Capítulo 11: Los recuerdos que trae la lluvia

Miró de reojo al hanyou que permanecía sentado en el diván, sumido en sus pensamientos, mientras los de ella volaban al momento que siempre la hacía recordar la lluvia; uno sucedido bajo circunstancias que ninguno de los dos pudo prever y del cual ella; a pesar de todo lo sucedido no se había arrepentido nunca.

Flash Back

Estaban calados hasta los huesos y no era precisamente el mejor momento para que el infeliz de Naraku les enviara a un monstruo… el frío no la dejaba tomar bien el arco… y el agua escurría de su flequillo impidiéndole mirar bien… no valía nada que sus flechas fueran ahora más poderosas si el clima no le ayudaba.

-Maldición, Kagome- escuchó el grito de InuYasha- dispara al momento que haga el Bakuryuuha- ordenó.

"Bien, sólo deberé sentir la fuerza de la espada para dirigirme hacia el monstruo" – pensó mientras tensaba el arco. Escuchó la voz del hanyou al momento de su ataque y disparó… se oyó la explosión del horrible ente y salió despedida contra los árboles a su espalda.

Un rato después despertó, InuYasha la llevaba cargada, no como normalmente lo hacía sino fuertemente apretada contra su pecho, pero parecía que se hallaban solos. Le dolía la cabeza y sentía que todo le daba vueltas.

-Inu… InuYasha…- llamó al hanyou.

-Despertaste – exclamó sin poder disimular la preocupación en su voz.

-Me duele la cabeza… y tengo mucho frío- contestó, su voz sonaba débil, lo que aumentó la preocupación del muchacho.

-Aguanta un poco, pronto encontraremos donde refugiarnos – contestó tratando de aparentar una tranquilidad que no siente- "Demonios, que no te suceda nada… no ahora que ya sé que a quien amo es a ti… si te pasa algo, no me lo perdonaría" – y con cuidado la estrechó más fuertemente contra sí.

Después de correr un poco a través del bosque, encontró una pequeña choza, un tanto destartalada pero al menos servía para cubrirse de la lluvia.

La puerta cedió a su empuje, y colocando suavemente a Kagome en el suelo, buscó algo con qué hacer fuego, ambos estaban empapados, por consiguiente ni su haori ni el gi servían para cubrir a la chica… pero no podía quedarse con aquella ropa empapada.

La miró y descubrió que ella llevaba a su espalda su pequeña mochila, donde normalmente llevaba medicinas y su saco de dormir. La tomó con cuidado y buscó en ella, sacando el futon y un encendedor.

-Bien, por lo menos podré hacer fuego…–dijo mientras se acercaba a la chica –Será mejor que te quites esa ropa mojada y te acuestes en tu futon… ahí estarás caliente

Así que hubo encendido una fogata, se quitó el haori y el gi, y colocándolos cerca, procuró que se secaran. Luego tomó vendas y algunas banditas y acercándose a Kagome, se encontró con que la chica permanecía aún con las ropas mojadas.

-Si serás terca –dijo mientras limpiaba la herida de la frente y con suavidad colocaba un par de venditas en ella- Te enfermarás si sigues con esa ropa mojada… y al parecer no parara de llover en mucho tiempo, así que no podemos contar con que los muchachos nos encuentren- tomó el futon y lo extendió- Anda Kagome, quítate esa ropa mojada y métete ahí… yo prometo que no veré.

Se levantó y colocándose de espaldas a ella trataba de entrar en calor, escuchaba como la joven se movía al despojarse de sus ropas y meterse dentro del saco. Cierto que había prometido no verla… aunque no era la primera ocasión que la tenía desnuda cerca de sí… cuando quedaron atrapados por aquel extraño ermitaño… y algunas veces cuando se bañaba… pero ahora era diferente: lo que más deseaba era estar a su lado… pero por más que le hubiese dicho a ella que la amaba no estaba seguro de que ella deseara estar con él… e incluso tener sus cachorros… De pronto, el escuchar su nombre lo sacó de sus pensamientos.

-InuYasha… -escuchó la voz de la chica detrás de él- eres un grandísimo tonto, mira que te estás congelando.

Ciertamente el hanyou tiritaba… aunque estuviese frente al fuego, y había procurado sacudirse la mayor parte del agua Recuerden que en ocasiones se sacude como un perrito… los comportamientos de perro que le ponen es algo verdaderamente chistoso, sobre todo cuando Kagome le lanza un palo y corre a recogerlo…JAJAJAJA, su cabello aún se encontraba lo bastante húmedo impedir que se calentase. Se volvió a mirarla, para encontrarse con la chica envuelta en el saco, detrás de él, su mirada chocolate reflejando preocupación, mientras dirigía una mano a su mejilla y con la otra sostenía el futon a su alrededor.

InuYasha se quedó mirándola fijamente, para después atraerla suavemente hacia él, sorprendiendo a la joven. Él no era precisamente el ser más cariñoso y amable… así que sus actos no eran lo esperado por ella, ya que comenzó a besarla suavemente… como si temiera lastimarla o que ella lo rechazara.

-¿InuYasha?- preguntó en medio de los besos. No le importaba lo que le pidiera… ella estaba dispuesta a ser suya… a permanecer siempre con él.

El medio demonio se separó, sus dorados ojos brillaban al mirarla. Con su garra acaricio la mejilla y, acercándose a su oído, le susurró:

-Solo quiero prometerte que siempre estaré contigo… que no habrá nadie que nos separe- beso el lóbulo de la oreja y fue bajando lentamente por el cuello- Tú serás siempre mía y permaneceremos juntos… siéndote leal, valorando lo que tú haces por mí, cuidando de ti y de nuestra descendencia. Con devoción, para darte ánimo, fidelidad, para protegerte más allá de mis fuerzas, para honrarte como mi compañera, para quererte más allá de los tiempos, Inspirar, Mantener, para crecer a tu lado, para animarte, para valorar siempre tu compañía, darte mi respeto y mi apoyo, para atesorarte como lo más valioso, para ser tuyo por siempre, Amor.

Kagome no sabía como reaccionar a aquellas promesas… eran lo que siempre había deseado escuchar del muchacho desde que se dio cuenta que lo amaba… pero siempre había estado ella en medio… y ese temor en su corazón no desaparecía aún.

InuYasha le levantó la cara para mirarla a los ojos… viendo atisbos de duda en ellos. No era que lo amase menos… era que él la había hecho sufrir mucho a causa de Kikyo… pero ahora la quería suya… marcarla como su compañera… sólo a ella.

-Kagome… ¿quieres ser… mi… compañera?... -preguntó mirándola fijamente, mientras delineaba su cara con una mano- Me dejarías marcarte como tal… así nadie más podría decir que eres su mujer- Eso era una clara alusión a Kouga y su eterna manía de llamarla así.

La joven sonrió y como toda respuesta se acercó más a él, pasando sus brazos detrás del cuello del muchacho.

-Te amo, InuYasha- y buscando los labios del hanyou le dio un beso que expresaba sus sentimientos… amor… deseo… pasión… entrega.

Lentamente se fueron acostando en el piso. Al haber ella soltado el futon este se abrió… dejándola a la vista del hanyou, libre de cualquier impedimento para acariciar su cuerpo, bajando con lentitud por su cuello hasta los pechos de ella… acariciándolos y escuchando como Kagome empezaba a gemir bajo aquel contacto.

Kagome movió sus manos en la espalda del hanyou… sintiendo bajo sus dedos el estremecimiento del muchacho… ¡por Kami! ¡Si esa situación no era correcta, ya no importaba!… sólo quería estar ahí, sintiendo las manos de InuYasha recorrer su cuerpo, haciendo que se le escaparan gemidos de placer.

Bajó de su cuello hacia sus pechos, lamiéndolos, mordiendo, dejando sentir el roce de sus colmillos en ella… mientras sentía como ella bajaba sus manos a través de su espalda, escuchaba sus gemidos mezclados con su nombre, como la respiración de la joven se volvía jadeante y las caricias que le daba en su cabeza y hombros, buscando sentir su piel. Kagome levantó sus manos hasta encontrar las orejas del hanyou y acariciándolas suavemente logró hacer que éste gruñera de satisfacción. InuYasha se elevó para mirar su cara… sus ojos brillando… sus labios ligeramente abiertos, su respiración agitada.

Observó como ella se agitaba cuando acariciaba su pecho y en ese momento fue conciente de lo que estaban haciendo, fue conciente de lo hermosa y maravillosa que era... tanto así que mentalmente admitió que nunca imaginó amar tanto a una mujer y también nunca imaginó encontrar una tan especial y maravillosa como lo era ella; que lo aceptaba tal cual él era.

La joven miró aquellos ojos dorados… la habían cautivado desde que lo había conocido… reflejaban amor…pasión…Lentamente acarició el pecho del joven… bajando hasta su abdomen hasta alcanzar la cinturilla del hakama. Una pícara sonrisa se dibujó en su rostro y, llevando sus manos hasta el nudo que la ataba, soltándolo y empujándolo hacia abajo con ayuda de sus piernas, se deshizo de la prenda que aún cubría al muchacho... El hanyou dio un respingo… no se esperaba aquella reacción de la muchacha bajo suyo… más aún cuando ella tomó su miembro entre sus manos… no pudo impedir que un gemido saliera de su garganta… aquello lo empezaba a volver loco… y si ella no se detenía, él ya no sería capaz de hacerlo.

-Ka…go…me… –logró exhalar el nombre de la chica, mientras tomaba aire, para luego volverse a apoderar de los labios de la misma y empezar nuevamente el recorrido hasta los pechos de la misma, pero aún así se detuvo, volviendo a mirar a la chica bajo él- ¿Estás segura de querer esto? Yo no soy más que…

Un dedo de la joven en su boca le indicó que callara, una sonrisa en rostro dándole confianza al joven, mientras que su mano acariciaba el rostro de aquel a quien amaba.

-Eres a quien yo amo- depositó un suave beso en los labios del hanyou- Así como eres… un hanyou, mi InuYasha.

Aquellas palabras bastaron para que las dudas de InuYasha se desvanecieran completamente. Ella lo amaba por lo que era, tal como lo había conocido sin pedirle que cambiara en lo absoluto, amaba al youkai y al humano que se unían en él como uno, lo amaba por ser él simplemente.

Una sonrisa se extendió por la boca del joven, bajando hasta encontrarse con los labios de Kagome, comenzando un beso que podría definirse como salvaje, para luego ir bajando por el cuello de la chica hasta llegar a sus senos, lamer y mordisquear levemente aquellos, para continuar hasta el vientre de la chica.

Deseaba seguir descubriendo su cuerpo, pero a esa altura el aroma de excitación proveniente de ella le hicieron despertar sus instintos más básicos, el quería marcarla, hacerla suya, ya luego tendría tiempo de recorrer tranquilamente el hermoso cuerpo de la chica que se le entregaba con un amor que él nunca imagina que alguien pudiera sentir por un ser

-Hazlo- fue todo lo que ella dijo, antes de atrapar nuevamente la boca del hanyou, quien lentamente la fue penetrando, escuchando los gemidos de dolor mientras dejaban atrás la virginidad de la chica.

Kagome cerró los ojos al notar la manera en la que él la empujaba, y, con intenso placer y casi sin aliento, notó que la penetraba lentamente…Tan lentamente que no pudo controlar el temblor de su cuerpo… Tanta dulzura... tanto amor... creía que iba a explotar algo dentro de ella, y cuando de sus labios salieron gemidos de dolor, él los había acallado suavemente con sus besos.

Una vez dentro de ella, el empezar a sentir las contracciones de los músculos de Kagome, hizo que su parte salvaje aflorará más fuertemente, empezando a embestirla con más fuerza y repetidas veces, mientras sentía como ella llegaba al punto más alto de su excitación, sintiendo como hundía sus uñas en su espalda. Un gruñido se escapó de sus labios y con suavidad se dirigió al hombro derecho de la joven, para cuando en el momento del clímax, clavar sus colmillos en la base del cuello dejando dos pequeñas marcas que la identificaban como su hembra.

Sus cuerpos temblaban, sintiendo como la culminación de aquel acto de amor se desplazaba por todo su cuerpo, creando sensaciones que no creían pudieran existir. Una vez que sus cuerpos se fueron tranquilizando, el hanyou abrazo a Kagome y acercándose a su oído.

-Eres mía- la sonrisa apareció en el cansado rostro de la joven al escuchar aquellas palabras- Eres mía ahora y nada ni nadie nos podrá separar.

Fin del Flash Back

Aquellas últimas palabras de su recuerdo despertaron otros sentimientos en la joven y dándose media vuelta miró duramente al hanyou que habiendo percibido aquel cambio en la joven se volvió a mirarla.

-¿Sucede algo Kagome?- consultó mirando como los ojos de la muchacha irradiaban ira.

-Tú…tú no cumpliste tus promesas- su voz endurecida por la furia dentro de sí- Nunca le había puesto realmente atención a estos recuerdos, pero hoy , ahora, acabo de darme cuenta que no pudiste pasar una semana sin buscarla a ella así que vencimos a Naraku. – Lentamente iba cerrando sus puños ante la mirada inquieta del hanyou- Sólo me ausente una semana y…y cuando regrese ya estabas bajo su conjuro.

Su aura brillaba claramente a los ojos de InuYasha, que en ese momento no acertaba a explicarse aquel cambio en la muchacha, pero la observaba tratando de entenderla.

-Yo luche a tu lado poniéndome en peligro- continúo alzando la voz, sin cuidarse si los demás habitantes de la casa la escuchaban o no- Ella pudo haber muerto y tú… tu tenías que buscar a alguien que no hizo nada por ayudarnos ya que según ella estaba muy débil- La cara del joven demostraba que no comprendía, si decía que ella pudo haber muerto y luego hablaba de las acciones de Kikyo, a quién se refería- La muy maldita lo estaba planeando todo, guardando sus fuerzas para el conjuro y TU…OSUWARI… OSUWARI

Aquella doble referencia al conjuro que lo unía al rosario que llevaba en su cuello lo hizo caer con fuerza al suelo, dando gracias a Kami que era de madera… por un breve momento.

Kagome se acercó a donde yacía el medio demonio atado por su conjuro, su aura totalmente roja de furia tanto así que Sesshoumaru lo sintió desde donde se encontraba bastante alejado de aquella habitación, así como había logrado escuchar el conjuro contra su hermano a pesar de que la casa estaba construida con los mejores aislantes de ruidos.

- OSUWARI… OSUWARI, OSUWARI, OSUWARI, OSUWARI, OSUWARI, OSUWARI- gritó Kagome, fuera de sí a causa de la furia- DIJISTE QUE NADA NI NADIE NOS SEPARARIA Y DEJASTE QUE ELLA LO HICIERA- corrió hacia la puerta, abriéndola para lanzarse por el pasillo- OSUWARI, OSUWARI, OSUWARI.

Una vez fuera corrió hasta refugiarse en un sillón en el salón, ovillándose en él buscando protegerse del dolor que por primera vez aquellos recuerdos habían hecho aparecer en ella.

-InuYasha no cumplió sus promesas- susurraba para sí, mientras las lágrimas recorrían sus mejillas.

De pronto sintió una fina mano sobre su hombro. Era Rin, quien había escuchado los últimos osuwaris que le diera a InuYasha y como corría buscando refugio en el salón. Junto con Sesshoumaru habían ido hasta la habitación en que ella se encontraba momentos antes encontrándose con el hanyou con muy pocas posibilidades de moverse de su sitio por lo menos en tres horas, por lo cual ella había ido tras la joven para averiguar el motivo de aquella reacción contraria a lo que ellos se habían imaginado.

Sesshoumaru veía a su hermano pegado al piso de la habitación, literalmente, moviendo negativamente la cabeza mientras se preguntaba qué pudo haber motivado aquella reacción de la joven, esperando que Rin fuera capaz de averiguarlo.

-Vaya otouto, parece que por la situación en que te encuentras sigues siendo un grandísimo baka cuando de comprender a Kagome se refiere- una sonrisa se dibujo en sus labios- Pensamos que sucedería otra cosa y mira como te encuentras ahora. Esperemos que Rin pueda saber que sucedió.

InuYasha lo miro deseando poder matarlo, pero lo que más atenazaba su cerebro era el deseo de saber a quién se refería Kagome cuando la mencionaba a "ELLA". Volvió la vista a su hermano y con dificultad preguntó.

-Si tú sabes quién es "ELLA"- notando como por primera vez la vista engañaba a su hermano, demostrando claramente saber la respuesta de aquello- ¿Me podrías decir quién demonios es?

Mientras en el salón casi en penumbras; Rin abrazaba a la joven de negros cabellos tratando de consolarla y de paso saber que había sucedido.

-Kagome, ¿puedes decirme que pasó? –Recordaba como InuYasha no podía ni siquiera moverse del piso- Pensábamos que hablarían de Nadesko.

Kagome negó con la cabeza, mientras pensaba que debía hablar con Rin respecto a aquellas promesas que según ella el hanyou había roto cuando fue a buscar a Kikyo hallándose ella ausente.

-El prometió que me sería fiel- comenzó a explicar entre sollozos ahogados- que nada ni nadie nos separaría, que cuidaría de mí y Nadesko y...mintió...me mintió en todo momento- tomó aire tratando de calmarse- Ella lo logró, como siempre me dijo, nos separó y él nunca – miró hacia la planta alta sintiendo el lugar donde se encontraba el hanyou- ¡INUYASHA NO BAKA! ¡OSUWARI! –gritó antes de volver a esconder su rostro en sus manos.

Sesshoumaru observaba como su hermano había logrado separar aproximadamente dos centímetros su cara del piso cuando escuchó aquel nuevo osuwari proveniente de la planta baja, viendo como InuYasha se estampaba nuevamente en la madera con una fuerza increíble dada la pequeña distancia que lo separaba del mismo.

-Si ella sigue así no creo que llegues a celebrar tu próximo cumpleaños- una sonrisa sarcástica se dibujo en su rostro- o a saber quién es "ELLA", y eso verdaderamente te importa más de lo que tú crees, así que sea lo que sea haya sucedido es mejor que le pidas perdón a Kagome, llegues a saberlo o no.

Dadas las circunstancias, el hanyou no pudo ni siquiera mirarlo, pero pensó que en cierta forma su hermano tenía razón, aunque él nunca llegará a admitirlo.

Rin escuchó pacientemente el conjuro, y le vino a la mente una salida para aquel conflicto que se les venía encima.

-¿Por qué no usaste ese conjuro el día en sucedió lo que dio lugar a toda esta tragedia?- preguntó mientras acariciaba la oscura cabellera de la chica- Me parece que hubiera sido una buena forma de diferenciar quién era quién, ya que ella no podía usar un osuwari contra InuYasha a pesar de tener tu apariencia.

Kagome se quedó quieta, sin emitir un sólo ruido, dándole vuelta en su cabeza a aquellas palabras de Rin, la cual al notar que ella había dejado de llorar decidió continuar.

-Las promesas que te hizo InuYasha son las mismas que realizó Sesshoumaru- se sonrió y si Kagome la estuviera viendo notaría el ligero rubor que había cubierto las mejillas de Rin- y aunque tú digas que él no las cumplió, yo pienso que sí lo hizo pues como ves el siempre realizó todas sus acciones con la idea de llegar a encontrarte en este tiempo- guardo silencio un momento para ver la reacción a sus palabras- Es cierto que cuando tú viniste a tu época él fue a ver a Kikyo, lo hizo primero en compañía del monje y la taijiya con el fin de que tú no te molestaras y fue en un pequeño descuido de ellos que la sacerdotisa realizó su conjuro, pero fue eso mismo lo que los salvó a ellos de caer en el mismo a la vez, como al parecer eran sus deseos.

Una vez libre del conjuro él guardó cada una de sus promesas, a pesar de los deseos de morir que lo atacaban cuando se sentía sólo o cuando tus amigos fallecieron, pero gracias a tu súplica a Sesshoumaru y al conjuro que les enseñaste a los hanyous todos salimos bien librados de persecuciones, aquellos a los que tú querías fueron salvados gracias a esas promesas, pues el los cuidaba pensando en que así tú lo hubieses querido.

Kagome hacia mucho había levantado la cabeza y escuchaba atentamente a Rin, dándose cuenta que por muy útil que fuera el conjuro para tomar una forma humana ni Shippou ni los hanyous hubieran sobrevivido sin que los cuidara InuYasha, y era posiblemente por eso que los mismos lo defendían ahora.

-Tal vez debería dejar que él me explicase algunas cosas- le comentó a Rin mientras se ponía de pie- y tienes razón, si yo hubiese usado un osuwari en ese momento tal vez hubiese logrado algo, pero no es posible saberlo ahora.

Rin miró como lentamente subía la escalinata, mientras caminaba tras ella encontró que Sesshoumaru caminaba a su encuentro deteniéndose a decirle algunas palabras antes de bajar a donde ella se encontraba.

-¿Qué le dijiste?- preguntó al taiyoukai cuando lo tuvo a su lado.

-Que él necesita saber de una vez a quién se refiere cuando menciona la palabra "ELLA"- contestó mientras la abrazaba por los hombros- y tú ¿qué averiguaste?

-Pues que Kagome piensa que InuYasha rompió las promesas que le hizo- lanzó un largo suspiro- Creo que es hora de que InuYasha le explique que pasó en los meses que estuvo con Kikyo pues creo que de ahí viene el rencor que le guarda su compañera.

-Nosotros sabemos, no sólo por el sino por los demás que nada pasó, pero la cabeza de las mujeres es muy diferente- miró de reojo a Rin- sobre todo al de una chica que en ese momento estaba quinientos años fuera de su tiempo- comenzó a subir la escalinata- Ahora vamos a descansar, mañana nos daremos cuenta de qué sucedió y si esto seguirá para bien de todos.

Kagome llegó a la habitación, miró el reloj que se encontraba en la mesilla.

-Las dos de la mañana- volvio su vista al hanyou que trabajosamente levantó la cabeza para mirarlo- Creo que esta será una larga noche, InuYasha.

Caminó hasta encontrarse frente al molesto hanyou, se hincó ante él y con suavidad colocó su cabeza en sus piernas. Miró la cara del mismo y notó como una sonrisa se curvaba en sus labios.

-Creo que tenemos mucho de que hablar, Kagome- su voz seria pero suave a la vez, dio lugar a una sonrisa en el rostro de la muchacha- y perdóname por lo que sea que haya hecho y te molestará.

Como toda respuesta Kagome acarició las orejas del hanyou, que cerró los ojos ante aquel añorado gesto de cariño por parte de la joven.

-Esperemos a que te puedas levantar de ahí- replicó Kagome- Y perdóname por darte tantos – cayó un momento recordando el efecto de la palabra- por conjurar tantas veces el rosario- se corrigió. No quería que InuYasha quedara nuevamente clavado al piso.