Capítulo 4: Kouga
Una vez llegada a su casa, pasó por la cocina donde su madre le daba de comer a su hija…en compañía de Kouga y Ayame, dejando a la joven boquiabierta.
-Definitivamente, hoy ha sido un día de sorpresas- dijo mientras se acercaba a los youkais que la miraban sintiéndose atrapados in fraganti en algo que no era debido- Tranquilos, Ayame, Kouga…no hay ningún problema…desde ahora pueden ver a mi hija sin esconderse…al menos así sabré donde se encuentra.
Miraba con una sonrisa divertida a los lobos que la miraban sorprendidos y acercándose los abrazó.
-Estoy feliz de verlos después de tanto tiempo…y juntos al fin-les dijo tranquilamente, mientras Kouga se quedaba mirándola mientras sus mejillas se coloreaban.
-Kagome, me alegra mucho lo que haz dicho, así seremos libres de venir aquí aunque tú estés- contestó Ayame, y mirando de reojo a Kouga- Aunque no lo creas, éste al lado mío sigue sin cumplir su promesa después de 500 años, porque insiste en que no la recuerda.
Kagome miró a Kouga, con el ceño ligeramente fruncido, y fingiendo estar molesta con él, le tiró de una oreja.
-¡Vaya que eres terco!- mientras le halaba la oreja el conjuro que convertía al joven en humano desapareció, dejando a la vista unas graciosas orejas puntiagudas y los colmillos del youkai- Hasta cuándo vas a seguir con la idea de que no recuerdas nada, sufriendo de amnesia temporal y selectiva…porque únicamente no recuerdas la promesa pero todo lo demás sí, jajajajajaa, - se rió mirando al lobo que movía la boca sin saber que decir.
La señora Higurashi miraba sonriendo la escena. Hacía tanto que no veía a su hija tan alegre y haciendo bromas, así que tomando a su nieta en los brazos se dirigió al cuarto de la niña.
-Hija, voy a acostar a Nadesko- dijo suavemente- Así podrás conversar tranquila con tus amigos. Buenas noches- finalizó dirigiéndose a los youkais. "Gracias Kami-sama por hacer que mi hija volviera a ser la chica alegre de antes…"
Mientras acostaba a la niña, acariciando su plateada cabellera, le sonreía. –Si de acuerdo a lo que me dijo tu tío cuando llamó, tal vez pronto puedas ver a tu papá, Nadesko…y espero que Shippou no se equivoque con lo que piensa hacer…ese pequeño es un poco atolondrado pero lo único que busca es que tus padres estén juntos de nuevo…y yo también- se agacho para besar a la pequeña antes de salir y dirigirse a su habitación.
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En la cocina Ayame y Kagome soltaban la risa al ver la incómoda situación en la que habían puesto a Kouga. Este las miraba, mientras se pasaba una mano por su adolorida oreja.
-Definitivamente Kouga…no comprendo…es que acaso esperas que Ayame se quede con Ginta o Hakkaku… porque a lo que le entendí a Myoga sólo quedan ustedes cuatro ookami youkais- continuaba Kagome divertida con la expresión de Kouga.
-¡¿Queeeeeé!- reclamó el lobo, viendo que la chica pelirroja a su lado no decía nada ante esa pregunta- Ayame no está tan loca como para quedarse con uno de esos tontos… ni con alguno de los otros, bien pocos, de nosotros que quedan… ellos se encargan de cuidar al perro sarnoso… a esa bestia que sólo tonterías ha hecho desde hace quinientos años…y…
-¡Kouga!- se escuchó la voz molesta de Kagome- Deja de tratar mal a InuYasha…creo que ya lo has insultado bastante en estos siglos como para que lo dejes de hacer…al menos frente a mí…¿ENTIENDES, BAKA?
Kouga se quedó mirándola…ella nunca había defendido así a InuYasha.
-Comprendo, perdóname…Se me olvidó que él es tu compañero y que tú lo amas- contestó Kouga- Es que hay cosas que se me hacen difícil de perdonarle…tal vez si me dejaras contarte…
-Kagome…cuando Kouga se enteró de lo que sucedió se puso furioso en intentó ir a destruir a aquella mujer-explicó Ayame, mientras tomaba la mano de la joven -…Sesshoumaru lo detuvo recordándole que al descubrir ella que no lo afectaba su conjuro lo podía purificar…y que lo necesitaban para deshacerse de ella.
Kagome miró a Kouga, el lobo tenía cerrados los ojos, y apretaba los puños reteniendo la furia que sentía por InuYasha.
-Él fue un gran tonto, tenía todo lo que cualquiera de nosotros…siendo youkais o hanyous, hubiera deseado- explicaba el youkai, tomando aire antes de seguir con la siguiente frase- Una mujer que lo aceptaba como era…y la oportunidad de tener un hijo sin que se avergonzará de llevarlo en su vientre…eras alguien igual a su madre y él no lo comprendió y la lástima que sentía por aquella mujer que había amado hacia tantos años lo debilitó para caer en su conjuro.
Kagome miraba como el lobo contaba una parte de la historia que ella ignoraba…y aunque no quisiera oírla sabía que debía hacerlo…era la única forma de entender y tratar de perdonar a InuYasha…pero era doloroso… sin embargo, el sentir la mano de Ayame tomando la suya le daba el valor para continuar escuchando.
Kouga abrió sus ojos para mirar a la joven, al ver que está lo miraba atentamente, tomó aire para continuar.
-Cuando llegamos a la aldea, ya íbamos protegidos por tus cabellos, aquella mujer se nos acercó tratando de aparentar que eras tú, para que él no notara la diferencia…pero ese olor se me hacia insoportable…no entendía cómo no lograba diferenciar el olor a cadáver que exhalaba del agradable olor que tú tienes. Se puso furiosa al ver que no podía engañarnos y trató de que nos fuéramos rápidamente de ahí.
Flash Back
Kikyo miraba a los ookami youkais fijamente, mientras estos hablaban tranquilamente con la exterminadora, el monje, el kitsune y su hermana.
-Maldición… ¿por qué no caen en mi conjuro? -decía mientras los miraba con odio- Todos ellos pueden diferenciar que no soy mi maldita reencarnación… y esa estúpida chiquilla…han pasado tres meses y no vuelve…y sin ella aquí, su reflejo no aparece en mí.
Tomando aire se acercó resueltamente al grupo, que al sentirla guardó silencio.
-Quiero, ookamis, que se vayan de aquí- les dijo bruscamente- me estorban, hacen que InuYasha dudé de mí.
Kouga la miró altanero, y arrugando su nariz, exactamente como cuando hueles algo sumamente desagradable, le contestó.
-No, no lo haremos, maldito engendro -le expetó groseramente- Nos quedaremos aquí, aunque tengamos que soportar tu maldito olor a cadáver, porque Sesshoumaru nos pidió esperarlo aquí…y vigilar que no intentaras llevarte al infierno a la bestia de su hermano.
-Además -la miró Miroku- tú no eres nadie para pretender que los amigos de Kagome no permanezcamos juntos para proteger a InuYasha. No eres más que una miserable bruja que terminará mal parada el día que InuYasha se dé cuenta de tu engaño.
Kikyo los miró detenidamente a cada uno de ellos. Sabía que era inútil intentar luchar contra todos, por tener sus poderes concentrados en mantener el conjuro que la hacía ver como Kagome ante InuYasha y que a la vez reducía los poderes sobrenaturales del hanyou para que no detectara las diferencias de olor… su olor a cadáver…
Sango la miró con desagrado, nunca le había gustado aquella mujer, y agregando que había hecho sufrir a su amiga durante mucho tiempo hasta que el hanyou comprendió que a quien amaba era a aquella chica del futuro, pero su animadversión había llegado a ser tan grande como la que había tenido por Naraku, después de los últimos acontecimientos.
-No creas que ella va a volver -le habló mientras fruncía el ceño- Es más inteligente y fuerte que tú… y me parece que InuYasha está dudando de tu supuesto embarazo… se supone que deberías estar con un vientre bastante más grande… y a su vista sigues tan plana como cuando Kagome se fue de aquí.
-Malditos… ya me las pagarán cuando esa estúpida vuelva aquí con el hanyou que va a tener -miró a todos con odio- Todos serán destruidos e InuYasha me creerá a mí.
Un youkai de larga cabellera plateada salio en ese momento del bosque, mirando con odio a aquel cadáver viviente que engañaba a su hermano con brujerías.
-Kagome no va a volver nunca -le dijo mirando fríamente a la mujer- y lo sé porque ella lo susurró antes de marcharse… de forma que sólo yo lo escuche. Así que pierde las esperanzas de que ello suceda, ahora necesito ver a InuYasha… te guste o no.
Su aspecto cambio brevemente, dejando ver el inicio de su transformación en demonio. Kikyo dio un paso atrás para darle paso… si antes no podía enfrentarse a cuatro o seis ookamis, a Sango, Miroku y Kaede, la presencia de Sesshoumaru hacía más peligrosa su situación.
El youkai siguió su camino hasta la cabaña de dónde provenía el olor de su hermano, seguido por el grupo al que Kikyo había amenazado, donde ahora se encontraban Rin y Jaken.
Fin Flash Back
Kouga terminó de rememorar aquel día en que finalmente lograron liberar a InuYasha del poder de aquella sacerdotisa.
Mirando a Kagome, vió como las lágrimas rodaban por sus mejillas, mientras que Ayame se había levantado para rodearla con sus brazos.
-Creo que por hoy es suficiente -dijo mirándola con dulzura reflejada en sus celestes ojos- Otro día terminaremos la historia. Además, creo que debes descansar, hoy ya debes haber pasado por mucho.
La joven miko asintió con su cabeza y tomó las manos del muchacho frente a ella, ya que Kouga había vuelto a tomar su aspecto humano para poder andar en la calle libremente.
-Gracias… gracias a ambos por cuidar de InuYasha y de mi pequeña Nadesko -dijo mientras sus ojos expresaban más de lo que decían sus palabras.
-¿Aún lo amas?- preguntó Ayame, limpiando las mejillas de la sacerdotisa, mientras le sonreía tratando de darle ánimo.
-Siempre, Ayame, siempre -respondió tratando de aparentar una fortaleza que no tenía en ese momento.
-Perdónalo entonces, sé feliz con él y la niña… creo que se lo merecen después de todo lo que han pasado -indicó la pelirroja mientras la miraba a los ojos- Piensa en todo lo que han pasado, y que las cosas no fueron por culpa de él.
-Ayame tiene razón… el muy baka, "Vaya, encontré otra forma de insultarlo sin que se note mucho…", será como muy lerdo para comprender las cosas, pero de que te ama… hasta yo lo puedo asegurar… pues tuve que evitar varias veces que lo mataran.
-No me recuerdes eso -dijo Kagome mientras sacudía su cabeza para alejar aquella idea- Si algo le hubiera pasado no me lo perdonaría.
Se encontraban ya en las afueras del templo, los dos youkais hicieron una breve reverencia y se alejaron de ahí. Kagome miró como se alejaban y lentamente emprendió el regreso a la casa, para minutos después encontrarse en su habitación.
Al parecer su madre había llevado su bolso hasta su cuarto… con Myoga incluido, así que lo tomó para sacar un libro y leer un rato antes de dormir, pero al abrirlo descubrió aquel portarretratos que había tenido en sus manos.
-Rin... "no pudiste aguantarte las ganas de que lo tuviera cerca de alguna forma" –dijo mientras tomaba la fotografía recostándose en la cama se quedó mirándola.
Myoga se había sentado en la mesilla de noche, y la observaba detenidamente mientras ella pasaba un dedo por la imagen del hanyou. "Bien, al menos sé que ese tonto humano no podrá hacer nada… el corazón de Kagome le pertenece al amo InuYasha"
La chica se volvió de medio lado y abrazando la fotografía se durmió mientras suavemente mencionaba el nombre de aquel ser de ojos dorados que tenía en su mente y en su corazón.
-InuYasha…te amo…- para dormirse tranquilamente por primera vez en esos tres años.
