordar cómo me siento entre sus brazos.

Ayer por la noche llegué a la habitación de madrugada, después de otro encuentro con él… creo que mi cara ya lo decía todo. Seguramente tenía una sonrisa de oreja a oreja y una cara de enamorado que no podía ni quería disimular. Pero es tan especial… sería idiota si no me hubiera enamorado de él. Procuré no hacer ruido, todos estaban durmiendo. Oí a Neville hablar en sueños, a Dean y a Seamus apenas los vi, tenían las cortinas tiradas, igual que Ron, pero a éste le oí perfectamente. Sus ronquidos parecían delimitar su territorio.

Me puse el pijama a oscuras y me tumbé en la cama. 'Las cuatro', pensé al oír el reloj de la escuela dar las campanadas. Me acomodé mejor, me tapé completamente e imaginé que estaba a su lado, porque hasta dentro de muchos días ya no volveré a verle. Suspiro… vuelvo a suspirar recordando las caricias, las palabras y su cuerpo.

- Mmmmm… - murmuré desperezándome y estirando todas las articulaciones.
- Vaya, por lo visto alguien ha tenido dulces sueños… - Dean y sus dulces comentarios.
- ¿Eh? – miré mi entrepierna- ¡oh, Dios! – exclamé incorporándome y quedando sentado y es que una notable erección se erguía cual torre de campaña en mitad de mi pantalón del pijama -. Yo… bueno, es normal, ya lo sabéis…
- Sí, pero nosotros no nos exhibimos… - y Seamus entró en acción.
- ¡Yo no me estaba exhibiendo!
- Ya lo sé, pero me encanta hacerte rabiar. Adoro ver cómo te sonrojas. Debes de ser un amante muy tierno, ¿verdad, Harry? – Dean es irritante.

Me sonrojé, no, mejor dicho, me ruboricé de los pies a la cabeza, creo que no hubo ninguna parte de mi cuerpo que no estuviera roja en ese momento, incluso parecía que el pelo me cambiaba de color y también se volvía de color granate.

- Seamus, Dean… no os metáis con él – me defendió Neville.
- Oh, Neville, no lo estropees, si tú también quieres saber…
- Sí, pero si Harry no quiere contar nada, pues lo respeto.
- Gracias, Nev, al menos queda alguien sensato en este cuarto – dije saltando de la cama.

Regreso de nuevo al mundo real después de mi rodeo por el mundo de los recuerdos, las clases han terminado y apenas me he dado cuenta. Es la hora de la comida y es me está haciendo eterna. Tengo que aguantar los comentarios de medio Gryffindor, añadidos a los reproches ya habituales de Ginny y los chicos, que no se enteran de nada. Cuando todos terminamos, decidimos ir cerca del lago. Les acompaño, sin saber muy bien por qué, pero no me arrepiento. Estar tumbado en el césped con la hierba haciéndome cosquillas en la cara, con el viento suave acariciándome y el cielo azul relajándome, era justamente lo que necesitaba. No podría haber encontrado un sitio mejor para descansar, esto es el paraíso.

- Harry… - dice Dean uniéndose al grupo - ¿cuándo nos vas a contar algo de tus escapadas nocturnas? – vale, ya no hay paraíso.
- Sí, Harry, somos tus amigos… - protesta Ginny.
- Ya os lo dije, no tengo escapadas nocturnas.
- Ya, y yo soy un angelito – exclama Seamus.
- ¿Y qué me dices entonces de los chupetones, las marcas de mordiscos, la cara de embobado…? ¿Quieres que continúe? – pregunta Dean.
- No, gracias, ya he oído suficientes tonterías. Si me permitís, me apetecería descansar – respondo abriéndome paso entre ellos.
- Si descansaras por la noche… - añade Seamus.
- ¡Oh, sois imposibles! ¡Me voy a otro sitio lejos de todos vosotros!

Me alejo rápidamente de allí y decido ir a la Sala Común, espero que no haya mucha gente y pueda descansar un rato antes de la cena.

- ¡Remus! – grito al verlo delante de mí.
- Oh, hola, Harry. ¿De dónde vienes?
- Estábamos tumbados en el césped pero me he cansado de sus interrogatorios.
- ¿Interrogatorios?
- Eh… sí, es que quieren saber cosas y yo… pues no les quiero contar.
- Ya… ¿Y esas cosas tienen que ver con tus salidas nocturnas?
- ¿Cómo…? – entonces, como si acabara de despertar de un largo letargo, lo veo todo claro -. ¡Estás con él! Sí, estáis juntos…
- ¿Quieres bajar la voz? Ven… vamos a mi despacho - es el sitio que nos queda más cerca.

Mientras avanzamos uno detrás del otro intento digerir lo que mi cerebro acaba de asimilar. Remus y… Snape. Juntos. Snape… ¡Por Merlín! Es Snape…

- Harry, siéntate.
- Remus, cómo…
- Sí, estamos juntos. Desde hace mucho tiempo, además – abro la boca, no sé qué decir -. Años – añade y mi cara es todo un poema -. No quiero que se entere nadie, bueno… aunque ya es un poco tarde… Pero, da igual, no quiero que se lo digas a nadie, ¿de acuerdo?
- S… sí. Yo… no se lo diré a nadie, tranquilo. Pero…
- Harry, da igual lo que pienses, sólo te pido que respetes mi decisión.
- Sí, sí, sólo te quería decir que no me importaba. Si tú y… - trago saliva, aún no me lo creo – Snape estáis juntos, pues yo… me alegro por ti si eres feliz.
- Gra… gracias – seguramente pensaba que montaría un numerito -. Harry…
- ¿Sí?
- ¿Estás bien? – sé perfectamente qué quiere decir.
- Sí, Remus, todo va bien. Todo – recalco la palabra.
- Bueno, yo también me alegro por ti, entonces.
- Gracias, Remus. Te dejo, tengo que ir a estudiar un poco – miento, la verdad es que no me apetece en absoluto tener que escuchar nada de Severus Snape, bastante tengo con que sea mi profesor.

Finales de abril. Mes y medio después.

De nuevo entre sus brazos, cuánto lo he echado de menos estas últimas semanas. Sentir su cuerpo cerca del mío es el mejor remedio para saciar todos mis males y alejar las inseguridades. Oigo latir su corazón, acompasado, como siempre, sin perder nunca el ritmo ni alterarse. A veces, tanta frialdad y falta de emociones que hagan desbocar a su corazón me da miedo, pero he logrado comprender, con el paso del tiempo que no debo preocuparme por eso. Lucius es, ante todo, y aunque no lo aparente, un hombre pasional. Odia apasionadamente y ama de la misma manera.

Levanto un poco la cabeza y le miro. Es perfecto. Me abrazo más fuerte él, pegando los dos cuerpos para que no pueda ni pasar el aire por en medio. Protesta, pero sé que le gusta, él hace lo mismo antes de despedirse. Se aferra más a mí, me besa en la frente y desaparece. Y yo me quedo ahí, aun embelesado, aspirando su aroma y recordando la pasión y la excitación de unos minutos antes. Pero ahora no es momento de pensar en eso, recién ha llegado y no quiero pensar en la separación. Vuelvo a oír su corazón, sé que late por mí, igual como mi cuerpo sólo vive por él.

Me pone una mano debajo del mentón para que levante la vista de nuevo y lo mire. Se acerca y me da un pequeño beso, cálido, tierno, lleno de amor. Me abraza fuerte y tengo la extraña sensación de que es un abrazo distinto, de despedida. Me separo un poco y le miro extrañado, tengo miedo de perderle. Sus ojos… sus ojos apenas brillan, están apagados, pero él parece el mismo de siempre. Empieza a besarme de nuevo al ver que me he separado y vuelvo a mirarle fijamente, buscando ese algo que no encaja. Pero alejo de mi mente esos pensamientos, dejándome llevar por las sensaciones que despierta en mi cuerpo, pues sabe cómo encender cada parte de mí que roza con su mano.

Me tumba en la cama y empieza a depositar pequeños besos en mi cara, cuello y baja lentamente hacia el pecho, siguiendo un camino. Desciende hasta torturar mis pezones y con su mano aparta el bóxer que aún llevaba puesto y masajea mi erección. Una corriente eléctrica invade mi ser y tiemblo de placer. Hacía días que no le veía y mi cuerpo extrañaba el suyo. Sonríe al notarme desesperado para alcanzar más contacto y yo dejo que siga su trabajo, pero también quiero participar, así que agarro sus nalgas y hago que se froten las dos erecciones, haciendo que caiga encima de mí. Unos gemidos salen de su boca, sé cuánto le gusta que haga eso, y es que parece que los dos cuerpos se amolden a la perfección, como hechos el uno para el otro.

Sólo se oyen nuestros jadeos, la habitación está a oscuras pero puedo recorrer su cuerpo sin dificultad, me lo he aprendido de memoria. Cuando noto que no voy a aguantar mucho más le suplico que me tome.

- Hoy, no, Harry – me mira y comprendo.

Me sitúo detrás suyo, admiro la espalda, ancha y tersa, la recorro con los dedos hasta llegar a la cintura, sigo hasta las nalgas y le pellizco suavemente. Estoy nervioso, deseo satisfacerle, sé que se está entregando completamente a mí después… mejor olvidar eso. Conjuro un tarro de vaselina, unto mis dedos en él mientras beso su espalda y con mi otra mano le rozo la erección. Después un segundo, mientras empiezo a masajear su miembro para que obtenga doble placer. Y finalmente un tercero. Deseo estar en su interior, deseo que sienta que lo amo, que es lo más importante de mi vida, deseo que grite mi nombre al alcanzar el orgasmo.

- Ya, Harry… hazlo – su voz es casi una súplica.

Saco los dedos y sitúo mi erección en su entrada, noto como le penetro lentamente. Su cuerpo se tensa ante la invasión pero con mis besos y caricias consigue relajase y entonces empieza el vaivén. Sus gemidos se confunden con los míos, es tanto el deseo de tenerlo así que no sé cómo he aguantado estas semanas sin verlo. Pero ésta es una buena recompensa. Retomo la tarea con su erección y le oigo jadear, suspirar, gritar de placer. Por mí. Soy yo al fin quien le provoca todo eso y nadie más. Nos corremos al mismo tiempo, yo dentro de él y él en mi mano. Se separa, intento no ser brusco, pues no quiere hacerle daño. Me tumbo a su lado para darle un beso pero, en vez de abrazarme como hace siempre, se levanta.

- Lucius… - mi voz sale temerosa.
- … - no responde, oigo como va recogiendo la ropa que hay tirada por el suelo.
- Luc… ¿qué ocurre?
- … - sigue sin responder.
- ¡Lumos! – exclamo y lo veo ya vestido con su túnica negra y una máscara blanca en sus manos -. ¿Qué…?
- ¿De qué te sorprendes, Potter? – su tono es frío y cruel, el mismo tono de Lucius Malfoy que conocía.
- ¿Por…? – no logro articular ni dos palabras enteras.
- ¿No creerías que me había enamorado de ti, verdad? Por favor – dice al ver mi rostro confundido -, no hay nada más lamentable que eso. El gran Lucius Malfoy enamorado de un ser como tú…
- Pero… - sollozo.
- Y encima lloras, no podrías ser más patético. Ya me he cansado de ti, simplemente. Quise tenerte y me has aliviado muchas tensiones estos meses, pero ya no me sirves.
- Yo… tú… - las palabras mueren en mi garganta – me que… rías…
- Para mi no ha significado nada, pero me alegro de ver que para ti era importante, me salvaste la vida y te lo agradezco, pero ya te he recompensado por ello – si en este momento tuviera conectado un micrófono en mi corazón se oiría como se está haciendo pedazos lentamente y es que sus palabras me están matando poco a poco.
- Tú… - empiezo pero no sé cómo seguir.
- Nos volveremos a ver, Potter – escupe el apellido como si vomitara -, pero esta vez en el campo de batalla –veo como se pone la máscara y desaparece.

Permanezco sentado aún en la cama, no tengo fuerzas para reaccionar. No puede ser… Esto no ha ocurrido. "¡No puede haber sucedido!", me repito. Rompo a llorar, mis ojos parecen dos ríos, es tanto el dolor que siento en mi interior que es la única forma de aliarlo.

- ¿Por qué? – exclamo a la nada -. ¿POR QUÉ? –grito.

Pero nadie responde a mis súplicas. Se ha ido, todo ha sido una burla, y yo un estúpido por creer en sus palabras, en sus mentiras, por creer en sus besos y en sus ojos… Sus ojos… ahora ya sé por qué hoy no brillaban: esos eran los verdaderos y yo me dejé maravillar por un par de diamantes inexistentes.

POV Lucius
Me aparezco en mi habitación roto por el dolor. Nunca me he sentido tan vil y despreciable. Ver su rostro ha sido como si me partieran el alma en pedazos, si tuviera, claro, porque eso que he hecho no puede haberlo hecho un ser con alma. Le he roto el corazón y, con ello, toda su felicidad. Y la mía también.

Me duele… un dolor fuerte en el pecho es lo único que logro sentir. Nunca un Malfoy había caído tan bajo por amor. Sí, es amor lo que siento por Harry. La obsesión se convirtió en algo más profundo la primera noche que pasé con él. Sucumbí a su cuerpo, a su voz, a sus caricias. Me entregué a él por amor. "¡Maldición, los Malfoy no aman!", dice una voz dentro de mi cabeza. Pero sé que no es verdad. Al menos, no en mi caso. Lo amo, lo amo más que a mi vida. Y ahora me siento sucio. Acabo de hacerle daño a la persona que más me importa del mundo, acabo de destrozar la vida de la persona que me lo ha dado todo, la que se ha entregado a mí a pesar de todo…

¿Por qué tuve que ceder? Tuve que haberme ceñido al plan de una sola noche y abandonarlo. Todos estos encuentros, la alegría de poder verle de lejos, de estar abrazado a él… ¿Cómo dejé que eso ocurriera? Fui débil, sí, otro tópico más que he roto. A este paso me convertiré en el Malfoy menos Malfoy de toda la historia. Pero ahora mismo no me preocupa, lo único que tengo en mente es a un chico al que he muerto en vida.

Las lágrimas ruedan por mi rostro, no puedo evitarlo y es que nunca me he sentido tan mal, siento asco de mí mismo. No puedo evitarlo, pero es que es la primera vez que tengo un motivo importante para hacerlo. Harry es mi vida y yo acabo de sentenciar su muerte.
Fin POV Lucius

Hace una semana que me arrastro de un lado para otro, sí, me arrastro, porque no hago nada, no estoy ni consciente de lo que hago. Ron y Hermione están preocupados, apenas como, no consigo dormir más de dos horas seguidas y mi rendimiento en clase ha bajado. Y ya ni hablemos del quidditch. Ya nada me importa, preferiría morirme aquí mismo, tuve que haberlo hecho esa vez, así me habría ahorrado este sufrimiento. Me doy cuenta de que no sé ni dónde estoy. Abro los ojos y, frente a mí, aparece el lago. Sería fácil meterme ahí y acabar con todo…

¿Cómo pude ser tan estúpido para dejarme engañar? ¿Cómo pude pensar que me amaba? Pero es que en sus brazos me derretía, y cuando notaba su cuerpo mientras me hacía el amor me elevaba al cielo. Sí, porque sé que me hacía el amor, en eso no pudo fingir. No era sexo. Quizá la primera vez sí, al principio, pero el resto de encuentros había sido el hombre más tierno del mundo. Y esa fue la trampa. Ante mí era el ser más encantador del mundo, pero ha pasado a ser el villano perfecto, su verdadera identidad.

Fui un iluso al pensar que podría cambiar. Me decía que lucharía a mi lado, que me protegería con su vida si fuera necesario, y yo le creía. Pero ahora sé que eran todo mentiras. La última imagen que guardo de él es con su túnica y máscara de mortífago confeso. ¿Cómo pude ser tan inocente? ¿Cómo el gran Lucius Malfoy iba a cambiar por un ser tan insignificante como yo? Siento un fuerte dolor en mi pecho y me arde la cicatriz, me retuerzo de dolor en el suelo, pero no cesa y la luz se va apagando. Lo siguiente que veo al abrir mis ojos es a Madame Pomfrey atendiéndome.

- ¿Cómo se encuentra?
- Me… me duele la ca… cabeza – consigo decir, parece que haya olvidado como hablar.
- Eso es normal, Potter, se desmayó y se golpeó muy fuerte contra el suelo. Tenía una leve contusión en el cráneo, pero ya lo hemos solucionado – eso me tranquiliza.
- Sus amigos han venido a verle estos días aunque no estaban autorizados a visitarle, pero dentro de un rato podrá hablar con ellos – sonrío -. ¿Tiene ganas de verlos, verdad? – asiento -. Pues bien, ahora tendría que comer algo y tomarse las pociones que le voy a suministrar. Ahora vuelvo.

Regresa al cabo de pocos minutos con un plato de sopa y un par de botellitas de color azul y verde.

- Bien, Potter. Una vez haya comido un poco, tómese tres gotas de la poción azul y luego dos más de la verde. Tres y dos, no lo olvide. Estaré ahí – me señala el fondo de la sala – por si necesita algo.
- Gra… gracias.

Se aleja. Me duele todo el cuerpo, como si me hubiera roto todos los huesos. Pero lo que más me duele es el alma y el corazón. Sé que, aunque pueda volver a recomponerlos, nunca serán como antes. Mi corazón no latirá con esa fuerza e ilusión como cuando pensaba en él, y mi alma no brillará con la misma intensidad como cuando me besaba. Nada volverá a ser como antes. No puede volver a serlo.

- ¿Ya se lo ha tomado todo? – Madame Pomfrey aparece de nuevo.
- Sí, gracias.
- Potter… me gustaría hablar con usted un segundo.
- Sí, claro – recoge el plato y lo deja encima de la mesita, junto a las dos botellas.
- Antes no le he contado una cosa – ¿de qué está hablando esta mujer? -, verá, descubrí el motivo de ese desmayo.
- Yo… volví a descuidar mi alimentación, lo siento – agacho la cabeza, avergonzado.
- Sí, Potter, no se alimentó lo suficiente, pero el desmayo lo causó otra cosa.
- ¿Otra cosa?
- Sí, usted sufrió, lo que denominamos en medimagia, una descompensación de fluido mágico.
- ¿Una descompen…?
- Descompensación, sí. Verá, su magia se descontroló por un segundo y se descompensó.
- ¿Y qué provocó ese descontrol?
- Potter… la descompensación de fluido mágico sólo ocurre por dos motivos. El primero es cuando el mago o bruja recibe el impacto de una maldición, y el segundo…
- ¿Sí?
- En caso de… de embarazo.
- ¿Embarazo?
- Exacto. Realicé los tests pertinentes y, aunque creo que es demasiado joven, tengo que felicitarlo. Una nueva vida crece en su interior.
- Pe… pero… yo…
- Sé que quizá esto es demasiado para usted, intente tomarlo con calma, pero tenía que advertirle. Su bebé tiene cerca de 2 meses. Es demasiado fuerte y por eso provocó la descompensación.
- ¿2 meses? – veo como asiente -. Yo…
- Descanse, dentro de poco vendrán sus amigos.

Me deja solo. Embarazado… em-ba-ra-za-do. ¡Embarazado! No, no puede ser. No puedo estar embarazado. No puedo estar esperando un hijo… un hijo suyo. No… no puedo esperar un hijo de alguien que me odia. ¿Qué le voy a decir cuándo sea mayor? ¿Qué podría contarle de su otro padre? ¿Que fue un mentiroso y un traidor que se aprovechó de mí? Porque eso es lo que hizo, y encima me he quedado embarazado. Un bebé… no puedo tener un bebé, la guerra… ¡No puedo luchar embarazado! ¡No puedo luchar contra él llevando su hijo en mis entrañas! ¡No puedo matarle sabiendo que esté bebé lleva su sangre! ¿Qué voy a hacer? ¿Cómo podré salvarlo de esta guerra? ¿Cómo podré darle un futuro a este hijo que crece dentro de mí, fruto de un amor que creí correspondido? Suspiro… No sé qué voy a hacer.

- Espero que me des fuerzas… - me acaricio la barriga -. Voy a necesitar mucha ayuda para que no te ocurra nada malo.

Noto un cosquilleo que traspasa mi vientre y llega hasta mi mano. Magia… magia suya. Se comunica conmigo, me da parte de su energía. Está dándome su energía para darme las fuerzas que le he pedido, las fuerzas que me faltan para que todo termine de una vez. Poso las dos manos en mi vientre para darle las gracias.

- Mi bebé, mi hijo… - me tumbo en la cama y lloro de felicidad.

- ¡Draco! – grita Blaise al ver a su amigo de lejos.
- Ah, hola… os estaba buscando. ¿Aburridos?
- Un poco, esperábamos para poder visitar a Harry – responde Hermione.
- Me dijeron que se había desmayado.
- Eso mismo sabemos nosotros, pero no nos lo han dejado ver hasta hoy – dice Pansy medio protestando.
- Vaya… - el rubio mira a sus amigos. Preocupados por Potter, quién lo hubiera dicho.
- Harry debería olvidarse de él, ya le ha hecho demasiado daño y Lucius… – cuatro pares de ojos se posan rápidamente sobre Ron quien cambia de color al darse cuenta de lo que acaba de decir.
- ¿Lucius? ¿Qué tiene que ver mi padre con…? ¡Joder! Decidme que no… - todos asienten -. ¿Por qué no me dijo nada? – levantan los hombros -. Por favor… Potter y mi padre… ¿Acaso está loco?
- Eso mismo le dije, pero tranquilo, tu padre lo ha abandonado – Ron termina de meter la pata hasta el fondo.
- ¿QUÉ? – Draco no puede creer todo lo que oye.
- Por eso Harry está en la enfermería, le dio una descompensación mágica y… - le explica Hermione pero Draco la interrumpe.
- ¿Todos lo sabíais? – asienten de nuevo -. ¿Y qué esperabais para decírmelo? – protesta.
- Draco, eso era decisión de Harry, además, nosotros nos enteramos de casualidad, se le escapó el nombre mientras hablábamos – le cuenta Blaise.
- Pe… pero ellos… entonces… las noches que… - Draco pone cara de no querer imaginarse lo que está pensando.
- Oh, seguro, querido – responde Pansy -, ¿o crees que Harry no puede hacer lo mismo que tú haces con su padrino?
- ¡Pansy! Por favor… es mi padre y es… ¡es Potter!
- Draco, ya te hemos dicho que terminó, pero intenta no decirle nada a Harry, está bastante deprimido por todo esto, él… él lo ama de verdad.
- Sí, claro, Hermione… no le diré nada, tranquilos.

Abro los ojos lentamente, he dormido como hacía tiempo que no lo hacía, finalmente he podido conciliar el sueño más de dos horas seguidas. Giro la cabeza y distingo a alguien a m lado. Rubio. Mi corazón se acelera.

- ¿Lu… Lucius? – pregunto a la figura móvil que está junto a mí.
- No, soy Draco.
- Oh… - me ruborizo, otra vez he hablado demasiado.
- Potter, no te preocupes… lo sé todo. Weasley es un bocazas.
- ¿Qué?
- Se le escapó estando yo delante, pero eso es lo de menos. Quería hablar contigo.
- ¿QUÉ?
- De mi padre…
- Oh…
- Mira, mi padre… mi padre es especial – ya, ni que lo diga, no consigo sacármelo de la cabeza -, él… bueno, ya debes saberlo todo – asiento -, es un mortífago y como tal debe su vida a Voldemort. Tienes que olvidarte de él – me dice convencido -, te vas a hacer más daño si sigues enamorado de alguien como mi padre.
- Él… él me dijo…
- ¿Que cambiaría? Eso me lo ha dicho miles de veces. Mira, mi padre no es mala persona, aunque normalmente da esa imagen. Supongo que contigo… era distinto. Pero hazme caso, Harry, olvídalo, si ha elegido ese camino no puedes hacer nada, sólo vas a sufrir y lastimarte. ¿Acaso quieres eso?
- No, yo… pensaba que… que me amaba. Me dijo… él estaba herido yo… le curé, me dijo…
- ¿Herido?
- Voldemort, lo ha vi… violado varias veces – digo bajito.
- ¿Qué? – se levanta de la silla -. ¿Y él… él sigue…?
- No ha cambiado de idea ni a pesar de todo eso. Yo no he podido hacerle cambiar.
- Si no has podido tú, entonces no podrá nadie – sus palabras me impactan -. No te sorprendas, mi padre ama y odia con la misma intensidad – sí, eso lo sé muy bien -, y si ha pasado todo este tiempo contigo, es porque te quiere… aunque sea a su manera, pero no lo entiendo. Si Voldemort lo ha… no, no puede ser, mi padre nunca toleraría eso, se habría rebelado… ¡Por Merlín, Harry! Tienes que amarlo mucho para haber soportado esa situación.
- Yo, bueno… no lo sabes todo… Voldemort se metía en mi mente e hizo que lo viera todo, que lo sintiera todo… Y yo no podía hacer nada, Draco, nada – rompo a llorar y unos brazos me rodean, consolándome.
- Tranquilo, ahora nos tienes a nosotros, no te fallaremos. Nosotros no.
- No voy a poder sin él.
- Claro que podrás, y entre todos lograremos vencer esta guerra, Harry.
- No podré yo… no tengo fuerzas, la guerra… ¿Cómo voy a poder luchar sabiendo que quizá pueda matar al hombre al que amo, al padre de mi… - ¡maldición! Tengo que cortarme la lengua cuando salga de aquí.
- Harry, tendrás que hacerlo si es necesario, pero no verás en él a ese hombre… - se para -. ¿Al padre de qué?
- … - ha llegado la hora de decir la verdad -. Estoy embarazado – susurro cabizbajo.
- ¿Embara…? ¡Oh, Merlín! Estás esperando un hijo de… ¡de mi padre! Esto es demasiado. ¿Cuándo…?
- Estoy de dos meses más o menos, falta bastante aún.
- ¡Por Merlín, la guerra! No podrás luchar, no estarás en condiciones y los demás…
- No, Draco, los demás no lo van a saber. No pretendía que nadie lo supiera pero ya lo sabes tú. Si lo sabe alguien más hay probabilidades de que Voldemort se entere y con ello…
- Mi padre – asiento -. Harry – me abraza fuerte mientras una de sus lágrimas cae en mi mejilla -, ¿por qué tienes que sufrir tanto? – no sé qué decirle, ojalá tuviera una buena respuesta.