Capitulo 5: ¿Tú edez mi papá?

Al siguiente día, se encontraban las tres amigas Eri, Yuca y Ayumi esperando la llegada de Kagome. Ayumi visiblemente preocupada por lo que le hubiera podido pasar a su amiga en la entrevista que había tenido el día anterior con Sesshoumaru.

Kagome venía caminando tranquilamente en dirección a ellas, que la miraron extrañadas, pues el aspecto de su amiga lucía diferente. Cuando llegó donde ellas se quedaron observándola, aquella sonrisa que siempre había caracterizado a su amiga había vuelto a su rostro, así como el brillo en su mirada.

-Kagome, ¿estás bien? -preguntó Eri mirándola, parecía que su amiga irradiaba felicidad.

-Sí, perfectamente- contestó Kagome haciéndole un guiño- Es que simplemente estoy muy feliz.

Yuca había continuado en la observación de su amiga. Esa apariencia sólo la había tenido cuando el chico rebelde se había decido a estar únicamente con ella… antes de todo el desastre...

-Aaahh, ya sé qué te sucede -indicó alegremente- Tú estás enamorada… al fin le hiciste caso a Junsui, él es un chico genial.

Kagome miró molesta a su amiga, esa insistencia que siempre tenía de buscarle pareja era la que había provocado que ella saliera varias veces con aquel compañero de clase de Yuca… ambos estudiaban economía, y se llevaban muy bien, pero el joven no era del gusto de ella, así como tampoco lo había sido Houjyou, ni ninguno que su amiga había tratado de buscarle como pareja.

-No, él no tiene nada que ver en esto -contestó mirándola a los ojos, como deseando transmitirle el deseo que tenía de que no se metiera en su vida- Simplemente se me han aclarado muchas cosas, y tengo que agradecerle a los Kami todo lo que han hecho otras personas para que yo sea feliz.

Ayumi miró su reloj, y volviéndose al grupo, buscó la forma de sacar a Kagome de aquel interrogatorio. Si su amiga era feliz, y si se lo debía nuevamente al chico rebelde, para ella estaba bien, y que los demás se acomodaran a lo que a Kagome la hacía feliz.

-Oye, Kagome, será mejor que nos vayamos- mencionó despistadamente- Si no, llegaremos tarde a clase, nosotras tenemos mucho que caminar todavía.

-Tienes razón, Ayumi -miró agradecida a su amiga- Tenemos mucho que hablar sobre las clases de ayer- Volviéndose a las otras chicas- Después las veo, tengo mucho que conversar con Ayumi.

Dándose la vuelta las dos chicas emprendieron su caminata… realmente no tenían clase hasta una hora después, pero una tenía muchas preguntas y la otra necesitaba hablar con alguien que conocía todos sus problemas. Se dirigieron a un pequeño parque frente a su escuela, era un sitio especial para Kagome pues siempre la hacía sentir tranquila, era como si estuviera en el Sengoku por la variedad de plantas y flores que lo adornaban.

Tomando asiento en una pequeña banca a la sombra de un árbol, Ayumi miró con más detenimiento el rostro de su amiga… parecía que por primera vez había descansado toda una noche… sin miedos… sin pesadillas. Lucía radiante, como si el amor que llevaba por dentro le saliera por los poros y le diera una nueva energía.

-Bien dime, ¿cómo te fue ayer, Kagome?- preguntó Ayumi,

-Aunque no lo creas, me fue bien… y gracias a las historias que escuche, muchas cosas han tomado su lugar en mí y aclarado mis sentimientos.

Ayumi sonrió, eso implicaba que su amiga iba a volver a ser feliz… con el chico de cabellera plateada.

-¿Lo viste a él en casa de su hermano? -preguntó nuevamente.

-No, pero lo escuche por teléfono- respondió Kagome- Sabes, ayer ví a personas que había dejado atrás por todo ese problema… aunque a otras lamentablemente no puedo recuperarlas, pero ahora me siento mejor, tranquila, sin pesadillas en mi vida.

Miró a su amiga buscando una respuesta positiva a sus palabras, sabía que a pesar de todo, Ayumi era la única que podría comprender lo que ella sentía con sólo escuchar la voz de InuYasha.

Ayumi entendió aquella mirada, una mirada que había estado apagada durante tres años… únicamente recobraba la luz cuando estaba Nadesko presente… pero de ahí en fuera aquellos ojos chocolate de su amiga permanecían sin brillo, como si no hubiera luz en su interior.

-Eso me alegra mucho- le contestó con una sonrisa, mientras tomaba las manos de Kagome- Mientras tú y Nadesko estén bien, eso me hace feliz… y sé que sólo lo serás si estás con él, así que sí tú estás feliz… yo también.

Esa semana transcurrió sin problemas, las clases normalmente, los profesores dando los temas para el trabajo extraclase… incluido Sesshoumaru, que disfrutaba viendo el cambio que había tenido la muchacha… ahora su aura lucía brillante y puede decirse que había crecido.

Ocho días después se acercó a ella después de clase, como en varias ocasiones lo había hecho esa semana, buscándola en el edificio o en los jardines, ya fuera para avisarle que Nadesko estaba en su casa o darle algún mensaje de Rin.

-Kagome- dijo bajando la voz para que la otra joven no lo oyera- él ya está aquí, así que no te asustes si percibes su presencia cerca de ti… como tú misma le dijiste, te verá de lejos, hasta que le permitas acercarse.

-Está bien, Sesshoumaru- sonrió feliz, el que él estuviera más cerca de ella, aunque la ponía nerviosa, no dejaba de tranquilizarla- Sólo pídele que no se acerque a casa, no debe verme con la niña, ni a mi madre o a Souta, así que arréglense para recoger a Nadesko sin que se dé cuenta ¿de acuerdo?

-De acuerdo, no te preocupes- el youkai la miró tratando de descifrar que sentía la joven al saber que el hanyou estaba cerca de ella- Se lo advertiré, pero de todas formas alertaré a tu familia tan pronto llegue a casa, ya que tú todavía tienes bastantes clases pendientes.

La chica se volvió para dirigirse a la puerta, su mirada brillando más que otros días, y una sonrisa que normalmente sólo le dirigía al hanyou jugaba en sus labios.

-Bien, dile a Rin que la llamaré en la noche, así que este pendiente de tomar el teléfono- dijo mientras con una mano se despedía del youkai y con la otra apretaba el lugar del bolso donde sabía se encontraba Myoga durmiendo. "Este demonio pasó todo el día de ayer fuera y no me dijo nada… Que espere cuando pueda hablar con él… no me contó como está su querido amo"

Sesshoumaru vió el movimiento de la chica y sonrió, pensando en lo mal que debía de estar pasándolo la pulga en ese momento… y en lo que le podía pasar una vez que Kagome pudiera hablar con él… si es que no huía antes, como era su costumbre.

Ciertamente, la joven sintió la presencia del medio demonio cerca de ella, aunque nunca logró verlo, lo que muy a su pesar le dolió, pues, aunque temía el momento de enfrentarlo, las ansias de verlo eran cada vez mayores… además, todavía tenía que averiguar cosas sobre lo sucedido en el Sengoku… quisiera o no...

Dos semanas transcurrieron sin dejar de sentir su presencia, siempre a una distancia prudencial, de forma que seguía sin verlo… además Myoga, después de sufrir varios ataques que amenazaron con su vida, prefirió permanecer un tiempo con su amo, ya que el carácter de la joven, cada vez que él se ausentaba para conversar con él sin decirle a ella nada, se ponía cada vez más irascible.

Viernes en la noche, estando tranquilamente en su casa, recibió una llamada de Shippou.

-Sí dime, Shippou- contestó sobresaltada- ¿le paso algo a InuYasha?

'-No, no te preocupes Kagome- contestó el kitsune- El está bien. Es que quería saber sí podías dejar a Nadesko todo el fin de semana con nosotros.'

-Todo el fin de semana…pero ¿no dejarás que la vea como hanyou, cierto?- preguntó preocupada.

'Te lo prometí y lo pienso cumplir hasta que tú lo decidas- contestó el pequeño- Sólo queríamos hacerle una fiesta de bienvenida… y como tú no puedes venir… pensé que sería lindo que ella estuviera aquí con él.'

-Está bien, Shippou- contestó finalmente vencida por las razones del kitsune- Vengan por ella en la mañana y que pase con ustedes hasta el domingo.

-'¿Podríamos ir por ella, ahora?- preguntó inocentemente Shippou- Es que Kouga está aquí, y están a punto de agarrarse de los pelos, y no creo que sea buena idea que le des un Osuwari a Inuyasha vía telefónica.'

-Jajajajajaja- soltó la carcajada Kagome- Eso… sería realmente gracioso… un osuwari… a distancia…Shippou eso implica que él todavía lleva puesto su collar.

El kitsune también había reído ante aquella idea y al escuchar la risa contagiosa de la muchacha.

-'Sí, Kaede nunca lo libró del conjuro…aunque él se lo pidió varias veces- explicaba- Decía que ya no había motivo, tú no estabas ahí para usarlo.'

-Mmmmmm, me has dado una idea, Shippou- indicó al zorrito, mientras una sonrisa malvada aparecía en su cara "Ahora ya sé como hacer para saber exactamente dónde estas, mi querido InuYasha"- Está bien, dile a Kouga que te acompañe para que vengan por la pequeña- finalizó respondiendo afirmativamente la pregunta del demonio.

'-No, esa no es buena idea- dudó un momento en decirle o no el motivo de aquella discusión- Es que exactamente el motivo de la discusión eres tú…Kouga lo ha estado molestando diciéndole que él si puede estar a tu lado, conversar contigo, e incluso comer tranquilamente en tu casa… claro no ha dicho en ningún momento que siempre está con los otros tres ookamis –explicó Shippou a la joven que escuchaba mientras pensaba como finalizar aquella discusión entre InuYasha y Kouga.'

Dándole vuelta en su cabeza a lo que le decía Shippou…al parecer sólo había una solución…hablar con el hanyou… aunque fueran un par de palabras.

-Shippou, ¿estás cerca de ellos?- preguntó mientras pensaba en lo que se le había ocurrido, tal vez sería un completa tontería pero era la única forma de calmar a InuYasha y parar a Kouga.

'Sí- contestó nerviosamente mientras miraba como aquellos dos estaban a punto de matarse uno al otro.'

-Bien, dile a InuYasha que tiene una llamada, así no se dará cuenta que tú hablabas conmigo- le dijo nerviosa- No, más bien sólo dale el aparato…yo me encargo de lo demás.

Escuchó como el kitsune caminaba hasta donde se encontraban el hanyou y el youkai enfrentándose, y colocarle el móvil casi en la mano.

'-Diga- dijo el hanyou, mientras pensaba quien sería el que osaba interrumpirlo en medio de su discusión con el lobo sarnoso'

-InuYasha- dijo dulcemente su nombre…como hacía tanto tiempo no lo hacia- ¿no piensas contestarme?

Escucho un ruido seco al otro lado, posiblemente el hanyou se había dejado caer al suelo, al escucharla. Claro, con todas las prohibiciones que le había impuesto, estarle hablando por teléfono no era lo más razonable del mundo… pero sí así dejaba de pelear con Kouga.

'… ¡Kagome!... Mi Kagome… ¿de verdad eres tú?- la voz del hanyou temblaba.'

-Sí, InuYasha soy yo- contestó la joven tratando de contener sus emociones- Sólo quiero pedirte que no le hagas caso a Kouga, cuando él ha estado aquí, o hablado conmigo siempre ha estado Ayame con él o incluso Ginta y Hakkaku, así que no le creas lo que te diga.

'¿Me dejarás verte? – formuló a modo de respuesta el hanyou- Necesito decirte tantas cosas.'

-Yo también pero aún no…no tengo el valor para enfrentar el pasado- contestó la chica- Pero sé que estás siempre cerca de mí, así que cualquier día de estos nos vemos. Duerme bien, mi amado InuYasha.

Sin esperar respuesta del muchacho, ella cortó la comunicación.

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En el salón de la casa de Sesshoumaru un hanyou miraba atónito el teléfono en su mano, mientras Kouga y Shippou lo miraban a él. Aquella conversación lo había dejado anonadado, no había durado ni tres minutos, tal vez mucho menos, pero para él había sido como escuchar a un ángel.

Rin, al haber dejado de escuchar la discusión de aquellos dos se había acercado para ver que había sucedido para encontrarse con aquella escena.

-¿Qué le sucede a InuYasha? – preguntó al verlo con una cara ausente y mirando el teléfono como si ahí se encontrara lo más importante de su vida.

-Yo la verdad no sé- contestó Kouga mirando a la joven- Estábamos discutiendo, Shippou le dio el teléfono y lo que sea que le dijeran lo dejo así.

Shippou sonrió, definitivamente lo que fuera que hubiese dicho Kagome había calmado al hanyou…pero ahora deberían apresurarse para ir por su hija…en carácter de humana.

-Fue Kagome, ella lo calmó, no sé que le dijo pero lo dejó así como lo ves- le dijo mientras se acercaba a ella- Ahora que este estúpido lobo dejó de decir tonterías, deberíamos ir por la sorpresa, nos dejaron tenerla desde hoy hasta el domingo.

Rin lo miró comprendiendo perfectamente a que se refería el kitsune, y volviéndose a Kouga le pidió acompañarlos a ella y al kitsune, así no habría malentendidos posteriores.

Mientras los dos youkais salían en busca de un auto, se acercó hasta el hanyou y le quitó el teléfono de la mano, y agachándose hasta quedar a la altura del mismo le sonrió.

-¿Qué te dijo ella para que estés así InuYasha?- inquirió al ido hanyou.

Aquella pregunta pareció sacarlo donde fuera que se encontrara, y sonriendo miró a la compañera de su hermano.

-Me dijo que aún soy su amado InuYasha…todavía me ama…a pesar de mis tonterías- contestó

-Ves que todo se resolverá…sólo dale tiempo- le dijo poniéndose de pie- ahora trata de tranquilizarte, Shippou y yo iremos a recoger a una personita que estará el fin de semana con nosotros, y estoy segura que te gustará.

Un par de horas después lo encontraron sentado junto a los hijos de Rin y los hanyous que se divertían armando la figura de un castillo. InuYasha los miró, viendo que Rin traía en sus brazos a una pequeña de cabellos negros y ojos oscuros, que a él le recordaba a alguien, pero sin saber a quien realmente.

Los niños se levantaron cuando vieron a la pequeña que Rin ponía en ese momento en el piso.

-¡Nadesko!- gritaron todos rodeando a la pequeña.

-La tendremos todo el fin de semana para nosotros- dijo Shippou alegremente.

Rin se ha acercado a InuYasha y mira como éste trata de identificar el olor de la niña, cosa bastante difícil pues en ella se confundían los olores de Sesshoumaru, Kouga, Ayame, Shippou, y los hanyous.

-Esa es la sorpresa que te traíamos- le dice sonriendo.

-Pero que puede tener de especial esta niña humana- replicó mirando seriamente a Rin, no encontraba relación alguna entre ellos y esa pequeña- No logro determinar ningún aroma especial en ella, se confunden los de todos ustedes en ella…hasta el del apestoso lobo.

Rin mira a la niña que se ha quedado sentada en el suelo con el grupo de pequeños, pero que de vez en cuando alza la vista para mirar a InuYasha. Alguna vez ellos le habían enseñado fotografías de él, indicándole que era su padre, pero al ser tan pequeña no estaban seguros de que lo recordara.

De pronto la pequeña se levantó y acercándose presurosa a InuYasha de quedó mirándolo.

-¿¡Papá?- exclamó a modo de pregunta y sorpresa, mientras le lanzaba los brazos para que la alzase.

InuYasha mira extrañado a la niña y vuelve a mirar a Rin que sonríe divertida, al ver que la joven le da una cabezadita de asentimiento, toma a la niña en sus brazos.

-Nadesko tiene dos años y medio, nació a medianos del invierno- le explicaba al hanyou, mientras los demás la miraban atentamente- Su madre es una amiga muy especial para nosotros por eso nos permite tenerla aquí.

Roku y Dai se quedan mirándolo, ellos habían tenido la oportunidad de ver el cambio de InuYasha en la luna nueva y no comprendían como el grandísimo baka no encontraba a la niña idéntica a él, sólo que con los ojos más oscuros y la cabellera ondulada como la de la madre.

-Definitivamente es un tonto, mira que no ver que es igual a él cuando está humano- refunfuño Dai, mirando a su hermano y luego al hanyou.

-Oye, InuYasha, ¿Tú nunca has usado el conjuro que nos enseño Kagome para parecer humanos? -preguntó Roku viendo inquisidoramente al mismo.

-No, siempre he estado lo suficientemente distanciado de los humanos como para hacerlo.

-¡Ja! Sí, eras el viejo ermitaño y malhumorado que vivía en la montaña –le dijo Dai mirándolo. InuYasha sólo lo miró como deseando poder darle un par de merecidos coscorrones, pero la cercanía de la niña y la dulce mirada que le daba lo detenía.

Ai se acercó silenciosamente a InuYasha y colocando la mano sobre su cabeza musito suavemente algunas palabras, dejando al hanyou con su apariencia humana.

Asagi los miró retadoramente, aquello no esta de acuerdo a lo que habían prometido a Kagome.

-¿Pero qué están haciendo?- dijo mientras miraba a todos- nos vamos a meter en problemas por estas tonterías que están haciendo.

-Asagi no neechan -dijo Shion tímidamente- nosotros no estamos diciendo nada, la promesa era no hablar, ni decir nada… y no lo estamos haciendo.

La mayor de los hanyous no tuvo palabras para refutar aquello, pues ciertamente no estaban diciendo nada.

-Te padezes a mí… -Nadesko sonrió mirando a InuYasha con su larga cabellera negra y los ojos violeta- Zí, edes mi papá, ¿te quedaz conmigo?- dijo mientras se acurrucaba a él.

InuYasha miraba a la niña y no comprendía lo que la pequeña decía. "¿Cómo demonios voy a ser su padre, si Kagome nunca me dijo que fuera a tener un hijo?…sólo aquella maldita bruja del infierno... Aunque la forma en que ella regresó rápidamente a esta época y que nunca volviera al Sengoku… ¿Podría ser posible que esto fuera cierto?"

En ese momento Sesshoumaru volvía a casa, y, mirando aquella escena, sonrió, la niña lo miró y levantando su cabeza le tiró un beso con la mano.

-¡Tío Zeshy! ¡Mída! ¡Etoy con papá! -le indicó alegremente a su tío, dejando más perplejo a InuYasha.

Mirando a todos los que estaban a su alrededor, InuYasha trataba de entender que era lo que sucedía. Así que, mirando a su hermano, trató de conseguir una respuesta para aclarar todo aquello.

-Sesshoumaru me harías el favor de explicarme que sucede aquí, porque no comprendo nada- solicitó a su hermano- ¿Por qué la niña dice que soy su padre? Eso no puede ser posible…

Sesshoumaru miró a los hanyous y a Shippou, ahora había comprendido la súplica de éste para que Inuyasha viera a la niña bajo el poder del conjuro y al hecho de enseñarle durante esos dos años fotografías del hanyou en su media forma y como humano. Esperaban que la niña fuera la que lo reconociera y que el corazón le dijera al baka de su hermano que estaba frente a su hija.

-Niños, ¿por qué no van a preparar la cama para Nadesko?- indicó sutilmente al pequeño grupo.

Shippou se acercó a la niña.

-Vamos Nadesko- tomándola de la mano.

-¡No! -negó la pequeña- ¡Yo con papá, no con Zippo! –dijo, mientras se abrazaba al hanyou.

-Déjala conmigo, Shippou- dijo InuYasha acariciando la negra cabellera de la pequeña- Si ella dice que soy su papá, está bien.

Los niños se dirigieron a la segunda planta, dejando a los mayores para que hablaran. Bien sabían que no podían aclararle nada a InuYasha gracias a la promesa que debían cumplirle a Kagome.

Cuando Sesshoumaru percibió que los niños estaban lejos de ellos, tomó asiento ante su hermano, que ahora abrazaba a la pequeña en sus piernas.

-Yo no puedo explicarte nada hermano, como no lo puede hacer ninguno de los que se encuentran en esta casa… ni Kouga y los suyos.

Todos estamos unidos a una promesa que realizamos y no podemos romperla aunque quisiéramos -levantó la vista para mirar a su hermano, que lo miraba incrédulo- Si quieres, puedes atenerte a lo que dice Nadesko, y si tu corazón te dice algo, confía en él.

-En eso tiene razón Sesshoumaru- intervino Rin- Por el momento, disfruta del fin de semana que tendrás con la pequeña. Y hablando de ella… creo que es mejor que la vayas a poner en su cama, porque se ha dormido.

InuYasha miró a la pequeña, que dormía placidamente recostada en su pecho, con una sonrisa conocida en sus labios, y entonces en ese momento le pareció reconocer en ella a Kagome, cuando dormía tranquila y segura entre sus brazos… antes de perderla…

Levantó la vista de la pequeña, mirando a Rin. No quería separarse de ese pequeño ángel que dormía en sus brazos.

-Dime dónde está su cama y luego yo la llevaré a ella- pidió bajando la voz para no molestar a la niña- Quiero quedarme con ella un rato.

-Llévala al cuarto de Shippou- le contestó la muchacha- Le pusimos una cama ahí, por si despertaba en la noche y se asustaba… o si quieres, puedes acostarla en la que se encuentra en tu cuarto.

-Gracias Rin… Sesshoumaru –agradeció, mientras se levantaba con niña en sus brazos y se dirigía a su habitación.

Durante los dos días siguientes, procuraron, como habían prometido, que la niña se mantuviera con su aspecto humano, viendo con agrado como se unían padre e hija.

El problema se provocó cuando el domingo en la noche fue el momento de llevar a la niña a su casa.

-InuYasha no insistas- decía Rin molesta, tenía más de una hora de tratar de ir a dejar a la pequeña y de durar más podía esperar que Kagome llamará para preguntar a qué hora pensaban regresar con su hija- Ya te he dicho que NO puedes ir a dejar a Nadesko a su casa, sólo Sesshoumaru y yo. ENTIÉNDELO.

-No es justo, yo quiero ir a dejar a la pequeña- reclamó el hanyou- Sí he estado con ella todo el fin de semana, tengo derecho de ir a dejarla. Rin lo miraba deseando tener el poder de Kagome para sentarlo y así librarse de él y salir tranquilamente.

-InuYasha, por favor- lo miró intranquilo Sesshoumaru- ya en otra oportunidad podrás llevarla tú, ahora déjanos salir. Mira, ya la niña se durmió y es muy tarde… no esperarás a que la madre no permita que venga más aquí por esa terquedad tuya.

El hanyou comprendió que lo dicho por su hermano era cierto y, aunque le dolía en el alma separarse de aquella pequeña, no entendía el por qué.

-Ummmh, está bien- dijo mientras se acercaba y daba un beso en la cabeza de la niña- Duerme bien, pequeña.

Momentos después, Sesshoumaru conducía camino al Templo Higurashi, mientras la pequeña Nadesko iba recuperando poco a poco sus características de hanyou. Rin iba vigilando el cambio de aspecto de la niña.

-Pensé que nunca nos dejaría salir y la niña cambiaría al frente de él- suspiró mientras dirigía la mirada al frente- Si eso hubiera sucedido, estaríamos perdidos.

-En eso tienes razón, si la hubiese visto así no hubiéramos encontrado la forma negarle que es su hija.

Continuaron callados todo el camino, para que después de dejar a la niña en brazos de su madre, volvieran a su casa.