Capítulo 7: Tratando de volver a la normalidad

Kagome caminaba tranquilamente en busca de sus amigas, los viernes solían reunirse para almorzar y además le extrañaba la ausencia de Ayumi en clases, así que esperaba encontrarse con ella. Cuando llegó al pequeño parque se sorprendió de sólo encontrar allí a Yuca y Eri, y para su desgracia, acompañadas del estúpido de Junsui que lucía un hermoso ojo amoratado como recuerdo de su pequeño encuentro con InuYasha.

Frunció ligeramente su nariz… aquella situación no le gustaba nada… sabía que el hecho de encontrarse ahí el muchacho implicaba que sus amigas ya conocían del regreso de InuYasha y conociéndolas, aquel encuentro no deparaba nada bueno para ella… pero como en ese momento lo único importante era saber que él estaba de nuevo con ella, Yuca y Eri bien podían irse al demonio.

Se detuvo frente a ellas, sin siquiera mirar al muchacho que la veía como si ella fuera la culpable de su situación, y, con una sonrisa en sus labios, las saludo.

-¡Hola, chicas! –dijo, tratando de obviar las miradas de disgusto que las dos chicas le dirigieron.

-¿Se puede saber como nos saludas tan tranquila sin darte cuenta de lo que está sufriendo Junsui?- protestó Yuca señalando al joven sentado a su lado.

-Espero que el baka que se encuentra a tu lado se haya dignado a explicarte el por qué se ganó ese golpe -contestó groseramente Kagome, mientras pensaba dejar en claro toda aquella situación y largarse de ahí- Porque, si están molestas conmigo, me parece mejor irme. Ustedes pueden quedarse con las explicaciones de éste si les acomodan mejor.

Se quedó mirando como sus amigas trataban de decir algo antes de quedarse mirando algo detrás de ella, y que Junsui trataba de ocultarse detrás de Yuca.

-Creo que es mejor que nos vayamos, Kagome -escuchó la voz de InuYasha tras ella- Al parecer, tus amigas confían más en otras personas que en ti.

Se volvió a mirarlo cuando escuchó su voz, para quedarse viéndolo… la noche anterior no había prestado atención a su forma de vestir… jeans, una T-shirt negra, chamarra y zapatillas… con su cabello plateado largo. Sonrió y aceptó la mano que él le tendía en ese momento.

-Les agradezco que dejen de buscarme novio, con esa excusa de que estoy sola -indicó dirigiéndose a las chicas, que, a pesar de no aceptar a InuYasha, se habían quedado boquiabiertas al verlo… si cuando lo habían conocido hacia unos años les había parecido lindo… ahora vestido normalmente era realmente atractivo- Después les hablo, ahora debo irme.

La pareja se alejó del pequeño grupo, dejando a Yuca y Eri confundidas… no se suponía que el chico rebelde se había ido con su antigua novia… ¿por qué Kagome andaba nuevamente con él tan tranquila?... Aunque… Estaba la niña… Ese debía ser el motivo.

Volvieron a la realidad al escuchar el murmullo de otros grupos de chicas que estaban en el mismo parque, las cuales admiraban al joven que se había alejado pocos minutos antes en compañía de su amiga. Una chica de ojos negros y graciosos cabellos teñidos de rojo, llamada Kyoko, se acercó a ellas.

-Vaya, entonces la novia del hermano del profesor Taisho es amiga de ustedes -les comentó a las dos amigas- Es una lástima que ya estuviera comprometido porque es realmente guapo… como el hermano…

Las amigas se miraron entre sí, para luego mirar a Kyoko.

-¿Cómo sabes eso?- le cuestionó Yuca.

-Pues… porque estaba conversando con el profesor Nairoto, hace más de tres meses, cuando los ví llegar -explicó dando un largo suspiro al recordar la presencia de los demonios de cabellos plateados- Saludó al profesor y le presentó a su hermano… le explicó que era quién había estado realizando no sé qué trabajos en una isla del sur y que ahora volvía para estar con su familia y que si necesitaba cualquier información lo podría encontrar en la universidad ya que la novia de él estudiaba aquí… pero nunca pensé que fuera Kagome.

Yuca y Eri no pudieron agregar nada, así que, alejándose del parque, decidieron que debían hablar con Ayumi, ella probablemente tenía más información respecto al regreso del chico rebelde.

Mientras, Kagome e InuYasha habían estado caminando sin un rumbo fijo, ella por estar pensando en toda aquella situación y él para disfrutar de la compañía de ella.

Finalmente habían llegado a un bosquecillo situado al final de los terrenos de la universidad… ambos lo conocían porque les hacía sentirse tranquilos, a él mientras esperaba que ella saliera de sus clases… a ella porque le recordaban los bosques que había recorrido en compañía del hanyou y sus amigos cuando buscaban los fragmentos de la perla y la forma de destruir a Naraku.

Se sentaron a los pies de un árbol. Kagome dejó descansar su cabeza contra un tronco mientras InuYasha veía como las lágrimas se detenían en las pestañas al tener ella sus ojos cerrados, pero no sabía que hacer… no sabía que reacción tendría ella ante sus acciones.

Levantó una mano con la intención de acariciarle la mejilla, pero un suspiro de ella hizo que la dejara en el aire…" ¡Cómo quisiera poder tenerte entre mis brazos!…no como anoche, donde fue el temor lo que te hizo refugiarte en ellos… sino como antes, cuando era el amor lo que te hacía buscar el abrigo de mi pecho… Pero yo fui el estúpido que lo hecho todo a perder…"

Su último pensamiento salió de sus labios sin que se diera cuenta, mientras apretaba sus puños con furia.

-Pero yo fui el estúpido que lo hecho todo a perder –dijo inconcientemente, haciendo que Kagome levantará su cabeza para verlo.

-¿Qué dices Inuyasha? -preguntó Kagome, limpiando las lágrimas que habían quedado en sus pestañas.

InuYasha la miró, sus ojos mostraban el sufrimiento que había pasado durante quinientos años al pensar en que por su culpa la había perdido. Suspiró profundamente antes de contestarle a la muchacha.

-Dije que yo fui el estúpido que hecho a perder todo entre nosotros… yo, por creerle a Kikyo y dejarme cegar por sus conjuros… siempre tuve yo la culpa de que tú sufrieras -su cabeza se encontraba entre sus manos, mirando el suelo- De perderte la culpa fue mía… de nadie más… y aún ahora… cuando quisiera abrazarte… no me atrevo… por miedo a seguir haciéndote sufrir….

Su voz sonaba derrotada… aún antes de empezar la lucha por recuperarla, se sentía derrotado.

El escuchar el tono de voz con que hablaba el hanyou provocó un temor en Kagome… nunca lo había escuchado así, ni en los momentos más difíciles él se había dado por vencido. Lentamente se movió hasta quedar en cuclillas frente a él, quien se encontraba con los brazos colocados en sus rodillas.

-InuYasha… no digas eso -lentamente le tomó los mechones de cabello que caían a los lados de su cara, como solía hacerlo cuando quería que él le prestara atención- Tú siempre estuviste conmigo… me protegías y me diste lo más bello que… no "¡Pero que estás diciendo…! ¡Casi le dices que tiene una hija!", tú me amaste… y me amas ¿no? -y se quedó mirándolo fijamente.

InuYasha no se esperaba esa reacción de Kagome, aunque le quedó la duda con respecto a esa frase que ella no terminó, pero que le preguntara que si la amaba... Claro que la amaba… por ella resistió vivir quinientos años… casi siempre, por ella soportó a Sesshoumaru y todos sus reclamos, incluso soportó al lobo sarnoso… sus golpes e insultos… porque sabía que ellos lo hacían para mantenerlo vivo y que llegara a donde en ese momento se encontraba… frente a frente con ella… y no iba a perder esa oportunidad.

Suavemente, la tomó de los hombros y lentamente fue moviendo sus manos hasta colocar una en la nuca de la muchacha y otra en su cintura y, acercándose, la besó. Al ver que ella no se retiraba, se acercó hasta unir sus cuerpos, apretando más el abrazo y profundizando el beso.

Un momento… que era ese sonido… provenía del bolso de Kagome… y solicitaba imperiosamente que le prestaran atención. Con un suspiro, ella se soltó del beso, más no así del abrazo y, acomodándose en las piernas del hanyou, sacando un pequeño teléfono, se recostó en el pecho de éste para contestar.

-Sí, diga -contestó, un tanto molesta por la interrupción sufrida- ¿Ayumi? ¿Qué sucede?

'-Sí, Kagome soy yo -contestó su amiga al otro lado de la línea- Disculpa si interrumpí algo… es que Yuca me llamó y me dijo que si yo sabía algo sobre tú y… está contigo, ¿no?'

-Sí, estoy con él -contestó la muchacha con una sonrisa- A ti no te molesta, ¿cierto?

-'Por supuesto que no… sólo espero que no te lastime de nuevo -contestó la muchacha- Uhmm… bien… pero no era eso por lo que te llamaba…'

-¿Entonces, para qué? -no comprendía que quería su amiga, si no tenía nada que ver con InuYasha.

-'Es que cuando estaba buscando información para el trabajo de Mitología… -parecía que no podía explicar que le sucedía- Bueno… me encontré un libro muy antiguo… y creo que es mejor que tú lo veas.'

-¿Estás en la biblioteca? Entonces nos vemos ahí -respondió la muchacha.

-'Pues no… yo saqué el libro… No preguntes cómo -contestó Ayumi nerviosa- Te veo a las cinco en tu casa… así me explicas muchas cosas'

-Perfecto, te espero en casa -respiró tranquila Kagome, así le daba la oportunidad de estar toda la tarde con el hanyou- Hasta luego, Ayumi.

Guardando el aparato, Kagome se acomodó entre los brazos del hanyou… en ese momento no quería pensar si estaba correcto el crear un lazo de tanta cercanía con él… sólo en que así estaba tranquila.

InuYasha la miró tranquilo, el verla así recostada en su pecho le recordó a la pequeña Nadesko y en que se parecía a Kagome, cada vez que se quedaba dormida en sus brazos.

-No crees que deberíamos hablar, Kagome -cuestionó InuYasha mientras acariciaba la negra cabellera de la joven- Tenemos que poner muchas cosas en claro...

-Hoy no, InuYasha… hoy sólo quiero estar aquí… tranquila… como hace muchos años -contestó la muchacha- Después nos ocuparemos de todo lo que haya que hablar.

Éste sonrió, si ella lo quería así, no iba a ser él quien la contradijera. Toda esa situación era mucho más de lo que él había esperado, quien salía ganando era él, así que simplemente recostó su cabeza en la de la muchacha y permanecieron largo rato sin hablar, cada uno hundido en sus pensamientos.

"Eres demasiado buena conmigo… como siempre… Porque siempre me costó entender cuánto me querías con todo lo que me perdonabas… y aún ahora no logro comprender cómo me perdonas todo lo que te dije antes de que volvieras a esta época hace… bien… si cuento tu tiempo son sólo poco más de tres años"

Flash Back

Kagome se acercó extrañada a InuYasha, no comprendía que hacía el abrazando a Kikyo… ¿Qué pasaba ahí?

-Tengo que hablar contigo -indicó el hanyou dirigiéndose groseramente a ella.

-¿Por qué me hablas así, InuYasha? -preguntó mirándolo. Shippou se bajó de su hombro luego de mirar al hanyou, tampoco comprendía que pasaba ahí.

-Quiero que te largues de mi lado, no eres más que un estorbo para mi felicidad… siempre lo haz sido, así que quiero que me dejes en paz -espetó groseramente, sin tener miramiento de la chica que lo miraba sin comprender por qué le decía eso.

-Pe-pero Inu-InuYasha… ¿Qué te sucede? ¿Por qué me pides eso? -consternada lo miraba, tratando de que sus lágrimas no empezaran a salir. Se llevó una mano al pecho como si algo le oprimiese su corazón.

Kikyo sonreía triunfante mientras miraba a la joven y su total desconcierto. Acercándose a ella, la miró con sus fríos ojos mientras observaba la mirada de odio con que el hanyou miraba a Kagome.

-No entiendes tontita -dijo sarcásticamente- él me quiere a mí, que sea yo la que esté a su lado… no una inútil como tú. Recuerda que te dije que te vencería… y lo logré. Nada que tú tengas hará que cambie de idea, aunque… -la miko de barro se quedó mirándola escrutadoramente, al parecer había encontrado un cambio en ella- Maldición, me la has puesto más difícil… pero conociéndote no te atreverás a permanecer siempre en tu tiempo… volverás y tendré un triunfo completo.

InuYasha miró cómo la joven se llevaba sus manos al vientre, como si estuviera protegiendo algo, y se volvió a él.

-InuYasha… -intentó decir algo.

-¡MALDITA SEAS, PERRA DEL INFIERNO! -gritó en su cara, haciendo que la chica retrocediera, temerosa de aquella forma en que la estaba tratando- ¡LÁRGATE Y DÉJAME SER FELIZ CON LA ÚNICA QUE SIEMPRE ME HA QUERIDO! ¡VETE DE UNA MALDITA VEZ Y NO VUELVAS NUNCA MÁS!

-A ella también la marcaste, InuYasha -tuvo aún el valor de decirle- ¿A dónde fueron a parar tus promesas de ese momento? ¿Acaso puedes hacer esto?

-NO SÉ A QUE MALDITA MARCA TE REFIERES -le contestó bruscamente- PUEDES IRTE AL INFIERNO DE UNA VEZ, PERRA.

Kagome los miró y dando media vuelta hecho a correr hacia el pozo, seguida de cerca por el pequeño kitsune.

Fin del Flash Back

-¿Cómo pude decirte todas esas palabras a ti? ¿Cómo puedes estar conmigo después de todo eso? -preguntó mientras le daba un beso en la sien a la joven entre sus brazos.

Ella lo miró, comprendía perfectamente a qué situación se estaba refiriendo. "Estabas pensando en ese día, en el momento que yo pensé sería el más feliz de todos… y resulto el más desagradable de mis recuerdos. Yo sólo quería decirte que ibas a ser papá… y aún eso lo usó ella para manipularte."

-Después de lo que me explicaron Sesshoumaru, Rin y Kouga, logré entender que tú no eras quien me decía todo eso… más bien pensabas que se lo decías a ella –le explicaba a modo de respuesta a aquellos cuestionamientos del oji-dorado- Me dolieron ciertamente, y aún me molestan, pero si me pongo a pensar en eso, me pareceré a ella… y posiblemente hasta buscaría vengarme de ti… pero yo te he amado… y te amo demasiado como para llegar a eso… -Se separó de él para volverse y mirarlo nuevamente a la cara, dirigiéndole una de esas sonrisas que ella bien sabía derretían todas las barreras que él había tratado de poner- Para estar aquí… contigo… he preferido recordar momentos más agradables para los dos -colocó su frente contra la de él- Son los únicos momentos que quiero recordar… como cuando me dijiste que me amabas...

-Eres una pequeña pícara -sonrío antes de darle un suave beso en los labios- Sí eso es lo que quieres recordar… eso recordaremos. Te amo, Kagome.

-Yo también, InuYasha -dijo devolviéndole el beso- Siempre lo he hecho…

Permanecieron un largo rato simplemente ahí sentados, tratando de imaginarse que aún estaban en el Sengoku y que pronto sus amigos aparecerían para molestarlos por haberse alejado tanto de ellos… sólo para tener un tiempo para ellos solos…

La tarde había ido transcurriendo tranquila, hasta que un nuevo llamado del teléfono los volvió a sacar de sus pensamientos. Kagome simplemente lo tomó y revisó el identificador de llamadas.

-¡Ayumi! -exclamó, mirando su reloj- ¡Por Kami, son casi las cuatro de la tarde! ¡No llegaré a tiempo a casa para cuando ella llegué! Se me olvidó por completo la pobre…

InuYasha la miró mientras se ponía de pie y le ayudaba a ella. Siempre le había pasado lo mismo cuando estaba junto a él, se aislaba de todo el mundo y dejaba a todos de lado… hasta a sus maravillosos estudios.

-No te preocupes, llegarás a tiempo -dijo mientras la abrazaba- Te iré a dejar hasta tu casa… -miró la expresión de ella- Hasta las gradas del templo, aunque no entiendo porque no puedo ir hasta tu casa… y ver a tu madre, a Souta y a tu abuelo.

-Después te diré por qué -sonrió ella al ver que fácil comprendía su mirada.

Faltando poco para las cinco, llegaban al pie de los incontables escalones de acceso al templo. Kagome se quedó mirando hacía donde se encontraba su casa, pensando en la pequeña que debería estar jugando tranquilamente y en cómo se lo diría a él.

La mano de InuYasha retirándole los cabellos que el viento colocaba sobre su cara, la volvió al lugar dónde estaba, y mirando al muchacho se sonrió.

-Mañana en la tarde iré a casa de Sesshoumaru -sabía que necesitaba hablar con el youkai sobre cómo decirle a InuYasha de la niña- Te veré allá.

-Está bien, te veré mañana entonces -y tomándola de la cintura la atrajo hacia él para besarla.

Ella sonrió mientras recibía el beso, y con sus manos se tomaba del cuello de él para acercarse más, sin saber que su amiga sonreía mientras la miraba.