Capitulo 10: Pesadillas

Kagome se volvió hacia el muchacho… mirando como volvía a ser el mismo que años antes reclamaba por cualquier cosa que no comprendía.

-InuYasha, los humanos celebramos cuando cumplimos años, y como el tuyo será pronto hemos decidido celebrártelo… –explicaba la chica mientras de acercaba a él- Verás, se suponía que en años humanos tú eras mayor que yo solamente uno, así que, para no complicarnos asumiendo que cumplirás más de setecientos años, lo dejaremos en 22 años.

-Pero todo eso es una complicación –reclamó nuevamente el hanyou- si te pones a organizar esa cosa, y tus clases, no podrás estar conmigo.

Kagome sonrió, comprendiendo por qué rumbo iban las preocupaciones del medio demonio.

-¡Oh! Por eso no hay problema, todos ayudaremos en algo –contestó mientras le acariciaba las mejillas- Verás, Ayumi y yo ya adelantamos algunas cosas -se detuvo al ver la cara de extrañeza- Sí, no te preocupes, ya ella sabe todo, por eso quería hablar conmigo ayer. Encontró un libro, que Sesshoumaru te puede mostrar después, en que contaban toda la historia de nuestra búsqueda y lucha, e incluso describían a algunos demonios, incluidos Sesshoumaru y Myoga, y quería que le dijera si todo era cierto o no –alzó su cabeza para mirarlo- Ahora nos ayudará siempre, no te preocupes.

-Bien, entonces será como tú digas –contestó mientras se dejaba caer en un sillón- Yo no tengo problema, pero… –viendo como Rin y Ai salían de la habitación- ¿podrían traer a Nadesko ese día? Quisiera que estuviera conmigo...

-Claro, no habrá problema –contestó Rin, mientras miraba a Kagome como diciéndole 'Te lo dije'- También le celebraremos el cumpleaños a ella, ya que cumple tres años quince días después.

El hanyou la miró nuevamente, pero esta vez su mirada demostraba cierto interés. Así que la niña cumpliría tres años a mediados del invierno… tal como ella se lo había dicho la primera vez que la trajo a casa estando él. Esa edad tendría un hijo de ellos si nada hubiera pasado… pero entonces recordó algo que le dijo Miroku, antes de fallecer hacía tantos años… y que Sango le había explicado como problemas por su enfermedad…

Flash Back

Un anciano monje yace sobre un futon, a su lado se encuentra una mujer, su cabellera castaña entrecana y sus ojos cafés contrastan con los de sus hijos, más oscuros de cabellos y ojos azules.

El kitsune lloraba en un rincón… para él implicaba perder a alguien más de su familia… nuevamente… hacía casi cincuenta años que Kagome los había dejado.

InuYasha se acercó a una seña de Miroku. Este, con dificultad, trataba de hablarle a su viejo amigo… y al hanyou le dolía perderlo… pero los humanos eran así, su vida duraba menos que la de los demonios o hanyous…

-InuYasha… tienes que seguir vivo –hablaba trabajosamente- Tienes que vivir hasta llegar al tiempo de la señorita Kagome… allá encontrarás algo muy importante para ti… además de ella.

El hanyou se inclinó más sobre su amigo, tratando de ser sólo él quien escuchara lo que tuviera que decirle.

-¿A qué te refieres, Miroku? –preguntó cerca del oído del monje para que los demás no escucharan.

-Aquello que te dijo Kikyo… era cierto… tú ibas a ser padre –respiró trabajosamente- Que Kagome… me per-perdo-ne… por una pro-mesa… no decirte… nada… Inu…Yasha...

-Pero que dices… Miroku… Miroku… –trató de que le explicará algo más, pero ya su viejo amigo no podía contestarle.

Sango se acercó lentamente a él, y de sus ojos empezaron a salir lágrimas… aquel monje pervertido que había sido su compañero de aventuras y luchas, para luego convertirse en el padre de sus hijos, había partido de este mundo… Una pérdida más para todos… y pronto ella también los dejaría.

-Sango… Miroku me dijo que aquella maldita miko no había mentido con respecto a que yo iba a ser padre… ¿Es eso cierto? –preguntó ansiosamente a la antigua exterminadora.

Sango lo miró… después de casi cincuenta años, su amigo se veía igual, mientras que ellos estaban llegando al término de sus vidas… y seguía siempre pensando en aquella joven del futuro que tanto amaba y que había perdido… junto con su hijo… y ahora Miroku había roto su promesa antes de morir.

-Yo no puedo decirte nada, InuYasha. Nosotros la vimos partir… pero siempre esperamos que volviera –le contestó- Tal vez él te dijo eso para que luches por seguir vivo y encontrarla en su tiempo, entonces sólo confía en lo que te diga tu corazón.

Tiempo después ella también los dejó, quedando del grupo solo él y aquel atarantado kitsune… después empezaron las luchas para exterminarlos y fue cuando apareció Sesshoumaru, junto con Rin, que era ahora su compañera, y aquél odioso sapo. Sólo dijo que debía cumplir algo que le habían pedido… cuidarlo y mantenerlo vivo… y eso haría, a pesar de tener un grandísimo baka por hermano.

Fin del Flash Back

Kagome miraba como el hanyou se había quedado pensativo. Seguiría pensando en su hija… sin saber que lo era.

-¿Sucede algo, InuYasha? –Preguntó, tratando de sacarlo de su ensimismamiento- ¿En qué estás pensando?

-Eh… –contestó volviendo a la realidad- Recordaba cuando Miroku murió… en algo que me dijo, respecto a una promesa...

La chica lo miró… ¿Había sido Miroku capaz de romper su promesa antes de morir?… Bueno, sí lo hizo, ya no importaba...

-¡Cuánto me gustaría que ellos estuvieran con nosotros! –Exclamó mientras sus ojos se llenaban de lágrimas- Sufrí mucho con no haberlos vuelto a ver… pero el dolor y el miedo pudieron más conmigo que los deseos de volver al pasado.

Lentas lágrimas empezaron a rodar por las mejillas de Kagome, mientras InuYasha la atraía lentamente hacia sí.

-Tranquila, ellos comprendieron los motivos que tuviste para no volver… aunque yo no los sé –con suavidad iba limpiando las lágrimas del rostro de la joven- Cualquier cosa que haya sido, yo comprenderé como ellos lo hicieron… Siempre te recordaron… hasta sus últimos momentos, igual que todos aquellos que te conocieron y cambiaron gracias a ti y tu maravillosa forma de ser.

En ese momento, un suave toque de la puerta y el que esta se abriera, para dar paso a Rin.

-Los estamos esperando para cenar –dijo suavemente- Ya es un poco tarde para los niños, y además… ellos quieren ver a Kagome.

Después de la cena, se entretuvieron escuchando las historias que contaban los hanyous sobre las diversas escuelas en las que habían estado, antes de que Sesshoumaru decidiera que mejor estudiaban en casa… era muy complicado estar haciendo papeles para asentar la supuesta edad de cada uno de ellos.

Un lejano reloj dio la hora, haciendo que Kagome se levantara… no pensó que fuera tan tarde…

-Por Kami, son casi las diez de la noche -se sorprendió, tras mirar su pequeño reloj de pulsera… para verificar la hora-, no pensé que fuera tan tarde… ¿ahora cómo me iré a casa? En Japón, el servicio de autobús se suspende a las 10 p.m., por lo cual normalmente los jóvenes permanecen en clubes y discos hasta las 6 de la mañana, cuando vuelve a funcionar…… Un taxi me cobraría demasiado y no puedo irme a pie.

-¿Te puedes quedar aquí? –preguntó Rin, mirando de reojo al hanyou, que ante su pregunta se sonreía- Puedes llamar a tu madre y decirle el problema… además, así estarás con todos nosotros más tiempo, como en el pasado.

A Shippou le brillaron los ojos, desde que Kagome había vuelto a portarse normalmente con ellos, sólo permanecía un par de horas en la casa de Sesshoumaru… primero por sus estudios y los otros meses con tal de no encontrarse con InuYasha, ahora la idea de que se quedara la noche y parte del otro día le parecía sensacional.

-Si, Kagome… por favor quédate… así será como antes, aunque sólo estemos nosotros tres del grupo… los hanyous y yo estaríamos felices –volviéndose a los mencionados- ¿Verdad que sería perfecto?

-¡SSSIIIIII! –gritaron al unísono los seis hanyous, mientras miraban como InuYasha sonreía.

-Vamos, Kagome no neechan –solicitó Asagi- quédate y así podremos seguir hablando más rato, antes de que Sesshoumaru-sama nos mande a la cama.

-Sí, en eso tiene razón Asagi –reclamó Dai- nos trata como niños pequeños y ya tengo bastantes años.

Kagome sonrió, sobre todo por aquellas palabras de Dai… ciertamente los hanyous tenían muchos años, pero los gemelos, Shion, y Asagi, no parecían tener más de catorce o quince años.

-Creo que es lo mejor –intervino Sesshoumaru finalmente- Es peligroso que te vayas sola a estas horas… sobre todo llevando en tu cuello la Shikon no Tama.

La joven finalmente accedió, y tomando el teléfono le comunicó a su madre que se quedaría allí esa noche. Claro que no estableció que toda aquella conversación de los hanyous y Shippou era algo previamente arreglado con su madre… entretenerla para que se quedara ahí.

Kagome volvió a sentarse al lado de InuYasha y duraron un rato más conversando… hasta que Ai se quedó dormida en sus piernas y se determinó que era hora que Shippou y los demás se fueran a la cama. Una vez dormidos los hanyous y el kitsune, Kagome empezó a preocuparse… sobre el lugar dónde iría a dormir, porque realmente le había empezado a preocupar el tener que quedarse con el hanyou, hasta que Rin la acompaño hasta la habitación al lado de la de éste.

Cuando ingresó a aquella, encontró una cómoda y amplia cama, la luz proviniendo de la lámpara en una mesilla, un cómodo diván cercano a la ventana… y una puerta que comunicaba ambos dormitorios.

Dejándole ropa de dormir sobre la cama, Rin le dio las buenas noches y sonriendo salió. Kagome lentamente tomó aquella ropa… mirándola atentamente.

-Acaso Rin piensa que voy a enseñarle esto a InuYasha –mientras se quitaba lentamente su ropa, susurraba para sí misma. "Esto me suena a plan premeditado… porque se dedicaron a entretenerme para que perdiera la noción del tiempo. Terribles… todos son unos tremendos entrometidos… a los que adoro… por serlo"

Abrió la ventana y se sentó en el diván para tratar de poner en claro todos su pensamientos… pues a pesar de estar tranquila al ver que todo se había ido solucionando satisfactoriamente y se podía decir que ella e InuYasha estaban como en el pasado… faltaba saber que pensaría él, realmente, y ya con la situación específica frente a él, del ocultamiento de su hija.

Suavemente el sueño la fue venciendo… 'encontrándose de pronto en el Sengoku… Kikyo frente a ella, con su fría sonrisa jugando malévolamente en sus labios.

-Si no te vas, te juró que me lo llevaré al infierno- dijo sin demostrar ninguna compasión ante su evidente desmoronamiento moral- y tú te darás cuenta… enviaré una de mis Shini-dama-chuu para que te avise… y luego nunca lo volverás a ver.'

La chica se removía inquieta, pequeñas gotas de sudor rodaban por su frente. Del otro lado de la puerta InuYasha escuchaba su respiración inquieta y sus los movimientos nerviosos, sin atreverse a averiguar que le sucedía.

'Frente a la ventana abierta miraba pasar aquella serpiente luminiscente, presagiando la llegada de su dueña… InuYasha se encontraba con su hija ante el Goshimboku… Corría… tan rápido como el miedo le permitía, tenia que llegar a tiempo… Ella no podía permitir que Kikyo lograra su cometido.

Recordó que él había llevado a la niña consigo… Por Kami, tenía que lograrlo, sino… los perdería a ambos… miró el árbol… y allí estaban… envueltos en las malditas serpientes… un gritó salió de su garganta.'

-NOOOO…INUYASHAAAA…INUYASHAAAA- gritaba sin abrir los ojos.

Las dos puertas de la habitación se abrieron a la vez, dando paso a ambos hermanos… Sesshoumaru seguido por Rin. InuYasha se acercó hasta donde se encontraba Kagome y tomándola en sus brazos trataba de que se despertara.

-Kagome… Kagome… despierta –decía suavemente mientras acariciaba las mejillas de la muchacha- Es sólo una pesadilla… no va ha pasar nada malo… ella ya no está aquí para hacernos daño.

La joven abrió los ojos y con el temor reflejado en sus ojos chocolate se abrazó al hanyou, mientras daba, entrecortadamente, explicaciones sobre su pesadilla.

-Ella… ella dijo que te llevaría… te llevaría al infierno… si yo… si yo volvía –dando el verdadero motivo de no haber vuelto al Sengoku luego del nacimiento de su hija- Nunca… nunca hubiera permitido que te pasara algo… malo… a ninguno de los dos… por eso nunca volví.

Sesshoumaru miró a Rin, que escuchaba boquiabierta aquella explicación de la joven… la que nunca les había dicho a ellos, antes de mirar a la pareja sentada en el diván.

-Así que ese fue el verdadero motivo para no volver nunca –dijo mirándola, recordando a su vez la petición que le había hecho de que lo cuidara- Por eso me pediste que lo cuidara… a pesar de saber que no nos llevábamos bien… pero cumplí mi cometido.

Kagome los miró a través de las lágrimas, sin alejarse de InuYasha… de alguna forma, él había logrado que recordara la amenaza de la miko de barro… y traer a su mente el verdadero motivo de su ausencia… proteger a InuYasha.

-Sí, pero creo que el temor había logrado que lo olvidara –explicaba ya más tranquila, todo había sido sólo una pesadilla y los dos seres que llenaban su corazón estaban con ella- Antes de que llegaran Miroku, Sango y Shippou al pozo… ella se presentó y sabiendo que yo haría cualquier cosa para que InuYasha continuara vivo… me amenazó con llevárselo al infierno con ella, y eso era algo que nunca hubiera permitido… lo prefería vivo… aunque estuviera con ella.

InuYasha sonrío, así que, como siempre, todo fue para protegerlo a él…"Kagome, prefirió que yo continuara vivo aunque ella sufriera… pero ella dijo que no iba a permitir que nos pasara algo a ninguno de los dos… pero… ¿por quién más se preocupaba?"

-Kagome…-la chica le miró a la cara, notando inquietud en ella- dijiste que no permitirías que nos pasará nada a ninguno de los dos… ¿a quién más te referías?

Sesshoumaru la miró, al parecer la explicación sobre su hija iba a tener que adelantarse, así que, disimuladamente, él y Rin salieron de la habitación.

Así que la pareja hubo salido, y las orejas del hanyou detectaron que se habían alejado lo suficiente, volvió a insistir en su pregunta.

-Ya van dos veces que mencionas a otra persona aparte de mí –explicaba sus dudas- Miroku me dijo que yo tenía que vivir porque había algo importante para mí, en este tiempo, aparte de ti, pero que una promesa no les permitía decir nada –se quedó pensativo un momento, Sesshoumaru también había mencionado una promesa, sería acaso que los unía a todos.

Kagome lo miraba fijamente, al parecer InuYasha había ido atando cabos de todas las cuestiones en las que su hijo se veía implicado, tanto del pasado como del presente. Si seguía cuestionándola no tendría más que aclararle todo antes de lo planeado.

-Sólo… ¿dime sí hay alguien más que sea importante para mí?- consultó con temor de recibir una respuesta negativa… con todo aquello que había logrado ir uniendo, más la pregunta que le había hecho Ai, tenía la esperanza de tener un hijo- Nosotros estuvimos juntos varias veces antes de que todo aquel malentendido pasara… y tu pudiste haber estado esperando un cachorro… y la niña me dice papá- finalizó notándose la esperanza de que aquella niña humana fuera su hija

Kagome sonrió al notar aquel deje en la voz de InuYasha al referirse a la pequeña Nadesko que él conocía… sin saber que era un hanyou igual a él.

-Te gustaría que Nadesko fuera tu hija… aunque fuera humana totalmente – hablaba, mirando como la lluvia empezaba a caer, dejando entrar el aire frío a través de la ventana.

Al no recibir respuesta del hanyou se levantó y permaneció mirando la lluvia a través de la ventana abierta.