Mayo termina y yo sigo sintiendo el invierno en mi corazón. La pérdida de un ser querido es siempre un episodio triste en la vida de toda persona. Y la pérdida de alguien a quien has amado intensamente y te ha traicionado es mucho peor. He perdido a Lucius, porque para mí es como si hubiera muerto. He perdido al padre de mi hijo, ya no existe. Ahora sólo estamos mi bebé y yo. Nadie más.
Draco se ocupa de mí como si fuera un hermano. Me trata con cariño y me cuida las veinticuatro horas del día. Todos se han extrañado por el hecho que entre nosotros haya surgido una profunda amistad, tratándose él del hijo de mi ex pareja. Ahora ya todos lo saben. Sólo faltaba Sirius y se lo tomó bastante bien por tratarse de quién se trataba. Supongo que fue gracias a Draco, que intercedió medio a favor de su padre, no le defendió a capa y espada, pero tampoco lo condenó por sus actos. Al fin y al cabo, es su hijo. Tengo suerte de tener a ambos a mi lado, la verdad es que nunca pensé que Draco fuera tan atento con mi padrino, y mucho menos conmigo. Cuando recuerdo a ese niño que conocí en el callejón Diagon, ahora me río, pero lo mal que lo pasé con su desprecio e insultos todos estos años no me lo quita nadie. Sirius no podría haber encontrado a una pareja mejor. Merecía ser feliz y lo es. Draco le hace feliz y se nota.
Hoy tengo revisión con Madame Pomfrey por la tarde. Draco se ha ofrecido a acompañarme para no levantar sospechas. A todos les he contado que mi desmayo fue provocado por una mala alimentación y por no cuidarme demasiado y Draco me sigue la corriente. Tengo que empezar a usar un hechizo para encubrir la ya incipiente barriga. Cuando acaricio con la mano a mi hijo –porque para mí es como si ya estuviera conmigo aunque sólo sea un pequeño bultito en mi cuerpo- noto un cosquilleo que consigue atravesar la piel y adoro esa sensación. Es nuestra forma de comunicarnos, la única de momento, y ansío el día en que pueda tenerlo entre mis brazos. Ya no tengo miedo, voy a salir adelante solo, con la ayuda de mis amigos, ellos sé que no me fallarán.
Harry… ¿esta tarde tienes revisión, verdad?
Eh… sí.
Si quieres puedo acompañarte.
Oh… Sirius… gracias, pero Draco vendrá conmigo.
Ya, pero siempre viene él y a mi también me apetece acompañarte.
Bueno… pero no hace falta, tú tienes más trabajo y a Draco le gusta venir, creo que tiene alma de medimago – digo para disimular.
Si tú lo dices… Pues, nada, que te acompañe él – permanece en silencio unos segundos y continúa hablando -. Parece que os lleváis muy bien…
Sirius, ¿eso son celos?
No, no, Harry, ¿cómo puedes pensar eso?
Pues lo parece. Draco sólo se preocupa por mí, no busques nada más en eso. Te quiere.
Ya… si ya lo sé, pero él es joven y…
Y tú estás muy bien…
Para mi edad, te falta añadir.
Yo no lo he dicho…
Pero lo has pensado.
Sirius, eres un terco. ¿Por qué no puedes aceptar que Draco te quiere tal y como eres, con todos tus defectos y virtudes? Te quiere a pesar de que seas un viejo – le digo riéndome.
Eh, vaya morro – reflexiona un momento -. Supongo que tienes razón, pero a veces tengo miedo de que encuentre a otra persona más joven y yo…
Sirius, basta. Draco te quiere a ti, no se fija en nadie más. Sólo hay que observar como te mira… se queda siempre embobado.
¿De verdad?
Sirius…
De acuerdo, de acuerdo… Supongo que soy más Black de lo que quiero reconocer.
Seguramente, eso también lo heredó Draco.
Y me encanta… ¿Quién nos hubiera dicho que los Malfoy…? ¡Oh!, Harry… lo siento – me dice abatido.
No te preocupes, Sirius… lo tengo asumido. Me alegro por ti, Draco es un gran chico.
Vaya, por una vez en tu vida no estás insultándome – el rubio entra en el salón.
Siempre tan gracioso.
Ya lo sabes, soy muy gracioso, soy perfecto.
Oh, no, no empieces otra vez… Luego empieza a contar todas y cada una de las hazañas de su vida y ¡es insoportable! – exclamo mirando a mi padrino.
Shhtt… no hagas que lo recuerde, debe de habérmelo contado más de mil veces – me dice Sirius susurrando.
Sois lo peor. Venga, Harry, tenemos que ir a la enfermería – dice Draco haciéndose el ofendido -. Después hablamos tú y yo… - se dirige a Sirius.
¿Eso es una amenaza? – le responde el moreno.
Tómalo como quieras, pero ya hablaremos de todo eso.
Te espero por la noche, hablamos cuanto quieras – le guiña un ojo.
Por Merlín, no me hagáis imaginar las cosas, ¡panda de pervertidos! – me río satisfecho, qué bien sienta saber que tus amigos te quieren.
Draco me ofrece su brazo y yo me apoyo. Paseamos por los pasillos en silencio, estoy nervioso, hoy es un examen exhaustivo para evaluar el estado del bebé. Madame Pomfrey tiene que hacerme una analítica mágica para saber si mi cuerpo tolera el 'robo' de magia que utiliza mi bebé para alimentarse y después una ecografía. La primera. Por primera vez veré a mi hijo.
Hemos llegado. ¿Estás nervioso?
Un poco.
Ya verás como todo irá bien.
Gracias – agarro fuerte la mano de Draco y le sonrío.
Entramos a la enfermería. Madame Pomfrey está atendiendo a un par de alumnos de Ravenclaw que han recibido los golpes de las bludgers en un entreno de quidditch. Cuando ha terminado, nos hace pasar detrás de unas cortinas para tener más privacidad.
¿Cómo se ha encontrado estos últimos días?
Bien… algo cansado – le digo, subiendo a la camilla.
Eso es normal, tenga en cuenta que el bebé necesita mucha magia. Usted tiene la suficiente para los dos, pero cuanto más crezca más magia le robará. Tiene que alimentarse bien, ¿me ha entendido? – asiento -. Perfecto, entonces ahora le haré una analítica para ver si hay algún problema.
Una jeringa aparece a la altura de mi brazo, me pincha sin apenas darme tiempo a reaccionar y veo como la sangre entra en el pequeño tubo que lleva incorporado y, levitando sola, se posa en la mano de la enfermera.
Mientras esperamos los resultados le haré la ecografía. ¿Está nervioso?
Un poco…
No debe preocuparse. Esto no le dolerá. Hoy podrá saber si el bebé es niño o niña.
Draco me agarra de la mano, me siento bien teniendo a alguien a mi lado, para apoyarme, para no tener que pasar esto solo. La enfermera me da una botellita y me indica que debo tomármela entera. Una vez terminada, encima de mi barriga empieza a dibujarse una pequeña imagen, aún borrosa.
Ahí está el bebé. ¿Lo ven? – apenas vislumbro una mancha en un fondo oscuro -. Esto son las piernas – dice señalando un par de manchas más claras – y esto la cabeza – indica otra parte blanca más grande -. Si se mueve podremos saber el sexo. ¿Tiene alguna preferencia? – niego con la cabeza, no tengo tiempo de hablar, estoy embobado contemplando a la pequeña vida que crece en mi interior.
Es… ¿es un niño?
Sí, señor Malfoy, es un niño.
Oh… - me emociono, estoy viendo a mi hijo, un niño, mi niño.
Bien, cuando quiera ya puede vestirse. Su hijo está en perfectas condiciones. No olvide cuidarse y comer bien. Señor Malfoy, confío que supervisará al señor Potter.
Sí, descuide, yo me ocuparé de él. De los dos.
El señor Potter tiene suerte de contar con amigos como usted. Le espero dentro de dos meses para otra ecografía – corre la cortina y se va.
Me visto mientras Draco sigue embelesado contemplando a su futuro hermanito en la ecografía que me ha entregado la enfermera, al fin y al cabo es el hijo de su padre.
Es hermoso, Harry.
Sí, no sabes cuánto lo quiero y aún no lo tengo entre mis brazos.
Te voy a ayudar en lo que sea. Siempre estaré contigo y tu hijo siempre tendrá a su hermano a su lado.
¿HIJO?
¡Sirius! ¿Qué haces aquí? – le pregunta el rubio, yo me he quedado mudo.
Harry… - me mira y no sé qué decirle.
Sirius, Harry está embarazado. Está esperando un hijo de… de mi padre.
¡Por Merlín! ¿Por qué no me lo dijiste?
Yo… no quería que nadie lo supiera, pero Draco…
Me enteré por casualidad y decidí ayudarlo, Harry es mi amigo, el bebé es mi hermano y es el hijo de tu ahijado.
Entonces yo… ¿seré como un… abuelo?
Si tú quieres… puedes ser su abuelo.
Claro que sí – sonríe ampliamente -. James hubiera estado muy contento y, como buen amigo suyo y compañero de aventuras, acepto encantado este honor – dice haciendo una reverencia.
Vamos, no seas tan payaso…
¿Ya has escogido nombre?
No, todavía no. Acabamos de saber el sexo…
Pues tenemos que hacerlo. Luego vendrá lo del bautizo mágico, después haremos un gran banquete en su honor y cuando sea un poco mayor le enseñaré a volar y le regalaré una escoba como hice…
¡Sirius! – le interrumpo -. Tranquilo… ya tendrás tiempo, apenas tiene cuatro meses…
Bueno yo… esto me hace mucha ilusión y pues… - se relaja -. Creo que estoy un poco nervioso.
¿Un poco?
Vale… mucho.
Sirius… quiero que esto no salga de aquí. Sólo vosotros dos. Los demás no quiero que lo sepan todavía. Por favor…
De acuerdo, si tú lo quieres así, pues así será. Pero ahora tenemos que escoger el nombre, eso sí que no me lo quitas. Vamos a mi despacho – cruza la puerta y sale al pasillo -, venga… ¿a qué esperáis? – Draco y yo nos miramos y le seguimos. Creo que Sirius se ha vuelto loco.
De camino hasta las mazmorras –mi padrino se ha trasladado cerca de Draco- conversamos susurrando para que nadie nos oiga. Sirius ya ha pensado diez o veinte nombres para el niño, mientras el rubio y yo nos desesperamos ante su perseverancia. Nos paramos delante de la puerta y, de una habitación cercana, nos llegan algunos gritos y jadeos.
¿Eso ha sido…? – no me veo con fuerzas para seguir la frase.
Creo que sí. ¿Esa habitación es la de…? – Draco tampoco quiere imaginárselo, en el fondo es su padrino.
De Snape, sí – dice Sirius.
Y el que grita es… - el rubio está entrando en shock.
Remus, sí – continúa mi padrino.
Nos acercamos hasta quedar los tres contra la puerta. Jadeos y más suspiros, gritos y finalmente un gemido ahogado. Han alcanzado el orgasmo. Los tres nos miramos, sacudiendo la cabeza, arrugando la frente y la nariz. No queremos imaginarnos la escena, pero estamos a escasos metros de ellos. ¡Vaya panda de cotillas! Oímos pasos y rápidamente nos alejamos, justo a tiempo, la puerta se abre y sale un Remus algo despeinado y con la ropa a medio arreglar.
¡Chicos! – se sorprende al encontrarnos allí -. ¿Qué…? ¡Pervertidos! – grita Remus completamente sonrojado al vernos con la cara típica de alguien que ha sido pillado in-fraganti.
¿Pasa algo, Remus? – Snape sale sólo con un pantalón negro y su torso al descubierto.
Ellos… - nos señala.
No… nosotros pasábamos por delante y… - Draco intenta justificarse.
¿Ya y habéis tenido que pararos justamente delante de la puerta de mi habitación? – un leve color rosado se posa en sus mejillas. Ver para creer. Snape tiene vergüenza.
Bueno… pensábamos…
¿Qué pensabais? ¿Qué le estaba matando? Por favor, de Potter y Black podía esperarme algo así, pero tú, Draco… Ya veo que pasas demasiadas horas con esos Gryffindor… - Snape tan simpático como siempre, hay cosas que con los años no cambian, a veces empeoran.
Padrino…
Da igual, Draco, creo que somos personas lo suficientemente adultas como para poder convivir en paz. Así pues, olvidemos este encuentro y espero que nadie haga burla de esto. ¿Me ha oído bien, Potter?
Sí, claro… - me tapo la boca para no reírme a carcajadas.
¿Black?
Perfectamente, Snape – agacha un poco la cabeza.
Bueno, entonces, to… todos contentos – Remus aún está nervioso -. Yo… ya me iba a… mi habitación, claro.
Remus, tranquilo, no pasa nada, es una cosa normal. El sexo es habitual en la vida de las personas, ¿verdad, Draco? – Sirius le guiña un ojo a Snape y nos guía hasta su despacho.
¿Alguna vez dejaréis de comportaros como críos y actuaréis como personas maduras? – le pregunta Draco.
Cuando tu querido padrino me trate como a un adulto.
Quizá si tú le trataras mejor…
¿Yo? ¿Por qué tengo que ser yo?
Déjalo ya, Sirius. Hemos venido a elegir un nombre para mi hijo y eso haremos – cojo una pluma y un pergamino -. ¿Alguna sugerencia? – miro a Draco sentado a mi lado.
A mí me gusta Alexander – lo anoto.
Alan – vota Sirius.
Gabriel – interviene el rubio de nuevo.
Mmmm… ¿Isaac? – les pregunto antes de apuntarlo.
Patrick – Sirius no para.
Adrian – sugiero.
Chris, Christian – dice Draco.
A mí no se me ocurre ninguno más que me guste – ellos dos niegan con la cabeza -. Bueno, entonces debemos escoger entre estos…
¿Adrian Patrick?
No, no me gusta.
¿Gabriel Alexander? – propone mi padrino.
No suena mal – interviene Draco.
¿Alan Alexander?
No, Sirius… demasiadas 'A', pobrecito.
Ya lo tengo, a ver qué os parece. Christian Alexander – exclama el rubio orgulloso.
Mmmm… me gusta.
Y a mí también – asiente Sirius.
Entonces, ya tenemos nombre. Chris, bienvenido a la familia – dice Draco acariciándome la barriga.
Sí, Christian Alexander Potter. Es perfecto. Gracias – les miro a los dos.
Para eso estamos, ¿verdad Draco?
Ya te lo he dicho, no pienso dejaros solos – me coge la mano entre las suyas -. Siempre estaremos con vosotros, Harry. Sirius y yo cuidaremos de los dos.
Los dos. Sólo dos. Christian y yo. Mi hijo y yo. Ojalá todo fuera distinto.
¡Cuidado! – oigo la voz de Draco a mis espaldas, pero es demasiado tarde.
El cruciatus lanzado por Bellatrix me ha hecho caer al suelo y retorcerme de dolor. El sufrimiento aumenta, es incesante, siento como todos mis órganos se están retorciendo y… ¡Mi hijo! No, él no puede morir, tengo que hacerlo por él. Me levanto con apenas fuerzas, pero mi hijo es lo que me importa más en esta vida y debe vivir, tiene que poder ser feliz en un mundo sin Voldemort y sus secuaces.
Vaya, parece que te empeñas en seguir viviendo. Veremos qué tal reaccionas con esto. ¡Avada… ahhggghh! – Sirius le ha lanzado un crucio por la espalda y ahora es ella quien está tendida en el suelo.
Harry, tienes que darte prisa – me señala la lucha entre Dumbledore y Voldemort, el director está herido -. Yo me ocupo – empiezo a correr mientras oigo las fatídicas palabras de la boca de Sirius y veo el cuerpo de Bellatrix sin movimiento. Una menos.
¿Dónde crees que vas tan rápido? – dice una voz masculina a mis espaldas. Me ha pillado por sorpresa -. No eres tan bueno como dices, a mí ni me has visto.
Pero yo sí. ¡Avada kedravra! – suspiro aliviado.
Gracias, Blaise.
Harry… - me señala un mortífago de pie encima de una pequeña montaña. No hace falta que se descubra, le reconozco por su altivez y por su porte elegante. Noto como una patada en el vientre, pero no puede ser, el bebé es demasiado pequeño, apenas tiene cuatro meses. Y otra vez. ¿Reconoce a su otro progenitor? ¿Será posible esto?
Nosotros nos encargamos – gritan Ron y Pansy al ver como se acercan más mortífagos -. Vete, aquí ya estamos nosotros.
Echo a correr de nuevo, pero esta vez mirando a ambos lados con la varita en alto, preparada para cualquier imprevisto. Voldemort también está herido, Dumbledore se ha encargado de eso, no por nada es un mago tan poderoso. Me acerco más, los veo cansados, hace horas que luchamos unos contra otros y sabemos que esta será la batalla definitiva.
¡Potter! Al fin te dignas a visitarme – hace una reverencia burlándose -. Veo que tienes bastante buen aspecto. ¿Estás listo?
Nunca había estado mejor – miento, la verdad es que tengo una herida en la espalda que no deja de sangrar y los huesos de una pierna medio rotos, pero sé que puedo conseguirlo -. Profesor, ayude a los demás, esto es entre él y yo.
Harry… – Dumbledore está dudando y no sé por qué.
Profesor, la Orden lo necesita – le digo señalando a los chicos -, váyase – lo veo alejarse mirando hacia atrás, no parece confiar del todo en mí.
Parece que te has convertido en el jefe… Aunque es normal, ese viejo ya no sirve para nada, y pronto tú tampoco. ¡Crucio! – logro esquivarlo -. Veo que te han entrenado bien. Oh, déjame adivinar… El traidor y su lobo, ¿verdad? – mi cara ya le da la respuesta -. Debí suponerlo. Seguro que también tu querido padrino colaboró en ello.
Deja ya tanta palabrería. No he venido aquí para hablar contigo, sino a matarte.
Jajajajajaja – sus carcajadas resuenan por todo el valle -. ¿Tú y cuántos más? Potter, tan arrogante como siempre. Quizá no te hayas dado cuenta, pero soy el mago más poderoso que existe y tú… bueno, no eres más que un vulgar niñato engreído que se cree el salvador.
¡Desmaius! – grito.
¡Protego! Tienes fuerza, pequeño, tu magia es potente, demasiado potente… - le veo reflexionar unos segundos, ¿qué está pensando ahora? -. Demasiado tierno… el niño está embarazado – abro la boca, ¿cómo ha sabido eso también? -. No te sorprendas, Potter, te he dicho que soy poderoso y sé reconocer un torrente mágico ante mis narices. Bien, bien, bien… así podré disfrutar más al saber que tu hijo también está muriendo contigo.
¡Maldito, no te acercarás nunca a mi hijo! – grito enfadado -. ¡Crucio! – mi fuerza, unida a la del bebé, lo hacen caer al suelo y retorcerse.
¡Tengo que ayudarle! – Draco se da cuenta de mi estado.
¡No, no vayas! – le grita Dumbledore -. Sólo hay alguien capaz de parar esta guerra y no eres tú – señala a un mortífago avanzando hacia el duelo entre yo y Voldemort.
¿Qué…? – el rubio mira a Dumbledore y no entiende nada.
Confía en mí, Draco.
Pero… mi padre… él…
Confío en él. Ahora encarguémonos de estos – señala a los mortífagos restantes.
¡Expelliarmus! – grita Voldemort en un último intento y caigo al suelo, con la varita lejos de mí.
Ya no estás tan satisfecho ahora, ¿verdad Potter?
Mi Señor… - no, él no, por favor.
Lucius, justo en el momento preciso. Potter – me mira con asco - pensó que podría derrotarme.
Siempre ha sido un iluso, mi Lord, lo sabíais mejor que nadie – besa la mano de Voldemort -. ¿Qué haréis con él?
De momento, divertirme un rato. ¡Relaskio¡ - grita, pero consigo rodar por el suelo y esquivarlo -. Eres rápido, pero no lo suficiente. ¡Mimblewimble! – otro rayo, pero no consigue darme -. Lucius…
Sí, mi Lord…
Acaba con él – la voz de Voldemort es fría y dura, pero el tono le da un matiz más tétrico aún.
Pero…
¡Acaba con él! – grita con toda su ira.
Esas palabras me traspasan. Veo todo a cámara lenta. Observo a mí alrededor. Estoy tendido en el suelo, desarmado, la varita está lejos, Lucius se acerca hacia mí, me mira, yo hago lo mismo. No reconozco en él al hombre del que me enamoré. ¿Qué ha sucedido para que cambiara tanto? Se para delante de mí, se voltea y mira hacia donde está Voldemort.
¡Hazlo! – le ordena.
Lucius no se mueve.
¡Hazlo! – otro grito desgarrador de Voldemort.
El rubio alza su mano derecha, empuñando la varita. No puede ser posible. El destino vuelve a ser cruel conmigo de nuevo. Me arrebataron la familia siendo demasiado pequeño, no pude conocerles, y ahora me arrebatarán también a mi hijo, la única familia que tengo en este momento, y no podré conocerlo. Y el encargado de terminar con mi vida y la de mi hijo es el otro padre. No podría ser más cruel. Cierro los ojos, no pienso defenderme, no puedo, sigo amándolo. Es su vida o la mía, y yo no tengo el valor suficiente para atacarle. Otra patada. Abro los ojos.
Sigo vivo, no ha sucedido nada. Lucius sigue de pie frente a mí y veo a Voldemort acercarse, nunca le había visto esa expresión en el rostro.
¡Crucio! – el rayo da de pleno en el pecho de Lucius -. Pensé que no me desafiarías, que permanecerías a mi lado como prometiste – grita furioso -. Tú también me mentiste al jurar que este maldito mocoso – me da una patada, reacciono rápidamente protegiéndome la barriga – no había significado nada. ¡Crucio! – la cara de Lucius es la viva imagen del dolor -. ¡Mentiste! – el ataque cesa, el rubio está tendido a mi lado -. ¡Qué escena tan enternecedora, los tres juntos!
Parece que… el cerebro… se te está… ablandando, ya… no sabes… ni contar… - la voz de Lucius es apenas audible.
Querido Lucius – empieza Voldemort con una voz de auténtico desprecio -, sí sé contar, pero veo que no estás enterado de las últimas noticias. ¿Me permites tener el honor de transmitírselas, verdad? – dice dirigiéndose a mí y prosigue con su discurso -. Verás, Lucius, el chico está embarazado. ¿Entiendes ahora mi satisfacción? Os mataré a los tres y nadie podrá impedírmelo.
Un rayo cruza por delante de nosotros, seguramente un hechizo mal dirigido. Voldemort voltea el rostro hacia donde se está llevando a cabo la otra batalla. Alcanzo a distinguir a Remus luchando contra Avery, Severus enfrentándose a su ex compañero Rookwood, Dumbledore cruzando hechizos con Nott, Sirius contra Lestrange –a este paso esta familia se quedará sin miembros- y los chicos enfrentándose a otros que llevan aún la máscara. Parece una batalla igualada, ambos bandos están exhaustos pero siguen dándolo todo en cada maldición que lanzan.
De repente, algo me llega a las manos. Mi varita. Veo que Lucius tiene la suya también preparada. Me guiña un ojo y el bebé me da otra patada. Eso me da la fuerza necesaria para levantarme y reaccionar.
¡Crucio! – grito mientras Voldemort cae al suelo de nuevo -. Ha llegado tu hora – le digo decidido.
¡Maldito bastardo! ¡Avada ke… - la maldición muere en sus labios al recibir otro cruciatus por la espalda, el de Lucius.
¡Ahora! – Dumbledore le hace una señal a Lucius, quien asiente.
Miro al rubio, sonríe y yo también. Nos acercamos más a Voldemort y le miramos. Tiene miedo, en el fondo es un cobarde, sin sus secuaces no es nadie.
¡Avada kedravra! – decimos al unísono.
El cuerpo de Voldemort cae al suelo, finalmente todo ha terminado. El amor ha vencido… El amor… La única fuerza que podía vencer a Voldemort. Ahora entiendo las palabras de Dumbledore, yo poseía la fuerza necesaria, pero también necesitaba la otra parte. Necesitaba a Lucius. Finalmente el amor ha triunfado.
¡Incendio! – dice el rubio asegurándose de que el cuerpo arde y sus cenizas se esparzan para no volver nunca más.
Los mortífagos han cesado su ataque. Sin su señor están indefensos. Se rinden, lanzan sus varitas al suelo. La mayoría irán directos a Azkaban para recibir el beso del deméntor, otros permanecerán encerrados el resto de sus días. Es el castigo merecido por lo que han hecho todos estos años. Mientras contemplo a todos como festejan la victoria, otra patada mucho más fuerte me hace caer al suelo.
¡Harry! – la voz de Lucius es lo último que oigo.
Mis sentidos empiezan a desperezarse, salgo de mi letargo, muevo las piernas, todo me duele. Intento mover un brazo y noto una especie de aguja clavada en mi piel, seguramente una poción intravenosa. Abro los ojos, pero apenas veo algo, pues la luz de la ventana impacta de lleno en mis pupilas. Parpadeo un par de veces, ya empiezo a distinguir un poco las formas. Ante mí, un montón de caras sonrientes. Busco la suya, pero no la encuentro. Draco, Hermione, Blaise, Pansy, Ron, Sirius, Remus, incluso Severus… pero él no está. Realmente me pregunto si todo no ha sido un sueño.
¿Cómo te encuentras? – un Sirius risueño se para ante mí.
Yo… bien, tengo… tengo sed.
Toma – Draco me acerca un vaso con agua.
No tenéis que… estar aquí, estoy… bien.
Nos tenías preocupados – Hermione me acaricia la mano.
Parece que últimamente tienes la cama alquilada – dice Blaise en broma.
S… sí, lo parece – contesto triste y algo abatido.
¿Te duele algo? – asiento y Sirius se preocupa un poco.
Todo… como si hubiera rodado varias vece por las escaleras – reflexiono ante lo que acabo de decir -, no le habrá ocurrido nada, ¿verdad? – miro a mi padrino y a Draco, el resto pone cara de extrañarse.
Bueno… creo que deberíamos dejarle descansar un poco, mejor nos vamos y volvemos más tarde – Sirius casi empuja al resto fuera de la enfermería.
Volveremos más tarde – dice Ron al cruzar la puerta seguido de Pansy, Blaise y Hermione.
Cuídate – Remus me da un beso en la frente y Severus inclina la cabeza antes de irse.
Sirius… - le llamo al ver que también se va, ya no aguanto más, necesito saber.
Tranquilo, está bien, es un niño fuerte – me responde Draco y yo suspiro aliviado, no sé cómo podría vivir sin él.
La batalla…
Todo terminó ya, Harry, la pesadilla ha acabado. Ahora podremos ser felices, ya no habrá más guerras ni más muertos – me cuenta el rubio abrazándome.
Y yo… él…
Voldemort está muerto – pongo cara de 'no te estoy preguntando eso' – oh…, creo que tendrás que hablarlo con él.
¿Pero…?
Está aquí, en el despacho de Dumbledore. ¿Creías… que no era verdad? – asiento -. Pues no te preocupes, yo le aviso y…
No hará falta.
Yo… mejor os dejo solos – Draco se aleja un poco al ver a su padre acercarse.
No… quédate – le digo sin pensar.
Harry…
Draco, por favor, quédate – casi le suplico, pero no quiero estar a solas con él.
Como quieras – finalmente accede y se sienta en un sillón cerca de la cama.
Hola, Harry – le tengo delante pero no sé qué pensar. Me sedujo, me enamoró y me abandonó, ¿cuál es el verdadero rostro de ese hombre? Lo siento distante, no es el mismo que me hacía el amor, pero tampoco es el mismo que me abandonó vistiendo su túnica la última noche -. Lo siento – continúa -, no puedo decirte nada más que eso. Sé que no tengo derecho a pedirte perdón, pero te suplico que si algún día puedes perdonarme… me hubiera gustado que todo hubiese sido distinto…
No pienso alejarte de tu hijo – las palabras salen solas, esta madurez y serenidad me sorprenden incluso a mí -, tienes todo el derecho a conocerle y él a ti… eres su padre.
Harry, es mucho más de lo que merezco. Cuando… cuando el Lord dijo… ¡por Merlín! La alegría que sentí en ese momento… no te puedes ni imaginar. Yo… te debo muchas explicaciones, pero no sé si ahora…
No tengo nada mejor que hacer, puedes contármelo todo. Te escucho. Necesito saber qué te empujó a hacer lo que hiciste, saber por qué me enamoraste y me abandonaste – veo como Draco se siente algo incómodo con el tema de la conversación -. Draco, no quiero que te vayas, lo que tengo que decir o lo que tenga que decir él puede oírlo todo el mundo. Quiero que tu padre me cuente sus razones.
Yo… está bien, pero estoy aquí al lado – señala otro departamento, separado por cortinas.
Harry – me roza la mano pero me aparto, y cuánto duele – yo… voy a ser sincero contigo. Me obsesioné, quería poseerte y abandonarte, nada más una sola noche, pero ese día… algo cambió. Tu entrega, tu dulzura… no tenías miedo a pesar de saber quién era, y empecé a amarte, no pude negarme a ese sentimiento. Luego vino lo de… El Lord lo supo, no sé cómo se enteró, pero supo lo que sentía por ti, por eso hizo lo que hizo y dejó que tú…
Que yo lo viera y sintiera todo – las lágrimas se adueñan de mis ojos, pero lucho para conseguir no llorar, no quiero demostrarle que me importa.
Sí… él se vengó, me hacía daño, me humillaba, disfrutaba con eso, porque sabía que tú también sufrías.
¿Pero, por qué lo aceptaste? ¿Por qué no viniste aquí conmigo, con la Orden?
Ya había planeado todo con Dumbledore. Permanecería a las filas del Lord hasta la misma batalla final. Dumbledore me protegía, no dejó que nadie me atacara en ningún momento.
Lo tenías todo bien planeado…
Harry, no… Todo cambió por ti. Decidí cambiar por ti, renuncié a lo que creía correcto hasta entonces para estar a tu lado. Pero todo se torció. Al enterarse, el Lord, me chantajeó, yo debía olvidarte y regresar a su lado. Por eso la última noche… dejé que él lo viera, tenía que asegurare de que no te haría más daño, él me amenazó con torturarte en mi presencia, sin que pudiera hacer nada, y no me lo hubiera perdonado. Fui un cobarde, acaté sus órdenes…
Y me abandonaste.
Contra mi voluntad – añade rápidamente -. Sé que esto es difícil de entender, pero… te amo, Harry. Mis besos, mis caricias y mis palabras de todo este tiempo han sido lo único real. Y ahora… ¡por Merlín, aún no me lo creo! Vas a tener un hijo, fruto de nuestro amor…
¿A qué llamas amor, Lucius? ¿A todo ese sufrimiento, a ese dolor que sentía en mi pecho, pensando que había sido un capricho del más leal de los mortífagos? Es una extraña forma de amar, ¿no crees?
Ya te he contado que…
No quiero saber nada más, por favor, vete – el haber recordado todo el sufrimiento ha hecho que me ponga de nuevo la coraza, esa barrera que me aleja del dolor.
Harry… - sé que le hago daño, pero no puedo, ahora no.
Vete…
Pero… - consigo apartarme antes de que me roce la mejilla.
Draco… tu padre ya se va – alzo la voz para que venga y se lo lleve.
Harry… - una última súplica.
Padre, vamos, te acompaño hasta la puerta.
Le veo irse abatido, le he visto cansado, pero soy incapaz de creerlo por completo. ¿Y si ha vuelto a mentir? ¿Y si todo ha sido una vulgar mentira y se está riendo de mí? Yo podría soportarlo, pero mi hijo… Tengo que pensar más en él que en mí. Quiero que crezca sabiendo quién es su padre, pero no sé si podré volver a confiar en él.
Harry – Draco ha regresado -, sé que no debo meterme, pero… mi padre te ha dicho la verdad, esta vez sí. El mismo Dumbledore nos lo contó todo e incluso tomó veritaserum para que le creyéramos.
Draco se sienta en la cama, a mi lado, me coge de la mano y acaricia suavemente la barriga, como hace siempre.
Verás – continua -, después de la batalla te desmayaste. Gastaste demasiada magia y el bebé reclamó mucha más para seguir viviendo. Te llevaron aquí y bueno… hasta hoy. Han pasado 15 días, Harry, quince – abro bien los ojos, no pensé que fueran tantos -, y no se ha movido ni un solo momento de tu lado. Dormía aquí, contigo, las pocas horas que lograba conciliar el sueño, apenas ha comido todo este tiempo, ha estado contigo noche y día.
Hace una pausa y traga saliva. Sé que Draco no me mentiría en una cosa así, sé que me está diciendo la verdad, pero me cuesta aceptarla, me cuesta creer todo lo que dicen. Si tanto se ha preocupado por mí estando inconsciente, ¿por qué no me lo demuestra ahora que estoy despierto?
Yo también tenía mis dudas, y Sirius también, por eso se tomó la poción, para demostrarnos que no mentía. Sirius le preguntó si te quería, y ¿sabes cuál fue su respuesta? "Harry y mis dos hijos son lo más importante del mundo para mí", esas fueron sus palabras. ¿Necesitas más pruebas?
Tengo miedo, Draco. Tengo miedo de volver a ilusionarme y sufrir de nuevo… No quiero que él sufra – digo pasando una mano por mi vientre abultado.
Harry, no lo defiendo, pero en el fondo es mi padre y le quiero, le conozco. Sé que te ama como tú le amas a él. Nunca pensé que diría esto, pero creo que estáis hechos el uno para el otro. No te digo que tengas que perdonarle y confiar en él ahora mismo, pero dale la oportunidad, déjale demostrarte que realmente le importas, que os quiere, a los dos…
Draco yo… está bien, lo pensaré. No puedo prometerte nada más.
Bueno, con eso ya me vale. Me voy un segundo a fuera, tú descansa un rato – bostezo sonoramente -. Después vuelvo.
Despierto en mitad de la noche, sudado, he vuelto a soñar con Voldemort, la última batalla se repite minuto a minuto en mi mente. ¿Es que nunca voy a poder librarme de él? ¿Ni muerto me puede dejar en paz?
¿Qué ocurre, Harry? – su voz, está ahí, me abrazo a él, necesito sentirle cerca de mí -. Tranquilo, estoy aquí contigo, con vosotros, nada malo os sucederá.
Lucius yo…
Sé que te cuesta perdonarme, pero te he dicho la verdad. Esta vez no hay ninguna mentira de por medio. Te amo, amo a ese bebé, a nuestro bebé, y quiero formar parte de vuestra vida. Por favor, no me alejes de vosotros, no me alejes de ti.
Yo…
¿Quieres casarte conmigo?
¿Qué? – la pregunta me ha tomado por sorpresa, si pedía pruebas, ahora ya tengo una de importante.
Bueno, no ahora, cuando quieras o creas oportuno, pero, ¿te gustaría?
Luc…
Sólo te pido la oportunidad de demostrarte que puedo hacerte feliz, de enmendar mis errores y de amarte como te mereces. Pienso cuidar de ti y de nuestro hijo hasta la muerte. Por favor, no me alejes.
… - sé que es sincero, ahora sí es el Lucius que me enamoró -, sí… ¡maldita sea!, no puedo estar sin ti,no puedo seguir engañándome, te amo demasiado, Lucius. Aughhh…
¿Qué pasa?
El bebé, me ha… dado una patada, él… cuando tú estás cerca… en la batalla también lo hizo, supongo que te reconoce.
Oh… ¿puedo? – acaricia la barriga -. Harry, me vas a dar el regalo más preciado, un pequeño, ¿cómo voy a poder pagártelo?
Yo… tan sólo quiero una cosa – su rostro se tensa -, que no vuelvas a alejarte nunca más de nosotros.
Prometido – sonríe ante mi petición -, no pienso dejarte solo nunca, no pienso irme jamás. Os quiero demasiado. Te amo, Harry – captura mis labios, resigue mi boca con su lengua, delineándolos, para después buscar la mía y fundirnos en uno solo.
Finales de octubre. 4 meses y medio después.
¡Dijo que no nos dejaría! ¡Me lo prometió! – grito mientras me trasladan a la sala de partos.
Tranquilo – Draco me coge la mano -, tiene que estar por llegar.
¡No lo excuses! ¡Tu padre debería estar aquí, con nosotros!
Y va a estar, pronto, ya verás.
El enfermero empuja la silla de ruedas en la que me trasladan para que no tenga que caminar, las contracciones empiezan a ser algo notables y si me moviera podría dañar al bebé. A mi lado, Draco intenta calmarme, pero nada de lo que pueda decir disculpará a Lucius por no estar conmigo.
¡Maldito Malfoy mentiroso! – exclamo con todas mis fuerzas al verlo aparecer.
Harry…
Me prometiste… Ahgghhh… - el dolor cada vez es más intenso.
Amor… - Draco se ruboriza y yo también, no estoy acostumbrado a esas palabras en público -, ya estoy aquí. Lo siento, me retrasé…
Señor Malfoy – Lucius se da la vuelta y se encuentra con una enfermera tendiéndole la mano -, soy la enfermera Collins, atenderé al señor Potter. Ahora vendrá el doctor y le contará el proceso.
Per… perfecto - ¿está nervioso o me lo parece a mí? -. Ya verás como todo irá bien – me da un beso en la mejilla.
Buenas tardes, señor Potter, soy el doctor McKenzie – me saluda. Señor Malfoy, ¿verdad? – Lucius asiente y le da la mano -. Bien, ahora nos llevaremos al señor Potter a la sala de partos, pero vamos a necesitar también su ayuda, señor Malfoy.
¿Mi ayuda?
Sí, claro, tendrá que ayudar al señor Potter en el proceso del parto y también podrá colaborar en otras tareas, ya le iré contando.
Veo como Lucius pone cara de pánico. Con el paso del tiempo he sabido que no le gusta nada ver sangre, y menos si es de otras personas. Supongo que colaborar en el parto no era su intención. El dolor me va a matar, el canal no se ha abierto todavía y noto como si un melón quisiera salir por el agujero de una pequeña aguja.
Bien, señor Potter, ahora empieza el espectáculo. De momento, bébase esta poción, así el canal se desarrollará un poco más rápido y será menos doloroso para usted. Cuando le venga una contracción…
Ahhhh… eso… ha sido… una… y… fuerte… - apenas puedo respirar, si esto dura mucho yo no aguantaré.
Bien, pues cuando tenga otra, puje con todas sus fuerzas.
Ahgggghhhh…
Fuerte, cariño – Lucius me agarra de la mano y yo se la estrecho tanto que casi oigo los huesos retorcerse.
¡Nunca más! – miro bien al rubio con cara de odio -. ¿Me oyes bien, Lucius Malfoy? ¡El primero y el último hijo! – sigo empujando con todas mis fuerzas.
Perfecto, señor Potter, siga así.
Respiro, apenas el aire entra en mis pulmones ya lo expulso. Inspiro y expiro, intento relajarme. Otra vez. Inspirar, expirar, con suavidad, para relajar los músculos. No recuerdo nada más de lo que me contaron sobre el parto, nunca pensé que esto fuera tan doloroso y tan largo.
Ahhhhhhggghh…
Puje ahora – el doctor está a mi lado animándome -. Señor Malfoy, venga aquí, usted será el encargado de ayudarme a separar las dos magias.
¿Las dos magias?
Oh, sí, de momento están unidas pero, en el momento que el bebé saldrá completamente al exterior, tendremos que separarlas, si no sería perjudicial para la salud de ambos. Por ese motivo necesitaré su ayuda.
Ahhhhh… - el canal se está abriendo, empieza a salir sangre y veo como Lucius se queda más pálido de lo normal. Eso no va bien -. Ahhhh… ya… no… pue… do más…
Un poco más, Harry – dice la enfermera secándome el sudor que resbala por mi frente -. Otra vez, puja fuerte…
La cabeza del bebé asoma a través de mi vientre y, después de dos minutos de agonía, que se me antojan una eternidad, el sonido del llanto me saca del estado de inconciencia en el que me encontraba. Lucius sostiene en brazos a mi hijo, a nuestro hijo, a Christian.
Harry… - me lo acerca para que lo coja.
Es el bebé más precioso del mundo. A pesar de estar lleno de sangre y con la piel de color rojizo, me parece maravilloso. Tiene el pelo negro, bueno, los cuatro pelos que puedo identificar, pero es hermosísimo. Con la cara redonda, su nariz chata, sus bracitos y sus piernecitas perfectas.
Es perfecto… - Lucius me besa en la frente y hace lo mismo con Christian, con mucho cuidado.
Su bebé está en perfecto estado, señor Potter. Ahora nos lo llevaremos unos minutos mientras lo acomodamos a usted en la habitación – me informa el doctor.
Pero…
Cariño, tienen que asearlo y vestirlo, nos lo traerán pronto. Yo me quedo contigo – me besa de nuevo, pero esta vez con mucha ternura en los labios.
Le sonrío, al fin estamos juntos los tres. Lucius, Christian y yo.
Pero yo quiero sostenerlo – protesta Pansy.
Y yo también… - Hermione ha hablado.
No, no, primero nosotros – dice Draco con autoridad -. Nos toca a Sirius y a mí, somos su abuelo y su hermano.
Draco lo coge en brazos. Son tan parecidos. Los dos con la misma forma de cara, la misma nariz, el mismo color de ojos… Idénticos, excepto en el color de pelo. El rubio contrasta con el negro, mi pequeña aportación para Christian. Se acerca hasta Sirius y los dos le cogen de las manos y le contemplan. Casi veo como se les cae la baba. Mi padrino se ha puesto muy contento con la llegada de Christian y ya ha empezado a atormentarme sobre las actividades que hará con él y todo lo que va a enseñarle. Sirius no tiene remedio.
Eh, no os lo quedéis todo el rato… - Ron ya no aguanta más.
En pocos minutos, veo como mi hijo pasa de unos brazos a otros. De Ron a Pansy, de la chica a Blaise, éste lo deja con ternura en el regazo de su novia; Hermione se queda un buen rato embobada, seguro será en su día una buena madre.
Yo también quiero verlo… y cogerlo en brazos – Remus aparece en la habitación seguido de Severus.
Claro, Remus. Toma – Hermione le da a Christian y veo como los ojos del licántropo se iluminan.
Es precioso, Harry. Es un niño encantador.
Buen trabajo, Potter. Se nota que es un Malfoy – Snape me sonríe, nunca va a dejar de molestar.
Sí, es un Malfoy, pero es el primero de una larga generación de Malfoy morenos – añade Lucius.
¿El primero? Te dije muy claramente…
Oh, vamos, Harry… ¿no te apetece tener otro? – pregunta Hermione.
No, no y no. Si supieras lo que sufrí para traer a Christian al mundo no dirías lo mismo – aún recuerdo el dolor y me estremezco.
Pero es una experiencia bonita – me dice Pansy, guiñándole el ojo a Lucius. ¡Malditas serpientes, siempre apoyándose!
Cuando haya pasado un tiempo ya te habrás olvidado del dolor y sólo recordarás la sensación de tenerlo en tus brazos – y Blaise se suma a los Slytherin.
Claro, como tú no los vas a tener… De momento, no, será hijo único. Y punto, no quiero oír a ninguna serpiente más – veo como Draco quiere añadir algo -. He dicho a ninguna más.
Vale, vale… yo que quería defenderte. Es normal que tengas miedo de pasar otra vez por esto… De todos es sabido que la valentía gryffindor es sólo un pretexto…
¿Qué? Mira quién fue a hablar… Ya me gustaría verte a ti en mi situación – le digo sacándole la lengua y nos reímos.
Venga, chicos… - Lucius coge a Christian y empieza a juguetear con él, se le cae la baba -. De todas formas, ¿no te gustaría una niña?
Lucius Malfoy… - empiezo amenazándole con la almohada.
Era una broma, cariño – me ruborizo, lo hace a propósito, así se ahorra que pueda añadir nada más.
Me callo y los miro a todos. Draco y Sirius, siempre a mi lado. Hermione y Blaise, los amigos perfectos. Ron y Pansy, atentos en todo. Remus y Severus, sin destacar, en la sombra, pero a mi lado. Y Lucius… no se ha alejado ni un minuto de mi lado. Ha cumplido su promesa, me ha demostrado todo su amor día tras día. Sonrío y les veo hablando en grupos, discutiendo sobre alguna cosa que no alcanzo a comprender. Cojo a Christian, es un bebé adorable. Lucius se acerca y me besa en la frente. Nos miramos, sé que me ama tanto como yo a él. He conseguido dejar atrás el pasado y vivir el presente. Ahora sólo deseo vivir el futuro. Después de tantos años, he conseguido formar una gran familia. Una gran familia feliz.
FIN
