Hola gente: éste es un capítulo algo especial, me gustaría de veras que me dejarais reviews sobre lo que pensáis de él, en serio, con lo bueno y con lo malo. Muchas gracias, Isa Luna, Hector, etc

DÍA DE VISITAS

Después de Semana Santa, todos los alumnos tuvieron infinitamente más deberes que el resto del curso y mucho, mucho que estudiar. Sobretodo los del curso de Harry que tenían que presentarse a los ÉXTASIS, en junio.

Era un día como otro cualquiera y el pasillo por el que iban los seis estaba tan abarrotado como otro cualquiera; llegaban tarde a clase con Snape y, para colmo, delante de ellos había un tapón de alumnos porque dos Hufflepufs de primero se estaban peleando a puñetazo limpio.

-Así no llegaremos nunca –se quejó Hermione.

-A nosotras lo que nos faltaba era que Snape nos castigara otra vez –dijo Bea.

-Sí –corroboró Lore- aún no hemos terminado el castigo anterior.

-Seguidme –dijo Neville de pronto conduciéndoles pasillo atrás y metiéndose detrás de un tapiz.

-Vaya –dijo Ron al bajar por las escaleras que les había descubierto Neville- éstas no las conocíamos ¿no, Harry?

-No, éstas no.

-Las descubrí un día que me tropecé, aquí fue donde oía hablar a Malfoy sobre "eso que le iban a dar a ella par que él fuera a verla". Dan al vestíbulo y desde ahí es mucho más fácil acceder a las mazmorras.

-Cierto –corroboró Hermione- vaya, Neville, gracias.

Y así llegaron al aula de pociones sin muchos inconvenientes.

Después de las seis aburridas clases de todos los miércoles, Lore y Bea dejaron sus mochilas en la sala común de Griffindor (vigiladas por Filch para que no comieran nada) y bajaron a encontrarse en el vestíbulo con Malfoy, Parkinson y Snape (que había ido a vigilarles a ellos). Los cuatro alumnos fueron conducidos a la parte de atrás del jardín de Hagrid, donde ya había levantadas dos de las cuatro paredes del invernadero.

-¡Ala! A trabajar –sonrió Snape, dejándoles a los cuatro ahí a solas con las láminas de plástico, las de metal y las tuercas.

-Démonos prisa, a lo mejor conseguimos terminarlo hoy y así ya no tenemos que volver –dijo Lore cuando su padre se hubo ido.

-Vamos –corroboró Malfoy.

Él y Bea cogieron una de las láminas de plástico y la levantaron para encajarla en una de las de metal, mientras Lore y Parkinson la sujetaban con tornillos y tuercas. Y así, lámina de metal, lámina de plástico, consiguieron terminar las paredes a las ocho y cinco. Pero aún les quedaba encajar la puerta y poner el techo (más láminas de plástico superpuestas, esta vez, curvas).

-Ya no puedo más –dijo Bea sentándose en el suelo y bebiendo un poco de agua que les había ofrecido Hagrid.

Éste había conseguido convencer a Snape de que le dejara darles un poco de agua por lo menos.

-Vamos, Bea –dijo Lore- un esfuerzo, que podemos terminarlo hoy.

-Déjala que descanse –Malfoy sorprendió a todos con un alarde de compasión- pondremos el tejado Pansy, tú y yo. Coge una escalera y vete por el otro lado, yo subiré por éste, que Pansy nos pase las planchas y las colocaremos entre los dos.

-Vale –aceptó Lore.

-Por mí bien –corroboró Parkinson.

-No –se opuso la otra- no voy a dejaros que hagáis el trabajo vosotros solos.

-Está bien –dijo Malfoy- entonces tú ve poniendo la puerta, así acabaremos antes.

-De acuerdo.

Y así, entre los cuatro consiguieron acabarlo cinco minutos antes de las diez de la noche, que era cuando Snape les iba a buscar.

-No puedo más –Malfoy se sentó en el suelo y apoyó la espalda en el nuevo invernadero- como me deje un día más sin comer, me muero.

-Y yo –Parkinson estaba de acuerdo.

-¿Los de Slytherin no os llevan comida a la sala común? –preguntó Lore.

Malfoy soltó una risa escéptica.

-Ya deberías saber que en esa casa la gente no suele ser tan solidaria.

-Bueno, pues no os acostéis aún, esperadme en la sala común y os la llevo.

Malfoy alzó las cejas en señal de asombro.

-Yo no tengo hambre –dijo Parkinson desdeñosa- me iré a dormir.

-Vale –accedió Malfoy después- gracias.

-Vaya, vaya, vaya –se oyó la susurrante voz de Snape a sus espaldas- parece que habéis congeniado bien… ¿gracias por qué, señor Malfoy?

-Por… porque ellas son las que más han trabajado para terminar esto y gracias a ellas mañana podré cenar tranquilamente.

Snape, incrédulo, entornó los ojos, pero al cabo de unos segundos, como nadie añadió más, se dio por satisfecho.

-Bien, vamos, todo el mundo a la cama. Y pobre del que pille rondando por las cocinas –lanzó una severa mirada a Bea y Lore- Buenas noches Hagrid.

-Buenas noches Severus, buenas noches chicos.

-Hasta mañana Hagrid –contestaron ellos; se dieron la vuelta y subieron a paso lento hacia las escaleras, para cuando llegaron a ellas, hacía rato que Snape había cruzado las grandes puertas de roble.

Malfoy estaba solo en la sala común; había decidido darle un voto de confianza a Lore, pero ¿y si era una treta para que al día siguiente él estuviera cansado¿Y si ella no iba a bajar en toda la noche? Justo cuando empezaba a pensar en olvidarse de la cena e irse a dormir, oyó que la gárgola se movía y vio cómo entraba Lore por el agujero.

-Siento haber tardado. Tuve que evitar a Filch, luego a Peeves y después casi me pilla la señora Norris.

Se acercó a la mesa y dejó un par de bollos, una jarra de zumo de calabaza y dos sándwiches de jamón.

-No es mucho pero es lo único que he conseguido traer.

-Es más que suficiente, muchas gracias.

-De nada.

-Supongo que esto significa que nuestra tregua ha terminado –dijo Malfoy endureciendo la mirada de pronto.

Lore le miró un segundo sorprendida, pero enseguida se repuso, sonrió y contestó:

-Pues es una pena, porque yo prefería que no nos peleáramos, pero… ¿qué se le va a hacer?

Malfoy se encogió de hombros.

-Bueno, supongo que entonces esta sala ya no es segura para mí –añadió Lore marchándose hacia la gárgola; antes de cerrar completamente, agregó-: que aproveche.

Y se fue.

Con la mente en otra parte no se dio cuenta de dónde pisaba y en la escalera hacia la torre metió el pie en el escalón falso, con lo que se le quedó encajado.

-Mierda –dijo en voz baja.

Sacó la varita y ejecutó un hechizo para librarse del aprisionamiento del escalón. Cuando consiguió salir, se dio la vuelta para seguir subiendo y se topó de bruces, nada menos que con Peeves.

-¡Vaya!

-Oh, no. Hacía mucho tiempo que no te veía por aquí, Peeves.

-La señorita Snape rondando por los pasillos a estas horas de la noche.

-Peeves, no chilles tanto por favor.

-¡Oh, la señorita no quiere que chille –dijo con su voz de pito más alto aún- quizá debería ir a avisar al profesor Snape, su dormitorio no está lejos –agregó saliendo disparado escaleras abajo.

-¡NO¡Peeves, espera! Tengo un mensaje para ti.

Con ello consiguió que el poltergeist parase y diera media vuelta para mirarla con interés.

-¿Un mensaje¿Para mí? –preguntó ilusionado.

-Sí, para ti –contestó ella pensando en qué decirle para que se olvidara de llamar a ningún profesor.

-¿De quién?

-Mmm… de los gemelos Weasley; es un mensaje de los gemelos Weasley, me lo dieron el otro día. Les vi en su tienda y les pregunté si echaban algo especialmente de menos y dijeron que nunca se olvidarán de que te quitaste el sombrero frente a ellos en el vestíbulo, que eso les dio muchísimo prestigio y que echan de menos reírse de las bromas que gastabas tú y que tú te rieras de las que gastaban ellos. Me dieron muchos recuerdos para ti y me dijeron que te diera esto.

Lore sacó de la túnica la bolsa de gominolas dientes azules que siempre llevaba encima, por si se brindaba la oportunidad.

-Gominolas dientes azules –dijo tendiéndosela- "úsalas como más te guste", fue su mensaje.

-¡Muchas gracias! Diles que gracias y que yo también les echo de menos –dijo Peeves con un brillo de alegría en los ojos.

Se marchó de allí escaleras abajo, cantando alegremente, aparentemente olvidado el ir a llamar a Snape.

Lore dejó escapar un pequeño suspiro y se apresuró a llegar a la sala de Griffindor, sólo para encontrarse con una enfadada Bea que estaba preocupada porque había tardado mucho.

Dos días después no había clase. Todos los alumnos estaban exaltados porque era día de visitas.

Hermione se fue a primera hora con sus padres que habían llegado a verla. Harry y Ron se fueron a ver a la señora y el señor Weasley, Bill, Charlie y los gemelos. Percy no apareció. Y Bea y Lore se fueron a ver a la madre de la primera que estaba muy contenta porque ya había visto a Sirius. Todo habría transcurrido como un día de visita normal, de no ser porque alguien había preparado algo muy especial para ese día…

Cinco pares de pies caminaban silenciosa y furtivamente por los pasillos de las mazmorras. Llegaron a la última, la de rejas de metal y la abrieron. Sacaron una piedra del fondo, dejando al descubierto un corredor perfectamente cuadrangular y entraron en él acarreando algo muy pesado.

Media hora más tarde salieron de nuevo, cerraron esa entrada y volvieron al vestíbulo, sin que nadie se diera cuenta, para mezclarse con la multitud de familias que se saludaban.

Malfoy no estaba con nadie, sus padres habían ido a verle por la mañana, pero ya se habían marchado porque tenían trabajo. El chico paseaba por el jardín, cerca del lago cuando oyó que alguien gritaba:

-¿Adónde vas?

-A enseñárselo a Ron y los otros, esto es increíble –contestó a la primera una voz que le resultaba familiar.

Se pegó al tronco de un árbol y vio a la pequeña de los Weasley corriendo hacia las escaleras con un libro en la mano. De repente se le cayó una hoja del libro. A Malfoy le picó la curiosidad y, tras cerciorarse de que nadie lo había visto, cogió el viejo y ajado pergamino y lo leyó.

Era una carta del mismísimo Lord Voldemort, pero parecía muy antigua.

El chico no se lo podía creer, por eso estaba la pelirroja tan nerviosa. Malfoy leyó la carta y descubrió que iba dirigida a quien consiguiera encontrarla y que conducía a algo que el señor oscuro había escondido muy celosamente durante todos esos años y que sólo sería digno de verlo el que encontrara esa carta: su pensadero. En la excitación del momento, el muchacho no podía pensar en otra cosa que no fuera encontrar el pensadero del mismísimo Lord Voldemort.

Subió las escaleras del vestíbulo y pasó al lado de los gemelos Weasley, Ron, Ginny, Harry, Lore y Bea.

-Eso es imposible, Ginny –decía Lore en ese momento.

-¡Que no¡Que es verdad! –contestaba la pequeña visiblemente angustiada- lo que pasa es que no sé qué ha pasado con ella, la tenía dentro del libro, se me debe de haber caído o algo –parecía a punto de echarse a llorar.

Malfoy sonrió y, evitando que le viera nadie, se internó triunfante en el pasillo de las mazmorras, sin siquiera darse la vuelta; una pena por su parte porque si hubiera mirado un instante hacia atrás, habría advertido el brillo malicioso de los ojos de los gemelos y les habría oído decir:

-Bien hecho chicas, se lo ha creído.

-Muy buena actuación, Ginny, ha sido genial.

-Fred tiene razón, me has convencido hasta a mí.

Pero Malfoy no lo oyó; así que siguió caminando y pronto se internó en el corredor cuadrangular siguiendo fielmente las instrucciones de la falsa carta.

Unos metros más adelante había una toscamente cavada bifurcación hacia la izquierda y, al fondo de ésta, una vasija; más o menos le llegaba a la cadera.

En los ojos de Malfoy lucía una especie de mezcla entre la alegría y la avaricia cuando metió la punta de la varita en el recipiente y tocó la fina bruma plateada que se removía en su interior.

Desapareció de allí y apareció de repente en medio de la nada. Todo a su alrededor era negro. No se veía ni a sí mismo. Intentó hablar, pero no logró escuchar ni su propia voz, por más que gritó. Ese sitio le ponía la carne de gallina. De pronto notó una fría presencia a su espalda. Se dio la vuelta y se encontró con un ente informe, blanco transparente. Detrás de él, de la nada, surgió otro, y luego otro, y otro más. De pronto se vio rodeado de esos entes. Sacó la varita, pero no consiguió pronunciar ningún hechizo. Viendo entonces que era inútil la volvió a guardar para que no se perdiera.

Entonces uno de esos entes alzó algo que se parecía a todo menos a una mano y lo tocó.

Apenas lo rozó.

El dolor que sintió Malfoy fue peor que cualquiera que hubiera sentido hasta ese momento; mil veces peor que los castigos de Resschiz, incluso. El chico lanzó un mudo grito y quiso salir de ahí pero le habían rodeado y cada vez que le tocaban aquellos extraños seres sentía esa punzada de dolor que le recorría todo el cuerpo. Aun así tenía que salir de ese apretado círculo como fuera. Tomó aire y comenzó a correr hacia un extremo del aro blanco. Desde el momento en que atravesó el primer cuerpo pensó que no lo iba a conseguir. A la mitad del círculo paró y cayó al suelo, agotado. El dolor era tan insoportable que incluso pensó en suicidarse, pero ya no tenía fuerzas para coger su varita. Entonces los blancos entes se cernieron sobre él y el dolor se intensificó.

-¡Aahhhh! –un mudo grito- ¡No¡Dejadme en paz¡¡Socorro¡Por favor, ayudadme¡Por favor¡Dejadme en paz¡Mamá, ayúdame¡Socorro!

Entonces el dolor pareció remitir un poco. "Ya está, me voy a morir" pensó el chico "esto es el fin"…

En el vestíbulo no había mucha gente. La mayoría de los alumnos estaban en el jardín paseando con sus familias, o en las salas comunes. Pero aún así había alrededor de una docena de chicos y chicas en ese momento. Por suerte o por desgracia, ninguno era de Slytherin. Harry y los demás sí que estaban allí, esperando impacientes.

Entonces, de pronto, Malfoy apareció en medio del vestíbulo, con la cara demacrada y los ojos que parecía que se le iban a salir de las órbitas. Tenía la mirada perdida en ninguna parte y se movía como intentando esquivar algo que sólo él veía.

Era una imagen para no perderse y todo el vestíbulo estalló en carcajadas, iniciadas por Fred y George.

Hermione, Lore y Bea también se reían; pero entonces Malfoy se cayó al suelo y comenzó a retorcerse y a gritar pidiendo socorro y llamando a su madre, lo que hizo que las carcajadas aumentaran; pero ellas tres ya no se reían porque se habían fijado en las lágrimas que recorrían las mejillas del chico.

-Esta vez os habéis pasado –amonestó Hermione seriamente a Lore.

-Hay que parar esto –dijo Bea.

-Tú ve al corredor y deshazte de todas las pruebas –le dijo Lore a su amiga.

Acto seguido se abrió paso hasta el centro de la sala a empujones y se acercó hasta donde estaba tendido el muchacho gritando. Se arrodilló y le sujetó la cara entre las manos. El chico tenía los ojos fuertemente apretados y no paraba de chillar.

-Tranquilo, Draco –comenzó Lore con la voz más serena que pudo- no pasa nada, estás a salvo, nadie te va a coger, no hay nadie, abre los ojos, Draco, abre los ojos y lo verás.

El muchacho abrió los ojos y la miró directamente a los suyos, pero no parecía verlos, seguía con la mirada perdida, aunque dejó de gritar. Por un momento toda la sala quedó en silencio, la gente estaba pendiente de lo que pasaba, pues supuestamente, ellos dos no se podían ver ni en pintura y ahora ella le estaba ayudando a él.

-Eso es, Draco –seguía Lore- no pasa nada, cálmate.

Entonces él dejó de mirar a la nada para mirarla directamente a los ojos y se aferró al brazo de la chica lo más fuerte que pudo.

-No dejes que me cojan –susurró con voz ronca.

Acto seguido se desmayó.

Lore pasó el brazo del chico por sus hombros y le cogió; dispuesta a llevarle a la enfermería se acercó al corro de curiosos que se había formado, en dirección a la escalera; pero ninguno se movió.

-Apartaos –murmuró ella fulminándolos a todos con la mirada. Bastó eso para que el corro se deshiciera y le dejaran vía libre para que le llevara escaleras arriba.

Bea bajó rápidamente por el pasillo de las mazmorras, por suerte nadie la vio pues todos los ojos estaban fijos en Malfoy y Lore. Llegó al supuesto pensadero sin problemas y, una vez ahí, comenzó a pensar en cómo deshacerse de las pruebas. No podía hacerlas aparecer fuera de Hogwarts, pero pronto se le ocurrió una idea. Hizo invisible la gran vasija y utilizó el wingardium-leviosa para levantarla y hacer que la siguiera. Una vez fuera taponó ese corredor y el pasillo cuadrangular quedó exactamente igual que la primera vez que lo vio Ginny. Luego cerró la piedra y la mazmorra y se hizo invisible ella también. Sabía que se iba a cansar mucho, pero no se le ocurría otra opción.

Fred, estaba en el pasillo hablando con su gemelo de lo sucedido, cuando algo tiró de su manga y casi lo tira hacia atrás. Cuando el muchacho se dio la vuelta, la cosa siguió tironeando de su manga, así que Fred comenzó a andar en esa dirección seguido de George que tampoco sabía muy bien lo que ocurría.

-Fred, soy Bea –dijo de repente una voz- sígueme –añadió cogiéndole de la mano para que él fuera más cómodo.

Atravesaron el jardín, atestado de familias, hasta llegar a la gran verja de hierro. Allí Bea pronunció el contrahechizo y se volvió visible de nuevo. Tuvo que apoyarse en un árbol que había allí para no caerse.

-Chicos –comenzó- me ha dicho Lore que me deshaga de las pruebas, así que aquí traigo el pensadero, invisible. Me daba pena destruirlo así que he pensado que quizá lo podíais guardar vosotros; ¿quién sabe? A lo mejor nos sirve en algún otro momento.

-Estoy de acuerdo contigo –dijo George.

-Sí, yo también –corroboró Fred- dámelo.

Entonces Bea, asegurándose de que no les miraba nadie hizo visible de nuevo el pensadero y Fred lo cogió, abrió la verja y nada más poner los dos pies fuera, se desapareció. Dos minutos después volvió a aparecerse y entró de nuevo en el área del colegio, sonriendo.

-Ya está.

-Bien –dijo George- vamos a reunirnos con los otros.

En la sala común de Griffindor había un sofá libre, cosa rara, así que Bea, Hermione, Ginny y Harry se sentaron en él; Fred y George se acomodaron en dos sillas que consiguieron traer de una mesa y Lore y Ron se sentaron en el suelo, a los pies del sillón. Lore apoyó la espalda en las piernas de Bea.

-…Así que Fred se lo llevó –terminó Bea de contarles a los demás- ¿Y tú, Lore?

-Le subí a la enfermería. La señora Pomfrey dice que se va a poner bien, pero todavía no ha recuperado el conocimiento –contestó ella escuetamente.

-¿Por qué lo hiciste? –preguntó George- nos lo estábamos pasando bien.

-Sí, pero él no. Ya había sufrido bastante. No habría logrado salir del círculo de los entes, era demasiado para él, nos hemos pasado. Hubiera muerto.

-Él quería mataros a alguna de vosotras –recordó Ron- además muy lenta y dolorosamente.

-Precisamente por eso no quiero rebajarme a su nivel y por nada del mundo, Ron, voy a volver a matar innecesariamente.

Los gemelos ya estaban al corriente de la historia de Lore porque se la habían contado en la Orden y a Harry se la había relatado Ron una noche y Ginny no se dio cuenta del detalle de "volver a matar".

-Pero…

-¡Vale ya, Ron! –se cansó Hermione- pareces un crío a veces. Lore ha hecho muy bien en ayudarle y punto. Además podríais haberle matado y…

-¡Chsssssss! –dijeron Harry y los gemelos a la vez –no tan alto –agregó Fred.

-Perdón –susurró Hermione- como decía, podríais haberle matado y si os hubieran descubierto, el asesinato es una carga muy grave, Ron.

-Sí, es verdad.

-Bueno –dijo Harry con una sonrisa maliciosa- hay algo bueno en todo esto: El equipo de Slytherin se ha quedado sin su mejor buscador para la final de mañana.

Lore abrió los ojos como platos.

-¡La final! No lo había pensado.

-¡Aleluya! –gritó Ron poniéndose de pie de un salto; cuando todos le miraron interrogantes, agrego-: por fin Lore no ha pensado algo.

-No tiene gracia, Ron –se molestó ella.

-Para mí sí que la tiene.

-Pues por mucho que seáis mis amigos, no voy a daros la copa sin pelear –contestó ella seriamente, levantándose del suelo.

-Así me gusta –saltó Fred de pronto- espíritu luchador.

-No lo sabes tú bien –dijo Bea con aire de estar recordando algo.

-Mañana estaremos ahí para no perdernos la final –agregó George.

-Perfecto –dijo Lore con la cabeza en otro sitio- tengo que arreglar esto.

Y sin que nadie pudiera evitarlo salió corriendo de la sala común.

Cuando llegó a la enfermería oyó la conocida voz de Malfoy:

-No pienso tomarme este potingue.

-Ese potingue, señorito –contestó la señora Pomfrey- es lo que le ha curado y ha hecho que usted deje de soñar con esos… ¿cómo los ha llamado?... entes blancos.

Lore eligió ese momento para entrar y pudo ver que el chico se ponía lívido ante la mención de aquellos cuerpos y se tomaba la medicina de un vaso de un solo trago. La señora Pomfrey tomó el vaso vacío y desapareció por una puerta con una sonrisa.

Entonces Malfoy se dio cuenta de que no estaba solo en la enfermería. Miró a la chica con una rara expresión en el rostro en la que se mezclaban muchas emociones a la vez. Era tan desconcertante que, por primera vez, Lore no supo cómo interpretarlo. Entonces el chico apartó la mirada y comenzó a observar las pelusas de la sábana blanca.

-Fuiste tú, vi tus ojos, oí tu voz, tú me sacaste de aquel maldito círculo ¿verdad?

Lore asintió tranquilamente, cogió una silla y la colocó al lado de la cama del muchacho.

-¿Qué tal estás?

-Mejor. ¿Sólo has venido a ver qué tal estoy?

-Sí, bueno, a eso y a una cosa más…

Entonces la puerta de la sala se abrió y Dumbledore entró seguido de Snape y McGonagal.

-Un joven Ravenclaw anónimo me ha contado todo lo sucedido –dijo Dumbledore mirándoles por encima de sus gafas de media luna- ante todo ¿cómo se encuentra, señor Malfoy?

-Bien, profesor. Ya estoy mejor, gracias.

-¿En serio? Bien. Entonces mi siguiente pregunta va dirigida a la señorita Snape¿cómo supiste lo que tenías que hacer, querida¿cómo supiste que no te pasaría nada al tocarle?

Ahí venía la parte difícil; por nada del mundo debía dejar que el profesor leyera la verdad en sus ojos, así que puso en práctica todo su talento para ocultar la verdad, igual que lo hacía cuando era pequeña y Resschiz la sometía al veritaserum para entrenarla.

-Pues… la verdad es que no estaba muy segura de que fuera el hechizo que yo estaba pensando, pero sólo se me ocurría ese y como le vi sufrir tanto, no pensé en que pudiera hacerme daño. En ese momento sólo quería que se calmara y ése era el único hechizo que conocía que tuviera esos síntomas; también se me ocurrió la maldición cruciatus, pero no era muy probable puesto que las víctimas no suelen caminar hacia ninguna parte antes de que les llegue el dolor, así que como sólo se me ocurría ése y Draco estaba llorando, me arriesgué a ayudarle.

-¿Y cómo sabías tú acerca de ese maleficio? Es muy raro y difícil de encontrar y muy pocas personas han visto ejecutar uno y muchas menos saben ejecutarlo.

-Es que hace tiempo me leí un libro de maldiciones y hechizos extraños y misteriosos y ahí lo mencionaban. Éste en particular se llamaba maleficio de los espíritus errantes¿no?

-Sí.

Dumbledore miró fijamente a la chica por encima de sus gafas de medialuna y ella le devolvió la mirada sin pestañear; pero sintió que esos profundos ojos azules sondeaban su alma como si miraran su reflejo en un espejo y supo, desde el primer momento, que su oclumancia no era rival para la de Dumbledore.

Pero el director no dijo nada y pareció darse por satisfecho, porque dijo:

-Bueno, entonces si usted esta bien, señor Malfoy, no tengo nada más que hacer aquí. Voy a calmar un poco los ánimos en el vestíbulo.

Y se marchó seguido de McGonagal.

-¿Seguro que estás bien, Draco? –preguntó Snape acercándose a la cama- como jefe de tu casa es mi deber preocuparme por tu salud. ¿Seguro que estás bien?

-Sí, profesor, estoy mejor, ya estoy mejor, en serio.

-¿Sabéis una cosa? –preguntó entonces Snape mirándoles a ambos- como pille al que lo ha hecho le voy a llevar a tal sitio que no va a volver a ver jamás la luz del sol –dijo mirando fijamente a los ojos a Draco y luego a su hija, como si intentara sacar algo.

Los dos le devolvieron la mirada sin pestañear; él porque no tenía ni idea de quién podría haber sido y ella porque puede que no superara la oclumancia de Dumbledore, pero a su padre le ganaba con creces.

Entonces el profesor Snape, al no descubrir nada, se levantó y, tras despedirse de los chicos, se fue.

-Draco, en el fondo tengo que darte las gracias –empezó Lore- encontraste un pergamino ¿verdad? Ese pergamino se le cayó a Ginny y luego fuimos a buscarlo, pero no lo encontramos porque lo habías encontrado tú primero; así que en el fondo tengo que darte las gracias porque si no lo hubieras cogido, eso que te ha pasado a ti nos habría pasado a nosotros.

-De nada –Draco se encogió de hombros- ya no hay nada que hacer. Pero, me gustaría saber si ese papel era de verdad de Voldemort o de un bromista.

-Hombre… es demasiado pesado para ser de un bromista¿no?

-Pues no sé por qué pero no me extrañaría nada que hubieran sido los gemelos Weasley. Es una casualidad que justo el día que aparecen por Hogwarts me pase esto.

-No han sido ellos –afirmó convencida la muchacha- no han sido ellos porque no han podido bajar a colocarlo, simplemente porque llevo todo el día con ellos y no nos hemos separado ni un momento, salvo cuando te traje a la enfermería.

-Mm… Ya. Bueno. ¿Qué era eso que me tenías que decir?

-¡Ah! Sí. Tenemos que hacer otra tregua de momento.

-¿Y eso? –Draco levantó una ceja, no le hacía mucha gracia la idea.

-Pues es que da la casualidad de que la final de Quidditch es mañana y tú eres el único buscador bueno de Slytherin.

-¡La final! Es verdad. Bueno, no pasa nada, mañana ya estaré en plena forma y…

-De eso nada jovencito –la señora Pomfrey se asomó por la puerta de su despacho- tú no vas a ir mañana a ninguna parte. Te vas a quedar tres días enteritos en la cama.

-¿Qué! Pero…

-¡No me pongas peros! Tienes que reposar tres días y acabarte la medicina. ¿O es que quieres recaer?

-No –aceptó Draco cabizbajo.

-Pues eso –y volvió a entrar y cerró la puerta.

Lore se quedó mirando a Draco.

-Supongo que la tienes que obedecer ¿no?

-Supongo. Maldita sea, era mi oportunidad de ganar a Potter. No sabes cuánto he estado practicando para conseguirlo.

-¿Qué hacemos?

-Supongo que una tregua, de momento. ¿Puedes ir a buscar al resto del equipo? Tenemos que pensar algo entre todos.

-En seguida les traigo.

Y Lore se fue por donde había entrado.

Draco se quedó en silencio, mirando por la ventana. Desde su posición alcanzaba a vislumbrar los aros derechos del campo de Quidditch. ¡Maldita la gracia que había hecho que le ocurriera eso justo en ese momento!

Cinco minutos después apareció Lore seguida del resto del equipo.

-Ya estamos todos –dijo al llegar al lado de la cama de Draco.

-Bien. Chicos, mañana no podré jugar así que ¿qué hacemos?

-No sé, Draco –dijo una chica- tú eres el capitán¿no tienes alguna idea?

-Había pensado poner a alguien que supliera a Lore y que ella jugara de buscadora.

-Es un honor, Draco, pero no, gracias –dijo ella- prefiero seguir siendo guardiana y que Griffindor no meta un solo punto.

-Bien entonces tengo una idea. No creo que nuestro suplente sea mejor buscador que Potter, así que tenemos que meter más de ciento cincuenta puntos con la quaffle, con que metáis ciento sesenta es suficiente, puesto que confío plenamente en que Lore siga igual que siempre y pare todo. ¿Os creéis capaces?

-Sí –respondieron los tres cazadores- está chupado.

-Bien-ya podéis volver con vuestras familias.

Y al ver que Lore también estaba dispuesta a marcharse, la agarró de la mano y la retuvo.

-Lore, si ves que Harry va a coger la snitch y que todavía no llevamos ciento cincuenta y nuestros cazadores no consiguen meter, sal tú, coge la quaffle y que no te la quite nadie. Atraviesa tú también con ella los aros, si es necesario; pero marca.

-De acuerdo, tú descansa.

Draco asintió con la cabeza. En ese momento la puerta se abrió y Lucius Malfoy apareció seguido de su mujer con aire autoritario y la capa ondeando tras él. Se paró en seco cuando vio quién estaba con su hijo y su expresión se tornó enfadada.

-¡Tú! Seguro que has sido tú –dijo señalándola- un criminal siempre vuelve a la escena del crimen, por eso estás aquí.

-La escena del crimen es el vestíbulo señor Malfoy –se limitó a contestar Lore serena.

Lucius Malfoy se enfadó y se acercó a la niña para agarrarla del cuello de la túnica.

-Mira, traidorcilla de pacotilla, a mí no me engañas – y empezó a sondear su mente por medio de la oclumancia.

Lore levantó una ceja, se aburría, pero le dejó hacer. Le venía bien que la gente supiera que no había sido ella. Cuando Malfoy terminó la soltó más enfadado aún de lo que había llegado.

-¿Satisfecho, capullo? –preguntó la niña con la expresión más feroz que podía poner- pues no me vuelvas a poner las manos encima. Hasta mañana, Draco. Buenas tardes señora Malfoy.

Y salió de la habitación con la cabeza alta.

Cuando llegó al pasillo de la tercera planta se encontró con Harry, Ron, Hermione, Ginny y Bea que acababan de despedirse de los Weasley, una de las últimas familias en irse.

-¿Y bien? –preguntó Bea.

-Harry cogerá la snitch –anunció Lore.

-¿Y eso? –preguntó Harry con una sonrisa.

-Tenemos un buscador nefasto.

-Bien, entonces el partido es nuestro –dijo Ron sonriendo también.

-He dicho que Harry cogerá la snitch, nada más.

-Uy… -dijo Bea- a saber qué han tramado éstos.

Y así, hablando sobre el partido del día siguiente se fueron a cenar y se acostaron pronto para estar en completa forma el sábado.