Editado: 2010

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Tú eres yo y yo soy tú

Capítulo 5

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Si tan sólo la luz del día pudiera llevarlo nuevamente a la realidad, daría su alma a Ganondorf para que no fuese así. Decidió estar en ese estado: ido y sin saber qué hacer. Su mirada era vaga y sus emociones perdidas, pero Zelda se dio cuenta de que él aún seguía vivo cuando miró un leve tic en su ojo izquierdo. Después, sintió como él apretaba sus manos entre las suyas y miraba la ventana de la habitación. Estaba claro, que la idea de arrojarse contra la ventana era una de sus primeras opciones, pero sí tan sólo tuviera el valor de hacerlo…

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¡Maldita sea!

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¡Y maldita su estúpida suerte! Se quejó mentalmente… ¡Ya no podía soportarlo! ¡Ya no! Y recordaba las palabras de la princesa ante alguna explicación que jamás en su vida pensó que le daría. M… ¿M de qué? ¿Monstruo? ¿Mortal? ¿Muerte? ¿Mala suerte? Quizás sí… ¡pero no! ¡Era M de Menstruación! Por un segundo sintió que su mundo se derrumbaba, esas palabras le hicieron temblar hasta lo más profundo de su ser y hacer que todo le atormentara causando un mar de confusiones.

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Ya no sentía el calor de la toalla húmeda sobre su piel -sobre su ahora "vientre"-… no sentía la mano de "Link" sobre la suya ó como la habitación daba vueltas y vueltas… No, solamente sentía sus mejillas totalmente sonrojadas de vergüenza, de indignación y de… bueno, de todo lo malo que le podría atormentar en ese momento. Y es que, el haber peguntando: ¿qué es menstruación? Nunca imaginó que fuera algo tan… ¿cómo decirlo? ¡Aterrador!

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Porque no sólo le bastaba con la vergüenza de vivir ahora en el cuerpo de alguien más -de una chica; de una princesa como Zelda- sí no que ahora le atormentaban con eso de qué: "Es un proceso por el cual las mujeres tenemos cada mes y bla bla bla…" Está claro que ese bla bla bla era toda la parte de la explicación que quería olvidar. Que su cerebro pensara de una buena vez… ¡Link tenía su primera menstruación! Ó… daba índicos de que la tendría.

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Cólicos.

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Mareos.

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Dolor de cabeza.

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Irritación.

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Pensamientos estúpidos.

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Total desagrado ante lo que está a su alrededor.

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Y sobre todo, el estar más sentimental de lo que alguna vez imaginó.

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Por eso contuvo las ganas de llorar, ¡rayos! ¿Ahora quería llorar? ¡Estúpida suerte! ¡No! ¡Estúpidos sentimientos! Pero se arrepintió, no… simplemente no podía decir aquello, era algo que seguramente ya iba a pasar… ¿Acaso creía que estando en el cuerpo de Zelda no habría complicaciones algunas? ¡Para nada! Si tan sólo no existiera la menstruación… ¡por favor! No es algo que fuera del otro mundo, pero vaya, estaban en una época donde ese tipo de temas se hablaban muy disimuladamente. Tan silenciosamente, que Link con sus 17 años de vida, nunca había podido saber qué era eso: hasta que le tocaba vivirlo en carne propia.

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—¡Ganondorf ven por mí! —gritó Link desde la cama mientras sentía como algo le golpeaba en su cabeza con tremenda fuerza— ¡Ouch!

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—¡Ya cálmate! ¡No es para tanto! —y Zelda se levantó de su asiento. Su rostro estaba completamente rojo, era evidente que no había sido fácil eso de explicar cierto tema para Link. Sobre todo, que sucediera en esos momentos. Desesperada, ella se golpeó levemente la cabeza con su mano derecha en señal de indignación.

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—¿Qué no es para tanto? — él frunció el ceño visiblemente— ¿Qué no es para tanto? ¡MIRA LO QUE ME ESTÁ PASANDO! — un chillido salió de su boca, tan irritante, que Zelda tuvo que optar por la opción de taparse los oídos con sus manos. Pero en lugar de calmar a Link, quien seguía diciendo no sé qué cosas, solamente cerró sus ojos y suspiró. Era común, Link estaba pasando por una etapa difícil donde cualquier chica cambiaba de humor fácilmente.

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"Cualquier chica"

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Y ese pensamiento hizo que Zelda riera divertida.

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Al menos veía el lado amable del asunto, ahora no le había tocado a ella vivir esa situación. Sí no a un desafortunado jovencito de nombre Link. Aunque claro, eso no dejaba el hecho de que era vergonzoso todo este embrollo.

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Y Zelda bendijo a los cólicos por primera vez en su vida, al escuchar como Link dejaba de hablar y se callaba de golpe al sentir un dolor por su vientre. Entonces "Link" se acercó hasta "Zelda" al momento de darle unas leves palmaditas en su espalda… pobre Link. Ahora, lamentable era su turno de sufrir ciertos efectos de un cuerpo indebido.

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—¡Haz que esto se detenga! —chilló nuevamente Link entre el dolor de aquel inesperado cólico. De nuevo Zelda sostuvo la toallita y la humedeció en el agua caliente, la exprimió un poco y volvió a colocarla sobre el vientre del chico… sobre su antiguo cuerpo.

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No hacía falta decir que el pobre chico se había rehusado, gritado, chillado e implorado a que eso siguiera. Que el dolor que le atormentaba dentro de su "nuevo" cuerpo y que le hacía la vida un infierno, desapareciera por todo el amor de las Diosas. Ni siquiera recordaba, en todas de sus múltiples batallas, el haber pasado por algún dolor tan similar o catastrófico. Realmente era horrible… ¿y qué las mujeres tenían eso cada mes? ¡Por la Triunfeza! ¿En qué maldito mundo vivían? ¿Acaso eran superheroicas para soportar esos agobiantes dolores en sus cuerpos?

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Ni idea. Pero lo que sí, es que le estaba matando por dentro, literalmente…

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Quizás pasaron algunos segundos o hasta minutos, pero el dolor del supuesto cólico desapareció como por arte de magia. La toallita ya se había enfriado, pues su labor de aminorar el dolor había sido un éxito. En forma de consuelo, "Link" le dedicó una sonrisa al mismísimo Link, quien al parecer ahora suspiraba con cansancio después de los minutos agonizantes que había sufrido. Tal vez el hombre jamás había pasado o imaginado el dolor de una mujer en esos días, pero Link ahora lo vivía en carne propia. Ni qué decir de toda la vergüenza e humillación que sentía en esos momentos.

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Pero él no era el único afectado, no… también se encontraba en la otra parte Zelda, quien estaba algo parecida en las mismas circunstancias que su amigo con respecto a la vergüenza. Es que pensar, que un chico ocupara tu cuerpo ya era suficiente. Pero el imaginar que él atravesaría en algún periodo muy personal y horroroso, era realmente aterrador. Aunque, mirándolo del lado amable y cariñoso, le era gracioso lo que sucedía. Pero vaya, todavía así se preocupaba por Link, porque aún que le pesase y no lo asimilara con bien, él seguía en su cuerpo y ella en de él. Así de simples eran las cosas: si Link sufría en su cuerpo, su sufrimiento del alma era peor.

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Pobre Link… que las Diosas le protegieran donde quieran que estuvieran.

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Después de colocar de nuevo otra toallita calientita, Link se dignó a observar con claridad a Zelda. Ambos, sonrojados y avergonzados, no dijeron nada. Pero después de algunos minutos de silencio decidieron romper el hielo por completo… Nadie, en su sano juicio, se habría imaginado pasar por una situación tan penosa como ellos se encontraban. Bien Zelda había sufrido con ese pequeño detalle de ir al baño, Link debía morirse de vergüenza y de dolor en ese momento.

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Nadie dijo que la menstruación era lo más lindo del mundo.

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—Zelda…— susurró Link ya un poco más tranquilo y con algo de temor, agarrando entre sus puños las sábanas de aquella cama en donde se encontraba postrado. La chica le miró intensamente ante su llamado de urgencia y desesperación.

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—¿Ahora qué Link? —comentó ella acomodando bien la toallita sobre el vientre del chico, quien ya estaba más rojo que un mismo tomate o el cabello de una gerudo.

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—¿Mañana me sentiré mejor?

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Aquella inocente pregunta causó que la chica le observara con tristeza y ternura. Notó entonces los ojos cristalinos de Link, los primeros síntomas ya estaban saliendo. El cambio de actitud o el que se sintiera más sentimental era algo tan normal. Aunque claro, para Link esto pasaba desapercibido, pues ni se daba cuenta cuando esos síntomas le agobiaban o pasaban por él.

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—No lo creo Link…— susurró ella causando que el pobre chico suspirara decepcionado— De hecho, pienso que aún ni siquiera esto a comenzado como crees.

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—¡¿Cómo? — gritó repentinamente levantándose casi de la cama, pero ella logró detenerle antes de que cayera o algo así— ¿Cómo que apenas está comenzado? ¿Acaso… la menstruación dura más tiempo? — al notar como ella afirmaba con su cabeza se dejó caer pesadamente sobre el respaldo de la gigantesca cama.

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—Lo siento Link. —medio sonrió Zelda un tanto apenada— En realidad, el periodo del que te hablé no ha comenzado, sí no me equivoco, te vendrá dentro de uno o dos días…

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—¿Vendrá? — y él alzó un poco su vista algo confuso.

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¿Acaso aún no tenía la menstruación? Según le había informado Zelda, era un período que pasaban las mujeres por cada mes o determinado tiempo, dependiendo el cuerpo de cada una. Y, según de lo que alcanzó a ponerle atención, se veían involucrados síntomas como cólicos, mareos, dolores de cabeza entre otras cosas que no recordaba bien.

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—Sí— le comentó ella. — Verás, mi cuerpo en muy delicado Link. — y levemente le echo una mirada al chico que se mantenía postrado impotente sobre aquella cama— De eso te habrás dado cuenta, sobre todo, por el hecho de que el color de mi piel no es normal.

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—Algo así. — le miró Link con curiosidad— ¿Qué tiene de malo que seas tan blanca? — y la chica ahogó una leve risita inocente.

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—Bueno…—Zelda se encogió algo de hombros— desde niña he sido así, pero debido a eso y porque mi cuerpo es muy vulnerable, soy fácil presa para las enfermedades y esas cosas…— suspiró— Cuando tengo mi período, mi cuerpo es aún más débil, por lo cual me debilito unos días antes de que me venga con cólicos y mareos fuertes. Entre ellos se vienen mis desmayos… La perdida de sangre que sufro es realmente mucha, he también ahí el por qué estoy más pálida que desde pequeña. Pero bueno, cuando estoy en esos días casi siempre estoy en cama y los sirvientes me ayudan… Puede resultar muy tedioso o vergonzoso pero es que no tengo las fuerzas suficientes debido a la gran perdida de sangre. Incluso a veces no tengo energías para caminar o estar con ánimos los siguientes días.

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Aquella explicación saco, como quien dice, de trance al pobre chico. Ahora su mirada estaba de nuevo vacía y ubicada en algún punto inespecífico de aquella habitación… ¿y eso sólo era el inició? ¡Entonces faltaba más! ¡Eso era realmente horrible! Sí apenas si soportaba un pequeño cólico, ¿cómo soportar lo demás? Según le había dicho Zelda, la gran perdida de sangre le debilitaba… ¿Tendría que estar ahí postrado por varios días en aquella cama? ¡NO! ¡Eso jamás! ¡Él quería ser libre, moverse, andar por ahí caminando o buscando alguna solución para volver a su antiguo cuerpo! Pero viéndolo de un lado amable… quizás no era tan malo. Además, así la señorita Roten no le daría clases por los siguientes días.

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¡Pero no!

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¡Argh! ¡Él no debía de pasar por eso! Se suponía que era un hombre y ellos no tenían esas clases de períodos o cosas de chicas ¡Qué sabía él! Jamás en su vida había hablado de eso con alguien o escuchado de aquello. ¿Menstruación? ¿Qué clase de cruel destino lo ponía en esa humillante situación? ¿Por qué? ¿Por qué a él? ¡Maldita sea! ¡Malditos todos lo que…!

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—¡Link!

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—¡Argh! ¡¿Qué? —contestó histérico él mientras el sonido de la voz de Zelda le sacaba de sus pensamientos— ¿Qué quieres? —irritado y sin darse cuenta que ahora sufría otro pequeño lapso de actitud, notó como Zelda suspiraba agotada.

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—Te estaba hablando… ¿acaso te volviste sordo? ¿Ó le hiciste algo a mi cuerpo para que ya no escuchara bien?

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—¡No, no, no…! No hice absolutamente nada. — le comentó ahora algo más tranquilo, ¿desdé cuando se ponía tan alterado? ¡Ah sí…! Desde que le habían dando su primera noticia y el haber sentido los síntomas de su primera menstruación.

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Quizás nunca en su vida se hubiera imaginado que algo así sucedería o que a alguien le pasaría. Ni siquiera estaba seguro de qué era eso, tanto así que, cuando se lo contó todo Zelda sobre la menstruación se quedó tan sorprendido. Casi igual cuando le comunicaron que él era el poseedor de la Triunfeza del Coraje… ¿Coraje? ¡Al diablo con eso! ¡Ahora estaba aterrado! Sí, por más que le doliera y no quisiera admitirlo: le aterraba la simple idea de pasar por todo eso… Sin mencionar, que posiblemente sufriría las cosas más penosas de toda su vida, en un cuerpo que ni siquiera era el suyo.

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¡Rayos! ¿Por qué tenía que existir esa tal menstruación? Todavía ni la tenía y ya estaba sufriendo con la simple idea de que pasaría por ese penoso período. Ahora, estaba más que dispuesto a buscar una solución antes de que las cosas empeoraran. Tenía solamente alrededor de uno o dos días antes que la verdadera menstruación le viniera de golpe como una cachetada del cruel destino que jugaba con él… Y pensar que todas las mujeres pasaban por eso. ¡Wroargh! No se imaginaba a Saria en la menstruación…

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Saria

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¿Qué estaría ella haciendo en esos momentos? De seguro preparando todo para el festival de primavera. Y de nuevo, por quién sabe cuántas veces en el día, el destino jugó cruelmente con el recuerdo del tal dichoso festival. Y dirigiéndole una mirada apresurada, "Link" notó como ahora se encontraba observando por la ventana distraídamente.

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¡Maldita su suerte! Le había prometido a Saria que no faltaría a la inauguración del festival de primavera. Siempre era así, la época favorita de Link; cuando los kokiris se reunían como una gran familia y hacían una celebración en grande alrededor del Deku Tree, festejando y dándole las gracias por un día más de vida y por saber que todo andaba bien en la aldea y también, para recibir con alegría la entrada de la próxima primavera. También entonces recordó el por qué Zelda había tenido la oportunidad de salir de la Aldea Kokiri, había ido por un supuesto encargo especial para la peli-verde.

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—¡Zelda! — le gritó Link para que ella le mirase— ¿Qué no tienes que ir a la aldea Kokiri?

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—¿Qué? — preguntó exaltada— ¿Cómo me preguntas eso? ¡Ahora más que nada no puedo ir así! ¡Mírate! — le señaló— ¡Tengo que estar aquí cuidándote!

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—Yo puedo cuidarme solo. —comentó con reproche— Le prometí a Saria que no faltaría a la inauguración del festival de primavera, además, gracias al encargo de traer la leche pudiste salir de la ladea, ¿no? —con pesar "Link" afirmó con su cabeza— Bien, tienes que ir ahí cuanto antes. No creo que haya mucho tiempo.

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—¡Estás loco! ¡No puedo ir!

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—¡Sí puedes e irás! ¡Quieras o no! — le gritó esta vez alterado, "Link" por su parte le miró con sorpresa— Yo… lo siento, no quería gritarte. — se disculpó el verdadero Link para después desviar su mirada— No… no sé lo que me sucedió.

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—Descuida, ya sé que son esos arranques de histeria —le sonrío Zelda— Link… Si tienes tantos deseos que vaya a la aldea, no lo haré por ti. — el chico alzó su vista asombrado— Lo haré porque tengo un pendiente con Saria y porque realmente me apoyo mucho en el tiempo en que estuve ahí.

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—¿Acaso le contaste todo lo que nos sucedió?

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—No— sonrió de lado— Pero fue muy amable, incluso me dio de comer. Además, siento que estoy en deuda con ella. —con lentitud se levantó de la pequeña silla que estaba a un lado de la cama de "Zelda" — Prometí llevar la leche y me he demorado.

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—Bueno, sí es así, puedes ir con Malon a Lon Lon Ranch.

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—Sí pero… —se rascó un poco su cabeza— no tengo rupies, supongo que tendré que buscar unos cuantos por aquí, —y caminó hasta uno de los escritorios de la habitación— para poder pagar la leche, claro.

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—No es necesario Zelda. —le sonrió Link, por su parte ella le miró algo mosqueada— Malon se ofreció amablemente en darme la leche necesaria para el festival porque le ayude en el rancho la semana pasada.

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Y como si aquella frase no le hubiera agradado del todo, Zelda le miró de nuevo con el ceño ligeramente fruncido. ¿Malon? ¿Quién diablos era ella? ¡Oh sí! La pelirroja granjera… La recordaba vagamente, era la niña que a veces de pequeña venía al castillo con su padre rechonchito y carismático. Recordaba alguna veces verla o andar jugando en el mercado cuando lograba escaparse del castillo. La niña era bonita, pelirroja, ojos azules, piel bronceada y fresca, y sobre todo, con una sonrisa encantadora al igual que una voz privilegiada por las Diosas.

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Un leve tic apareció en su ojo derecho… ¿Qué tenía ver ella con Link? ¿Acaso se conocían desde hace tiempo? ¡Nunca le había dicho sobre ella! Esperen… sí, sí le había dicho Link sobre Malon tiempo atrás. De hecho, comentaba mucho sobre ella pero jamás le había prestado tanta atención a las palabras del chico como hasta ahora… ¡Rayos! ¿Y por qué le molestaba el simple hecho se escuchar el nombre de la chica? Estaba claro que no había ni siquiera cruzado dos palabras con ella y sentía que era una pequeña espinita que estorbaba en su alma.

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Tal vez la actitud que tomaba era por el cambio de cuerpo.

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Sí, eso debía de ser.

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Ella no estaba celosa, claro que no…

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No…

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¡Ella no estaba celosa, maldita sea!

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—¡Argh! —y se llevó ambas manos hasta su cabeza totalmente frustrada ante el pensamiento indebido que le embriagaba. Link le observó pasmado desde la cama al ver su reacción. —¡Oh! Digo… —observó que Link le estaba mirando como si estuviera loca o algo así— ¡Genial! ¡Sí! jejeje— sonrió tontamente— ¡Me parece genial que Malon te dé esa leche Link!

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—Entiendo… —comentó él algo mosqueado— ¿irás por la leche sí o no?

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—Sí, sí, sí… —Zelda rodó sus ojos con fastidio ahora— Iré por la leche. Pero… —le señaló— sólo iré un día al festival Link: en la inauguración, y después regresaré al castillo. No puedo dejarte así como estás.

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—¿En serio? —preguntó esperanzado Link ante las palabras hermosas de la chica.

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¿No pensaba dejarlo solo? ¿Acaso ella…?

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—¡Porque me preocupa lo que le hagas a mi cuerpo!

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¡Bu!

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—Muy bien… no haré nada malo. —ahora, él se molestó ante la respuesta de la princesa— Pero prométeme que irás por la leche para el festival… hagámoslo por Saria.

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—Por supuesto. —le sonrió hasta colocarse a un lado de él— Mientras, puedes estar en cama, si tienes fuerzas camina un poco. No quiero que después te andes quejando por tener calambres.

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—Sí, sí, sí… Mamá Zelda. —sonrió divertido el chico.

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—¡No estoy jugando! ¡Osh! ¡Cómo sea…! —observó por la ventana— Igual se me ha hecho tarde, me tengo que ir. Pero por favor no hagas nada tonto Link y si te sientes mal, no dudes en avisarle a las sirvientas. Regresaré cuánto más rápido sea posible.

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—Aja…

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—Bueno…—y la chica corrió hasta la puerta de la habitación— nos vemos luego.

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Lo último que observó el verdadero Link, fue cuando su antiguo cuerpo desaparecía por la puerta. Una vez solo, soltó un gran suspiro mientras de nuevo veía por la ventana de la habitación. Sentía que igual sería otro de esos días largos de su corta vida… Lamentablemente las cosas no iban tan bien como pensaba y ahora le salían con esto.

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Pero igual tenía uno o dos días antes de que la menstruación atacara por donde menos se lo imaginaba. Además, Zelda había dicho que no tardaría, lo cual significaba que podría volver esta noche sí sus cálculos no fallaban. Aunque, velaba por el bien de la chica, no sólo porque tenía su cuerpo o cosas así, si no porque la muy tonta ni siquiera le había preguntado por dónde quedaba Lon Lon Ranch…

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¡Se iba a perder!

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—¡Argh! ¡Tonta Zelda!

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—¡Disculpe Señor!

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Más sin embargo, aquel sujeto ya se había alejado de su vista. Resignada ahora la chica, soltó con fuerza un suspiro mientras se dejaba caer pesadamente sobre el césped de aquel lugar. Y el sujeto ya se hallaba tan lejos que le era imposible escucharla a pesar de sus gritos de histeria. Y es que, Zelda llevaba alrededor de 1 ½ perdida en medio de todos los campos de Hyrule al tratar de encontrar el dichoso Lon Lon Ranch. Había sido demasiada estúpida como el no preguntarle a Link dónde diablos quedaba ese sitio.

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Sin mencionar que Epona estaba tan tranquilamente pastando por ahí que no le prestaba atención. ¡Tonta yegua que no le ayudaba! Frustrada en su totalidad, pateó el suelo con fuerza ¡Argh! ¡Perdía tiempo tan valioso! Y ahora sólo le bastaba por quedarse como tonta y perdida en medio de ese gran lugar. Y es que Hyrule era tan grande que jamás lo habría imaginado… Algún día, si las cosas salían bien, sería Reina de todo ese territorio… aunque por dentro, tenía miedo de serlo. Ser Reina no sería nada fácil, sin mencionar que para ello, tendría que casarse o algo así… ¡Matrimonio! ¡Rayos! Otro problema más en su larga lista negra que hacían de su existencia fuera un tormento arrasador.

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Pero no debía de pensar en eso en aquellos momentos. Debía, sobre todo, buscar el Lon Lon Ranch. Miró al cielo con algo de temor notando que aún era de día y de seguro el festival ya estaba por comenzar. Decidida, se levantó de nuevo del suelo mientras tomaba las riendas de Epona y se disponía a caminar un poco más. Tal vez si iba a la pequeña colina que estaba por ahí a lo lejos vería bien el territorio y divisaría el tan buscado rancho. Pero para eso, tenía que apresurarse si no quería que las cosas salieran mal. Así comenzó su caminata hasta la pequeña colinita, una vez llegando ahí observó con desahogo cómo estaba, efectivamente, perdida en aquel inmenso lugar.

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Apenas si lograba divisar su castillo al fondo de aquellos verdes y frescos campos de Hyrule… ni que decir de la Montaña de la Muerte, parecía tan lejana que era tan pequeña desde la perspectiva en donde se encontraba. Sí, era tonta por no haber preguntado para dónde ir al rancho. Si no iba ahí, no habría leche para el festival lo cual significaba dos cosas: faltaría a la promesa de Link y también, a la promesa de Saria… ¡Que las Diosas le ayudaran en esos momentos por todos los cielos!

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Y Epona emitió un sonidito mientras jalaba su cabeza, Zelda sintió como levemente se acercaba hasta ella.

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—¡Epona! — le regañó— No me molestes, sé que tienes hambre pero intento concentrarme… ¡No sé qué camino tomar!

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Mas sin embargo, la yegua seguía ahora golpeándole con su cabeza en su espalda. Ya harta por la actitud del animal, la chica se giró molesta mirándole con cara de pocos amigos.

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—¡Está bien! — comentó "Link" —¿Ahora qué?

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Quizás las Diosas eran tan bondadosas para darle un don especial a aquella simpática yegua, ó es que, simplemente era muy inteligente como para llegar al rango de un animal. Pues la yegua emitió otro sonido mientras se giraba y trotaba hasta cierto lugar, al momento de que Zelda le seguía con curiosidad. Una vez que el animal se detuvo en frente de un letrero, Zelda observó asombrada su escritura.

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"Lon Lon Ranch. 2km al Norte"

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Definitivamente las Diosas bendijeron a Epona en algún tiempo determinado de su vida o nacimiento.

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—¡Epona! — sonrió complacida la chica— ¡Eres tan inteligente!

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Relinchó la yegua casi como entendiendo el mensaje.

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—Sí, sí pero no te creas tanto. —bromeó Zelda— Bueno, según debemos ir al Norte…— notó entonces para donde señalaba el tal dichoso letrero. Iremos por esta dirección.

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Con felicidad en su rostro, la chica ahora atrapada en el cuerpo de un hombre, agarró las riendas de Epona mientras se disponía a caminar. Después de todo, Epona aún estaba algo agotada de trotar tanto. Pero al parecer, el destino de nuevo implicaba en su contra… Pues algo llamó su atención, lo cual le obligó a observar hasta atrás con curiosidad.

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—¡Aún lado!

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No reaccionó, gritó o simplemente se defendió. Sintió entonces como le empujaban con tremenda fuerza y quitaban las riendas de su mano. Su cuerpo cayó al suelo como un saco de patatas mientras le empujaban bruscamente, al fondo, un chillido de Epona le hizo abrir los ojos con sorpresa. Notó a un sujeto extraño montarse sobre la pobre yegua mientras agarraba sus riendas. Epona asustada, se levantó sobre sus dos patas traseras mientras en alguna orden de aquel extraño sujeto, y comenzó a correr en dirección del Norte.

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—¡Epona! —gritó Zelda levantándose de la agonía del suelo con agilidad.

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A lo lejos, Epona seguía corriendo con miedo, con aquel indebido jinete en su lomo.

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—¡Ladrón! —como si las fuerzas en esos momentos recorrieran por sus venas, Zelda sintió la terrible necesidad de hacer algo con impotencia. Y efectivamente, corrió con deliberada fuerza tras la yegua y aquel descarado ladrón. ¡Le había asaltado justamente en el día! ¡Y de nuevo cuando estaba desprevenida y sin armas!

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Pero Epona era tan veloz que imposiblemente podría alcanzarla corriendo.

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Desvanecida por el cansancio, sus piernas le flaquearon e hicieron que cayera al suelo con terrible fuerza. Zelda sintió aquel pasto posarse sobre su rostro, y su pecho golpearse con el suelo del campo. Epona ya se alejaba y ella, se mantenía ahí: débil y viendo como alguien se la había arrebatado de sus manos. La desesperación se apoderó de su alma en esos momentos, mientras sentía una terrible impotencia y un vació en su estómago.

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No. No podían robarse a Epona de esa manera…

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¡No!

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Trató de nuevo correr pero estaba demasiado lejos como para alcanzarla, realmente era imposible. Entonces, con la rabia correr por sus venas golpeó el suelo con sus puños mientras se engarruñaba de rabia. ¡Era una tonta por permitir que algo así sucediera! Y ahora, Epona había sido raptada por un total extraño que le había tomado desprevenida... ¡maldita su suerte! Lágrimas… lágrimas de desesperación querían amenazar por salir de sus ojos con furia contenida, un leve temblor en su cuerpo le hizo entrar en reacción al escuchar como un carruaje se acercaba hasta ella al igual que algunos jinetes con sus caballos.

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Jinetes extraños se aproximaban pero su rostro se transformó a uno de terror al notar sus cabelleras tan rojas como el mismo fuego y ojos ámbares como el frió de un alma asesina. Aquellas gerudos se acercaban hasta ella con sus espadas filosas extendidas en los aires. Quizás de nuevo las pocas esperanzas y fuerzas que tenía querían traicionarle de nuevo, pero sólo atinó agacharse más en el suelo y sentir que aquellas jinetes endiabladas pasaban a su lado. Pero sintió un fuerte golpe y después un ruido estrepitoso a su lado. Alzó con temor su vista notando que ahora había una gerudo tirada a su lado y un caballo en igual circunstancias.

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Había tropezado con ella y por casi poco, era aplastada por aquel enorme caballo de color negro.

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—¡Joder! —gritó la gerudo fuera de sus casillas.

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Zelda jamás pudo explicarse cómo sucedió lo siguiente, sólo que ahora se encontraba montándose sobre aquel caballo y ordenándole a que siguiera al ladrón que se llevó a Epona. No se había dado cuenta que había montado con agilidad y gracia sobre el lomo de aquel finísimo caballo de pelaje negro como la oscuridad de los corazones de los demonios. Aquella gerudo miró vagamente como ahora un "chico" rubio robaba su caballo. Las otras gerudos también lo notaron y no tuvieron tiempo de reaccionar, pues sólo observaron a lo lejos como le robaban ahora su caballo.

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—¡Hiya! —gritó Zelda mientras aquel caballo galopeaba con velocidad indescriptible. No era tan rápido como la misma Epona pero era demasiado útil. Estaba desesperada y justamente se había atrevido hacer algo que jamás creyó: robar algo en su vida. Pero no robarle a cualquiera, si no a una gerudo que estaba desprevenida.

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Pero en circunstancias desperadas, acciones desperadas debía tomar.

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—¡Tras é! ¡También nos ha robado!

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Una de las gerudos gritó con fuerza mientras las demás empezaban su cabalgar hasta la pobre Zelda. Flechas pasaron a su lado y las Diosas le protegieron para que ninguna de ellas le diera. Pero ante eso, el caballo corrió aún más veloz al sentir el peligro en sus espaldas. Las gerudos arrojaban las flechas con violencia tratando de derribar a la pobre princesa de aquel caballo. Pero quizás Zelda tenía algo de suerte después de todo, pues había conseguido uno de los caballos más veloces del grupo de las gerudos. Por ende, aquel caballo se alejó de las gerudos, tan rápido que ellas no tuvieron más opción que resignarse.

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—¡Ahí! ¡Ahí! —gritó Zelda al observar como ya le había dado casi alcance a aquel ladrón. Pudo divisar el cuerpo de la yegua corriendo con velocidad— ¡Detente ladrón! ¡Devuélveme a Epona!

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El sonido de la voz de "Link" causó que Epona se atontara un poco y disminuyera su velocidad, mas sin embargo, el ladrón al sentir que era descubierto y casi alcanzado, golpeó a la pobre yegua para que no se detuviera. Pero Epona era testaruda y entró a la cuenta que tenía a un total extraño sobre su lomo. Por eso disminuyó su velocidad y se agitó con violencia para quitar al extraño de su presencia, y que la dejara en paz.

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El valor, el coraje y cosas parecidas corrieron por primera vez por las venas de Zelda. El querer ayudar fue realmente necesario y recuperar lo que quería, fue casi como una droga en su alma.

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El caballo negro aumentó su velocidad casi al límite de alcanzar a Epona. Fue entonces cuando Zelda hizo los más valeroso o estúpido de su corta vida: el arrojarse desde aquel caballo negro para caer sobre el ladrón que aún estaba sobre Epona. Sus cuerpos rodaron por los suelos con terrible violencia mientras varios raspones se apoderaron de su rostro, al momento de que su túnica se rasgaba un poco. El ladrón, en su intento de escapar de nuevo, forcejeó un poco más donde Zelda por fin observó con asombro su identidad. No era más que un chico de escasos 18 o 19 años de edad aproximadamente, tez blanca, cabello café y ojos claros de hermoso contraste.

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Casi sorprendida por aquel detalle, Zelda se distrajo de nuevo y el joven ladrón aprovechó esto para levantarse del suelo con agilidad. Corrió entonces hasta el caballo negro y montó sobre él mientras emprendía un nuevo viaje. Zelda trató de correr tras él, pero al notar como ahora Epona se encontraba parada en aquel sitio sana y salva, se detuvo y dejó que el extraño ladrón se alejara a su rumbo.

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Más sin embargo, aquel ladrón le había desconcertado un poco…

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Entonces Epona relinchó de nuevo.

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—¡Epona! —Zelda corrió hasta ella extendiendo sus brazos para acariciarle la cabeza con ternura— ¡Estás a salvo! Lo siento, no debí descuidarte…—mas la yegua, agradecida por aquel acto, movió su cabeza cariñosamente sobre el rostro de ella.

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Jamás en su vida Zelda se había sentido tan bien en momentos como esos. No le importaba las heridas que se había hecho después de aquel desesperado acto de lanzarse de un caballo a otro. Sólo le importaba que aquella yegua estuviera a salvo. Algo le decía que era demasiada valiosa como para permitir que un ladrón se la arrebatase.

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La lengua de Epona acarició su mejilla izquierda causando cosquillas en su rostro.

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—¡Jajaja! ¡Basta Epona! —pero al sentir aquellas caricias sobre su mejilla, la chica rió de felicidad después de hace tiempo que no lo hacía. Pero sus ojos se abrieron de golpe observando en cierta dirección. Casi entendiendo la acción del "chico", Epona observó hasta donde "Link" miraba con detenimiento.

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Enfrente de sus ojos se encontraba nada más, ni nada menos, que Lon Lon Ranch.

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—¡Sí! ¡Llegamos!

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Y tomando las riendas de Epona, ambas se introdujeron hasta aquel sitio. Una vez adentro, Zelda no pudo evitar abrir sus ojos con sorpresa ante el paisaje que se extendía por su vista. Lon Lon Ranch era un lugar enorme y hermoso. Al fondo, algunos caballos y yeguas corrían o pastaban con tranquilidad. Pequeños establos había cerca, alrededor de tres, muy al fondo se encontraba una especie de granero más grande y hecho de piedra, donde cerca reposaban algunas bonitas vacas. Los cantos de los cuccos animaron el día mientras Zelda observaba todo con detenimiento.

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Jamás en su vida había visitado aquel sitio tan bonito. Y estaba claro, que una paz enorme se sentía en los alrededores.

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Pero algo llamó su atención, cuando la puerta de la pequeña casita que estaba más cerca se abría con lentitud. De ahí salió una hermosa chica de cabello rojo y radiante, ojos hermosos como el cielo y tez blanca le miraron. Aquella misteriosa chica se giró un poco al notar la presencia de alguien más en el rancho, sin embargo, en su rostro una enorme sonrisa de satisfacción apareció. Sin pensarlo dos veces, soltó aquel pequeño paquete que tenía de sus manos y corrió hasta el "chico" que estaba en la entrada. Extendió sus brazos con alegría mientras de un salto se arrojaba contra "Link" en un abrazo de bienvenida.

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Zelda le observó atónita.

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—¡Link! ¡Que bueno que viniste! —ella era Malon, Zelda lo supo desde que ella habló por primera vez. Su voz era hermosa y su cabello envidiable— Me habías preocupado, pensé que no vendrías… —ya separándose un poco del cuerpo del chico, notó entonces como "Link" se mantenía sonrojado.

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Y es que aquella acción le había molestado a Zelda, ¿desdé cuando Link se llevaba así con esa jovencita granjera? ¡Argh! No lo sabía, además, no tenía por qué importarle aquel insignificante detalle… Tan insignificante que causó que tosiera un poco y una leve vena de frustración apareciera en su cien al notar la cara de boba que Malon le dirigía.

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Las mejillas de la chica granjera se encontraban sonrojadas y una sonrisa de oreja a oreja adornaba su angelical rostro. Miraba a "Link" como si fuera lo más maravilloso del mundo, Zelda no tuvo otra opción más que toser un poco y hacerse la indiferente. Extrañamente, algún sentimiento irreconocible palpitaba en su corazón, no estaba segura si eran celos o quizás otra cosa… pero por más que quería enojarse, no podía hacerlo. Algo le impedía a que se molestara con aquella pelirroja granjera.

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¡Rayos! ¡Era tan linda que no dudaba el por qué Link se había fijado en ella!

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¿Fijado? ¿Cómo estaba tan segura que Link había visto como algo más que amiga a Malon? Ni idea, pero algo le decía que posiblemente eso estaba tan próximo. Por eso se encogió algo de hombros frustrada mientras sonreía sinceramente, lo menos que quería, era que aquella chica sospechara que a "Link" le ocurría algo extraño.

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—¡Neh! Malon, estoy bien… Jejeje tuve algunos contratiempos.— Epona relinchó a su lado, en señal de desaprobación que Zelda tuvo que mirarle de soslayo.

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—¡Huo! Entiendo…— y ella parpadeó un par de veces— ¡Epona! —corrió hasta la yegua mientras le acariciaba el hocico con ternura— Me alegra que la hayas traído, ya sabes cómo le encanta venir al rancho. —una sonrisa más apareció en sus rostro. No había duda: Malon era una chica hermosa y llena de sentimientos puros y nobles.

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"Link" soltó un suspiro antes de desviar un poco su vista.

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—¡Malon!

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Una segunda voz entró en escena mientras aparecía un señor bajito y rechonchito, Zelda tuvo curiosidad de saber quién era y lo reconoció. Era el señor Talon que salía de la caballeriza mientras sostenía una caja llena de alfalfa. Al momento de ver a "Link" ahí junto con su hermosa hija, sonrió de lado dejando la caja en los suelos y se dirigiéndose hasta él. En forma de saludo, golpeó la espalda del pobre "chico" mientras Zelda tosía bruscamente, estaba claro que aquel acto le había casi sacado el aire de sus pulmones. Zelda aún no se familiarizaba con aquellos saludos varoniles tan bruscos.

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—¡Hombre! ¡Qué bien que hayas venido! —le comentó Talon con una gran sonrisa, Zelda alzó una ceja algo avergonzada. Y es que prácticamente ellos dos eran extraños para ella, pero vaya, como estaba en el cuerpo de Link debía de actuar naturalmente… El problema era que no sabía cómo hacerlo. — Tanto tiempo de no vernos.

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—¡Hay papá! Pero si Link vino hace tres días.— le sonrió la pelirroja.

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—¿En serio? ¡Debí quedarme dormido cuando sucedió! ¡Jojo! lo siento Link, es que ya sabes como es el trabajo en el rancho, siempre terminó dormido… Jajajaja.

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—Claro papá, claro… —y una leve gotita de sudor apareció en el rostro de la pelirroja mientras Zelda les miraba pasmada. No sabía cómo reaccionar, claro, ellos no eran extraños ni nada por el estilo pero en realidad se sentía un tanto incómoda en ese ambiente para nada familiar. Además, entre más rápido se fuera mejor: tenía pendiente de ir a la Aldea Kokiri.

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—Este… hum…—murmuró despacio "Link", Malon se giró para verlo con sus bonitos ojos azules— …verás, he venido por… la leche. —y con nerviosismos, Zelda se rascó un poco su cabeza. Tal vez era alguna maña de Link, pues no recordaba que ella se rascara la cabeza cuando estaba avergonzada— "Espero irme pronto de aquí." —pensó después al ver como la pelirroja afirmaba con su cabeza.

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—Claro, ven conmigo Link. —y moviendo la caja que había dejado en el suelo, se la entregó a su padre— Papi, éste es el encargo de la Señora Tarna.

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—Entiendo, ya voy de camino para la villa… Bueno, yo me voy, ¡adiós Link! ¡Otro día me visitas! — y haciendo un ademán con su mano, se giró mientras salía de escena— ¡Por cierto! — y Zelda le miró curiosa— ¡Cuando tú y Malón se casen te daré el rancho!

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Los ojos de Zelda se desorbitaron un poco mientras se quedaba petrificada en su lugar.

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—No le hagas caso Link… —sonrió Malon sonrojada a su lado— Ya sabes como es mi padre… él y sus bromas.

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Aunque igual fuera broma o no, aquel comentario le incomodó como una espina en el trasero. Pero igual, ya despejándose un poco y el maldecir a Link en su mente, Zelda se giró y siguió con pasos firmes a la pelirroja. No paso mucho tiempo para que se dirigieran al granero de piedra que estaba al fondo. Una vez llegando ahí, Malon abrió la puerta mientras sacaba una carretilla, varias cajas grandes y suficientes frascos de leche. Zelda esta vez no se hizo la indiferente y ayudó a la pelirroja a sacar la pesada mercancía de ahí, notó entonces que dentro del granero había tres vacas.

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—¿Vacas?

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Aquella pregunta salió inconscientemente de sus labios y ante la sola idea de pronuncia el nombre de la vaca, una de ellas se giró y miró a Link. Casi por instinto, la vaca corrió ferozmente hasta ella. Zelda no reaccionó y fue envestida por una enorme vaca que la lanzó por los aires, Malon sólo observó como "Link" era arroyado por una rechoncha vaca, la cual, muy descaradamente mordía su gorro ahora que se encontraba tirada en el suelo.

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—¡No, no…! ¡Déjalo Fiora! —regañó Malon a la vaca, que al parecer ahora se encontraba lambiendo el rostro de "Link" — ¡Fiora!

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Pero la vaca seguía lambiendo el rostro y el cabello de "Link". Por su parte, Zelda al quedarse aplastada sobre el suelo, hizo una mueca de asco al sentir la saliva del animal en su rostro.

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—¡Argh! ¡Quítamela! —rogó Zelda, a lo cual Malon retiró a la pobre vaca de su lado. Apenas si se había levantado del suelo, cuando otras dos vacas pasaron corriendo por ahí y le dieron un coletazo en la cara.

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—¡Muuuuuuuu! —y las vacas se fueron corriendo o al menos eso intentaban hacer.

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—Lo siento Link.— sonrió nerviosa la granjera para ayudar al pobre "chico" levantarse del suelo— Fiora es muy hiperactiva, ya sabes que tenemos que encerrar a estas vacas… —y notó entonces como ahora comenzaban a pastar por ahí con tranquilidad— Están preñadas, por lo cual tenemos que cuidarlas mucho.

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—Sí, dímelo a mí… —y apenas Zelda se levantó de su lugar para constatar que estaba llena de baba de vaca— ¡Aug!

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—¡Jajaja! —se rió Malon— Bueno, esta es la leche que te prometí Link.

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Entonces Zelda le dirigió una mirada a la gran carreta con grandes cajas llenas de leche. Le echo una sonrisa a Malon un tanto forzada antes de sostener la carreta y empujarla hasta la salida. Epona estaba por ahí, y sosteniendo unas cuerdas, amarró la carreta al cuerpo de la yegua.

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—Este… mmm gracias Malon. —comentó Zelda, la granjera sonrió agradecida mientras abrazaba de nuevo al "chico".

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—¡No hay de qué! Además me ayudaste la semana pasada con el rancho, mi padre te dijo que te recompensaría con la leche… Espero que te la pases bien con el festival de primavera.

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—Claro, claro. —rodó un tanto celosa los ojos Zelda mientras Epona relinchaba un poco.

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—¡Recuerda que tenemos que ir al lago! ¿Sí? ¡Me lo prometiste!

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Y aquella simple frase causó que Zelda desviara su vista. Una extraña opresión se clavó en su pecho mientras veía en la lejanía el gran cielo azul, por extraño que fuese, una melancolía agobió su alma… ¿También Link le prometía a la granjera llevarla al lago como a ella? Inevitablemente aquella pregunta le confundió y aún más, no entendió el por qué se reformulaba esas cosas estúpidas y sin sentido. Sonrió de lado y se despidió de la granjera, quien con una sonrisa en su rostro, alzó sus brazos despidiéndose de "Link".

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Saliendo ya del rancho, Zelda bajo con cautela su rostro. Miró disimuladamente hacia atrás mientras notaba como Malon se despedía con aquella elegante sonrisa en su bello rostro y el viento movía su cabellera dulcemente. No pudo evitarlo y reconoció que sentía algo de celos… ¿Por qué? ni idea. Pero Malon era hermosa, carismática y casi al punto de ser tan dulce como la miel. La granjera y ella eran totalmente opuestas, recordó entonces los últimos meses y como su actitud había cambiado al punto de transformase a una chica reservada y algo amargada. Las risas de Link azotaron en su mente cuando le insistía en que sonriera un poco y que dejara a un lado esa fachada de chica seria y responsable. Pero ella siempre se excuso, diciendo que era su deber y que él no era quién para decirle esas cosas. Link había sido tan paciente todos estos años, siempre ayudándola cuando menos lo pensaba y siempre ofreciéndole su mano y hombro como apoyo. Zelda nunca lo había valorado, Link era un gran amigo y quizás… solamente en algún momento, pensó que él sentía algo más por ella. Era iluso tal vez, Link era guapo y no dudaba el por qué muchas jovencitas andaban de tras de él. No sólo era eso, muchos les respetaban y admiraban, y sobre todo, le daban su confianza como su misma palabra. De eso se percato Zelda cuando fue a Villa Kakariko, el ver como toda la gente le miraba esperanzado o le saludaba con una de sus mejores sonrisas.

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Cuánto hubiera dado porque alguien, aparte de Link e Impa, le dirigiera una sonrisa amable y de plena confianza.

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Se había hundido en su propia perdición, el alejarse de los demás y encerrarse en su propio mundo de amargura al no querer ver más allá de lo que había en su castillo. Estaba claro, que sus deberes como princesa estaban primero pero… jamás ella hizo nada para cambiar aquello. Es decir, se resignó como alguien débil y conformista al aceptar su futuro viendo que Link hacía un esfuerzo por hacer volver a la "Zelda" de antes: aquella que reía con felicidad con su único amigo, y las veces que hacían cosas como escaparse del castillo y pasar un buen día en compañía de él. En realidad, esos eran días y recuerdos hermosos. Jamás llegó añorar tanto esos días…

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Era tonta.

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El decirle a Link lo inmaduro que era todas esas veces, pero en el fondo, al fin comprendió que lo hacía por su bien. Comprendió entonces por qué siempre iba al castillo y trataba de convencerla para ir a pasear un rato y que se divirtiera, ahora, sabía que tal vez él se había hartado un rato después de múltiples ruegos y hasta hora invitaba a Malon. No, ella no era quién para juzgar las acciones del chico. No era quién para juzgar a Malon sin ni siquiera conocerla en realidad. Y es que, ahora que estaba en el cuerpo de Link, se había sentido más relajada y feliz como nunca. Pero ponerse en los zapatos de otro era difícil, por eso Zelda ahora comprendía que también las vidas de los hombres eran escurridizas y llenas de obstáculos.

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Link también tenía sus deberes, como el tomar su papel de héroe…

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¿Cuál era el deber de ella?

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¿El ser una princesa alejada de las emociones y amargada?

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¿Qué había hecho?

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Sí seguía así… perdería la valiosa amistad de Link.

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Ahora, estando así sumisa en sus pensamientos, no se dio cuenta que había abarcado más de media hora penando y analizando su vida. Epona relinchó un poco para que ella se diera cuenta que habían entrado al túnel que unía al Bosque Kokiri con Hyrule. Fue demasiado tarde cuando Zelda abrió sus ojos asombrada y se vio así misma adentrándose a la Aldea Kokiri. Su vista se quedo estática mientras veía el hermoso decorado de la aldea: flores por donde sea, hadas por todas partes brillando y volando con elegancia, un ambiente lleno de tranquilidad y sobre todo, las caras felices de los kokiris mientras sabían que el festival estaba por comenzar.

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—¡Miren! —gritó una pequeña kokiri— ¡Link ha vuelto!

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Y los demás kokiris se giraron felices mientras corrían hasta "él". Zelda les miró unos segundos para después reaccionar al ver a una peli-verde llegar corriendo hasta donde se encontraba. Bajó de Epona mientras sentía que Saria le abrazaba con dulzura. Ella no pudo evitar que en su rostro, una tranquilidad le agobiara.

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—¡Que bueno que regresaste Link! —comentó feliz la pequeña de pelo verde— Estábamos preocupados por ti, pensé que no vendrías…

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Zelda desvió un poco su vista.

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—Prometí volver… —sonrió— Y aquí estoy.

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Los demás kokiris gritaron emocionados mientras algunos salían corriendo en dirección de la carreta, una vez ahí, comenzaron a bajar las enormes cajas de leche. Zelda les observó algo curiosa mientras Saria sonreía ampliamente. Al mirar al "joven" notó algo extraño, al parecer "Link" estaba un tanto distraído. Ocurriéndosele una idea genial, tomó la mano "Link" mientras lo sacaba de ahí. Por su parte, Zelda le miró atónita al sentir que la guiaba hasta el escenario que estaba por ahí cerca. Sí, aquel escenario grande que le había tumbado el techo tratar de clavar unas tablas…

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—¡De acuerdo Link! Lo bueno es que llegaste a tiempo.

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—Hergh… ¿a tiempo? ¿Para qué? —preguntó curiosa Zelda.

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—¿Cómo qué para qué? ¡Para la obra, qué más! — rió con picardía Saria— Recuerda que tienes que actuar en la obra.

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—¿Qué? —le observó Zelda sorprendida— P-pero…

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—¡Nada de peros! — le empujó Saria mientras la dirigía hasta el escenario— Es tradición empezar con la obra de la primavera ¡Anda! ¡Que no pueden empezar sin ti!

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De nuevo iba a reclamar pero Saria le empujo con ligereza hasta el escenario. No tuvo opción y se dijo guiar, hasta que fue atrás del escenario. Notó entonces como había algunos kokiris cambiándose de vestimenta, colocándose hojas en sus cuerpos o usando mascaras extrañas. Ella se giró con curiosidad antes de que Saria le declarara una sonrisa sincera.

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—¡Bien, ahora ponte tu vestuario!

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—¿Eh?

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No tenía idea de cuánto tiempo había pasado con exactitud, pero observó el techo mientras caminaba por la biblioteca. Era un milagro que estuviera dispuesto a investigar algo para su beneficio, aún más sorprendente, era ver como ahora se interesaba el poner un pie dentro de aquel lugar. Había pasado tiempo buscando libros por todas partes, pero nunca llegó a la conclusión de qué podría ayudarlo. Incluso Impa se extraño al ver a "Zelda" tan entrada en su búsqueda… no preguntó qué buscaba con exactitud pero en sí, le llamó la tención lo que la "chica" hacía. Sin mencionar que ahora estaba con energías después del "incidente" que había sufrido.

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Pero por más que buscaba y buscaba, un agonizante dolor de cabeza le embriago… Fastidiado y maldiciendo por lo bajó, se giró y salió de la biblioteca con mal humor. Carraspeó por lo bajo mientras pensaba qué era lo que debía de hacer. Estaba nervioso porque sabía que si no hacía algo de inmediato, las cosas se pondrían peor.

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No faltaba mucho para que llegara a la habitación de la verdadera Zelda, si no estaba equivocado, tenía que girar en el siguiente pasillo. Pero sus piernas le flaquearon y supo entonces que no era por los incómodos zapatos de tacón que traía, sino que, fue gracias a que su vista le falló un poco.

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Cayó de rodillas en el pasillo casi deteniéndose con de la pared que estaba a su lado, de nuevo todo se veía borroso y un fuerte cólico le vino encima.

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Trató de moverse e hincarse para que dolor se detuviera pero entre más se movía, pareciera que el dolor se intensificara a un más. Gimió un poco mientras cerraba sus ojos, el dolor era horrible y esa sensación era de lo peor… ¡maldita sea! ¿Qué debía hacer? Estaba exhausto… además, no tenía idea sobre el cuerpo de Zelda, es decir, las complicaciones que podría sufrir cuando aquel período le llegase. Pero Zelda le había dicho que la menstruación vendría dentro de uno o dos días…

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Pero… ¿por qué se sentía de aquella manera?

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¿Por qué de repente el cólico era más fuerte?

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Y… ¿por qué aquel liquido rojizo bajaba por su entrepierna como una maldición?

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Entonces abrió sus ojos de golpe mientras miraba una pequeña mancha en su entrepierna, sus ojos se volvieron dos pequeñas franjas y quedó en shock totalmente. No… ¿qué era eso? ¿Por qué sangraba? Él… él…. ¡No…! Zelda no podía estar equivocada, ella… No… ¡No podía ser cierto!

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Pero la sangre estaba ahí y el dolor creció más que no lo soportó Link, soltó un fuerte gritó de agonía antes de sentir como nunca el dolor en su vientre. Las sirvientas que pasaban por ahí salieron corriendo hasta donde se encontraba, antes de sostener el cuerpo de la princesa Zelda, la cual se había desmayado.

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El período se le había adelantado. Zelda se había equivocado.

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Lo único que recordó Link, fue cuando aquellas sirvientas corrieron en su auxilio antes de ver todo oscuro a su alrededor…

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Continuará…

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¡Haaaaaaaa! ¡Terminé el capítulo! O.O ¡OMG! xD ¡Es un milagro! —sonidito de campanas— uOu! ¡Aleluya, aleluyaaaa! xD Jajaja sorry por tardarme tanto pero es que he tenido tantos proyectos Lo siento, es que a veces me pase. Pero bueno, me digne a actualizar Estuve trabajando en ciertos pedacitos por día en este Fic ya que estoy haciendo otros Fanfics al mismo tiempo xD Y pos… es realimente tedioso. Además de que mi musa otra vez escapó ¬¬UU…

Musa— T_T —atrapada en una jaula—

—XD jajaja pero la encerré antes de que de nuevo de escape ¬¬Uu… x.x! ¡Bleh! Trataré de que el próximo capítulo no sea tan corto como este n.ñUu Decidí dejarlo así, tengo que pensar aun más seriamente sobre las siguientes escenas xD Cof jojojoojo Y sí, lo sé, hoy salió mucho Zelda. Pero en el que viene saldrá más Link, hay que ver como tiene que vivir ahora con esto de que "ya le bajó" xD Jajaja

Link— ¡Oye! ¡Escucha!

— Escuchó…

Link— ¬¬X ¡Tú maldita hada del demonio! —sacando la espada— ¡Lo prometiste!

—n.ñUU ¿Prometí? Jejeje… ¿Qué prometí? —retrocediendo— ¬¬U No te prometí nada.

Zelda— ¡Claro que sí! ¬¬X ¡Dijiste que no nos torturarías más en este Fanfic! T.T Es tan vergonzoso…

Link— ¡Dímelo a mí! ¿Qué has hecho? ¿Cómo se te ocurre? ¡NOOOOOO! T_T ¡NO QUIERO TENER LA MENSTRUACIÓN!

—n.ñUu P-pero… es el fanfic, necesito hacerlo ¬¬Uu Si no… ¿cómo demonios sacaría para pagarles?

Link— Ni siquiera nos pagas… … ¬¬X ¡Deberías hacerlo!

Zelda— ¡Cierto! ¬¬ —sacando un arco.

— n.ñUu ¡Osh…! Pero les pago con mi hermosa presencia y mi amistad… ¿no? —sonido de grillo— ¿No? …

Zelda/Link— ¡YAAAAAAAAAAAAAH!

— TOT ¡Alitas pa' qué las quiero! ¡KYAAAAH! —volando lejos de ellos— T.T ¡No me maten, no me maten!

Zelda/Link— òOóX ¡Vuelve aquí! —lanzando flechas— ¡Te mataremos!

—¡Bueno damas y caballeros! — esquivando una flecha— ¡A la madre! ¬¬X ¿Qué no te enseñaron a no jugar con eso? — esquivando otra flecha— TOT! ¡Argh! Los personajes no me pertenecen, si no a la compañía de Nintendo y esas cosas… ¡Yapsh! O.O! —observando que Link y Zelda se montan sobre un tráiler— ¿De dónde sacaron eso?

Zelda— Internet…

Link— ¡Jojojo! ¡Ahora verás! — encendiendo el tráiler— ¡Cacería de hadas!

Zelda— ¡Sí!

—¡AAAH! TOT —aún volando— Bueno, tengo que agradecerles a todos aquellos que me dejaron review —sacando un papelito mientras aún vuelo— Tengo que hacerlo antes de que estos me atrapen x.x ¡Bien, aquí van!: Greki, Selkie no Karura, Gaby-2, Dialirvi, Yuriko Himura, Lily-cPotter, Neko Rheeid, la generala, Zilia_k, karen huitron, Tarem, Jlink, melikagome, Heartless_Archangel, tohru honda, cristina, ale
, erias velam, Dark Kitoyo, Tenshi_no_ai ¡Gracias! n.n!
Y También aquellos que me han enviados sus e-mails, me contactan por los foros o me dan ánimos por Messenger xD Jojo

Se escucha al fondo una explosión

—TOT ¡Kyaaaaa! ¡Tendré que conseguir trabajo para pagarles a estos dos animales!

Link— ò.o! ¿Animales? ¬¬X ¡Te escuchamos!

Zelda— ¡Métele más al acelerador! ¡Métele! ¡Ahora si se ganó boleto esta hada! —acelerándole al tráiler.

—¡Argh! Nos vemos luego… T.T ¡Si es que salgó viva de esto! —huyendo como loca.

Musa— —se despide con un pañuelito— n.n!