Capítulo 27: Una explicación con una huida
En menos de lo que se habría dicho la palabra "Quidditch", Draco había atravesado la pared que ocultaba la entrada de la sala común de Slyhterin, corriendo hacia el vestíbulo.
Pero las escaleras no estaban de su lado, por lo que tuvo que tomar innumerables atajos, entre los que se contaban tapices, tramos de pared y una que otra aula con dos entradas.
Escuchó una explosión, y se acerco al vitral que tenía mas cerca, viendo como empezaba a causar caos un humo anaranjado espeso, resultado de lo que hubieran arrojado los mortifagos.
"Tengo que apresurarme" se dijo mientras bajaba una escalera que lo dirigía al segundo piso, tanto atajo había servido al menos para algo.
Luego de unos cinco minutos, alcanzó el vestíbulo, abriendo la puerta a los jardines.
Se quedo parado un breve instante, para ver como se volvía a formar una nube anaranjada, que al poco rato exploto, para causar más caos de lo que ya reinaba.
Llegó a la zona de la fiesta, pero no vio a los mortifagos, de hecho, parecía que estos actuaban de otra forma, pues los estudiantes no eran atacados por maleficios o maldiciones, solo eran victimas, de lo que bien hubiera parecido una broma estudiantil, aunque solo Draco sabía la verdad.
No se atrevía a gritar el nombre de Hermione, pues eso podría atraer la atención de todos, y atacarla.
De pronto, sintió como una mano le agarraba el brazo y hacia que la siguiera a un rincón exterior del castillo, que por raro que parezca, el nunca había visto.
Con la luz de la luna, pudo vislumbrar un rostro, que lo tranquilizo mas, pues era el de Hermione.
-No sabes cuanto gusto me da…-empezó, pero no pudo terminar, porque fue interrumpido por ella.
-Eres un mentiroso, nunca debí de aceptar tu amistad, y todas estas cosas no hubieran pasado.
-¿Qué quieres decir?
-El hecho de que de repente me consideraras diferente, pues soy una sangre-sucia ¿no?
-Bueno, si pero…
-Además, dejando aparte lo que esta sucediendo en los jardines.
-Por eso venia a buscarte, porque los mortifagos están aquí y…
-No son necesarias tus explicaciones-le contestó la Gryffindor con frialdad.
-¿Cómo que no? Es que mira, al salir esas luces verdes…
-¡Te digo que no son necesarias tus explicaciones, y mucho menos, tus mentiras!-exclamó Hermione con lagrimas en los ojos, mas de ira que de tristeza.
-Pero¿Qué te sucede?-le preguntó Draco, que no entendía porque tomaba ella esa actitud.
-Para tu información Malfoy, se lo que en verdad ha ocurrido todos estos meses.
Cuanto le dolió que le volviera a hablar por su apellido y con ira, no lo pudo describir, pero puso especial atención a lo último que dijo.
-Pero, es imposible, eso solo lo se yo.
-¡Claro que no! Reconocí el poderoso hechizo que hace crear a la vista de todos una ilusión, por lo que me defendí.
Draco solo se le quedo viendo mientras ella hablaba, mejor no abrir la boca cuando ella estaba enojada con el.
-Y luego, oí todo lo que te dijo tu padre, toda la farsa que el planeo-tomo un poco de aire y continuo-. Pero lo que mas me dolió Malfoy, fue de que fueras un hipócrita con el al decir esas cosas de sangre-sucia y el resto de sus payasadas.
-Entiende que eso fue…
-Tal vez verdad, o sino una gran mentira, pero yo creía que tu tenias el valor para enfrentar las cosas tal y como eran, pero veo que no, que solo eres un cobarde que satisface intereses propios.
-¡No es cierto! Todo esto lo hice por…
-Deja de decir mentiras, pues es todo lo que me has dicho estos meses.
-¡No me digas mentiroso!-le contestó el chico perdiendo completamente la paciencia.
-Es lo que eres¿o es acaso que no te conoces a ti mismo?-le respondió la castaña con un tono burlón.
A ese punto, le agarro la muñeca y le dijo:
-No soy nada de eso Granger, y no me importa si tú lo crees así.
A Hermione le dolió igual o más que al chico, el hecho de que la volviera a llamar por su apellido.
Le soltó una fuerte cachetada, que le acompaño una lagrima que caía al pasto.
-¡Basta! Yo confié en ti Draco, trate de ayudarte y hacerte feliz, te ame, pero lo único que me diste fueron mentiras.
-No son mentiras, es la verdad, que tu no la creas…-empezó el chico, frotándose la mejilla.
-Y para que terminemos este tonto discurso, nunca me dijiste que al acabar el año escolar, te ibas a casar.
El chico no pudo contestar, pues la Gryffindor tenia razón en ese tema, nunca le había dicho sobre su futura boda, y que la prometida iba a ser quien escogiera sus padres.
Abrió la boca varias veces, pero no lograba decir nada, se había quedado sin una respuesta.
Miro a Hermione, se veía bellísima con el vestido color plata que había escogido, junto con unos aretes que le quedaban muy bien con su hermoso cabello recogido con un adorno de plata, pero lo que mas le llamó la atención, fue el hecho de que no llevara un collar, pues esos vestidos eran de los que lucían mas con un collar o gargantilla.
-Tienes razón, te mentí, pero eso fue únicamente en lo que respecta a mi boda, lo demás es la verdad.
-Ya no quiero creerte, ya me canse de tus mentiras-dijo Hermione, secándose las lagrimas que caían y caían de su rostro.
-Debes de creerme, es la verdad.
-No más Draco, ya fue suficiente, siento decirlo, pero creo que nuestra amistad, si es que hubo, termino-terminó de decir, pero una mano tomo la suya y la obligo a voltear.
-Nunca quise lastimarte, yo se que hice mal en decirte esa mentira, y prometo que luego te explicare bien el porque de ella, pero créeme.
-Mas que lastimarme, me decepcionaste.
-Lo se, y lo siento, y como si fuera meses atrás, el día en que me enoje contigo sin motivo, te pido una disculpa.
"No seas tonta Hermione, como vas a aceptarla, ya fue suficiente" le decía su conciencia, tratando de no recordar nada de lo sucedido atrás, pero las imágenes eran nítidas.
No sabia que hacer, quería pensarlo con tiempo, pero era lo que menos tenia, porque se volvieron a oír explosiones.
-Vamonos-le dijo Draco.
Antes de que pudiera negarse, o hacer algo para alejarse de el, fue agarrada de nuevo por la mano, esta vez mas fuertemente que la anterior, y se alejaron corriendo de donde habían estado escondidos.
Hermione podía sentir su corazón latir como nunca por la veloz carrera que estaban haciendo, pero ella no sabia el rumbo, lo único que podía hacer, era dejarse llevar por Draco. Pararon cerca del lago, y Draco dijo:
-Antes de lo que digas o hagas-porque segundos después, le dio un fugaz beso a su castaña favorita.
Ella no respondía, estaba muy confundida, por lo que empezó de nuevo a llorar.
-No se, solo que no quiero ser herida por ti.
-Nunca mas lo serás, lo prometo, pero quédate conmigo.
-¿Prometes no volver a mentirme?
-Lo juro-le respondió secándole las lagrimas con delicadeza.
-¿Y ahora?-preguntó Hermione.
-A seguir corriendo-fue lo ultimo que ella alcanzo a oír, pues de nuevo volvieron a correr, pero esta vez hacia el castillo, en el que Draco abrió las puertas apresuradamente, haciendo que entraran ambos, y las volvió a cerrar.
Caminaron, y subieron escaleras, hasta que llegaron a un tapiz que ocultaba un atajo.
-Entra-le dijo el chico, mirando ambos lados del pasillo.
Ella entro, y luego después el chico, que cerro el tapiz.
-Escucha esto con atención.
-Si.
-Este atajo te conducirá a tu sala común, si sabes por donde vas.
-Aja.
-Toma las escaleras que están delante de nosotros, y a la tercera puerta que veas del lado derecho, la abres.
-¿Qué mas?
-Estarás en un pasillo lleno de puertas, toma la que esta junto enfrente de la que tú saliste, la abres, y estarás frente al retrato de la Dama Gorda.
-Muchas gracias-le agradeció con las palabras, y también con un fugaz beso.
-No quiero que te pase nada, eso es todo.
-Lo se.
-Oh, y tengo algo mas para ti-dijo algo sonrojado el Slytherin.
-¿Qué cosa?
-Esto-le dijo enseñándole una caja púrpura con un lazo plateado-.Luego la abres, ahora vete.
-Gracias-volvió a agradecer la chica, subiendo las escaleras que el le había indicado.
-Adiós-se despidió Draco, viéndola subir hasta que ya no la distinguió más.
Hermione mientras, seguía subiendo las escaleras, repasando en su mente las indicaciones que le habían dado, sabía que estaba en peligro, por lo que en el fondo agradecía que Draco la hubiera sacado de la fiesta discretamente.
"Bueno, un intento de discreción mejor dicho" pensaba mientras seguía subiendo las escaleras, aun sin ver puertas del lado derecho.
Pasaron quince minutos, y no aparecía ninguna puerta, pero si unos ruidos que la empezaron a preocupar, aunque por lo que deducía por lógico, eran normales en un lugar como en el que se encontraba.
Se trataba de un pasillo que parecía olvidado, pues por doquier se encontraban cajas y muebles con pergaminos encima. Las telarañas colgaban de los techos, y se podía escuchar el goteo de una cañería rota.
"No se como voy a llegar a mi dormitorio con este atajo" pensaba, pues empezaba a cansarse de tanto subir y no distinguir ninguna puerta.
Pasaron otros quince minutos, y sumándolos en total, una media hora había pasado desde que le había dado esas instrucciones.
Por fin encontró una sucia puerta, que resulto ser la primera, y a unos 100 metros, se encontraba la segunda.
"Ya falta poco" se decía a si misma para darse animo, quería detenerse a descansar, pero pensaba que seria mejor en su dormitorio.
Luego de caminar otro tramo, encontró la tercera, y la abrió, y descubrió que estaba en el preciso lugar que le había dicho Draco.
Se cerró la puerta detrás de ella, y ella cruzo a la puerta de enfrente, ignorando las otras puertas, a pesar que su curiosidad era fuerte.
Abrió la puerta, y se encontró precisamente enfrente del retrato de la Dama Gorda, a quien pronuncio rápidamente la contraseña.
Entró, y se sintió libre de soltar un largo suspiro de alivio, por fin estaba a salvo en su tranquila sala común.
Subió a su dormitorio, donde vio por la ventana, que todo el caos había cesado, y la fiesta seguía.
Quería bajar de nuevo, pero prefirió sentarse en su cama, y abrir la cajita que el muchacho le había dado.
El listón, que era de terciopelo, lo desato con mucho cuidado, y abrió la cajita, y que sorpresa le dio su contenido, pues era justamente lo que le había faltado esa noche, una bellísima gargantilla de plata pura con un colguije en forma de corazón, y al voltearlo, encontró algo que la hizo sentir mas feliz que nunca se había sentido, pues en el estaban grabadas las iniciales D y H.
Era seguramente, el mejor regalo que había recibido esa navidad, llena de sorpresas.
