-¡Ay! –protestó Lily enfadada –No me estires así, que me haces daño…

James soltó la mano de Lily y se dirigió al centro de la sala mientras Lily se acariciaba su dolida muñeca.

-¡Guau! –exclamó James –Qué bien viven éstos, ¿eh, Lily?

-Mmmm… -gruñó Lily –No me llames Lily, no me gusta oírlo en tu voz, Potter.

-¿Sabes? Deberías dejar de ser tan desagradable… -le dijo James sonriendo –Mira… -dijo señalando la habitación con el brazo y dando una vuelta entera sobre sí mismo –Todo esto es nuestro ahora, ¿qué te parece Lily?

Lily observó la habitación con detenimiento. Tenía estandartes verdes y plateados colgados por toda la habitación, a lo que Lily respondió con un gesto de desagrado. Sin embargo, los mullidos sillones al lado de la chimenea y una preciosa y enorme estantería llena de gruesos libros apoyada en la pared compensaban.

-Vaya… -exclamó ella sorprendida –Mira cuántos libros, James…

-¿James? ¿Ahora me llamas James? –preguntó James extrañado

-¡Bah, qué mas da eso ahora! Mira… -dijo con tono dulce rebuscando en una de las estanterías –Tienen Hamlet, de Shakespeare… Aunque esto es muy raro… Nunca hubiera imaginado que los slytherins pudieran leer libros muggles…

-¡Carai! –exclamó James riendo –Yo nunca hubiera imaginado que supieran leer…

Lily rió ante el comentario de James y ojeó el libro pero cual fue su sorpresa al encontrarlo todo pintado y con hojas sueltas y arrancadas. Decepcionada, Lily dejó el libro encima de un sillón y se acercó a las escaleras que subían a las habitaciones de las chicas.

-Venga… -le murmuró a James –Tenemos que trabajar…

-Bueno, no hay mucha diferencia con las de Gryffindor, ¿no crees? –dijo Lily observando las cinco camas con dosel y sábanas verdes de la habitación de las chicas, séptimo curso. -¿Cuál debe ser la de Killa Kerston? –preguntó curiosa

-No sé… -dijo James observando también las cinco camas sin hacer –La que esté más desecha, ¿no?

Lily rió con ganas ante el comentario de James, de veras odiaba a esa Kerston y a su larga, negra y lisa melena. James se la quedó mirando, embobado. Era tan guapa…

-¡Venga! –exclamó Lily, de pronto contenta -¡A trabajar!

Y se pusieron en marcha. James se encargó de las duchas mientras que Lily hizo las camas y pasó la escoba. De cuando en cuando, alguno de los dos aparecía dónde estaba el otro mostrándole un sujetador o un paquete de compresas. James encontró especialmente horribles unas bragas rojas con encaje tres tallas mas grandes de lo habitual y que a la chica en cuestión debían llegarle hasta el pecho, por lo menos.

Cuando estaba impecable, se dirigieron a la habitación de los chicos.

-¡Dios! –exclamó Lily al cruzar la puerta -¡Qué peste!

-Ya te digo… -dijo James tapándose la nariz -¡Anda, voy a abrir la ventana! -James se acercó a una gran ventana cerrada y con la persiana bajada. Subió la persiana y abrió ambas puertas de cristal. -¡Oh! –exclamó -¡Aire puro!

-¡Qué asco! –exclamó Lily

-Y ahora ¿qué pasa? –preguntó James girándose. Lily observaba asqueada un calzoncillo sucio y abandonado en el suelo.

-Será de Snape… -afirmó James divertido

-¿Cómo lo sabes?

-Porque lleva su nombre escrito en la etiqueta…

-¡No! ¡No es posible! Va a séptimo curso, ¡no puede llevar aún su nombre escrito en los calzoncillos!

-A mi no me preguntes… -dijo James mientras subía los brazos en señal de desconcierto. Lily sonrió y James se derritió por dentro –venga, ya lo recojo yo…

-¿Vas a tocar… eso? –preguntó Lily refiriéndose a los calzoncillos

-A ver, tocar, lo que se dice tocar… -dijo James observando la habitación en busca de algo. Sonrió al encontrar una varita encima de una cama-¿Crees que Goyle se va a enfadar cuando sepa que su varita ha tocado mierda?

-Eh… si, ¿no?

-Bueno, pues da igual…

James cogió la varita de Goyle y levantó el calzoncillo del suelo con la vara de madera.

-Uy, ¡qué asco! –dijeron los dos al unísono y ambos se echaron a reír.

-¡Ay! -exclamó James mientras los calzoncillos salían disparados en dirección a Lily -¡Apártate! –le recomendó en un grito mientras se lanzaba sobre el calzoncillo con la varita, levantándola y haciendo que el calzoncillo saliera disparado y desapareciera por… la ventana.

-¡Uoh! –exclamó James antes de que su boca tocara con la de Lily y los dos cayeran encima de una cama, fundiéndose en un accidentado pero apasionado beso. La varita de Goyle cayó al suelo y extrañamente, aún ser de un slytherin, la vara frotó con la moqueta verde, soltando así unas chispas que se convirtieron en flores de cerezo caídas del cielo.