Capítulo 8: Un extraño libro antiguo
Ayumi venía caminando presurosa hacia la casa de su amiga, cuando miró a una pareja al pie de la gran escalinata. Sonriendo, se acercó lentamente tratando de no interrumpir aquella escena… Otra vez…
"A Yuca y Eri puede no gustarles esta situación, pero si estuvieran aquí, verían qué feliz se ve Kagome junto a su novio… que ahora no parece tan rebelde a como anda vestido."
Viendo que no podía pasar desapercibida, al estar junto a ellos emitió una falsa tosecita para llamar la atención.
La pareja se volvió a mirarla, con una sonrisa en los labios.
-Disculpen, parece que los interrumpí… de nuevo –comentó, devolviéndoles la sonrisa- Pero a mí me alegra que estén de nuevo juntos.
-Gracias Ayumi -contestó Kagome- ¿Recuerdas a mi amiga, InuYasha?
-Sí, aunque a cambiado un poco desde que la ví hace años -contestó el hanyou- Me parece que ustedes tienen algo de que hablar… entonces nos vemos mañana, Kagome.
La joven le sonrió y, dándole un beso en la mejilla, se despidió de él, para comenzar a subir los escalones acompañada de su amiga. Ayumi miró como el hanyou lentamente desaparecía de su vista y, mirando a su amiga, se preguntaba si esta ya le había contado de su hija… pero eso era algo que sólo ella podía determinar cuándo hacerlo… ahora lo más importante para ella era el libro que traía en su bolso y las historias que contaba.
-Vamos directamente a tu cuarto… creo que es mejor que tu familia no escuche nada de este extraño libro -le pidió a su amiga.
Kagome asintió, y cuando entraron a la casa de dirigieron directamente a la habitación de la muchacha. Una vez en ella, Ayumi se dejó caer sobre la cama, mientras Kagome tomaba asiento en la silla frente al escritorio, dejando su bolso sobre este… de dónde un dormido demonio pulga rodó hacia la superficie del mismo.
-Bien, ¿Cuál es el misterio de ese libro que encontraste, que te urgía que yo viese?
Ayumi sacó de su bolso un viejísimo tomo y se lo tendió a su amiga, antes de empezar a explicarse.
-Verás… yo quería hacer un excelente trabajo para el profesor Taisho, así que me propuse buscar información en una sección de la biblioteca que casi nadie usa… sus libros son muy antiguos… la mayoría pareciera escritos a mano… al igual que sus dibujos -explicaba mientras Kagome simplemente sostenía el libro sobre sus piernas- Buscando, me encontré con ese tomo… como ves, simplemente se llama Historias del Edo, no tiene nombre de autor conocido… cuando lo empecé a revisar me encontré con la historia de cómo algunos poderosos demonios se dividieron el territorio para controlar a los más débiles y que no causaran problemas con los humanos… había uno que podía tomar forma humana… un demonio perro… plateado llamado Inu no Taisho, el Lord del Oeste.
Kagome miró el libro y lo abrió, aquello resultaba una descripción demasiado clara del padre de Sesshoumaru e InuYasha. Comenzó a pasar sus hojas sin fijarse en las letras de la historia… sólo en las pequeñas ilustraciones que adornaban algunas de sus páginas.
-La descripción del aspecto humano del demonio se parece un poco al profesor -continúo Ayumi con su historia- Me pareció una completa locura y que eso era sólo coincidencia, hasta que llegue a una página más delante de dónde tú estas viendo… y la descripción del demonio que hacían allí… el hijo mayor del Lord del Oeste… -paró y nerviosa miró a Kagome, que en ese instante había llegado a la página que describía a aquel demonio- Esa página precisamente… y el nombre del demonio es Sesshoumaru… y ese dibujo es idéntico a él… excepto que él no tiene una media luna de color azul en su frente ni marcas a los lados de su cara… ni garras… ¿Cierto, Kagome, qué no tiene nada de eso?... ¿O de verdad aprendió a esconderlos con un conjuro de una sacerdotisa? –y miró de forma extraña a su amiga… como tratando de ver en ella algo que nunca antes había notado.
-¿A qué sacerdotisa te refieres? -preguntó la joven, al ver como su amiga la miraba- ¿Por qué me miras así, Ayumi?
Ayumi se levantó y, tomando el libro, buscó hacia el final del mismo… otra historia.
-Aunque no lo creas, me leí el libro completo -leía tratando de localizar algo en aquella historia- En esta historia hablan de la Shikon no Tama… una joya muy poderosa que fue rota en miles de pedazos y un grupo se encargó de recolectarlos y tratar de vencer a una horrible cosa que se había apoderado de la mayoría… pero lo que me llamó la atención era la descripción que hacían de la sacerdotisa que iba en ese grupo.
Calló y miró hacia la ventana. Nerviosamente rozaba sus manos entre ellas. "¿Cómo decirle que describían a su novio… tal y como ella lo había visto la primera vez… cuando sólo tenía quince años… excepto por el asunto de las orejas? Aunque hoy no tenía nada sobre su cabeza… y yo no le ví nada parecido a orejas de perro"
Se levantó y camino hasta el escritorio, jugando con las cosas que su amiga tenía en él, mientras ella repasaba el libro. Kagome leía atentamente… su propia historia en el Sengoku… todas las cosas que tuvieron que pasar… el encuentro con Sesshoumaru… cómo se reunió el grupo… los engaños de Naraku… todo estaba ahí… hasta aquella historia del engaño de Kikyo.
-¡¿Pero quién diablos escribió esto! -exclamó sorprendida- No comprendo nada de esto… tal vez Sesshoumaru sepa algo… pero… como te explicó todo esto Ayumi… ¿Ayumi?
Al no recibir respuesta, se volvió hacia el escritorio, donde su amiga había estado moviendo cosas… para verla observando como el anciano Myoga se desperezaba después de que ella lo hubiese movido por el escritorio pensando que era un juguete de Nadesko.
La chica estaba pálida mientras el pequeño demonio se restregaba los ojos, luego empezaba a hablar.
-¡Ay Kagome! ¿Podrías haberme despertado sin darme tantas vueltas? -reclamó el demonio, sin saber que estaba siendo escuchado por alguien más que la miko- El amo InuYasha me dijo que me necesitabas para algo… que me tenía que quedar contigo -miró como la otra chica se llevaba una mano a la boca, conteniendo el deseo de gritar mientras lo señalaba.
-¡Esa cosa habla! ¡Kagomeee! -gritaba asustada mientras retrocedía hasta quedar pegada a la pared- ¿Qué es esa cosa? No puede existir… todo eso no son más que historias.
-Anciano Myoga… cállese por un rato –y, levantándose, colocó el libro abierto en el escritorio- Ayumi… ¿tú querías saber si las historias de ese libro eran ciertas?...Pues… ahí tienes tu respuesta… Él es un demonio pulga y tiene no sé cuantos años… ya era muy viejo cuando yo lo conocí…
Ayumi la miró, más pálida si se podía, y lentamente se dejó caer al suelo. Ella había relacionado algunas cosas… pero que Kagome le soltará así que aquella cosa que ella había movido y despertado era un demonio… era demasiado…
Kagome tomó nuevamente el libro y, sentándose en el suelo al lado de su amiga, pasó las hojas hasta encontrar una descripción del anciano demonio que se encontraba ahora sobre su hombro.
-Mira, no sé quién habrá escrito este libro… es muy viejo y no tiene nada que me ayude a saberlo… además, creo que está escrito a mano… pero tiene excelentes dibujos de todo lo que describe su autor -trataba de explicarse Kagome. Sabía que era difícil. Pero, conociendo a su amiga, sabía que también era lo mejor- Dices que lo leíste todo… por consiguiente lo que te llamó la atención fueron las descripciones de Sesshoumaru, y de dos de los integrantes del grupo que indica la historia de la Shikon no Tama.
La muchacha la miró. Kagome sabía perfectamente de qué estaba hablando y qué era lo que ella deseaba saber, pero todo parecía una locura.
-Si no me equivoco esa descripción es exacta a ti… hasta en la extraña ropa que dice que llevaba… y tú faltabas tanto a clases… -dijo mirando el dibujo de Myoga y al demonio que estaba en el hombro de su amiga- Te llamé tantas veces en esas ocasiones… pero tu abuelo me decía que no podías atender el teléfono... ¿Era que nunca estabas, verdad?...Y el chico, tu novio…el padre de Nadesko…
Kagome la miró sonriendo, Ayumi comprendía todo aquello demasiado bien, lo único que quería era afirmar lo que en su cabeza rondaba… para asegurarse de que no estaba soñando… que no estaba loca o simplemente delirando.
-InuYasha es a quién el libro describe… y todo lo que dice es cierto -dijo tomando las manos de su amiga- Mira, Ayumi, sé que tú puedes comprender todo esto… mejor que Yuca y Eri, por eso estás conmigo en esta carrera de locos. Yo sólo quería continuar en contacto con todo aquello que tuve que aprender… sin comprenderlo en ese momento. Sesshoumaru no es ahora el cruel, malvado y frío youkai que describe el libro… es más, cuando dejé de verlo en aquella ocasión, ya había cambiado bastante… así que no tienes por qué temerle.
Ayumi recordó las veces que lo había visto hablar con Kagome… su forma de comportarse era muy diferente a cómo lo describían ciertamente… pero…
-¿Hay más youkais como él? -preguntó Ayumi, mirando descuidadamente las páginas del libro, ahora en el suelo en medio de ellas- Digo, otras razas… o lo que se supone que es InuYasha… así se llama él, ¿no?
Kagome sonrió, la curiosidad de Ayumi le estaba ganando a su miedo.
-Que yo sepa están los ookami-youkai, algunos de ellos son buenos amigos míos, están algunos hanyous, los hijos de Sesshoumaru, mi querido kitsune Shippou, Kirara que es un mononoke -se volvió a la pulga en su hombro- Anciano Myoga, ¿hay otros youkais o hanyous vivos después de todo este tiempo?
Myoga brincó hasta el libro y, sentándose en él, colocó sus brazos dentro de las mangas de su haori. Emitió una tosecilla para darse importancia, se quedó pensativo unos segundos y se dignó a contestarles.
-Bueno, quedan algunos inu-youkai de menor rango, que obedecen las ordenes de Sesshoumaru, Kouga y como 18 ookami-youkai, algunos Hyouneko, incluidos aquellos cuatro que les causaron tantos problemas, aunque viven en paz y agradecen la ayuda que se les dio para sobrevivir. Totosai vive en Hawai, cerca del volcán ese que está en perenne erupción. Hachi, el tanuki que era amigo del monje Miroku –miró a las muchachas que lo escuchaban atentamente, sonriéndose al ver la importancia que tenían sus explicaciones en ese momento- Por otra parte, están los hanyous de la isla Houraijima, Shiori… a bueno, también están vivos Soten y el pequeño dragón que tenía… ummmh… y, lamentablemente… Shyoga...
Al mencionar a la otra pulga demonio pudieron notar como un escalofrío recorrió la espalda de Myoga… el muy cobarde seguía huyendo de la vieja demonio… por eso era que había preferido permanecer con Kagome todo ese tiempo, así se consideraba seguro por el campo de energía que está solía hacer.
Kagome sonrió al ver la reacción del demonio… al parecer seguía escapando a una boda con Shyoga.
-Eso no te gusta mucho… puesto que ella debe seguir queriendo casarse contigo ¿no?- le consultó a Myoga
-Pueeees…en ocasiones… Por eso me gustaba estar contigo…-contestó la pulga.
Kagome se volvió a Ayumi, que miraba como la pulga saltaba nuevamente al hombro de su amiga.
-Sabes Ayumi, el anciano Myoga puede ser muy sabio… pero es bastante cobarde -le contaba conteniendo la risa- siempre se escapa en las situaciones más difíciles… y de su boda con otra demonio pulga, a pesar de que preparamos todo, nos engañó y se fue dejando a la novia plantada.
Aquella historia del escape de Myoga dio lugar a que ambas muchachas soltaran la risa para incomodidad del pobre Myoga.
-Malitas…se burlan de un pobre anciano perseguido por una loca -dijo con una compungida voz, provocando que ellas se rieran más.
Kagome reía tranquila al ver que Ayumi había tomado todo aquello tan bien, que hasta se burlaba de Myoga. Apostaba, eso sí, que sólo le quedaba una pregunta por hacer… su hija…
Después de un rato, ambas dejaron de reir. Ayumi miró a Kagome tranquilamente… si todos los amigos de Kagome eran como aquel demonio o el padre de su hija, no había porque temer… sobre todo porque ella no estaba en aquella otra época…
-Oye, Kagome… ¿todos ellos son así contigo? –Preguntó curiosa- Es decir, hablas con este ancianito con tanta confianza que me haces verlo tan normal…
-Sí, aunque Myoga es el más pequeño de todos los que conozco, los ookamis, cuando los veas, te parecerán normales… algunos un poco atarantados, como Ginta y Hakkaku -explicaba feliz, al ver que Ayumi no se asustaba de todo aquello- Te llevaré a conocer a Shippou, te parecerá un niño… pero verás que sabe muchas cosas al ser más viejo de lo que aparenta…También a otro pequeño grupo… son hanyous, como InuYasha, y los quiero mucho… Por cierto, Myoga ¿Qué pasó con Jaken? –cuestionó, volviéndose hacia la pulga.
-Ese sapo insoportable -refunfuño la pulga- Me parece que no has llegado a verlo cuando has ido a casa de Sesshoumaru… pues continua igual… insoportable y refunfuñon… tonto…
-Eh, Kagome… ella… digo Nadesko… -la chica no sabía como hacer la pregunta.
-Sí, Ayumi, ella también es un hanyou… es idéntica a su padre incluidas las orejas, pero gracias a un conjuro… de esta sacerdotisa… parece una niña normal… al igual que cualquier hanyou o youkai que lo utilice -le contestó- Pueden esconderse solo algunas características, como lo hace InuYasha… o parecer totalmente un humano, como lo usa Shippou.
Ayumi asintió con la cabeza, así que era por eso que no le había visto orejas al muchacho… aunque la curiosidad de vérselas era mucha… debía verse gracioso con ellas...
-Entonces, no hay nada que temer de todo esto –explicó finalmente, cerrando el libro y colocándolo sobre el escritorio- Pero creo que ese libro no debe volver a la biblioteca… yo comprendo porque estoy contigo y te conozco, pero otras personas pueden verlos como monstruos.
-Tienes razón en eso, mañana se lo llevaré a Sesshoumaru -el pensar nuevamente en el tema que tenía que conversar con el youkai borró la sonrisa de su rostro -¿Por qué todo tiene que ser tan difícil?...Todo por culpa de aquella maldita bruja… que espero esté en el infierno…
Ayumi miró a su amiga y con sólo escuchar sus palabras entendió a que se refería.
-No sabes como decirle que tiene una hija… ¿Verdad, Kagome? -la chica negó con la cabeza.
-El amo InuYasha sólo ha visto a la niña con apariencia humana…y no sabe quien es la madre… pero la niña "Uhmm, mejor no le digo que ella le dice papá" lo quiere mucho, tal vez no sea tan difícil que él entienda todo… -intervino Myoga.
Ayumi se quedó pensando en aquello. Si la niña ya lo conocía, tal vez no sería tan difícil hacérselo ver.
-Kagome, ¿Tú sabes cuando cumple… no sé cuantos años, InuYasha? –Preguntó Ayumi- Porque el decirle que tiene una hija ese día sería un maravilloso regalo… sobre todo porque ella es idéntica a él –finalizó su idea la muchacha.
-Bueno, que yo recuerde él me había dicho que era en invierno… Myoga ¿usted sabe exactamente cuándo es? –cuestionó, mirando sobre su hombro.
-Según las formas de llevar ahora el transcurso de los años… creo que falta bien poco… sería el día antes de que finalice el año occidental –dijo la pulga.
-Eso sería el 30 de diciembre… y para facilitar el asunto si tenía 16 años humanos cuando yo lo conocí, siendo un año mayor que yo –la joven calculaba el transcurso de los siglos con una sonrisa pícara en su rostro –Continuando con esa diferencia, yo cumpliré 21 en marzo… entonces el tendrá 22 para esa fecha. Creo que será la mejor forma.
Los tres ocupantes de aquella habitación se entretuvieron un rato en organizar algunas cosas para una fiesta… sólo faltaría ver si Sesshoumaru y Rin estaban de acuerdo en esa forma. Además, ahora tenían un nuevo aliado para lo que necesitaran… Ayumi.
Después de comer algo, pues habían pasado varias horas encerradas, Ayumi se marchó a su casa, dejando a una Kagome metida en sus pensamientos.
