Y aquí la segunda parte del último capítulo, en esta en especial sí que me gustaría que prestárais atención y dejárais reviews.

Gracias.

ÚLTIMO CAPÍTULO: SEGUNDA PARTE

LA IGLESIA DEL CEMENTERIO…

Harry abrió los ojos lentamente. Se encontraba en una habitación rectangular; enfrente de él había una ventana, a su izquierda un gran armario y a su derecha una puerta.

Él y Lore se encontraban sentados en el suelo, atados contra la pared y Draco, de pie, mirando por la ventana, les vigilaba, varita en mano.

Entonces, Lore se despertó de golpe.

-¡Mi tía! –levantó la cabeza rápidamente y vio a Draco que había dejado de mirar por la ventana y ahora les observaba a ellos- ¿Qué le has hecho?, Por favor, Draco, dime que no le diste esa maldita poción.

-Sí se la di –contestó rotundamente el chico.

-NO –Lore no podía creerse lo que oía- no, Draco, tú no eres así, en el fondo no eres así.

-¿No soy cómo, Lorena¿Qué te pasa, crees que por que tú no fuiste capaz de matar, yo tampoco voy a poder¡Te equivocas!

-No tienes ni idea de lo que estás hablando, Draco; no sabes lo que es estar delante de alguien a quien te están obligando a matar.

-Pronto lo sabré, me lo ha dicho Resschiz.

-Tú tienes mucho más en común conmigo de lo que crees, Draco, no podrás.

En ese momento la puerta se abrió y entró un hombre alto, de ojos oscuros, el mismo al que Harry había visto levantar la varita. El chico notó que su amiga se estremecía a su lado, supuso que era Resschiz. Detrás de él iban Lucius Malfoy y dos mortífagos más.

-Vaya, vaya, vaya –dijo lentamente- nada menos que el famoso Harry Potter junto a mi querida Lorena. ¿Qué tal?

-Bien hasta que llegaste tú –contestó ella.

El hombre la miró con expresión asesina.

-No quiero quedarme ni un minuto más de lo necesario junto a traidores, así que iré directo al grano.

Lorena lo miró casi con la misma cara con que él la miraba a ella. Harry no sabía qué estaría pasando exactamente entre ellos, pero de sus miradas saltaban chispas.

-¿Qué pretendes Resschiz? –preguntó entonces su amiga.

-Yo no pretendo nada –respondió él, es todo idea de mi Señor. Ah, mirad, aquí llega…

Y sonriendo, dirigió su mirada hacia la puerta y por ella entró.

Él, el ser al que Harry tanto había temido y odiado apareció en ese momento ante sus ojos; la cicatriz, que desde que se había despertado ya le molestaba ciertamente, le comenzó a arder de una manera casi insoportable; pero el intentó no dar muestras de ello.

A su memoria afloraron recuerdos de años pasados, vio una luz verde, un turbante, recordó un penetrante olor a ajo, un pequeño librito, una rata, un caldero, un bebé deforme, una fuente con estatuas que se movían… recordó a su director desafiando y luchando contra Voldemort y la cara de éste; la recordaba muy a menudo, por las noches, tan nítida y clara como el día en que la vio emerger del caldero, en un cementerio.

Y allí estaba él, en el umbral de la puerta, con su capa negra y su pálida cara sibilina, con cierto parecido a su serpiente, Nagini, que por cierto, en ese momento se movía por el suelo en dirección a Malfoy hijo, quien, con una sonrisa, la cogió y se la puso en el cuello.

-Mi querido Harry –dijo Voldemort con una malévola sonrisa en la cara- ¡Cuánto tiempo¿Qué te pasa? –preguntó acercándose hasta casi rozar la cara de Harry- ¿te duele la cicatriz? –susurró.

Entonces levantó un dedo y lo acercó a la marca en forma de rayo que Harry tenía en la frente. Éste intentó alejarse, pero Voldemort lo tocó.

Harry no pudo aguantar más y gritó de dolor.

-¿Te duele? –inquirió el mago aflojando un poco la presión- no te preocupes, pronto no sufrirás más. Aquí ya no hay nada que hacer, Harry. Nadie te va a salvar, tu querido Dumbledore está ocupado con asuntos más importantes. Aunque tampoco le van a servir de mucho. En este momento no lo sabe, pero, necesitará esto –dijo entonces señalando a Lucius Malfoy.

Éste metió la mano en su túnica y sacó un pequeño frasco; en su interior algo brillante y con dos alas se movía frenéticamente intentando salir y dándose golpes contra el crista.

-¡Eso es inhumano! –gritó Lore hablando por primera vez desde que Voldemort había entrado.

Éste pareció reparar entonces en su presencia.

-Oh, señorita Lorena, también me han dicho cosas de ti, pequeña, una pena que nos traicionaras, una verdadera lástima, tenías potencial; pero dime ¿qué es inhumano?

-Encerrar a un hada en un bote como ese. ¡Se morirá¡todo el mundo sabe que las hadas necesitan aire puro y libertad¡Si no se mueren!

-Lo sé mi pequeña hechicera. Pero no te preocupes, tengo a todas las hadas del bosque prohibido, vuestro querido amigo Hagrid no encontrará ninguna, Dumbledore tendrá que irse muy lejos si quiere salvar a tu tía. Pero a las hadas las he metido en un pequeño jardín con aire limpio y bastante espacio y seres vivos. Tiene incluso una pequeña cascada. Y lo mejor es que está aquí dentro, en una habitación, en esta pequeña iglesia… oh, por cierto Harry –dijo entonces agarrando al chico por los hombros y levantándolo- mira mi precioso jardín¿no te recuerda a algo?

Entonces Harry miró hacia abajo. Le recibió un mar de lápidas grises, unas rotas, otras no. Vio una con una raja, junto a ella, en el suelo, un círculo negro, chamuscado, como si se hubiera encendido un fuego en ese mismo lugar.

Otro mar de recuerdos afloró a su memoria; la red de luz, sus padres y Cedric saliendo de la varita de Voldemort, el modo en que tuvo que correr para huir, lápidas explotando a su alrededor, cómo casi no llegó a agarrar la mano de Cedric…

-Déjalo en paz de una vez –soltó entonces Lore- deja ya de torturar a todo el mundo¿qué es lo que quieres?, hazlo de una vez y acaba ya.

-Oh… ¿eso querrías, eh? –susurró Voldemort volviendo a dejar a Harry en su sitio y Sonriendo malévolamente mientras cogía a Nagini- me temo que no va a ser posible, no te preocupes, acabaré con vosotros dos pronto, pero antes haré que veáis cómo mato a Dumbledore y a McGonagall… ah, por cierto Draco, tu prueba definitiva será mañana –dijo justo antes de salir por la puerta detrás de todos sus subordinados- ve haciéndote a la idea de que quiero ver como la matas a ella –y echándole una última mirada a los dos chicos atados, desapareció.

Nadie habló en ese momento. Harry y Lore miraron a Draco y éste miraba por la ventana.

-¿Lo vas a hacer? –preguntó entonces ella.

Draco se dio la vuelta y Harry creyó apreciar un destello de duda en sus ojos; pero enseguida volvieron a ser los mismos fríos y calculadores de siempre.

-No me importa matar –aclaró Draco- y no me importaría matarte a ti si no te debiera nada, pero…

-Pero ella te salvó aquel día –completó Harry- de donde fuera que te hubieses metido.

-Exacto, aunque no quisiera aceptarlo, le debo una.

-Bien gorda –afirmó Harry.

Pero Lore había bajado la cabeza y no hablaba. Era verdad que le había ayudado, pero es que habían sido ellos los que le habían metido ahí, así que, técnicamente, no le debía nada.

- De todas maneras Harry –dijo entonces ella en un susurro (Draco había vuelto a ensimismarse en la ventana)- lo que importa es que Voldemort te quiere matar aquí y eso es lo que no podemos permitir porque tú eres el único que puede con él según la profecía, si no, instaurará su reinado de terror y ya no le podrán derrocar.

-Hablas como Hermione –sonrió él haciendo que Lore también sonriera.

-Tenemos que salir de aquí –dijo ella entonces; y más alto añadió- Draco¿lo vas a hacer?

-¿Y qué quieres que haga si no? –respondió bruscamente volviéndose hacia ellos.

-No tienes por qué…

-Sí que tengo, me va a obligar a hacerlo y… -miró hacia la puerta como si tuviera miedo de que alguien pudiera estar escuchando- y no va a atender a razones; le va a dar igual que te deba la vida.

-No lo hagas –dijo entonces Harry.

-¿Qué no lo haga, Potter? Aunque no quisiera hacerlo¿crees que tendría opción?

-Es que no quieres hacerlo, lo he notado cuando lo ha dicho. Puede que a mí me odies con todas tus fuerzas; pero a ella no –terminó Harry seriamente.

Y, por una vez, Malfoy no le contestó, bajó la cabeza.

-Tienes razón, a ti te odio –y volvió a levantar la cabeza con la llama de la ira ardiendo en sus ojos- y por eso voy a seguir las exigencias de aquel a quien tú, Potter, más odias.

Y volviendo a darse la vuelta observó cómo el sol se ponía tras las altas cumbres de una lejana sierra.

-Draco, por favor -dijo entonces Lore-no lo hagas, ven con nosotros, Dumbledore no dejará que te pase nada… yo no dejaré que te pase nada, te lo prometo, antes de que te dañen a ti moriré yo si nos ayudas a escapar, lo juro.

-No, nadie podría defenderme de Él si os ayudara¿por qué te empeñas en hacerme cambiar de opinión?

-Porque es el camino correcto, créeme, yo también estaba como tú al principio, pero me di cuanta de que me engañaban.

-Pero ¿por qué¿por qué te empeñas en cambiarme?

-Porque aún me caes bien y no quiero que…

-¿Qué? Es mi vida la que está en juego.

-Y la mía también, Draco, por favor ayúdanos, no te pasará nada, te lo prometo.

-Pero ¿por qué…?

-¡Porque tengo miedo! –gritó entonces ella; una lágrima resbaló por su cara.

-Que… tienes…

-Tengo miedo; no, no tengo miedo… ¡estoy aterrorizada!

-Por…

-No quiero morir aún… –terminó ella con un quedo murmullo, bajando la cabeza.

-¡Esto es inútil! –se exasperó Hermione- ¡así no vamos a encontrar nada!

Ella, Neville y Bea estaban en la biblioteca del colegio, tras una pila de libros tan alta que ni siquiera vieron al profesor Dumbledore cuando se les acercó.

-Veo que está muy estresada, señorita Granger.

-Profesor, con el debido respeto, creo que los libros no nos van a ayudar esta vez, deberíamos ir a buscarlas… o a ellos… o ¡lo que sea!

-Tranquila, ya hemos determinado que no quedan hadas en este bosque, Voldemort debe haberlo planificado bien, así que Hagrid se ha ido a un robledal cercano en el que surge una cascada que muy poca gente conoce, a ver si hay suerte; se ha llevado a Ron y a Luna Lovegood con él y…

-¡Ah! –exclamó entonces Neville cerrando un libro de golpe.

-¿Qué? –preguntó Hermione corriendo- ¿has encontrado algo?

-N… no, no es eso, es que he visto una cosa interesante, pero no tiene nada que ver. Este libro tampoco sirve, voy a guardarlo –y sin dejar que le vieran la cara, se levantó y se metió entre unas estanterías.

A Hermione le dio tiempo a ver el título del libro: "Alternativas", tampoco había dado resultado.

-…y en cuanto a ellos… -continuó Dumbledore- creo que…

-Profesor –interrumpió entonces Bea, que había estado callada hasta el momento- creo que tengo una idea.

-Dímela entonces.

-Hay veces... cuando Lore y yo estamos muy nerviosas por algo, siempre pensamos lo mismo. Y ella también lo sabe. Antes me ha llegado una breve imagen de Lore; veía a Harry, atado en una habitación y a Draco vigilAndo y, a través de la ventana se veían las montañas de Little Hanginton.

-Debe de tenerles donde llevó a Harry hace dos años… continúa¿a dónde pretendes llegar?

-Bueno… hay un pasadizo que sale desde este colegio y llega hasta allí, Harry y Lore también lo conocen… creo… creo que si consiguen escapar irán por ahí. Podríamos ir a buscarles –concluyó mientras Hermione asentía frenéticamente con la cabeza.

-No creo que sea buena idea dejar que vosotros vayáis a buscarles.

-Por favor, profesor –insistió Hermione- no dejaremos que nos vean y si vemos que no podemos con ellos, volveremos, lo prometo.

-Por favor –insistió Bea.

-Bueno, está claro que lo que no falta n Griffindor es la valentía… está bien, pero haced lo que has dicho; Neville, tú también ve con ellas.

-¿Yo? Pero si yo siempre lo estropeo todo…

-Ve con ellas –insistió Dumbledore calmado, mirándole por encima de sus gafas de media luna.

Los tres dejaron los tres libros que estaban ojeando abiertos encima de la mesa y salieron disparados hacia las mazmorras.

-Draco –interrumpió entonces Harry- me da igual lo que yo sienta por ti, me da igual tener ganas de estrangularte aquí mismo, no me importa dejar todo eso de lado, no me importa hacer una tregua contigo si es para ayudar a Lore y escapar… los tres.

-Pero… ¿y después? –inquirió el chico rubio- mi padre jamás le dejará y mi madre no es lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a él y si yo os ayudo, ten por seguro que la tomará contra ella.

-Os esconderemos –respondió él- tenemos sitios que ni Voldemort sería capaz de encontrar.

Draco miró a su archienemigo, después a la chica que seguía con la cabeza gacha y con el regazo cada vez más mojado; luego miró por la ventana y…

…la puerta se abrió de golpe y un mortífago entró con una bandeja y la dejó en el suelo.

-Toma –l dijo a Draco- dales de comer, nuestro Señor no quiere que mueran de hambre antes de matarles él –terminó con una sonrisa.

Draco también sonrió maliciosamente. Entonces el otro mortífago, después de echar un último vistazo a los encadenados, cerró la puerta y se marchó.

Aún se oían sus pasos por el pasillo cuando Draco volvió de nuevo la cara hacia la ventana. La última uña de sol se escondió tras las montañas, dejando todo en la penumbra que precede a la noche.

Entonces Draco se volvió; había tomado una decisión.

Se acercó Lore, se agachó y la levantó la cabeza con una mano, mientras con la otra le secaba una lágrima.

-No soy capaz de matarte –afirmó mirándola a los ojos.

Harry sonrió; entonces Draco sacó una llave y abrió las cadenas de los chicos.

-No sé dónde están vuestras varitas, ni tampoco cómo vamos a salir de aquí, pero vamos, arriba, tenemos diez minutos antes de que me vengan a sustituir.

-Ahora sí necesitaríamos un plan brillante –le dijo Harry a una Lore ya recuperada.

-Bueno, no es exactamente brillante, de hecho tiene muchos puntos flacos, pero es lo único que se me ocurre. Veréis, seguro que Bea y los demás están intentando encontrarnos; antes conseguí mandarle una imagen de esto, pero Voldemort me pilló enseguida, ni siquiera le llego a la suela de los zapatos en lo que a oclumancia se refiere y ya no puedo mandar más cosas fuera porque está vigilando todo el rato. Pero si Bea descubre que la imagen es de este cementerio seguro que lo primero que se le ocurre es el túnel de abajo. Y normalmente se nos ocurre lo mismo a las dos.

-Entonces lo único que tengo que hacer es bajaros volando por la ventana –dijo Draco-, luego el problema está en cruzar la explanada sin ser vistos. Conozco ese túnel, da al otro lado del cementerio.

-¿Puedes bajarnos tú solo? –preguntó Harry.

-Por supuesto¿quién te has creído que soy?

-Vamos, no discutáis, no hay tiempo.

Se acercaron los tres a la ventana y miraron hacia abajo. Había una altura considerable.

-¿Quién baja primero?

Harry parecía reacio a creer que Draco pudiera con ellos, así que la primera fue Lore. Con un wingardium leviosa la dejó en el suelo de hierba suavemente y ella se pegó a la pared, luego le tocó el turno a Harry y después bajó Draco.

Cuando estuvieron los tres en el suelo, Draco les señaló en qué dirección estaba el túnel.

-Es aquella lápida, la que está al fondo un poco más separada de las demás ¿creéis que llegamos?

-Si tuviéramos las varitas para hacernos invisibles… -comentó Harry.

-Espera, podemos hacerlo con la de Draco.

-¿Funcionará?

-No sé… déjamela, Draco.

El chico se la pasó y ella se concentró. Pero entonces abrió los ojos.

-No… no creo que así funcione. Pero puede que si nos damos la mano los tres… puede que consiga hacer un hechizo lo suficientemente fuerte para que nos haga invisibles a los tres. Daos la mano.

Harry y Draco, no muy contentos con el plan, se dieron la mano y luego Harry agarró la que Lore tenía libre. Entonces ella volvió a cerrar los ojos y pronunció el sinvistors.

-No sé cómo habrá salido. No sé si nos podrán lanzar hechizos o no; pero ahora es muy importante que no os soltéis.

-Vámonos rápido al túnel –dijo Draco.

Y los tres salieron corriendo hacia la lápida. No ocurrió nada por el camino y, a parte de que Lore y Draco (que tenían una mano cada uno) se las tuvieron que arreglar para levantar la losa y Harry para no soltar a ninguno, llegaron bien.

Cuando ya estuvieron dentro, Lore deshizo el hechizo y se soltaron las manos.

-Qué extraño –comentó Harry- no estoy cansado.

-Yo tampoco –corroboró Draco y ambos se miraron asombrados.

-Lógico… -dijo entonces Lore a sus espaldas, estaba apoyada contra la pared, con los ojos casi cerrados y la varita de Draco cayó al suelo- …la que ha… realizado el hechizo… he sido yo…

Entonces cerró los ojos y cayó resbalando por la pared. Harry la cogió y Draco cogió su varita.

En ese momento Bea, Hermione y Neville aparecieron por el pasillo, corriendo y, casi simultáneamente la losa que habían dejado tres metros por detrás explotó y tras el humo aparecieron dos mortífagos con las varitas en ristre.

-Hay que irse –dijo Bea; y todos salieron corriendo corredor arriba.

Los mortífagos iban pisándoles los talones y ellos estaban empezando a cansarse; sobretodo Harry, que llevaba en brazos a Lore.

Entonces Bea tomó una decisión.

-¡Seguid! –y se dio la vuelta para encarar a los mortífagos.

-¿Qué? –Hermione se paró.

-¡Seguid!

-Pero…

-¡Que os vayáis! –gritó Bea al tiempo que esquivaba un Avada Kedabra y les devolvía el ataque a los mortífagos.

Hermione notó cómo Draco la tiraba del brazo y la arrastraba pasillo adelante.

-Ya ha luchado con ellos antes, sabe cómo pararles los pies; no es tan tonta como para intentar un cara a cara contra ellos.

Hermione no se sintió mucho más tranquila con eso, pero le había prometido a Dumbledore que correría y eso iba a hacer. Bea había incumplido su promesa para salvarles a ellos.

-Pero yo no prometí nada –dijo de pronto Neville como si le hubiera leído el pensamiento.

Entonces, en un arranque de locura dio media vuelta y salió corriendo en dirección a Bea.

-¡No, Neville, tú no¡Con una es bastante! –pero Hermione no pudo parar porque Malfoy aun no la había soltado.

Bea estaba en problemas. Había intentado bloquear el camino de los mortífagos con un derrumbe; pero ellos se habían dado cuenta y no la habían dejado.

-Con nosotros no te funcionará el mismo truco dos veces.

Y entonces la habían atacado.

En ese momento volaba por los aires y chocaba contra una de las paredes, cayendo después al suelo, indefensa, su varita había salido volando segundos antes.

Entonces logró levantar la cabeza y vio al que había hablado antes apuntándola.

-Tengo curiosidad –dijo- ¿Por qué te has quedado aquí si sabías que no ibas a poder con nosotros?

-Para que mis amigos tuvieran una oportunidad de escapar… y sí pensaba que podría con vosotros, porque imaginé que erais tan tontos que ya no os acordaríais de aquello y no podríais evitarlo.

-No es buena idea provocarnos, pequeña –dijo el enmascarado levantando la varita- Avada

Expelliarmus! –sonó una voz detrás de Bea.

Un rayo rojo chocó contra el techo justo entre los mortífagos y ella y éste se derrumbó sin que nadie pudiera hacer nada. Bea vio una silueta acercándosele entre el humo y oyó que Neville le preguntaba si estaba bien y la ayudaba a levantarse.

-Hay que decirle a Dumbledore que selle este pasadizo definitivamente.

Ambos salieron corriendo, alejándose lo más posible de la barrera de rocas.

-Se os han escapado –susurró.

-Señor, no debían… no pudimos…

-No, no pudisteis. Y si no pudisteis entonces, no podréis nunca.

La negra silueta se acercó despacio a los dos mortífagos que habían fallado s misión en el túnel.

-¡No¡Señor¡Por favor¡No¡Noooo…!

-Avada Kedabra –murmuró.

Lucius Malfoy apareció por la puerta justo en el momento en que dos cuerpos caían inertes al suelo.

-Lo siento mucho mi Señor –dijo bajando la cabeza.

-Lucius… mi querido Lucius… todo esto es culpa de tu hijo, lo sabes ¿verdad?

-Señor, jamás imaginé que Draco pudiera hacer eso.

-Pero lo hizo¿no?

-Señor…

-Lo hizo, Lucius, y no te culpo por eso; pero sabes que odio a los traidores… y que los mato.

-Lo sé.

-¿Asumes las consecuencias?

-Sí, Señor… sé que mandarás que lo maten…

-No, no "voy a mandar que lo maten" simplemente… te voy a mandar que lo mates tú.

-¿Qué¡Señor! Yo no pue…

-Sí puedes. ¿O es que acaso tú también quieres traicionarme? –preguntó con su agudo susurro de serpiente acercándose peligrosamente al hombre, aún con la varita en la mano.

-N… no, Señor –Malfoy padre bajó la cabeza.

-Entonces mátalo.

Lucius asintió.

-Vete.

Y se fue.

Voldemort se dio la vuelta, al lado de la ventana del cuarto en el que estaban le esperaba un encapuchado que había estado observando las dos escenas, sin pronunciar una palabra, sin un solo gesto.

-¿Y bien? –inquirió -¿qué ordenas?

-Resschiz… mi más leal servidor ¿qué me sugieres?

-Bueno… si permitís mi opinión, esto se está alargando demasiado y nosotros ya estamos preparados.

-Justo lo que yo pensaba. Entonces reúne a todos y esperadme… esta noche atacaremos…