···H O S P I T A L · R O O M···

Pareja: Ron/Hermione.

Rating: ninguno.

Advertencias: ninguna.

Noches en Saturno

Todo es oscuro y difuso y apenas puede distinguir si hay una o más lunas en el cielo. No sabe en qué momento se han aparecido en Neptuno y, lo que es más importante, en qué instante la mano de Ron se ha posado en su cintura.

Apenas se oyen murmullos apagados de conversación, la música se introduce lentamente en su pecho y cada vez es más remota. Hace unos minutos que ya no oye el parqué bajo sus tacones y, en su lugar, nota como el césped se hunde un poquito bajo su peso, a cada paso que dan.

Hermione está ebria, trastabilla, murmura cosas inteligibles porque la lengua le tropieza en la boca y las palabras rebotan en los dientes, formando una sinfonía de murmullos y balbuceos que sólo ella puede entender en su cabeza.

.- No estamos en Neptuno, Hermione…-la tranquiliza él, todavía caminando a su lado.

El brazo desnudo le hace cosquillas en la espalda descubierta pero es cálido y se agradece el contraste con la fría humedad de la noche. Caminan despacio y Ron trata de que lo hagan lo más recto posible pero las piernas de Hermione van solas y, al final, su trayecto describe eses haciendo que, un camino lo suficientemente ancho, se les haga estrecho.

Cuando él la observa, no puede evitar dibujar una sonrisa tierna. El peinado se le ha desecho en mechones descontrolados, el tirante de la izquierda se le está resbalando por el hombro y a ella no parece importarle. Con la mirada perdida, el pelo alborotado y el vestido mal puesto, parece una muñeca antigua y despeinada, abandonada en un estante lleno de polvo y de infancia gastada, relegada a un melancólico segundo plano, tan sólo expuesta a los recuerdos. Su expresión es ausente y apenas se entera de nada porque sostiene que claro que estamos en Neptuno, Ron, ¿es que no ves las lunas?

Ron no ve las lunas. No hay más que una pero ella está convencida de que están las trece que hay en Neptuno y empieza a recitarlas Náyade, Talasa, Despina, Galatea, Larisa, Próteo otras cuatro con las que le tropieza la lengua, Psámata, Trión y Nereida, ¿es que no las ves?

No las ve, pero observa a la chica que, a medida que enumera las lunas de Neptuno con los ojos cerrados y el rostro sereno, las cuenta con los dedos y adopta esa pose repelente que tantos disgustos le costó en Hogwarts. Sonríe, porque sabe que no puede evitarlo, que está en su naturaleza haberse aprendido las más de sesenta lunas de Júpiter, las treinta y tres de Saturno, las veintisiete de Urano y las dos de Marte. Las aprendió en segundo año y todavía ahora las recuerda. Hermione Granger, aún con más cantidad de hidromiel de la que puede soportar en el cuerpo, sigue siendo Hermione Granger.

Hermione ha tenido que entrecerrar los ojos para ver la primera luna porque sabe que es la más pequeña de todas pero las ha contado y están las trece. No entiende porqué Ron no las ve. En realidad no entiende muchas cosas sobre Ron y eso, tratándose de ella, es extraño.

No entiende por qué está rodeando su cintura ni por qué sonríe de esa forma que, no sabe porqué, pero la irrita. No entiende por qué lo ve tan alto desde allí abajo ni por qué la americana de su traje está ahora sobre sus hombros si hacía un momento todavía la llevaba puesta. La verdad es que ya hace años que dejó de tratar de entenderle porque la exasperación a la que llegaba era demasiada cómo para llegar a una conclusión válida. La verdadera verdad es que cada vez dedica más tiempo en conocer a Ron Weasley aunque, posiblemente, sea de las pocas personas que lo conoce de verdad. Aún sin que ninguno de los dos lo sepa.

El camino que separa la fiesta de la Madriguera es algo tortuoso y para Ron no sería difícil recorrerlo en unas cuantas zancadas pero tiene que enfrentarse a él del brazo de una chica borracha y obstinada que se empeña en hacerle ver las trece lunas que, según ella, se suspenden en el cielo de Neptuno.

Los brazos de Hermione se libran del suyo con pasmosa facilidad teniendo en cuenta su estado de embriaguez cuando la chica se adelanta un par de pasos (ligeramente inestables) y empieza a señalar en el cielo, dibujando círculos con los dedos y describiendo lunas invisibles.

.- ¿No las ves? Quizás tengas que entrecerrar los ojos un poquito para ver Náyade, ésa cuesta un poco más de ver…-le dice, dando media vuelta, cuando ha terminado de señalarlas todas.

Con los brazos en jarras sobre su cintura y la chaqueta cubriendo sus hombros, forma una silueta extraña a contraluz. Ron tiene que esforzarse para no sonreír porque le gusta demasiado esa expresión enfurruñada de la chica y no quiere hacer que se enfade de verdad.

.- Hermione, estamos en la Tierra. Sólo hay una luna aquí y, ésta noche ni siquiera está entera… ¿La ves?- contesta él, señalando la media esfera perlada que ilumina tenuemente las praderas de Ottery St. Catchpole.

.- Oye Ron, en serio, esfuérzate un poco…-insiste ella, perdiendo ese tono ligeramente liviano que el hidromiel le ha dado.

Le coge una mano y, apuntándola hacia el cielo, señala las lunas inexistentes. El tacto es firme y Hermione tiene las manos un poco frías porque, aún siendo verano, la fría humedad cala en toda Inglaterra. Las señala, una a una, las enumera y pronuncia sus nombres con voz clara. Su lengua ya no tropieza pero sus ojos siguen viendo espejismos en ese cielo poblado de estrellas. Poco a poco se va calmando y deja que sus manos (las de ambos) bajen de nuevo.

Pero sigue agarrando la muñeca de Ron y, ahora, le mira callada. Cabeza inclinada hacia arriba, labios ligeramente apretados, ojos abiertos. La mano ya no hace presión pero sigue agarrada y se acerca un paso, sólo uno. Y uno es suficiente porque sus brazos pueden rodear la espalda de Ron y abrazarle, apoyando la cabeza en su pecho.

.- Ron, tienes que conocer las lunas, tienes que hacerlo…-. Hermione murmura contra el tórax del chico haciendo que su voz le cosquillee en el pecho.

Cada vez más débil. Cada vez más vencida por el sueño y ya casi agotada. Le reprende bajito, contra el pecho, y le dice que Sinistra va a suspenderle si no se las aprende. Murmura y repite Náyade, Talasa, Despina, Galatea… Una y otra y otra vez.

Y Ron no puede dejar de pensar que quizás sea la última vez que vea así a Hermione, que la tenga así entre sus brazos. Sabe que lo que les espera no será fácil ni agradable. Sabe que el peso del futuro del mundo mágico no debería estar sobre las espaldas de su mejor amigo y por ello ha decidido compartirlo. Ron sabe que ese oasis de felicidad que ha sido la boda de Bill y Fleur no es más que un espejismo y que al día siguiente se habrá terminado el hechizo. No es más que una extraña visión, como las lunas que Hermione se afana a enseñarle, que mañana todo habrá terminado.

Que ellos se marcharán, dejarán todo atrás, olvidarán esa niñez y pasaran a ser adultos. Demasiado pronto, demasiado duro.

Por eso rodea la espalda de la chica y finge que se esfuerza en recordar los nombres de las lunas hasta que consigue distraerla lo suficiente como para hacer que ambos vuelvan a andar hacia la desgarbada silueta de La Madriguera, repitiendo a coro los nombres de las trece lunas de Neptuno y caminando haciendo eses, con los dedos entrelazados de forma natural, casi como una costumbre.

Cuando al día siguiente la señora Weasley les despierte, sorprendiéndoles durmiendo en el sofá, todavía sus dedos seguirán entrelazados y Hermione se levantará de encima del chico como un resorte, sin acordarse de nada. Y tendrá marcadas en la mejilla los pliegues de la camisa de Ron que, mucho más lento, se levantará del viejo sofá de La Madriguera y proferirá un bostezo sonoro a la vez que no podrá contener una sonrisa.

Durante el desayuno, Hermione querrá saber qué hicieron por la noche y Ron la mirará con esa sonrisa suya tan llena de pereza y de dobles intenciones y se encogerá de hombros.

.- Estábamos en Saturno, Hermione, ¿no te acuerdas?

Fin.

¡¡Gracias por los RR!!

AnnaTB