Capítulo 12: Explicaciones
Larga, realmente larga resultó aquella noche, no sólo porque el transcurrir del tiempo pareció haberse desacelerado, sino porque lentamente fueron abriendo sus corazones y todo aquello que en ellos guardaban.
Una vez que el hanyou se pudo levantar del piso, miró los castaños ojos de la joven que no se había separado de él en las horas que duró el efecto de los osuwaris que le había dado en medio de aquella furia que la afectó, cuya razón deseaba él conocer.
Suavemente envolvió en un abrazo a la joven, sintiendo como las mejillas de ella se iban cubriendo lentamente de lágrimas. Acarició la larga melena azabache, tratando de calmar el llanto silencioso de la persona que más amaba en el mundo.
-Perdóname Kagome- con su mano trató de limpiar el rostro de la joven- He sido siempre un grandísimo tonto que lo único que ha hecho es hacerte sufrir. Nunca debí acercarme a Kikyo mientras tú no estabas conmigo, ni permitir que Miroku, quién me acompañó, me dejará solo- se sonrió tristemente- aunque viéndolo bien eso lo salvó de caer en el embrujo de Kikyo.
Sintió como la chica trataba de asirse a su camisa, como en el pasado lo hacía del haori cuando tenía miedo o se sentía triste, y fue en ese instante cuando se dio cuenta de lo poco cubierta que esta estaba, pues Rin le había dado un pequeño camisón de encaje para dormir.
Sin saber claramente lo que hacía se despojo de la camisa que vestía para terminar poniéndosela en los brazos, dándose cuenta de ello hasta que miró la sonrisa que le dirigió en medio de sus lágrimas.
-No sé que pensarían ese par que podría pasar esta noche entre nosotros para darte semejante atuendo- trató de disimular el sonrojo que cubrió sus mejillas al escrutar la vestimenta de Kagome- ¡Qué pueden saber ellos!
-Sesshoumaru conoce la existencia de mi marca- le contestó mientras se limpiaba las lágrimas que aún brillaban en sus mejillas- Y de lógica la forma en que se dio- al notar lo que había dicho sus mejillas se pusieron de un rosa fuerte. No había meditado las palabras que había dicho hasta que las escucho, y ciertamente por el tiempo transcurrido le avergonzaba un poco tratar aquel tema con el hanyou.
InuYasha sonrió más abiertamente al notar el rubor de Kagome, miró los árboles del jardín a través de la ventana abierta.
-Es una lástima que esté lloviendo, sino podríamos hablar sentados en la rama de un árbol, como lo hacíamos antes- Calló como si en ese momento hubiera comprendido la actitud de Kagome antes de volverse y gritarle que él no había cumplido sus promesas- La lluvia- susurró más para sí que para la chica- He sido un verdadero tonto. ¡Perdóname Kagome! ¡Perdóname por no comprender tu enojo! ¿Cómo no fui capaz en ese momento de ver que estaba yendo en contra de lo que te había prometido seis meses antes? Tú simplemente habías venido a visitar a un médico en esta época después de haber estado tanto tiempo enferma…
InuYasha calló de repente, comprendiendo finalmente la mayor razón para que ella hubiese escapado e incluso para que no lo perdonara aún, sin explicarse lo tonto que había sido al no darse cuenta en el transcurso de los meses anteriores a la partida de ella.
Suavemente la levantó en sus brazos, caminó hasta la cama y recostándose en el respaldar de la misma, Kagome se recostó en su pecho. InuYasha tomó suavemente sus manos y como si le doliera recordar el pasado, lentamente comenzó a hablar.
-Cuando te empezaste a enfermar temí que tuvieras que venir a tu casa para curarte, pero como Kaede dijo que todo estaba bien y pronto todo se te pasaría, cuando me dijiste que te quedarías conmigo hasta que venciéramos a Naraku, puesto que ya sabíamos como hacerlo, me tranquilice.
Suponíamos que tanto Sesshoumaru como Kikyo nos ayudarían en la batalla final, pero Kikyo nos dijo que estaba muy débil, que su energía espiritual casi había desparecido, que no contáramos con ella, realmente me decepcionó, siempre pensé que ella deseaba tanto como nosotros acabar con él, no imaginé que estuviera concentrando la energía que le quedaba para vengarse de nosotros.
Después de tu partida se puso insoportable, no me dejaba acercarme a ella, posiblemente para concentrarse en mantener tu imagen. Recuerdo que se puso furiosa al ver que su conjuro no funcionó con los demás, que incluso Kaede trató de hacerme reaccionar y ellos luego me explicaron que Sesshoumaru les había dado cabellos tuyos para que estuvieran protegidos mientras encontraba una forma de terminar aquello –guardó silencio un momento mientras trataba de hilar en su mente una parte de la historia difícil para él, pues aquellos meses los había pasado en una especie de trance del que no recordaba gran cosa –Difícilmente recuerdo cuando Sesshoumaru ingresó a la cabaña en que me encontraba, y con la ayuda de Miroku y Kaede me libró del conjuro de Kikyo. Cuando volví en mí, encontré que Kouga y los suyos la mantenían vigilada pues para ellos ella debía darme ciertas explicaciones al respecto –guardó silencio nuevamente.
Kagome levantó la vista y miró el rostro del hanyou. Este se encontraba con los ojos cerrados y su ceño levemente arrugado denotaba la concentración que debía poner para rescatar aquella parte de la historia de su mente. Soltó una de sus manos de las del muchacho y acarició sus mejillas logrando que el mismo sonriera ante aquella inesperada caricia, atrapando aquella fina y suave mano contra su mejilla para mantener su contacto.
-Sabes que siempre lograbas tranquilizarme cuando me abrazabas o hacías esto –comentó mientras que con su otro brazo abrazaba más a la chica contra sí- Ahora veamos si logro continuar, a pesar de haber recobrado el control de mí mismo no logro recordar claramente lo que sucedió. Sango y Miroku debieron de tranquilizarme pues pensé que Sesshoumaru trataba de atacarnos, indicándome que él estaba ahí para ayudarles a recuperarme. Lentamente trataron de explicarme lo sucedido, pero al indicarme que tú habías huido a consecuencia de lo hecho por Kikyo, salí a buscarla hasta el sitio donde la vigilaban los lobos con el fin de exigirle una explicación a todo, aunque ciertamente no esperaba que me la diera.
Esta vez la cara del hanyou cambió a una donde se denotaba furia, aún después de tanto tiempo el sólo hecho de recordar las explicaciones que le diera aquella mujer que él un día creyó amar, aunque algunas de sus palabras le causaran cierta vergüenza al frente de sus acompañantes.
-Bien, ella empezó diciendo que todo aquello era parte de su venganza por la traición que le había hecho, pues hacia poco más de seis meses había visto algo sumamente desagradable para ella –en ese momento las mejillas del hanyou se tiñeron de rosa- Al suponer qué era, opte por llevarla hasta una cabaña, dejando que Miroku y Kaede la sellaran con una barrera y los demás se quedaron vigilando todas las posibles vías de escape que ella pudiera tener. Una vez dentro ella continuó hablando mientras yo rogaba que nadie escuchara lo que ella decía pues no era muy agradable que supieran que ella había estado de voyerista; ni la descripción que estaba haciendo de los hechos.
Kagome lo miró sorprendida, primero porque había notado que con los años el vocabulario del medio demonio se había ampliado y ya no tendía a maldecir cada dos por tres, aunque eso fue lo primero que vino a su mente hasta que comprendió claramente qué había observado Kikyo.
-¿Qué…qué…dices? ¿Insinúas que ella nos…nos vio mientras…eeeh…bueno? –Kagome se encontraba bastante incómoda ante aquella idea, aparte que después de tanto tiempo le resultaba difícil hablar de tal tema con InuYasha como lo había sido en esos momentos; cuando se encontraba en el Sengoku, sólo tenía diecisiete años y él era un terco y obstinado hanyou.
En el semblante del joven se dibujo una sonrisa; demostraba así en parte la satisfacción que había sentido al recordar como se comportaba la chica que se sonrojaba ante el, pero que aún así le demostraba febrilmente el amor que sentía por el cada vez que estaban juntos.
Ella miró aquella sonrisa y la picardía brillando en los dorados ojos de su amado medio demonio, reconociendo perfectamente qué era la causa de los mismos. Se volvió suavemente, colocándose de medio lado para observar con más facilidad el rostro del hanyou.
-¡InuYasha! –Protestó suavemente- Deja ese tema de lado y continua, ya que todo eso sólo lo escucharé de tu parte ya que ni Sesshoumaru, Rin o Kouga me han dicho que pasó cuando despertaste del conjuro –tironeo con cuidado los cabellos que caían a los lados de su cara- Eres un pervertido.
El hanyou se sonrío y atrapando a la chica dentro de un abrazo se acercó a su oído, sus ojos brillando.
-A mí me encanta recordar esos momentos, mi amada Kagome – besó el lóbulo de la oreja – y me encanta verte sonrojarte por ello –levantó la cabeza y la miró a los ojos- Por culpa de aquella maldita bruja perdí muchos años contigo y ahora tengo que darte largas explicaciones, que bien sabes me disgustan, pero sólo así estaré seguro de que me perdonaras y me dirás claramente por qué motivo escapaste. Bien, entonces continuaré mi historia, no es agradable ¡Feh!, pero hay que hacerlo- rezongó.
Dejó descansar su barbilla en la cabeza de Kagome, mientras pasaba su mano izquierda a través del negro cabello, sintiendo la respiración de ella golpeando tranquilamente sobre su pecho desnudo. En esa situación iba a ser difícil concentrarse, pero debía hacerlo.
-Si la hubieras visto en ese momento daba miedo, su faz que nunca irradiaba ninguna emoción transmitía verdadera furia. Me dijo que después de eso entendió claramente que nunca me iría con ella, pues el sentimiento que compartía contigo era más fuerte que cualquier cosa, incluso la promesa que tenía para con ella, así que te busco – miró molestó a la joven- Tú nunca me dijiste nada ¿eh?, pero después me explicas por qué. Al no conseguir nada preparó todo aquel conjuro para manejarme y librarse de ti. Yo la veía como si fueras tú, incluso logró disminuir mis sentidos de forma que no notaba la diferencia de olor y la falta de marca en su cuello, pero puedo jurarte que nunca le puse un dedo encima, según Sango y Miroku me pasaba como dentro de una nube y al atardecer caía en un extraño sopor que me hacía dormir hasta entrada la mañana. Posiblemente era una forma de descanso para ella, pues al parecer la agotaba el tener que mantener esa especie de reflejo tuyo en ella, tanto así que en ese momento al parecer ya no le quedaba mucho tiempo de vida y esperaba que tu volvieras para hacer algo más, no supe claramente qué pues no se molestó en explicarme ya que Sesshoumaru le había indicado que tú no volverías al Sengoku. En ese momento empezó a perder las almas que le quedaban atrapadas en su cuerpo e intentó de alguna forma arrastrarme con ella, pero Sesshoumaru había permanecido cerca así que me alejó de allí, dándole oportunidad de correr fuera de la cabaña, diciéndome que así como en ese momento la odiaba a ella te llegaría a odiar a ti, ya que me habías abandonado a mi suerte, me engañaste y te quedaste con algo que me interesaba, que tú lo único que habías llegado era a intervenir en los eventos de la época, lograste que aceptara permanecer como un miserable hanyou sin querer convertirme en un humano como ella me había pedido, que una inútil como tú no merecía tener la perla consigo…y lamentablemente para ella hizo estallar mi furia cuando dijo que tú debiste haber muerto cuando te robó el trozo de perla, que allí debió terminar con tu vida pues sólo ella debía permanecer –guardó silencio un momento- Sin pensarlo realmente tomé a Tessaiga y cuando me dí cuenta el Kaze no Kizu había acabado con el cuerpo de barro dejando todas aquellas almas libres, incluidas las tuyas que aún permanecían en ella.
El silencio se dejó escuchar en la habitación. Kagome suavemente recostada al pecho del muchacho que distraídamente miraba por la ventana, mirando como el cielo empezaba poco a poco a cambiar al acercarse la hora del amanecer. Ciertamente había sido una larga noche y no podía decir que había terminado su historia, pero se sentía cansado, desvió su mirada hacia el rostro de la muchacha notando como sus ojos se cerraban lentamente, aunque ella trataba de evitarlo moviendo un poco su cabeza.
-Durmamos un poco y ya más tarde terminaremos de hablar –le dio un beso en la frente, logrando que Kagome sonriera y decidiera finalmente cerrar sus ojos- Casi amanece y descansar un par de horas es lo mejor para ambos.
Minutos después ambos dormían profundamente, su cansancio era tanto físico como emocional, pero la tranquilidad se reflejaba en sus rostros mientras descansaban y cuando empezó a amanecer los rayos del sol que se colaban por la ventana abierta iluminaron a la pareja, mientras el inu taiyoukai los observaba con una sonrisa en su rostro normalmente impasible, para después cerrar cuidadosamente la puerta y dejarlos descansar pacíficamente.
El tiempo transcurrió y el resto de personas que se encontraban en aquella mansión inició su rutina diaria, variándola únicamente cuando pasaban frente a aquella habitación, pues procuraban no hacer ruido y aunque Shippou deseaba saber qué había sucedido después de los tremendos osuwaris que InuYasha había recibido y que todos perfectamente habían escuchado decidió esperarse hasta que la pareja despertase y tratar de averiguar algo en ese momento.
Eran cerca de las nueve de la mañana cuando InuYasha despertó, una sonrisa apareció en su rostro cuando miró a la joven aún dormida sobre su pecho. Procurando no despertarla se movió hasta poder mirar el reloj que se encontraba en la mesilla al otro lado de la cama
"Hace mucho, muchísimo tiempo que no dormía tan tranquilo, sólo ella es capaz de darme esta tranquilidad, pero cómo me costó entenderlo tanto así que siempre tenía que correr peligro para darme cuenta de lo importante que era para mí. Eso fue algo que me reclamó Kikyo en aquel momento que su simple voz siempre tuvo más poder en mi que incluso aquel beso que me dio cuando Kagome me salvó de que me llevara con ella al infierno sin siquiera darme cuenta… y siempre ahí a pesar de que te lastimaba cuando la veía a ella y escondías tus lágrimas tras una sonrisa…Esa sonrisa que esperé volver a ver después de quinientos años, mi amada Kagome"
Tranquilamente, mientras Kagome seguía dormida, el hanyou comenzó a recordar el largo camino que había recorrido con aquella que poco a poco se fue colando en su corazón, curándolo y haciéndolo que se aceptase tal como era (NA: Si les suena extraño tomen en cuenta que han pasado 500 años y por Dios hasta ese terco hanyou tiene que haber madurado ¿ne?), hablando para sí mismo, suponiendo que Kagome dormiría todavía mucho rato y no escucharía sus palabras.
-Nunca quise admitir que los demás tenían razón, tu me gustabas desde antes de encontrar a Shippou, quién a pesar de ser un pequeño demonio lo notó rápidamente al igual que Miroku. No te lo dije pero cuando lloraste por mí cuando el demonio araña me tenía atrapado mi corazón se alegró ya que sólo mi madre había llorado por mí. Después de esa primera noche como humano siempre estuviste ahí para acompañarme y protegerme cada vez que volvía a esa forma la primera noche de luna nueva…incluso te enojaste cuando Mouryoumaru te atacó y te defendí en mi forma humana…nunca me hubiese perdonado si te pasaba algo –sintió a Kagome removerse en sus brazos pero al mirarla notó que continuaba dormida- Aunque mi relación con Kouga ha cambiado un poco, no puedo decir que me alegra sentir su olor cerca de ti, me recuerda cuando decía que eras su mujer y te tomaba de los brazos con tanta confianza –una sonrisa un tanto sarcástica adorno su rostro- ¿Cuántas veces me reclamó en estos años la tontería de mi indecisión y el engaño en que me dejé caer?...Claro tenía que aguantarse el hecho de que eras mi mujer, a pesar de todo tenía que aceptar que yo te amaba a ti y era el correspondido no él, ¡Feh! Tonto, tuvo que aguantarse el que tú eras mía…Claro que no por eso dejó de darme de coscorrones cuando me deprimía o se me ocurría que los humanos mejor acabaran conmigo.
Igual que Sesshoumaru con su ¡Patético!, esa era su forma de "darme apoyo"…aunque nuestra relación cambio realmente porque debía hacer lo que le pediste antes de volver a esta época con tu pequeño secreto…aunque ya creo saber qué es te demostraré que puede esperar a que tú me lo digas.
Acercó su rostro al de la joven dormida, rozó su nariz con la de ella, viendo como lentamente abría sus ojos y aquella sonrisa que tanto añoraba apareció para él mientras una mano de Kagome se elevaba para acariciar la mejilla del hanyou.
-Buenos días, pequeña dormilona –le dijo mientras atrapaba la mano de la joven contra su mejilla - ¿Dormiste bien? –miró como ella se levantaba y miraba el reloj.
-Sí, pero creo que hoy ya no iré a clases, es tardísimo –se recostó nuevamente en el pecho del hanyou- Así que me quedaré aquí escuchando como sigues dándome explicaciones mientras piensas que yo estoy dormida…y sólo tendrás que esperar hasta tu cumpleaños.
El rostro de Inuyasha se tiño de rosa al escuchar como Kagome le indicaba que había escuchado todo lo dicho por él.
