Disclaimer: Ninguno de los personajes de X/1999 me pertenecen, todos son de las CLAMP y yo solo los utilizo sin intención de lucro, sólo entretenimiento.

Warning: Este fic es de relación shonen ai y algunas partes de shota kon, si no sabes qué es esto o eres homofóbico, será mejor que te abstengas de leerlo y te llevas desde ya mi pésame.


El Caballero de La Rosa.

Capítulo II


- Kamui… Kamui… -escuchó que le llamaban sacándolo de su ensoñación– Vamos amigo, las clases terminaron hace 5 minutos

Se giró a ver a aquel que le había advertido acerca de la hora y se topó con el rostro afable de un compañero que se sentaba detrás suyo.

- Mi nombre es Arisugawa Sorata –dijo el chico tendiéndole la mano

- …Gracias por avisarme… -tras esto, guardó su carpeta en el maletín negro para salir del aula con la mirada de extrañeza de Sorata

- ¡Hey Kamui espera! –Kamui aligeró su paso, esperando a que el otro chico le diera alcance- ¿Dónde vives?

- A unas cuantas cuadras cerca de la Catedral –respondió mientras Sorata le seguía el paso

- Vaya qué bien, yo vivo una cuadra antes de llegar a la Catedral¿te importa si te acompaño? –

Kamui negó y juntos se dirigieron a sus respectivos hogares.

Durante todo el camino, Sorata no paró de hablar acerca de las maravillas que Sevilla ofrecía, más específicamente, las chicas tan lindas de su grado.

También le habló acerca de las nuevas plazas y las galerías y museos de arte. Teatros, pubs y discotecas de moda.

Pronto alcanzaron a ver que a dos cuadras más, se alzaba imponente la Catedral de Sevilla. Una de las construcciones con estilo gótico más sobresalientes en la historia por su belleza y la historia que encerraba.

- ¿No te parece hermosa? –preguntó Sorata señalándole a Kamui la Catedral por medio de la mirada– No se tú pero en lo personal pienso que el solo hecho de vivir en Sevilla es como vivir un pequeño sueño, si estoy de acuerdo en que hay ciudades más bonitas por estar mejor cuidadas pero aquí en Sevilla… es como si lo más importante tan solo fuera disfrutar de las cosas pequeñas

Kamui miró fijamente la Catedral que ocultaba buena parte de la luz que el Sol ofrecía pero que la Giralda absorbía.

El estilo arquitectónico de la Catedral, ofrecía esos aires de antigüedad y misterio que solo construcciones góticas tan magníficas podían transmitir. Los arcos apuntados, las puntas y los chapiteles lograban con éxito reforzar el sentido ascensional del edificio y los amplios vanos de tracerías caldeadas le brindaban la máxima luminosidad haciendo de la Catedral y la Giralda todo un espectáculo digno de verse.

La elegancia que se observaba en los muros de ésta, el estilo oscuro que exponía la torre de ésta y todo el admirable arte que se encerraba dentro de sus paredes…

Por alguna extraña razón, sentía de pronto una fuerte atracción a ir a ésta, como si algo le llamase… Lo más parecido al sonido apasionado que solo las notas del violín podían ser capaces de transmitir.

Salió de su trance al notar un pequeño zarandeo ejercido sobre su hombro derecho y una voz que le llamaba: - ¿Kamui te encuentras bien?

- Si es sólo que estaba pensando en lo que dijiste acerca de la ciudad, es todo… -

Sorata no lo vio muy convencido pero dedujo que fuera lo que le pasara a Kamui, quizá se lo contaría cuando le tuviera la suficiente confianza.

Pasaron la calle y llegaron a la calle donde Sorata se detuvo.

- Bueno esta es mi casa¿gustas pasar? –Kamui negó – Bueno, entonces nos vemos mañana, que pases un buen día… Por cierto¿te gustaría ir a pasear por la ciudad el sábado? He oído que irán las chicas del otro grupo y pues… etto… tu sabes, Arashi…

Kamui sonrió casi imperceptiblemente, Sorata era tan gracioso cuando se ponía nervioso que podría hacer reír a cualquiera.

- De acuerdo… Adiós… - dicho esto siguió su camino en dirección a su departamento

Por fin había vuelto a su ciudad natal y sin embargo, esa nostalgia no se había ido…

Por las calles, las personas transitaban con tranquilidad y en los callejones los niños jugaban fútbol con la alegría tan jovial que los caracterizaba.

Era gracioso reconocer que podía ver sentimientos en las demás personas, pero de sí mismo… apenas y lograba tener una vaga idea de lo que era amar.

Si había amado a su madre y hasta ahora comprendía que también se había enamorado a la escasa edad de 8 años. Sabía que eso había sido amor porque no había pedido más que tenerle a su lado y platicar por mucho tiempo, desear su compañía y brindarle la alegría que en ese entonces todavía poseía.

Aun le veía sentido a la vida. Como alguna vez había leído en un libro

"La vida es realmente oscuridad,

salvo donde hay un impulso.

Y todo impulso es ciego,

salvo donde hay saber.

Y todo saber es vano,

salvo donde hay trabajo.

Y todo trabajo es vacuo,

salvo donde hay amor."

Llamaranle cursi sin remedio en antaño, pero su corazón le decía que no era más que la verdad.

Si eras un ser viviente, necesitabas cuando menos un poco de cariño en tu vida para disfrutar mejor el presente y darte cuenta de qué tan valiosas eran las acciones que realizaras.

Quisieras o no, necesitabas tener la seguridad de que podías tener un soporte en quien apoyarte.

Así esa misma persona también estuviera perdida, entre ambos podrían ayudarse a salir adelante… porque cuando menos, siempre había un poco de cordura en ambas mentes.

Y ahora se daba cuenta, de que eso no era más que una falsa ilusión por encontrarle sentido a lo que no tenía dirección alguna.

Pronto llegó al edificio de departamentos donde vivía. Saludó con un gesto de amabilidad al portero y a la recepcionista, esperó el elevador y subió a éste cuando hubo llegado.

Llegó al piso donde sólo se encontraban una puerta a la izquierda y una escalinata al fondo del lado derecho que daba a la azotea, abrió el pomo de la de la puerta y lo que se pudo apreciar al entrar fue una estancia silenciosa, fría y apenas iluminada por los tenues rayos de luz solar que se colaban a través de las cortinas de color suave.

Dejó el maletín sobre uno de los sillones que se encontraban unos pasos al frente.

A simple vista, podía apreciarse lo espacioso del departamento.

El piso de duela y las paredes color blanco le daban cierto toque de modernismo al igual que los muebles y los cuadros de la sala de estar.

Un sofá esquinero de piel a la derecha en color blanco, dos sillones pequeños de piel en color azul cielo acomodados perfectamente. La mesita de centro y unas velas de color blanco y negro, de graciosas formas, adornándola.

La pantalla gigante frente a los sillones. Lámparas blancas de formas sobrias sobre algunas mesas entre los pasillos del departamento.

La cocina se encontraba en el ala derecha del departamento tras un par de puertas abatibles y consistía en una elegante cocina integral con un comedor de cristal con base de acero pintada en color negro, que contrastaba perfectamente con el color del departamento, una salida de escape arriba de la estufa eléctrica y un refrigerador digital más a la izquierda. Una puerta que daba seguramente al cuarto de lavado y que curiosamente tenía una escalera que daba a la azotea.

En el ala izquierda, se encontraban tres puertas, una conduciría al estudio, otra al baño y la otra a la recámara de su dueño.

El departamento también contaba con algunas plantas artificiales y si seguías el trayecto hasta la última puerta en el fondo, te encontrarías con un bonito santuario botánico donde la luz del sol entraba a través del vidrio que cubría la habitación, varias rosas de distintos colores florecían tímidamente y algunas enredaderas cubrían una pequeña fuente con forma de sirena con un cántaro entre sus manos sujetándolo por arriba de su cabeza, del cual el agua caía abundantemente, roseando a su paso las plantas que se encontraban a sus pies.

La alberca se encontraba unos pasos más a la izquierda y un cancel transparente aguardaba ser abierto para mostrar la pureza del agua ahí dentro al igual que una mesa situada frente al cristal que protegía los límites del departamento, regalando la vista de la ciudad desde lo alto.

En resumen, un departamento con más lujos de los que uno podría soñar.

Pero todo aquello no le importaba al joven Shirou, toda su infancia había crecido rodeado de lujos y elegantes accesorios de plata y oro y sin embargo, ni la más hermosa de las joyas significaba tanto para él como lo haría una rosa.

Se dirigió a su habitación y al llegar a ésta, abrió las grandes cortinas satinadas en color blanco que no permitían alumbrar por completo su habitación. Abrió todo el ventanal, dejando que el aire fresco del atardecer entrara, bañando con su tranquilidad la estancia.

Se dirigió a su vestidor y sacó un pantalón negro de mezclilla y una playera ligera y algo pegada en color verde esmeralda que resaltaba el color tan enigmático y bello de sus ojos.

Se quitó los zapatos de la escuela y se puso otros de color negro con la punta cuadrada.

Lucía casual sin perder la elegancia con la que había crecido.

Salió de su habitación en dirección a la cocina y del refrigerador sacó una botella de jugo de naranja, se sirvió en un vaso y, después de dejar el jugo en su lugar, fue a su estudio.

Ahí abrió también las cortinas que opacaban la luz necia que deseaba entrar.

Ciertamente el vivir en el último piso del edificio era una muy buena ventaja. Tan solo la sala de estar se encontraba sin grandes ventanales

Tomó la laptop que se encontraba sobre su escritorio junto con su vaso con jugo, salió del estudio y se dirigió al "jardín" del fondo.

Se sentó en una de las sillas de la mesa cercana a la alberca y se dispuso a escribir.

Hacía tanto tiempo que había encontrado en la escritura un buen desahogo de sus emociones y sentimientos, que ya hasta la cuenta había perdido de los pensamientos y frases que guardaba celosamente dentro del disco duro de ésta.

Cuando se había marchado de Sevilla no había encontrado ni una sola compañía que le comprendiera y entendiera de la forma que deseaba.

Siempre había tenido muy presente que nunca terminaría de complacer a los otros y que eso no era tan importante, más bien, la amistad se sostenía a base de la comprensión y si bien muchas de las veces entre los mismos amigos a veces no se estaba de acuerdo en algún punto, se apoyaban a base del mismo entendimiento el uno del otro.

Pero eso, en Londres no lo encontró…

Las horas se le fueron entre palabra y palabra y para cuando terminó de escribir, la noche ya había terminado con la luz del día.

A su persona, se le podría catalogar como indecisa por su contradicción entre mente y corazón.

Odiaba el día por querer transmitirle la alegría perdida y odiaba a la noche por recordarle su patética estadía en el orden existencial del mundo.

Le tenía resentimiento al Sol por no alumbrar ni emitir la calidez suficiente para alumbrar y reconfortar su interior. Le guardaba resentimiento a la Luna por mostrarle la copia de vida monótona que él también tenía a base de sus rayos plateados, efecto del Sol sobre ella.

Y sin embargo, amaba el viento por permitirle divagar. Adoraba la luz y la oscuridad por su pureza fuera del orden del bien y el mal.

Pero odiaba los sentimientos… por ser él mismo quién terminara por destruirlos y destruirse junto con ellos…

Se recostó sobre la silla, con la vista fija en la ciudad que se iluminaba por medio de las numerosas lámparas que alumbraban cada una de las calles, al igual que los adornos coloridos y luminosos de los locales y demás tiendas del centro y en todo su esplendor, la Catedral iluminada soberbiamente, aumentando el efecto majestuoso de su edificación.

Y los recuerdos le volvieron a asaltar… ¿cuándo había sido la última vez que se había admirado de aquella construcción?


FLASH BACK

Kamui se encontraba mirando a través de la ventana, con surcos de lágrimas en sus inocentes ojos gris-violeta. Las manos aferradas a las cortinas, en espera silenciosa de la llegada de aquel al que no quería dejar ir.

Las campanadas de la Catedral le advirtieron la llegada de la media noche.

Un poco más y llegaría…

El frío característico que aparecía cuando él se presentaba, hizo que el pequeño hiciera a un lado la tristeza que sentía en esos momentos. Quizá si le ayudaría.

Pronto la figura de Fuuma hizo acto de presencia en la habitación y antes de que se diera cuenta, el pequeño Kamui le había abrazado fuertemente, sollozando silenciosamente.

Fuuma lo miró con preocupación y lo cargó entre sus brazos para llevarlo a la cama y sentarse con él encima, atrayéndolo hacia sí en un vano intento de tranquilizarlo. Kamui mientras tanto, se convulsionaba tenuemente entre los brazos del mayor, sin parar de derramar lágrimas.

- Me-me quie-ren llevar, Fuu-ma –soltó sin dejar de derramar copiosas perlas cristalinas

- ¿Cómo? –preguntó un tanto desconcertado por la respuesta del niño

Pero Kamui no era capaz de darle una respuesta coherente y audible, palabras como "Londres", "Papá" y "No quiero" era lo más que se entendía en medio de su llanto.

Fuuma lo abrazó más fuertemente, acariciándolo por la espalda hasta que Kamui se calmó y miró a los ojos a Fuuma.

- Ahora si¿qué pasó? – preguntó dedicándole una sonrisa dulce al menor

Kamui bajo la mirada y estrujó entre sus pequeñas manos las tersas sábanas azul marino que cubrían su cama.

- Mi papá, dice que nos llevará a mí y a mi mamá a Londres pero yo… ¡Yo no quiero irme! – exclamó con dolor mirando a Fuuma– No quiero que me alejen de ti… no quiero irme… no quiero…

Fuuma suspiró pesadamente, con un movimiento lento, se retiró el antifaz del rostro. Dejando al descubierto por segunda vez, sus hermosos ojos ambarinos, aunque esta vez, Kamui si pudo verlos sin fingir….

- Kamui… - le llamó con suavidad, pero éste se negaba a mirarlo a los ojos. Con su mano, tomó delicadamente el pequeño mentón del niño y le obligó con necedad a verlo a los ojos– Si te vas no te apartarás de mí… ¿Recuerdas la rosa que te he dejado desde siempre?

Kamui asintió.

- ¿Recuerdas qué significa? –

- Me esperarás eternamente porque me amas… -Fuuma asintió con una sonrisa- ¿Por qué debes esperar¿Por qué no solo crezco y me dejas estar a tu lado?

- Kamui, desde siempre has estado conmigo… -tomó las pequeñas manos entre las suyas y las dirigió a su corazón – Aquí… éste es un lugar que no puede ser profanado por la desilusión si mantienes firme tu esperanza. Quizá te vayas pero estarás conmigo siempre y nunca te olvidaré… es una promesa

Con el dorso de su mano, limpió las lágrimas que habían caído por los ojos del menor y le regaló una sonrisa dulce y sincera que fue correspondida por una de la más ciega y pura fe.

Ese día… como el último que pasarían juntos, Fuuma le había llevado a visitar la ciudad. Kamui se había maravillado con la imagen que Sevilla le proyectaba en medio de la oscuridad.

Pero un edificio en especial se llevó su atención: - Esa Catedral… me da miedo…

- ¿Por qué? – Kamui se encogió de hombros

- Siento que tiene algo muy fuerte dentro… me da tristeza al sentirlo –

- Entonces no tiene que darte miedo… tienes un corazón puro Kamui, no dejes que sentimientos como el resentimiento y el odio entren en él… ama lo que te rodea porque no estará siempre para ti… -Kamui lo miró atento– Es hora de regresar a tu casa, no olvides este lugar porque puedo asegurarte que en un futuro encontrarás aquí la respuesta que buscabas

Kamui asintió contento y regresaron a su abandonada habitación.

Fuuma lo dejó sobre su cama, arropándolo apropiadamente para después apagar la lámpara y depositar un beso tierno sobre los labios del menor.

- Cuídate mucho Kamui y no me olvides… - susurró dejando una extraña rosa blanca con el borde rojo

"Para que tengas bien presente que lo que tenemos, nada lo separará"

Aquella noche, fue la última vez que recibió una rosa y por ende, una visita de aquel al que le entregó su corazón para que en 7 largos años, el odio y el rencor acabaran con lo puro de su corazón…

FIN FLASH BACK


Comenzó a sentir frío y, luego de que hubo cerrado el ventanal del lugar, se dirigió junto con su laptop a la sala, comenzaba a sentir hambre y todavía le faltaba hacer las labores del colegio.

Se preparó un sándwich y prendió la televisión sentándose en el suelo sobre la alfombra persa y con la libreta de filosofía y matemáticas en la mesa de centro.

Si, era un mal hábito que aun mantenía, hacer los deberes con la TV prendida en vez de estar en su estudio escuchando música clásica como era la costumbre de su padre.

Su padre… ese hombre frío que siempre había estado ajeno a todo lo relacionado con él, inclusive a su propia esposa.

Había quedado completamente solo cuando su madre había dejado ese mundo hacía ya 4 años, no tenía ningún amigo y la única mascota que tenía, se había perdido en algún lugar de Londres.

Ahora que tenía 15 años y que su padre había decidido casarse de nuevo, le había hablado acerca de su decisión de regresar a Sevilla.

Su padre no había puesto ninguna objeción, después de todo, le convenía dejar a su primogénito fuera de todo lo que traería el casamiento con su nueva esposa.

A pesar de tener una cuantiosa suma en el banco por parte de su padre, Kamui no había tomado nada de ese dinero. Su madre, antes de morir, le había dejado una cuenta con muchos miles de dólares, herencia de su abuelo y que él había sabido aprovechar para aumentarlas en generosas cantidades.

De hecho, era dueño del 30 de la Corporación de su padre y éste, ni por enterado se daba.

Sabía que tarde o temprano, su padre comenzaría a fallarle a la empresa por los deseos ambiciosos de su "respetable" esposa. Y él estaría ahí para no dejar caer lo que tanto trabajo le había costado a su madre y abuelos mantener.

No le guardaba rencor al hombre que se autonombraba como "Padre". Dios mismo sabía que si por él fuera, se hubiera olvidado desde mucho tiempo atrás del tipo.

Terminó rápidamente los ejercicios de matemáticas y los resúmenes de filosofía. Guardó todo dentro del maletín negro y apagó la televisión.

Entró al estudio y cerró las cortinas para después dirigirse a su habitación con otro vaso con jugo en la mano.

Lo dejó sobre la mesita de noche y destendió su cama, era una noche fría pues el invierno aún no se había marchado de Sevilla.

Fue al vestidor para colocarse la ropa de dormir que era un conjunto de dos piezas en seda color verde esmeralda y se metió dentro de las cálidas y reconfortantes sábanas de su cama.

Dejó prendida únicamente la lámpara de noche y también dejó abierto el cancel que daba al balcón del departamento pero con las cortinas cerradas.

Hacía tiempo que se había acostumbrado a saber que nunca más volvería a verlo así que ¿qué más daba dejarlas abiertas?

Tomó el libro que se encontraba leyendo desde dos días atrás y sin darse cuenta, se quedó dormido con la luz de la lámpara prendida y el aire frío entrando en su habitación al por mayor.

No se dio cuenta conscientemente de cuando el frío comenzó a aumentar, tan sólo se cobijó más con las sábanas aterciopeladas en color azul celeste.

Las cortinas comenzaron a moverse sigilosamente, siendo su cómplice el resplandor que la luna emitía, alumbrando la silueta de un joven con antifaz de bordes plata.

Se acercó a la cama donde Kamui yacía durmiendo y se retiró el antifaz del rostro, revelando un par de ojos dorados anhelantes.

- Después de mucho tiempo… has vuelto… mi Kamui… - dicho esto, se acercó hasta depositar un breve roce en los labios del chico con los propios

Sonrió y tras acariciar el rostro pacífico del durmiente, que soltó un suspiro tras sentir la caricia, desapareció de la habitación tal y como había llegado, llevándose consigo la luz que emitía la lámpara y cerrando el ventanal que le había permitido entrar fácilmente…


CONTINUARÁ...
N/A: He aquí un capítulo más, espero les haya gustado como regalito de Navidad.

Espero como regalo, críticas constructivas y opiniones como regaloxq me he portado muy bien¿ok?.

Gracias por leer y pásensela genial en estas fechas tan especiales.

Besos.

Naomi Eiri A. Uesugidi Malfoy