SUCESOS EXTRAÑOS

Era lunes por la mañana y todos estaban desayunando. Los cuatro de Griffindor llegaron al comedor y Lore les estaba esperando en la puerta. Entraron y se sentaron al lado de Neville que estaba leyendo el periódico, asombrado y no se daba cuenta de que estaba metiendo la manga en el chocolate que tenía delante. Cuando les vio llegar, pegó un grito y llamó a Harry corriendo, con lo que volcó la taza; pero no pareció darse cuenta.

-¿Es verdad que estás saliendo con Bea, Harry? –preguntó alucinado.

-¿Qué? –preguntaron los dos a la vez. Pero Lore ya había cogido el periódico y leía la portada.

-¿Skeeter? –inquirió Ron bastante seguro de que acertaría.

Cuando Lore asintió, Hermione dijo:

-Cómo odio a esa tía.

-¿Qué dice? -Preguntó Bea; a lo que Lore respondió leyendo un cachito de la portada.

Hoy notición. Alegre para una, triste para el resto y alegre para uno y triste para el resto, también. ¿Os acordáis chicas de que nos preguntábamos por cuál de nosotras se decidiría Potter? Pues os digo que habéis perdido la oportunidad. Al final el chico pasó de la aburrida de su marisabidilla compañera Granger y eligió a otra, que no es ni más ni menos que la cantante de Las Brujas de Machbeth, Bea; cuyo nombre completo, para más información, es Beatriz Black, hija del famoso Sirius Black, supongo. Pero no desesperéis; los famosos siempre acaban cortando y éstos también lo harán y entonces él volverá a estar libre. Y para los chicos, ella también.

Rita Skeeter, corresponsal de El Profeta.

El artículo era impactante para ellos. Corto, pero impactante.

-¿Te das cuenta de lo que esto significa, Bea? –preguntó Lore, siempre muy rápida de mente, pues su cerebro ya se había puesto a pensar como un loco mientras los demás aún asimilaban la información.

Al ver la cara de interrogante de su amiga, añadió:

-Que ya saben dónde estamos.

Y entonces Bea comprendió; pero los demás seguían sin enterarse y Bea se lo explicó:

-Veréis. Lore y yo no queríamos que los mortífagos supieran en este momento donde estábamos y nos estábamos escondiendo; pero con esta noticia ya sabrán todos que yo estoy aquí y, por ende, Lore también porque nunca nos separamos. Y vendrán a por nosotras ahora que quien sabéis ha regresado.

Y ellos comprendieron.

-Hay que avisar a Dumbledore –dijo Hermione comprendiendo la gravedad de la situación.

-Vayamos a ver a McGonagal –decidió Lore.

Y las tres chicas salieron corriendo del comedor seguidas de Harry, Ron y Neville, que todavía asimilaban la información.

Entraron en el aula sin llamar y la encontraron preparando la clase que empezaría en un cuarto de hora.

-Profesora –empezó Bea- tenemos que ver al profesor Dumbledore inmediatamente.

A McGonagal le recordó mucho a la expresión que había puesto Harry Potter una vez, diciéndole exactamente las mismas palabras.

La profesora se acercó a su mesa y cogió el periódico.

- ¿Lo decís por esto? –preguntó enseñando la portada.

Al ver que Lore y Bea asentían se lo pensó un momento y, al fin, dijo:

- De acuerdo, seguidme.

Y les llevó al pasillo con la gárgola de piedra que guardaba el despacho de Dumbledore.

- Don dara din do, don diló.

Y la gárgola se abrió dejándoles pasar. McGonagal se quedó abajo y les indicó que subieran. Llegaron a la puerta del despacho y Ron llamó. Se oyó una voz diciéndoles que pasaran y cuando estuvieron dentro y hubieron cerrado la puerta, Dumbledore dijo:

-Os estaba esperando. Sé lo que ha pasado. Sentaos. ¿Habéis desayunado? ¿No? No, lo suponía. La única que ha desayunado es la túnica de Longbottom.

Y al ver que todos se reían, él se alegró e hizo aparecer una mesa con desayuno ante ellos.

Se sintieron bien. Junto a Dumbledore nadie sentía la necesidad de tener miedo.

- Lo que dice en los periódicos es, sin la menor duda, un buen aviso para Resschiz y los suyos. Pero no os preocupéis. Mientras estéis en este colegio, nada podrá haceros daño. Por lo tanto debo pediros que no vayáis a Hosmeade, por lo menos vosotras dos-. Pidió mirando a Lore y Bea.

- Pero yo tengo que ir a la tienda de Fred y George –dijo Lore.

- No sé. No deberíais ir –pero al ver la cara de súplica de ellas añadió: -bueno, está bien; pero ni os separéis vosotras, ni os separéis de Harry, Ron, Hermione y Neville.

- ¿De mí? –preguntó el chico extrañado.

- Neville –dijo Dumbledore mirándole a los ojos- un gran sabio dijo una vez: No importa lo que haga; cada persona en la Tierra está siempre representando el papel principal de la Historia del mundo. Y normalmente no lo sabe. Ya descubrirás tu papel, Neville, ya lo descubrirás,…

Dijo con su enigmática mirada.

- Además, tomad esto –y le tendió a Lore un colgante con forma de fénix con las alas abiertas, de acero mate.

-Cuando necesitéis ayuda agarradlo y llamadme. Y yo acudiré. Sólo tengo uno, por eso no debéis separaros.

- Gracias –dijo Bea, mientras su amiga se lo colgaba al cuello.

- Y ahora debéis iros. Llegáis ya media hora tarde a las clases.

Y todos salieron corriendo para no perder más clase.

Lorena se fue a vuelo y los demás a cuidado de criaturas mágicas, donde le contaron todo a Hagrid.

Después se fueron a la aburrida clase doble de Pociones de ese día. Lorena llegó de guardar las escobas y la clase ya había empezado; pero como Draco y los demás de Slitherin también venían con ella, Snape no les pudo castigar. Desde que supo que su hija se estaba distanciando de los de su casa y estaba acompañando a los de Griffindor, también él se estaba distanciando de ella. Y ya casi la trataba como a un estúpido alumno más de Griffindor. Y, de hecho lo parecía, porque, a excepción de dormir, lo hacía todo con Bea, Ron, Harry y Hermione. Y ahora también Neville, que desde que Dumbledore había dicho eso, se sentía importante y no se separaba de ellos ni un momento. Todos se sentaron atrás y mientras hacían su poción cuchicheaban sobre Rita Skeeter y todo el rollo al respecto.

-Atención fondo Sur –dijo Snape sin levantar la nariz del pergamino en el que la tenía sumergida- cinco puntos menos para la casa de cada uno; lo que hacen cinco menos para Slitherin y… veinticinco para Griffindor –terminó con una sonrisa maligna.

Harry se cabreó tanto, que no se dio cuenta de que los caparazones de chisparffle que tenía que triturar ya eran polvo desde hacía rato, hasta que se lo dijo Ron. Cuando terminaron la poción la metieron en frasquitos con sus nombres y se los dejaron a Snape en la mesa. Limpiaron todos los utensilios y, cuando Snape les dejó salir, aún quedaba un cuarto de hora para la siguiente clase; Así que los amigos decidieron ir a dar una vuelta. Neville tuvo que subir a por la varita, pues la había dejado arriba para la clase de Pociones y, cuando bajaba, como tenía prisa por volver con sus amigos fue por un pasadizo y unas escaleras secretas que había descubierto él mismo al tropezar y caer detrás de un tapiz. Y cuando iba a salir del tapiz, oyó una voz, que le pareció la de Malfoy, que venía del otro lado:

-…sí, exacto. Y cuando él vaya a verla… -y él y sus dos gorilas se empezaron a reír- ya os diré cómo, cuando, y todo ese rollo, que todavía no me lo han dicho.

Y los tres desaparecieron pasillo abajo.

Neville, se cercioró de que no había nadie y salió del tapiz y se puso a andar como si nada. Malfoy, Crabbe y Goyle se habían parado a hablar con unas de Slitherin y, cuando Neville pasó un recodo y se aseguró de que no le veían, salió como una flecha hacia donde le esperaban sus amigos, en la puerta de Defensa y se lo contó.

- No sé si estaría hablando de ti y Bea, Harry porque cuando les vi, él tenía un ejemplar de El Profeta en la mano –dijo Neville, orgullosos de haber descubierto algo importante.

- Seguro que quieren gastaros una broma –opinó Ron.

Y en ese momento llegó la profesora y ellos pasaron y dejaron de hablar, pues ésta era una de las pocas clases en las que todos prestaban atención siempre.

- Hoy, -dijo Tonks, inusualmente seria- os voy a enseñar cómo volveros invisibles en pocos segundos sin necesidad de una capa invisible. Pero –añadió al ver la cara de entusiasmo de los más trastos –esto no os servirá para hacer gamberradas ni se puede usar a la ligera, porque… requiere mucha energía y después…siempre estás muy cansado. Por lo tanto, en situaciones normales, o aquí en el colegio no os sirve de nada; aunque, en el hipotético caso de que… estéis en un grave peligro… y sea una urgencia…siempre viene bien pasar desapercibido.-Terminó mirando fijamente a los de la última fila.

Toda la clase se sumió en un silencio sepulcral, esperando a que Tonks les enseñara a hacerlo.

-Bien –dijo ésta- vayamos al aula de al lado que he preparado especialmente para esto y empezaré la explicación allí.

-Os pondré por parejas –explicó cuando hubieron entrado-, si se hace el hechizo bien, también deberíais conseguir que los conjuros de ataque os atravesaran sin el menor rasguño. Sólo tenéis que decir, sinvistors, y la magia hará el resto. Id practicando vosotros y yo pasaré uno por uno.

Bien. Harry, tú te pondrás con Parvati; Ron, con Lavender; Hermione, con Neville; Beatriz,… con Pansy Parkinson; Lorena, con Draco Malfoy…

Y cuando terminó Bea y Lore le preguntaron por qué las había puesto con esos y ella les dijo en un susurro que quería que les vigilaran.

Bea no tuvo ningún problema con la chica, pero Lore sí con Malfoy.

Se fueron a una esquina desocupada y empezaron.

- Empieza tú –dijo Malfoy con una media sonrisa en la cara.

- No, empieza tú.

- No me gusta empezar.

Pero Lore le miró fijamente a los ojos con una expresión de odio, casi inhumana, y apretó la varita que tenía en la mano izquierda con tanta fuerza que los nudillos se le quedaron blancos. Malfoy captó el mensaje al instante y se dispuso a comenzar.

Lanzó el hechizo y desapareció; entonces Lore oyó su voz diciéndole que le atacara y ella lo hizo. Pareció que el hechizo chocaba con algún punto entre ella y la ventana y entonces, Malfoy se volvió otra vez visible y salió disparado hacia atrás, chocó contra la pared y cayó al suelo con un gemido.

-¡Uy! Perdón. Me he pasado con la fuerza. ¿Estás bien? –ahora era ella quien tenía la media sonrisa en la cara. Pero se sorprendió a sí misma compadeciéndose del pobre chico, se acercó a él y le tendió una mano. Él, sentado en el suelo, se lo pensó un poco; pero al final aceptó la ayuda para, en cuanto se hubo puesto de pie, acercar a la chica hacia sí sin soltarle la mano y decirle al oído:

- Ha vuelto…-y cuando ella intentó zafarse, la cogió de los dos brazos-…y está esperando… sediento de venganza… ¡Traidora!

Y se separó de ella.

- Me toca –dijo ella haciendo caso omiso de las palabras del chico.

Se concentró, como había hecho tantas veces antes, como cuando era pequeña… se concentró para hacer el hechizo bien a la primera; tenía que salirle, como tantos otros que había conseguido en el primer intento, para darle una lección a Malfoy y para que él no se vengara del hechizo de ataque que ella le había lanzado minutos antes, con la intención de derribarlo y que él viera de lo que era capaz. Dijo la palabra y, en el momento en que desapareció, Malfoy la lanzó un conjuro sin darle tiempo a prepararse. Ella se asustó, cerró los ojos y puso las manos delante para protegerse; pero enseguida notó un suave cosquilleo en el estómago y oyó que el hechizo se estrellaba contra la pared, detrás de ella.

-¡Muy bien, Lorena! –la señorita Tonks había aparecido detrás de Malfoy-, ahora usted Malfoy.

Y el chico lo intentó. Seguía sin conseguir atravesar los hechizos y la profesora se demoró ayudándole. Lore, distraída, se miró las manos; no las vio. Se miró los pies; tampoco los vio. Se miró en un espejo que había al fondo de la sala; y allí tampoco estaba. Entonces se dio cuenta de que ya estaba muy cansada y le preguntó a la profesora, que por fin había conseguido enseñar a Malfoy, el contrahechizo. Era, como la mayoría de las veces, la palabra al revés. Cuando la dijo, se sintió mucho más cansada que antes y se dio cuenta de que ahora sí se veía en el espejo.

Al terminar la clase, les preguntó a sus amigos qué tal.

- Yo muy bien, me ha salido casi a la primera, pero Parkinson no dejaba de lanzarme hechizos fuertes todo el rato, claro que yo se los devolví luego-. Dijo Bea- y lo bueno es que a ella sí le daban todo el rato y no lo ha conseguido.

- A mi me ha costado un poco; pero al final lo hice –aseguró Ron.

- A mi también –se apresuró a añadir Harry.

- Pues a mi lo de invisibilidad me salió desde el principio –asombró Neville a todos- pero no he conseguido que no me dieran los hechizos –añadió casi en un susurro y poniéndose colorado. Iban hacia el comedor.

- ¿Y tú Lore? –preguntó Ron cogiéndola por la cintura.

- Oh, yo lo conseguí a la primera –dijo rápido y haciendo un ademán con la mano para quitarle importancia.

Después de comer salieron al patio del reloj, donde la profesora McGonagal y el director les esperaban para ir a Hosmeade.

Al llegar allí, entraron en Las Tres Escobas, los seis juntos y allí pidieron seis cervezas de mantequilla y se sentaron en una mesa detrás de una columna para pasar un poco inadvertidos a la gente. Por esa razón Malfoy no les vio al entrar. Dejó a Crabbe y Goyle en una mesa y les dijo que le esperaran ahí. Miró a todos los lados y salió a hurtadillas por una puerta lateral del establecimiento.

- ¿Qué irá a hacer? –preguntó Bea extrañada.

- No lo sé –dijo Harry levantándose- pero voy a averiguarlo-. Y salió corriendo de allí.

- Procuraré que no se meta en líos –dijo Lore y lo siguió corriendo también.

Los demás se quedaron sentados, pues pensaron que si iban todos sería un canteo enorme. Pero Bea tenía sus dudas:

- ¿No dijo Dumbledore que no debíamos separarnos?

- Sí –contestó Hermione- pero ya no podemos hacer nada. No sabemos a dónde han ido.

- Además –añadió Ron- las que estáis en peligro sois Lore y tú. Tú estás aquí con nosotros y estás a salvo y ella está con Harry y, aunque esté fuera y, por tanto, en un peligro mayor, tiene el colgante ¿no?

- Mmm –dijo Bea por toda respuesta.

- Yo si fuera ellos –intervino Neville que había estado callado hasta entonces- y consiguiera alguna información, vendría luego aquí para contároslo a vosotros, así que creo que tenemos que esperarlos aquí, ¿no?

- Supongo –dijo Ron bebiendo un sorbo de cerveza y dejando que la espuma le pusiera bigote. Se puso a imitar al señor Crouch y todos estallaron en carcajadas.

Lore alcanzó a Harry a mitad de la calle y éste le dijo que Malfoy se había metido donde años atrás él escuchó los primeros rumores sobre Sirius. No dejaban entrar allí a menores; pero a Malfoy le habían abierto la puerta y había entrado como si nada.

- Que pena que no tengamos la capa invisible –dijo Lore.

- Pero tenemos el hechizo de Tonks –recordó Harry.

- No sé; me cansé mucho y sólo estuve un cuarto de hora.

- Oh, vamos. Malfoy ha entrado como si nada en un establecimiento para mayores de edad, mirando a los lados para que no le viera nadie y encima ha dejado a sus dos gorilas en otro sitio, ¿no te parece esto una situación de emergencia?

Entonces Lore se cercioró de que no les vieran y sacó la varita. Harry hizo otro tanto y los dos se cogieron de la mano para no perderse el uno al otro y pronunciaron el hechizo.

Las cabezas reducidas que había dentro de la posada vieron que la puerta se abría y se cerraba sola y lo achacaron al viento. Los dos chicos no vieron a Malfoy en la sala común así que subieron a las habitaciones y fueron escuchando puerta por puerta hasta que, detrás de una, escucharon la voz del niño.

- Exacto, ya lo saben.

- Bien-. Dijo una voz que Lore recordaba perfectamente-. Pero no os apresuréis. Será a finales de vuestro curso, así que por ahora nada.

- Y ¿cómo lo hago?

-Toma, cuando esté…un momento. Noto algo familiar cerca. Espera, voy a…

Y en ese momento, si Lore se hubiese preparado, habría aguantado pero le pilló de improviso. El hombre apretó su marca para llamar a los mortífagos y la de Lore le brilló y dolió. Y ella pegó un grito.

- Nos están espiando –dijo el hombre.

Harry se dio cuenta de lo que ocurría y cogió a Lore y salieron corriendo por el pasillo. El hombre, que estaba encapuchado, salió al pasillo y lanzó un hechizo que pasó a través de los dos muchachos y dio de lleno en la pared de las escaleras. Cuando él llegó a ellas miró hacia abajo y vio que la puerta se abría y se cerraba de golpe; pero cuando salió ya no pudo ver a nadie entre tanta multitud.

- No te preocupes –dijo Malfoy a sus espaldas- creo que sé quién era.

Y los dos volvieron a la habitación y siguieron hablando.

Harry y Lore no pararon hasta llegar a las Tres Escobas y sentarse con sus amigos. Ron y Neville dieron un grito cuando dos sillas de su mesa se separaron corriendo y se acercaron un poco, solas; pero Bea y Hermione sabían lo que ocurría.

- ¿Qué pasa? –preguntó esta última.

Y entonces Lore y Harry se quitaron el hechizo. Estaban los dos fatigados y sólo querían ir a la cama; pero Harry les contó lo que habían oído.

- Estaba encapuchado, no pudimos ver quién era…

- Pero yo reconocí la voz –dijo Lore, los ojos perdidos en su jarra vacía- era Resschiz.

Y sus dedos apretaron tanto la jarra que Ron se la tuvo que quitar para que no la rompiera.

- Oye –dijo Harry pensativo- ¿por qué pegaste ese grito?

- Emmm… pues…porque había visto una araña muy grande –contestó pillada por sorpresa- yo también les tengo fobia a las arañas… pero no quería admitirlo. Soy muy orgullosa y si no hay motivo para decirlo, me lo callo.

Y Harry pareció conformarse.

Se formó un tenso silencio en el que cada uno pensaba en lo suyo.

- Tenemos que ir a por eso a la tienda de los gemelos, Lore –dijo Ron para romper el hielo.

- Sí –dijo Lore con tono cansado. Pero como no le apetecía andar, cogió la mano de Ron, sonó un chasquido y al segundo se aparecieron los dos en la tienda de Fred y George.

- No deberíais hacer eso aquí –dijo Fred- aún no sois mayores de edad y si os viera alguien os podría caer una gorda.

No parecían nada sorprendidos.

- Debo suponer que tú no sabes, ¿no Ron? –dijo George- ¿has sido tú Lore?

- Ajá –contestó ella.

- ¿Lo tenéis? –preguntó Ron excitado.

- Sí –dijo Fred con una pícara sonrisa en la cara- pero nos gustaría que lo retrasarais un poco…

…sed pacientes –corroboró George- es que como nos ha costado tanto conseguirlo, queríamos que esperarais hasta Semana Santa que es cuando nosotros podemos ir a veros y está Malfoy, seguro; así nosotros podríamos ver cómo seguís nuestros pasos y, dicho sea de paso, reírnos un poco.

- Por mí vale –aceptó Lore.

- De acuerdo –dijo Ron- ¿quién lo guardará?

- Podemos hacerlo nosotros –se ofreció Fred- aquí está más seguro que en Hogwarts, con tantos profesores y tanta gente.

Cuando volvieron a Hogwarts, Harry y Lore se fueron a las habitaciones con la intención de dormir. Lore llegó a su sala común y allí se encontró con una sola persona: Malfoy.

Ella no le hizo caso y fue a subir las escaleras, pero él se puso delante.

- Déjame pasar –dijo ella.

Pero él la agarró por las muñecas y la puso de espaldas a la pared. Ella intentó librarse; pero no tenía fuerzas para quitárselo de encima.

- Vaya, vaya-, dijo él- ¿estás cansada, pequeña? –se burló; pero entonces su expresión se endureció- entonces es que eras tú la que escuchaba detrás de la puerta con un hechizo de invisibilidad, ¿verdad, por eso gritaste cuando Resschiz nos llamó. ¿Eras tú? –exigió. Pero, para su sorpresa, Lore le miró sonriendo con una expresión oscura.

- ¿Qué oíste? –demandó Malfoy.

- Para mi desgracia, nada relevante. La última frase. Algo así como… "toma, cuando esté… espera, noto algo cerca, un momento… nos espían".

Y sólo cuando se aseguró de que únicamente había oído eso, Malfoy la soltó.