Saludos, mis admirables lectores. Siento haber tardado tanto en subir este último capítulo, pero es que me ha costado mucho escribirlo. De hecho, de último capítulo sólo tiene el título porque se me está haciendo tan largo que lo voy a dividir, así os hago sufrir un poquito regalando la historia con cuentagotas, jejeje...

En fin, aquí tenéis la primera parte del último capítulo, espero que os guste... REVIEWS porfa!!!!!

Saludos especiales a Sunflower, IsaLuna y Héctor.

ÚLTIMO CAPÍTULO: PRIMERA PARTE:

MAL PRESENTIMIENTO…

Harry se encontraba en su habitación, tumbado en la cama, durmiendo a pierna suelta.

Era lunes por la mañana y después del partido de ese fin de semana no le apetecía nada ir de nuevo a clase.

-Harry, Harry –sonó una lejana voz en medio de su sueño- Ron, vamos, tenéis que despertar, u os quedaréis sin desayunar.

-Neville –consiguió articular levantándose poco a poco- gracias, si no es por ti no habríamos llegado a ninguna clase ningún lunes, vamos Ron.

Y los tres bajaron al gran comedor, donde las chicas terminaban ya sus desayunos y se dirigían, Hermione y Bea hacia la cabaña de Hagrid y Lore hacia el campo de entrenamiento de vuelo.

Después de sus siguientes clases fueron a comer y allí se dieron cuenta de algo inusual: en la mesa de profesores, McGonagall no estaba.

-Qué raro –comentó Hermione- es la primera vez en todo el curso que no aparece a la hora de comer.

-Es verdad –admitió Lore pensativa- qué raro.

Esa tarde, a última hora fueron todos contentos a clase de Transformaciones porque la profesora les había dicho que ese día les daría alguna pista para los ÉXTASIS.

Y cuál no fue su sorpresa al ver que cuando se abría la puerta después de que todos se hubieron sentado ya, aparecía por ella el profesor Flitwich.

-Bueno chicos, la profesora McGonagall no se encuentra bien hoy, ha preferido quedarse en la cama así que hoy la clase de Transformaciones la daré yo.

-Profesor –Dean levantó la mano.

-¿Sí, señor Thomas?

-La profesora nos dijo el otro día que nos daría pistas para los ÉXTASIS¿le ha dicho alguna a usted?

-Pues no, la verdad es que se ha puesto inesperadamente enferma y no le ha dado tiempo de decir nada para su clase así que me limitaré a darles temario y ya cuando ella vuelva les dará las pistas. Comencemos pues la clase.

-¿Inesperadamente? –susurró Lore a sus amigos en las últimas filas- estoy empezando a sospechar que…

-¿Señorita Snape? –dijo de pronto Flitwich- ¿me lo podría decir usted?

-¿Yo?, ehm, sí, eh, esto…

-Pero profesor Flitwich –interrumpió Bea- ¿qué le pasa exactamente a la profesora¿Es muy grave?

-Bueno la verdad, no lo sé, sólo sé que no quiere salir de su habitación, en todo el día no la ha visto nadie más que Dumbledore.

En ese momento Hermione aprovechó para decirle la pregunta a Lore.

-¿Señorita Snape? –dijo entonces el profesor- estoy esperando.

-Eh, sí, creo que habría que invertir el orden de las letras de la palabra, como en el sinvistors.

-Bien, eso es, invertir la palabra. Bueno, ahora vamos a repasar los innumerables usos de este hechizo, ya los disteis a principios del curso así que ¿quién me los dice?

Varias personas levantaron la mano y comenzaron a recitarle de memoria todo lo que McGonagall les había enseñado.

Mientras, los de la última fila, simulando que seguían la conversación de los alumnos, hablaban de cosas más trascendentes.

-Creo que llevamos todo el curso equivocados –susurraba Lore- ¿Y si resulta que no es a nosotras a las que Malfoy quiere dar la poción esa sino a McGonagall para sacarlos a ella y a Dumbledore del colegio y hacer algo cuando los dos más peligrosos para… ellos están fuera?

-Tienes razón, tenemos que avisar a Tonks –apoyó Hermione.

-Pero ¿y si es una falsa alarma y resulta que no es eso? –preguntó Bea.

-No perdemos nada por intentarlo.

Draco bajaba por las escaleras del segundo piso desde Transformaciones cuando delante de él vio a Lore y a sus amigos.

"Es mi oportunidad" pensó y abrió un anillo que llevaba del que salía una pequeña aguja. Caminó más deprisa y adelantó a Lore dándola un empujón, lo que aprovechó para clavarle en el brazo derecho la pequeña aguja del anillo y cerrarlo rápidamente.

-¡Ah! –exclamó Lore cuando Malfoy la adelantó de repente y casi la tira por las escaleras- tienes mucho espacio para pasar Malfoy –le gritó, pero se calló porque de pronto se empezó a marear y se paró en seco apoyándose en la pared. La marea de alumnos pasó rápidamente a su lado, todos estaban deseosos de llegar a las salas comunes y ponerse a estudiar porque se acercaban los ÉXTASIS.

-¿Estas bien? –preguntó Ron sujetándola.

-Me mareo –dijo ella casi en un susurro tumbándose en el suelo del corredor, ahora desierto, y subiendo las piernas- de repente no me encuentro bien, como si me hubieran envenenado.

-Voy a buscar a la señora Pomfrey –dijo Ron- Hermione acompáñame.

-¿Y lo de McGonagall? –preguntó Bea cuando los dos se hubieron ido.

-Creo que todo está interrelacionado –respondió Lore- ve a decírselo todo a Tonks, toma, llévate el amuleto de Dumbledore, Harry, acompáñame a la sala común de Griffindor, allí estaremos más seguros.

Y así, Bea se fue a buscar a Tonks mientras Lore, a duras penas sostenida por Harry, se dirigía al cuarto común de Griffindor.

-¿Por qué le has dado ese empujón? –preguntó Parkinson cuando llegaron a la sala común.

-Para que no oponga resistencia cuando nos los llevemos, abre las ventanas.

Parkinson lo hizo y al punto dos enormes mariposas negras y tres abejorros (uno de ellos con una raya amarilla, el resto negros) entraron por ellas y se posaron en una perfecta línea en la mesa.

-Buenas tardes –dijo Draco.

Pansy Parkinson alucinaba.

-Buenas tardes, Draco –dijo Lucius Malfoy que, hasta hacía dos segundos era un abejorro amarillo y negro- veo que eres puntual, eso está bien.

Entonces, el abejorro más grande se transformó en un voluminoso humano con unos ojos que amilanaban al más osado.

-Hola Draco.

-Lord Resschiz –dijo el niño con una leve inclinación- por aquí, por favor –dijo guiándoles hasta la salida.

Uno a uno, todos los mortífagos que habían entrado, fueron saliendo y haciéndose invisibles.

-Tú no has visto nada –le dijo Draco a Pansy mientras salía en pos de sus compañeros y cerraba la puerta tras de sí.

Harry y Lore estaban llegando a la sala común; ya veían el retrato de la señora gorda al fondo del pasillo, cuando de pronto, Lore cayó al suelo.

-No puedo… más…

-Un poco…

-¡Harry!

-¿Qué?

-Ya sé… lo que intentan… huye…vete a la sala…están…ah…están…

Pero no pudo terminar la frase, se desmayó al tiempo que se remangaba la túnica: la marca de Voldemort brillaba con mucha intensidad.

Harry supo entonces lo que su amiga le había querido decir: los mortífagos habían entrado en Hogwarts. Se dispuso a llegar a la sala común pero no iba a dejar a Lore ahí tirada, así que la cargó a hombros y dio un par de pasos hacia el retrato, pero no le dio tiempo a más.

Oyó un leve roce detrás de él y entonces se dio la vuelta sólo para ver a Draco con un grupo de mortífagos y a uno de ellos levantar la varita.

Después todo fue oscuridad.

Bea presintió que algo no iba bien en cuanto Tonks le confirmó que ni Dumbledore ni McGonagall se hallaban en el castillo.

Las dos salieron corriendo a avisar a Harry y Lore, y a mitad de camino oyeron un grito.

-La señora gorda –la reconoció Bea.

Cuando las dos llegaron al pasillo, dos segundos después que Ron, Hermione y la señora Pomfrey, vieron una ventana abierta y a la señora gorda en el cuadro de al lado, pues el suyo, de nuevo, estaba rasgado, como tres años antes; solo que esta vez, humeaba.

Dumbledore llegó a las puertas del área de emergencias del hospital, que se abrieron automáticamente para dejarle pasar.

-Profesor Dumbledore –la señora Hootch le vio entrar y le llamó.

Ella estaba sentada en una silla de la pequeña salita de espera que había allí. Sus manos, sosteniendo un pañuelo, no paraban de temblar y su nariz y sus ojos estaban rojos; la cara, empapada en lágrimas.

-¿Algo va mal? –preguntó Dumbledore suavemente sentándose a su lado y mirándola por encima de sus gafas de media luna.

-Es lo que nos temíamos: La poción de la Lenta Muerte. Dumbledore…hip…es imposible encontrar…hip… polvo de luna.

-No te preocupes, Hagrid lo encontrará, ya ha puesto a todo el bosque a trabajar, sólo hay que convencer a un par de criaturas.

Se abstuvo de comentar que la luna llena no saldría hasta casi dos semanas después.

La señora Hootch se puso a llorar de nuevo. Dumbledore le cogió las manos y la miró con sus impenetrables ojos azules.

-Se curará, no te preocupes, se curará.

Dumbledore entró en la habitación número siete; la profesora McGonagall estaba postrada en una amplia cama de sábanas blancas; en esa habitación todo era blanco.

-Minerva…

-Albus… vuelve al colegio…¿qué…qué haces fuera de él? Tienes… que proteger a los… alumnos… Protege a Potter y a mi… a mi sobrina…y…a tu…nieta… vete…

-No, Minerva, no te preocupes, estarán bien. Ahora mi máxima prioridad es la salud de una de mis profesoras.

Entonces la puerta se abrió y la señora Hootch entró con un sobre en la mano.

-Albus… ha llegado esto de Tonks.

Dumbledore lo leyó en voz baja.

-Ahora sí que tengo que irme Minerva, hoy estoy muy solicitado –dijo sonriendo y consiguiendo que McGonagall sonriera también.

-Escucha –dijo entonces Dumbledore a la señora Hootch- quédate con ella y anímala un poco, no pasa nada, todo va a salir bien.

-Pero profesor…

-Quédate. No te preocupes, yo me ocupo de todo.

-Albus… ¿qué…qué dice la…carta? –preguntó entonces McGonagall.

-Que necesitan mi ayuda. Tu sobrina se ha desmayado, no te preocupes, seguro que es porque se ha enterado de lo que te ha ocurrido.

-Dile… dile… que no se preocupe…por mí… que estoy bien…

Y entonces McGonagall se desmayó y cerró los ojos.

-Cuida de ella. Y por nada del mundo le digas el resto de lo que pone en la carta. Dale ánimos y esperanzas. Y sonríele; a veces un sonrisa es el mejor de los antídotos. Buenas tardes.

Y Dumbledore salió de allí para desaparecerse y aparecer ante la verja de los terrenos de Hogwarts…