HOla gente! Por fin, aquí llega uno de los capítulos más esperados de todos. UNo de ellos, hay más jejeje
De este capítulo sólo adelantaré que alguien volverá, vaya... ya he dicho demasiado.
Y por cierto, gracias a mis queridos lectores, los que me han dejado review (Isa Luna) y los que no (Vir, Noe...) y en especial al creador de mi club de fans, jejeje Hector, gracias a todos.
SEMANA SANTA MOVIDA.
Durante el resto del trimestre se intentaron centrar más en sus estudios y menos en lo que fuera que Malfoy iba a hacer. Pero no lo conseguían, estaban obsesionados.
Un tarde, estaban los siete sentados alrededor de una mesa en la sala común de Griffindor. Ron y Harry jugaban al ajedrez mágico, mientras Bea les miraba y esperaba pacientemente a que le llegara el turno de jugar contra Luna. Ésta leía un ejemplar de la revista de su padre. Hermione se afanaba en explicarle a Neville cómo hacer un hechizo para volar, llamado Goldriuns. Lore se estaba terminando el libro de Historia de Juicios y Sentencias que se había empezado para ver qué tramaba Malfoy.
Y lo descubrió.
Cuando terminó la lectura reunió a sus amigos, que inmediatamente dejaron todo lo que tenían entre manos y les contó lo que había descubierto:
-Veréis: Mi madre trajo este libro a casa mucho antes de que yo naciera y mi padre, estudioso por aquel entonces, lo leyó y enseguida descubrieron juntos algo que había pasado inadvertido para el resto.
-Y tú eso¿cómo lo sabes? –inquirió Ron.
-Sólo es una imaginación de lo que podía haber pasado, que me he montado gracias a la lectura de este libro. Aquí se relata exacta y fielmente, según el autor, todo lo que hay en el interior de la tela de Juicios, que no mata al que entra… y creo que he descubierto cómo podemos entrar y salir de ahí, lo que conlleva sacar a alguien.
Harry y Bea no se lo podían creer. Nadie habló, hasta que Lore, de nuevo, tomó la palabra y dijo:
-Claro que, no va a ser una tarea fácil y… si queremos hacer algo, vamos a necesitar ayuda.
-Pase lo que pase –dijo Bea- es mi padre y si hay una forma de sacarle de ahí, lo haré.
-Y yo voy con ella –dijo Harry cogiéndola de la mano.
-Y yo por supuesto –agregó Lore ante la perspectiva de aventura.
-Entonces os acompaño –dijo Ron- y Hermione también ¿verdad, Hermione?
-No hace falta que preguntes.
-Pues nosotros también vamos –dijeron Neville y Luna.
-Bien –aceptó Lore-. Creo que Bea y Harry son los que deben decidir.
-Tú eres la que hace planes –dijo Bea- y nosotros los ejecutamos.
-Cierto –corroboró Harry- cuéntanos¿qué tienes pensado?
-Bueno –contestó ella con una sonrisa de picardía- la verdad es que sí había pensado en algo…
Y así les contó todo su plan.
Una semana más tarde, el sábado, después de la clase optativa de Defensa, los chicos se quedaron a hablar con Tonks.
-Comienza la fase "A" del plan –dijo Lore.
-Tonks –Harry fue al grano- escucha, creo que hemos… no se lo digas a nadie, por favor.
-De acuerdo –dijo Tonks al ver la cara seria de todos- pero ¿qué pasa?
-Creo que hemos descubierto la forma de traer a Sirius.
Tonks abrió los ojos como platos.
-Esa cierto –corroboró Bea, que cogió carrerilla y le relató todo lo referente a cómo habían encontrado el libro y que Lorena sabía cómo sacar a su padre de ahí- pero, para eso necesitamos que alguien nos dispense mañana de los entrenamientos y nos cubra si alguien pregunta por nosotros.
-¿Y estabais pensando en mí? Estáis locos¿cómo voy a decir yo eso?
-Vamos Tonks –dijo Bea- ¡estamos seguros de poder sacar a Sirius!
-Pero…
-Por favor.
-Pero y ¿qué voy a decir si preguntan por vosotros?
-Diles que nos has mandado a un recado a Hogsmeade –sugirió Lore.
-¿A todos?
-Teníamos que hacer varias cosas y si nos dividíamos tardábamos menos.
-¿Y si van a buscaros?
-Di, entonces, que era algo que teníamos que dejar en casa de tus padres.
-¿Y si me dicen que por qué no he ido yo?
-Porque tenías muchos exámenes que corregir y no te daba tiempo.
-¿Y si…?
-Tonks –interrumpió Bea- déjalo. Con las ideas de Lore no se puede competir. Digas lo que digas te lo va a contrarrestar.
-Cierto –corroboró Ron-. Te puedes tirar toda la tarde poniéndole pegas que te las va a solucionar todas. Así es de Slitherin –añadió por lo bajo. Pero se llevó una patada, aunque esta vez de Bea que defendía a su amiga, porque ésta ya pasaba directamente.
-Por favor Tonks –pidió Harry.
-Y ¿qué decís a lo que digo si os pasa algo?
Todos miraron a Lore para que le diera una respuesta lógica y ésta se comió el coco para buscar una razonable; pero no la encontró.
-No nos va a pasar nada.
Fue lo único que dijo; pero lo dijo con tal expresión de determinación que casi convenció a la profesora.
Además –añadió Bea- vamos a ir de todas formas, así que si no nos ayudas lo único que haces es ponérnoslo un poco más difícil, pro no nos imposibilitas.
Y eso la convenció.
-Está bien –dijo al fin- os cubriré.
-Gracias –dijo Bea con una sonrisa en el rostro- no te decepcionaremos.
Nos vamos ahora mismo –dijo Lore.
Y todos se dirigieron hacia el bosque prohibido.
Sacaron grandes trozos de carne cruda que llevaban y, al poco, ocho thestrals aparecieron en el claro en el que estaban. Les dieron la carne y, cuando éstos la hubieron terminado, se subieron cada una en uno, Hermione, Bea y Ron con ayuda, Lore también los veía, y les dijeron la dirección:
-Ministerio de Magia, entrada para visitantes, Londres.
Y al cabo de pocos minutos estaban en la puerta; habían llevado a un thestral más para Sirius, por si acaso y les dijeron que les esperaran allí.
-Fase "B" cumplida –dijo Lore.
Entraron en la cabina telefónica uno a uno y, cuando ya estaban todos dentro con sus tarjetas de visitante, se dirigieron sin vacilar hacia el ascensor que les llevó al piso del "Departamento de Misterios" y allí se encontraron con la puerta negra que la mayoría de ellos ya habían visto antes. La cruzaron sin dudar. Al otro lado se encontraron en aquella sala redonda, negra, toda rodeada de puertas idénticas, que tan malos recuerdos les traía.
-Bueno –dijo Harry- habrá que ir probando y marcándolas.
Y miró significativamente a Hermione. Ésta asintió y marcó la puerta por la que habían entrado con una equis roja.
Y en ese momento comenzó el consabido giro de las paredes. Hasta que se paró.
-Vale, una pregunta –dijo Lore- ¿las marcas que habíais hecho anteriormente se borraban cuando volvíais a la sala?
-Sí -contestó Hermione.
-Entonces vamos a seguir un orden; siempre a la derecha de la que marquemos¿vale? Si no, al final no sabremos cuáles hemos abierto y cuáles no y nos podemos eternizar.
Abrieron la que tenían a la derecha.
Nada más hacerlo, Ron, dijo que por ahí no pasaba; recordaba los sucesos del año pasado con los cerebros de tentáculos de imágenes. Hermione marcó la puerta y la volvieron a cerrar. La sala comenzó a girar de nuevo y paró otra vez. Abrieron la siguiente y llegaron a una sala con espejos por todas partes.
-No es –dijo Harry- vámonos.
-Espera –dijo Luna y salió corriendo hacia el espejo del fondo que era el más grande.
-¡Luna, no! –pero ya era tarde. Había llegado a él y quería tocarlo.
Lore salió corriendo para pararla; pero no llegó. Luna tocó el espejo y desapareció en su interior. Olvidando a lo que habían ido por un momento, todos corrieron y se colocaron enfrente del espejo.
-¡Socorro! –Luna, dentro de éste, corría desesperada escapando de algo que sólo ella veía. De pronto chocó contra una especie de pared invisible y cayó al suelo. Miró hacia atrás, pegó otro grito y salió corriendo hacia el otro lado para volver a chocarse contra algo.
-Rápido –dijo Lore- la cuerda que habíamos traído, que se enganche uno y entre y cuando tenga a Luna, los demás que tiren y las saquen a las dos.
Neville sacó la cuerda de su mochila.
-Yo lo haré –dijo Bea. Lore le ató la cuerda a la cintura y ella se lanzó al interior del espejo. Nada más entrar vio lo que tanto asustaba a Luna: grandes escregutos de cola explosiva la perseguían a lo largo del recinto. También se fijó en que había unas finas paredes de cristal en los tres lados restantes.
-¡Luna, corre! –dijo tendiéndole la mano.
Cuando ésta se agarró, Bea miró hacia atrás para avisar a sus compañeros; pero se encontró con una pared de ladrillos. Cuando vio que la cuerda se tensaba y supuso que sus compañeros tiraban de ellas, su primer impulso fue taparse la cara…
Lore se fijó en la expresión de su amiga cuando ésta se dio la vuelta y dijo:
-Tened cuidado, parece que no ven el espejo; quizá no las podamos sacar así. Vamos, tirad.
Eso hicieron todos. Al principio les costó mucho y creyeron que no las iban a mover, cuando, de repente, de un tirón, las dos salieron disparadas fuera del espejo.
-¿Estáis bien? –preguntó Harry.
-Sí –contestaron las dos.
-Luna –increpó Lore- ¿se puede saber qué hacías tocando eso cuando sabías perfectamente que no era lo que queríamos?
-Es que, encontré… ¡Dios mío! –exclamó de pronto mirando al otro lado de la sala.
La puerta negra por la que habían entrado, había desaparecido.
Ron corrió hasta la pared y lo único que pudo palpar fue un frío y sólido espejo.
-¡Genial! –dijo- ¿y ahora qué hacemos?
-Pensar en cómo salir, Ronald –dijo Hermione- es obvio¿no?
-Pensar en cómo salir, Ronald –imitó éste con voz de pito- eso ya lo sé. Me refiero a que cómo salimos.
-Bueno, no os peleéis ahora –dijo Lore- y pensad en cómo salir -reiteró.
Al cabo de media hora, Harry y Neville daban vueltas a la habitación inquietos. Hermione, Luna y Bea se habían empeñado en que era una ilusión, o que la puerta estaba detrás del espejo o algo así y seguían intentando abrirlo de alguna forma. Ron estaba en una esquina sentado, abrazando a Lore y ésta miraba fijamente al espejo grande, el de los escregutos.
-Entonces hay escregutos al otro lado… yo sigo pensando que la clave está en ese espejo. A lo mejor matando a los escregutos se abre la puerta.
-Entonces tú lo tienes fácil –contestó Ron- con el Av…
Lore le tapó la boca corriendo.
-Recuerda que prefiero que no lo sepan. De todas maneras voy a ver si con un desmaius funciona. Sujeta la cuerda.
Ron lo hizo y ella se la ató a la cintura y entró en el espejo.
-¿Qué hace? –preguntó Bea que se había fijado el sus movimientos.
-Cree que la solución está en los escregutos.
A base de entornus para aparecer detrás de ellos y desmaius, los venció a todos. Pero no ocurrió nada.
-Vas a tener que matarlos –dijo Ron desde el otro lado. Lore no lo vio; pero lo oyó.
Suspiró resignada. Con unos cuantos Avada Kedabras estaban muertos todos.
-¿Cómo sabe eso? –preguntó Harry estupefacto.
-Es una larga historia –dijo Bea.
-Muy larga –puntualizó Ron.
De pronto sonó un ruido y se abrió una puerta dentro del espejo, donde se encontraba Lore. Ella veía, a través de ella, la sala de paredes negras y puertas a los lados a la que intentaban acceder.
-Vamos –dijo mirando a la pared de piedra.
Pero nadie acudió.
Sus amigos veían una sala iluminada, que no era la que necesitaban.
-No es esa, Lore, vuelve –dijo Ron al fin.
Escuchad –dijo mirando a la pared- tenéis que confiar en mí. No sé lo que veréis desde ahí, pero desde luego, yo desde aquí veo la negra de puertas a la que queremos llegar. Por favor.
Bea, amiga incondicional, cruzó el espejo sin dudarlo un segundo. Pero Harry, después de lo que había visto, no sabía si confiar en ella. Ron, después de pensárselo un poco, también cruzó; pero el resto no.
-Es verdad –les dijo Bea- Es la sala, vamos.
Y al final cruzaron todos.
Llegaron a la sala y, ya olvidado el incidente ahí dentro, Hermione marcó la puerta, la cerraron y la habitación volvió a girar.
-Esperad –dijo Harry de pronto- estamos haciendo el tonto. Recuerdo que la habitación de la tela estaba tres a la izquierda que la de los cerebros.
-Entonces es ésta –dijo Hermione señalando una –porque la de los cerebros es aquella.
-Vamos.
Y se metieron todos en ella.
Allí estaba.
La tela de juicios.
Bajaron las gradas y subieron a la plataforma.
-Comienza la fase "D" –dijo Lore- la más difícil.
-¿Quién se queda? –preguntó Ron.
-Tiene que ser alguien fuerte, que pueda subirnos, aunque sea de uno en uno, por si acaso.
-Entonces yo sola no puedo –dijo Luna-; pero quizá con ayuda…
-Yo me quedo con ella –dijo Hermione, por si acaso. Ente las dos podremos subir a alguno de vosotros, supongo.
-No sé… -Luna todavía dudaba.
-Me quedaré yo con Luna –dijo Ron.
-¿Estás seguro?
-Sí, además, así no me encuentro con la araña.
-No me lo recuerdes –dijo Lore- entonces decidido, vamos los demás, a dentro. Y recordad que no tenéis que decirle a nadie lo de la cuerda o intentarán salir todos en tropel y no queremos eso, porque la mayoría son mortífagos.
Harry cogió la mano de Bea y ella se sintió más segura así. Entraron los dos a la vez en la tela y desaparecieron.
Hermione y Neville les siguieron y Lore iba a entrar. Entonces Ron la paró, le dio un beso y le dijo al oído:
-Tened cuidado ahí abajo.
-No te preocupes, sabemos cómo superar las pruebas.
-No me refiero a eso, lo digo por la gente que pueda haber.
-Tranquilo.
Y se lanzó hacia la tela y desapareció.
-Bueno –dijo Luna- y ahora a esperar.
Lore cayó atravesando un sinfín de telarañas que se iban rehaciendo sobre su cabeza. El tubo por el que caía parecía no tener fin. De pronto las telarañas cesaron y atravesó una especie de ente verde, parecido a la gelatina. Siguió cayendo y, cuando llegó abajo, debajo de la gelatina, aparecieron de las paredes gruesas estacas engrasadas, que apuntaban en diagonal y hacia abajo y sólo dejaban un espacio entre ellas por el que un hombre corpulento no habría cabido.
Lore cayó sobre una mullida planta, el Lazo del Diablo, que, al momento la atrapó y la empezó a estrangular.
-¡Relájate! –le dijo Hermione desde abajo.
Ella lo hizo y cayó donde estaban sus amigos.
Era una especie de antesala, con una pequeña puerta de metal en una pared y el resto lisas.
Abrieron la puerta sin saber muy bien lo que encontrarían y Harry cruzó decidido, envalentonado por poder encontrar a su padrino.
Al otro lado, se encontraron otro habitáculo, si se le podía llamar así, en el que las paredes laterales eran totalmente lisas, estaban separadas unos diez metros y se perdían un poco más allá en una densa niebla color esmeralda. La pared del fondo no se veía.
-Vaya, vaya –dijo de pronto una voz deslizante –mira quién tenemos aquí.
Y de la niebla aparecieron diez hombres que los rodearon.
-Cuánto tiempo Lorena –dijo uno apuntándoles con la varita.
Ellos se replegaron más.
-Gary –contestó ella despectiva.
-¿Este es el que le quitó la pierna a Moody? –le preguntó Bea a su amiga.
-El mismo –respondió ella.
-Veo que me recordáis bien; ¿cómo es que estáis aquí?
-Voldemort –dijo Lore- quiso vengarse de mí y me ha enviado aquí.
-No, Él no haría eso; te torturaría hasta la muerte.
-Bueno, el caso es que hubo una lucha y caímos sin querer-. Y anticipándose al comentario del mortífago, añadió: -Hermione y yo caímos. Bea y los chicos quisieron ayudarnos y se encontraron también aquí.
-Ya –Gary no parecía muy convencido; pero cambió de tema- pues de aquí no pasáis.
-¿Y quién nos lo impide?
-Yo, porque conociéndote como te conozco, seguro que puedes pensar en algo para salir de aquí ahora que has visto lo que es y yo ya estoy un poquito harto de esta monotonía.
-Pues no va a poder ser.
-Lore –interrumpió Harry- ¿de qué conoces a éste mortífago?
-Vaya –dijo el susodicho- ¿no se lo has contado a tus amigos?
Lore y Bea le lanzaron miradas asesinas.
-Vuestra amiga es mortífaga.
-¿QUÉ? –Harry no se lo podía creer- ¿Que eres qué?
-Era, mortífaga –dijo Lore recalcando la primera palabra-; pero ya no.
-Y ¿tienes…? –se atrevió a decir Neville.
-¿La marca? Sí.
Y se levantó la manga de la túnica para dejar al descubierto la calavera llena de cicatrices.
-Harry, por favor –dijo Bea- ya no lo es ¿vale?
-Pero…
-¡Se acabó el asunto!
Y Harry se calló.
-Déjanos pasar –dijo Lore.
-No –contestó el mortífago apuntándola con la varita.
-¿En serio vas a desafiarme? –y en los entornados ojos de la chica apareció un brillo asesino.
De golpe todos los que les rodeaban sacaron sus varitas y se dispusieron a atacar, ella sonrió y levantó una ceja.
-Apartaos –dijo Bea a sus amigos sabiendo que la otra lo tenía todo controlado. Y les sacó del círculo y les llevó a un ángulo al que no llegaban los disparos, por si acaso.
Los del círculo, sin previo aviso, lanzaron desmaius a la chica, ninguno lanzó Avada Kedabra porque la necesitaban viva. Pero ella, sin perder la calma, pronunció el sinvistors y los hechizos surcaron el aire y los mortífagos se tuvieron que agachar para que no les dieran a ellos. Y de pronto, uno a uno, iban cayendo, en un sueño profundo, al suelo. Lore, letal y rápida como una sombra, se desplazaba por detrás de ellos y les dormía sin que ellos pudieran hacer nada para evitarlo.
Cuando acabó se hizo visible de nuevo y sus amigos, con caras de espanto, se acercaron.
-Vamos –dijo Bea.
Pero no se movieron. Lore suspiró escéptica.
-Sólo están dormidos, Harry –dijo viendo a dónde se dirigía su mirada.
-¡Oh, vamos¿Cuantás veces os ha hecho daño Lore? –preguntó Bea perdiendo los nervios- ¿Y cuántas os ha ayudado? Yo creo que hay una gran diferencia entre una y otra.
-Déjalo, ya no confían en mí –dijo la otra- tú y yo vámonos a buscar a Sirius.
Y Bea, comprendiendo lo que su amiga pretendía, la siguió y se internaron en la niebla.
-Está bien –dijo Harry- lo siento, vamos.
Y los demás las siguieron. Las dos chicas sonrieron entre ellas; justo lo que habían pensado que harían.
Siguieron avanzando. A lo largo de toda la habitación se encontraron todo tipo de personas; sentadas, levantadas, apoyadas en las paredes; de todo tipo, raza y color; pero todos con la misma cara de aburrimiento y monotonía.
Lo malo era que el largo de la habitación no acababa nunca. Bea se cansó y preguntó a uno de los que allí se encontraban:
-Oye¿conoces a Sirius Black?
-Sí –respondió el otro.
-¿Podrías decirnos dónde está?
-No lo sé. Se fue a explorar hacia allá –dijo señalando el lado contrario a por el que venían ellos- yo iba con él pero a las tres horas me cansé y volví.
Bea abrió los ojos como platos.
-Y ¿cuánto hace que se ha ido?
-No mucho. Hará unas cuatro horas. Si corréis, a lo mejor le alcanzáis.
-Muchas gracias –dijo Bea.
Y todos salieron trotando hacia delante.
Hermione y Neville se cansaron pronto y se quedaron esperándoles en un tramo en que no había mucha gente, mientras los otros aceleraban para encontrar a Sirius cuanto antes. Lore porque estaba acostumbrada a correr y Bea y Harry por el afán de encontrarle.
A las tres horas de correr ya no veían a casi nadie por ahí.
A las cuatro horas y media vieron una figura solitaria caminando hacia adelante despacio, muy despacio.
Bea lo reconoció enseguida.
-¡Papá! –gritó y salió corriendo más rápido aún.
La figura se giró como si hubiera sido impulsado por un resorte y, en cuanto vio a Bea correr hacia él puso cara de haber recibido la mayor sorpresa de su vida y cuando ella saltó hacia él y le abrazó, él sonrió y se dio cuenta de que eran reales.
Padre e hija se tiraron un buen rato abrazándose. Cuando se separaron, Sirius se acercó a los otros dos y también les abrazó. Harry no cabía en sí de gozo.
Cuando se separaron, Lore se fijó en que el padre de su amiga y padrino de su amigo estaba demacrado; muy demacrado, mucho más que cuando estaba en Azkaban. Pero su expresión era mucho más alegre que cuando volvió de allí.
Todo el camino de vuelta a donde se encontraban los otros lo pasaron Harry y Bea hablando con Sirius y relatándole todo lo acaecido ese año que él había estado… ausente.
Cuando llegaron, Sirius saludó a los otros y volvieron al principio de la sala.
-¿Todavía siguen dormidos? –preguntó Neville mirando a los hombres de antes.
-No despertarán hasta que yo no les lance el contrahechizo. Y deja de mirarme así Harry, porque a ti no te voy a hacer nada –agregó contrariada.
-Harry, por favor –dijo Bea- confía en mí, no te va a hacer daño. Pondría la mano en el fuego por ella.
-Bueno, da igual, vámonos –dijo Hermione- Lore¿tienes tú la moneda?
-No, la tiene Bea –dijo mirándola a ésta.
Bea sacó la moneda y llamó con ella a Ron y a Luna. Ellos le respondieron.
-Ya tenemos a mi padre –dijo ella- lanzad la cuerda.
-De acuerdo –dijo Ron.
Entonces, Hermione lanzó el conjuro Lumus Solem al Lazo del Diablo y Lore y Bea la ayudaron. Estuvieron tanto tiempo que la planta desapareció casi completamente, dejando un gran agujero en el centro.
Y, al cabo de unos segundos apareció una cuera cayendo justo por el hueco que dejaban las estacas en el centro del conducto; llevaba una piedra atada al final porque Lore había pensado que sola, quizá no hubiera podido atravesar la gelatina verde hacia abajo.
-Bien hecho, chicos –dijo Bea.
Ron y Luna se habían pasado ese rato colocando una polea en el techo de la sala justo encima del agujero, a través de la tela, en el centro, para que no rozaran las estacas los de abajo.
-Ve tú, papá –dijo Bea- y así les ayudas a subirnos al resto.
-Sí -dijo Lore-; pero toma, llévate mi varita porque vas a tener que librarte de unas cuantas arañas gigantes ahí arriba.
-¿Y tú?
-Les daré patadas –dijo simplemente ella, sonriendo- vamos llévatela, estás más cansado que yo y la vas a necesitar más.
-Está bien –y agarrando reticente la varita de Lore, Sirius se agarró a la cuerda y comenzó a trepar.
-Ya –dijo Bea a través de la moneda.
Y los de arriba, a su vez, empezaron a izarlo; Ron, tirando a mano de la cuerda y Luna mediante un hechizo.
-Y ahora a esperar –dijo Lore sentándose el en suelo.
Hermione, Neville, Bea y Harry se sentaron a su lado y, en un cuarto de hora, empezaron a oír hechizos y gritos provenientes de arriba.
-Ya está con las arañas –dijo Bea. Lore se estremeció, a lo que Bea se rió por lo bajo y ella se dio cuenta.
-Oye –dijo- me enseñaron a no tener miedo a nada, pero no consiguieron quitarme el asco que siento por las arañas.
Y Harry sonrió.
Al cabo de un rato les avisaron de que podía subir el siguiente y les lanzaron la cuerda. Subió Harry y esta vez fue más rápido porque les ayudaba Sirius.
Harry tuvo que estar muy quieto en el primer tramo para no pincharse con las estacas; luego empezó a trepar como pudo y llegó a la gelatina verde. Notó que era como una especie de pared que no le dejaba pasar. Era muy fácil bajar a través de ella; pero subir parecía imposible.
-¡Estira los brazos y quédate colgando! –le gritó Bea desde abajo; Sirius se lo había dicho a través de la moneda. Harry lo hizo y pasó con cierta dificultad gracias a que los de arriba tiraban de él. Luego llegó al trecho de las telarañas. De pronto le costaba más atravesarlas, no le extrañaba que nadie lo hubiera conseguido. Los delgados hilos se le enrollaban en torno a las extremidades y la cintura y tiraban de él. Y, para colmo, de pronto llegaron varias arañas, casi del tamaño de Aragog y él tuvo que hacer como Sirius y librarse de ellas mediante hechizos y sortilegios.
Al final llegó arriba y luego subió Bea; después Hermione; más tarde Neville y, por fin, Lore, que antes de subir quitó el hechizo de los mortífagos que se despertarían en unos minutos y descubrirían, no sin frustración, que se habían ido sin ayudarles. Luego lanzó otro hechizo para hacer crecer de nuevo el lazo del diablo. Ella, como había prometido, se libró de las arañas a patadas y, como le daban tanto asco, no dejó que se le acercaran ni un milímetro.
Al final estaban todos arriba y, sin perder tiempo, salieron corriendo de allí. Llegaron a la sala de las puertas, calcularon la de los cerebros y la de al lado era la de salida. No se habían equivocado. Cuando llegaron a la plaza de entrada, pasaron por delante de la fuente de las criaturas que tantos recuerdos le traía a Harry y encontraron a los thestrals, obedientes, esperándoles donde les habían mandado.
Cada uno montó en uno y les preguntaron a Sirius dónde quería ir primero.
-Al número doce de Grimauld Place –dijo rotundamente.
Y en unos momentos estaban allí.
Sirius se despidió de ellos.
-No se lo digáis a Dumbledore todavía –dijo- ya le avisaré yo.
-De acuerdo –respondió Harry- no te metas en líos –añadió con una sonrisa.
Sirius le dio una colleja y los niños volvieron al bosque Prohibido llevando el thestral restante.
Cuando llegaron se les había hecho de día en el domingo. Subieron a la sala común de Griffindor a descansar, porque estaban agotados y, por el camino, pasaron al lado de McGonagal y Tonks que hablaban en un pasillo. Ésta última, al verlos pasar exhaustos y sonrientes, se imaginó que lo habían conseguido y, en seguida le dijo a la subdirectora:
-Dispénsame unas horas, Minerva, tengo que hacer algo muy importante.
Y salió corriendo, fuera del colegio.
Los chicos llegaron a la sala común y, lo primero que hicieron fue dejarse caer en los sillones y quedarse dormidos ahí. Sobre todo, Harry, Bea y Lore, que habían estado corriendo más de cuatro horas…
Al despertar al atardecer, esos tres, Neville y Hermione tenían agujetas por todas las piernas, casi no se podían ni levantar.
Entonces Colin Creevey llegó corriendo a Bea y le entregó un sobrecito lacrado con rojo en el que se reconocía la escritura del director.
-Es de mi abuelo –le dijo a Lore al abrirlo- tenemos que cumplir el segundo castigo. Por desgracia Malfoy también va a estar ahí.
Tenemos que ir al despacho de tu padre el lunes después de clase.
-¿El castigo es con mi padre? Genial… No podía ser con cualquier otro, no, tenía que ser con mi padre.
-No pone qué es lo que tenemos que hacer.
-Pufff… yo ya me temo lo peor.
-¡Anda mira! También nos agradece a todos que sacáramos a Sirius de ahí –dijo en voz más alta para que lo oyeran todos los que llevaron a cabo ese cometido.
-¡Genial¿No nos regaña? –preguntó Ron alucinado.
-No –contestó Harry leyendo por encima del hombro de Bea- según esto nos lo agradece y punto.
-Tengo hambre –dijo de pronto Ron- ¿creéis que aún habrá comida?
-No creo –dijo Hermione- son ya las cuatro. Me voy a hacer deberes.
-Y yo –dijo Luna.
Neville simplemente había desaparecido antes de que se despertaran.
-Eso no quita que yo siga teniendo hambre –dijo Ron.
-Eso tiene fácil arreglo –contestó Lore levantándose y arrastrándole consigo- ¿venís? –preguntó a Harry y Bea.
-¿Con los elfos? –inquirió a su vez ésta a lo que Lore sonrió por toda respuesta.
-Vale –dijo Harry- vamos.
Y los cuatro atravesaron el castillo en dirección al cuadro de las frutas. Harry hizo cosquillas a la pera y, enseguida, fueron recibidos por una ingente cantidad de elfos domésticos de todo tipo.
-¡Harry Potter! –se oyó por encima de todo el barullo- ¡Harry Potter ha venido a ver a Dobby¡Cuánto tiempo lleva Dobby sin ver a Harry Potter¿Cómo está el amigo Harry Potter, señor¿Cómo se encuentra¿Y cómo se encuentran sus amigos, también, por supuesto?
-Muy bien, muy bien, Dobby, gracias –respondió éste- todos estamos en perfecto estado solo que un poquito hambrientos.
-¡Eso se puede arreglar! –gritó Dobby corriendo junto a otro grupo de elfos por toda la cocina, revolviendo esto, volcando aquello, trayendo, llevando, hasta que, al final, en muy poco tiempo, tenían en una esquina una mesa montada para los cuatro amigos con un montón de delicias en ella.
