Capítulo 6: Un difícil encuentro

Los meses fueron pasando, sin que Kagome aceptara que el hanyou se le acercará, estaba pronto a terminar el semestre y ella corría para finalizar sus trabajos, con pequeños inconvenientes no deseados por ella.

Lunes… día de clases… y de largas horas en la biblioteca para realizar los trabajos de los profesores… Pero a Kagome se le había presentado un problema, gracias a la intervención de Yuca, Junsui había determinado no separarse de ella en todo ese día, incluso faltando a las clases de él. Pero ese fue sólo el inicio del martirio, pues el joven se quedó con ella los siguientes dos días en la biblioteca, e insistía en acompañarla cuando ella determinaba marcharse para tratar de trabajar un poco en su casa, con ayuda de la computadora y la Internet y sin la casi odiosa e insoportable presencia de aquel joven que se le había pegado como una goma de mascar.

Además, podía sentir la furia de InuYasha en aquellos momentos y, conociendo al hanyou, sabía que eso era un problema para el atarantado joven humano que insistía en que aceptará ser su novia, a pesar de que ella le había explicado que sólo lo apreciaba como un amigo y que no insistiera en ello.

Jueves… 7 p.m.…. estaba cansada… y deseaba poder finalizar el trabajo que le faltaba: el de mitología, y al parecer no podría estar en la biblioteca ya que a la entrada de ésta estaba Junsui esperándola, así que, dando media vuelta y acercándose al parque cercano, se quedó mirando la hermosa fuente que lo adornaba, sintiendo como el hanyou se debía encontrar precisamente al otro lado de la misma al cubierto de los árboles, así que determinó que sólo tendría una forma de realizar aquel trabajo: Myoga.

Suavemente, como si se dirigiera al vacío, sabiendo que el oído del hanyou la escucharía.

-Dile a Myoga que lo necesito de vuelta, así que, por favor, envíalo conmigo- un susurro al viento- Necesito irme a casa, InuYasha.

Pero para mala suerte de la joven, Junsui la había visto y se le había acercado.

-Kagome, pensé que estarías en la biblioteca -se acercó más de lo debido a la muchacha- ¿Te gustaría que te acompañara a tu casa? ¿Tal vez podríamos dar un pequeño paseo antes?

Kagome lo miró intranquila: Junsui nunca se había comportado de esa manera; así que, dando un par de pasos, trató de alejarse de él, pero éste la tomó por el brazo, reteniéndola a su lado.

-Vamos, te dedicas únicamente al estudio y a esa pequeña cosa que tienes en tu casa, será muy linda pero su aspecto es bien extraño -continuaba el muchacho- ¿No sería mejor que te divirtieras un poco y te olvidaras de ella?

La joven lo miró despectivamente y con furia en sus ojos, no le gustaba como se refería a su hija, y por consiguiente al padre de la misma, así que forcejeo para tratar de separarse de él. Sabía que InuYasha, a pesar de la furia que debía sentir al escuchar aquellas cosas, no incumpliría su palabra de no acercarse a no ser que ella lo llamara… y esa, al parecer, iba a ser su única salida.

-Yo estaba aquí porque esperaba a alguien -dijo mirando a su alrededor, esperando que el hanyou entendiera que debía salir de donde estuviera y acercarse- Así que me harías el favor de soltarme.

En el rostro del joven se dibujó una sonrisa, y levantando su mano la pasó por el rostro de Kagome, haciendo que la joven diera un pequeño salto hacia atrás, pero sin poder alejarse mucho, por continuar asida del brazo.

-¡InuYasha! ¡InuYasha! –gritó desesperada, sabiendo que aquel se acercaría rápidamente al escuchar su llamado.

Ante aquella autorización para acercarse, sin que Junsui se diera cuenta de dónde había salido ni en qué momento fue golpeado y se encontró tirado en el suelo, mirando como un joven de plateada cabellera abrazaba a Kagome, quién se refugiaba en el pecho del mismo, sin dejar de mirarlo como si quisiera matarlo por haber tocado a la muchacha.

-Ella te dijo que la soltarás, ¿o eres sordo qué no comprendiste lo que te dijo? -reclamó InuYasha mientras sus ojos brillaban de furia- También te dijo que estaba esperando a alguien… eso explicaba que estuviera aquí, no en la biblioteca.

-Lo… lo… siento –contestó el otro desde su sitio en el suelo- Como ella siempre está sola… su amiga dijo que…

Pero el hanyou no lo dejó terminar.

-Como puedes ver, ella no está sola -le indicó el hanyou- Así que puedes dejar de importunarla con tus insinuaciones de poco gusto.

Y dejándolo allí, se alejó con Kagome firmemente abrazada a su costado. La joven estaba tan asustada aún por el comportamiento de Junsui, que no acertaba a dónde la llevaba el hanyou… es más, ni había reparado mucho en este…

Lógicamente, no llevaba su traje de rata de fuego, y con ayuda de los hanyous había ocultado únicamente sus orejas… no le gustaba aún parecer un humano normal.

Aproximadamente diez minutos después, cuando para tranquilidad del hanyou la joven no lo había obligado a alejarse de su lado, se atrevió a hablarle.

-¿Estás bien, Kagome?- preguntó mientras la miraba a la cara, sin soltarla.

La joven lentamente levantó la vista para mirar aquellos dorados ojos, los cuales la perdían cada vez que hundía su vista en ellos.

-Estoy bien… gracias, InuYasha- contestó sin separarse de éste- Será mejor que me vaya a casa… ¿me acompañas?

Las últimas palabras de Kagome no se las esperaba InuYasha, por lo cual, dando un largo suspiro, apretó un poco más a la joven a su lado y continúo su camino con ella, para después de tomar el autobús que los dejó cerca del templo, caminaron hasta las gradas que daban acceso al mismo. En ese momento Kagome se detuvo.

-Gracias por traerme a casa, InuYasha- dijo suavemente separándose del hanyou.

-Siempre te estoy cuidando, así que lo haré siempre si me permites acercarme a ti- contestó él- ¿Me permites estar cerca de ti? Podemos hablar de todo lo sucedido después… cuando tú quieras… pero…

Kagome sonrió, entendía lo que quería decir el oji-dorado, pues en parte era lo que ella también quería… tenerlo a su lado… pero debía recuperar su confianza en él…"Debo de confiar nuevamente en ti… y pareciera que la única forma es dejarte estar a mi lado… como antes… sólo así podré volver a verte como en ese entonces… antes de los engaños de Kikyo"

InuYasha miraba a la muchacha, observando en sus ojos chocolate la duda que existía en ella… la confianza entre ellos se había roto… y era difícil que renaciera así como así… sobre todo si existía distancia entre ellos "No confías en mí… ¿cierto?...y no es sólo culpa de Kikyo… también fue mi culpa… siempre fui un tonto al escucharla a ella… teniéndote a ti, que me aceptabas como soy… Déjame demostrarte que puedes volver a confiar en mí"

Kagome respiró profundamente, luego miró las pocas estrellas que podían verse en ese momento en el cielo, y sonrió al recordar las veces que las miró con él en el pasado y… entonces… se decidió.

-Está bien, InuYasha -sonrió mientras sus ojos chocolate brillaban al mirarlo- Puedes acercarte a mí… después de lo hiciste hoy… creo que es mejor que…

-Que continúe buscándote después de clases… y entre estas -finalizó el muchacho, sonriendo mientras le tomaba de las manos- Así ese chico no volverá a acercarse a ti… ¿te parece bien?

La joven lo miró dando una cabezadita como asentimiento, y, acercándose, le colocó un suave beso en la mejilla, para después lanzarse escaleras arriba, escapando de los sentimientos que provocaba en ella la cercanía del hanyou.