Bueno, bueno, bueno, mis queridos aprendices, aquí llega el esperado final, ahora sí que sí, la última parte del último capítulo, espero que la disfrutéis y dejadme muchos reviews!!!!
PD: Siento la tardanza...
ÚLTIMO CAPÍTULO TERCERA PARTE: …NINGUNO DE LOS DOS PODRÁ VIVIR MIENTRAS SIGA EL TERCERO CON VIDA…
-Entonces ¿qué hacemos?
-No sé, si estuviera ella despierta, podría pensar algo… o decirnos que va a pasar.
… Las voces sonaban en su cabeza, lejanas, como en un sueño.
-Yo sé qué va a pasar…
-¿En serio¿Y cómo podemos confiar en ti?
…Poco a poco iba recuperando la conciencia y conseguía ubicar a la gente que hablaba así de alterada…
-Tú, mismo, Potter.
-Oh, vamos, dejadlo ya; dinos, qué van a hacer…
…Abrió los ojos…
-Atacarán.
La voz que había hablado la última era la de Lore, nadie sabía que se había despertado por lo que les dio un susto a todos.
-¡Lore! –Harry y Bea se acercaron a ver qué tal estaba- ¿cómo estás?
-Como nueva –respondió ella; vio que estaban en la enfermería del colegio- sólo necesitaba descansar. ¿Conseguimos salir?
-Sí –respondio Bea- gracias a Neville –añadió sonriendo consiguiendo que éste se pusiera rojo.
Lore se levantó y, después de que la señora Pomfrey la examinara y la diera el alta completamente asombrada, salieron para ir a ver a Dumbledore a su despacho.
Al llegar a la gárgola, ésta se retiró sola y pudieron subir todos.
Cuando llegaron arriba se encontraron con Hagrid, Luna y Ron en el despacho de Dumbledore y sobre la mesa de éste, tres pequeñas hadas sentadas en el borde, comían con avidez unas miguitas de pan.
-¡Las habéis encontrado! –exclamó Hermione.
-¿Eso significa… -inquirió Lore-… que podremos…?
-Sí –aclaró Dumbledore- podremos. Pero no habéis subido por eso¿no? Vaya, Draco, veo que… al fin…has elegido.
El chico asintió con la cabeza.
-Profesor –dijo entonces Harry- le prometimos que él y su madre tendrían un refugio seguro.
-Lo imaginaba, Harry, no te preocupes, ya me he encargado de que busquen a su madre y la lleven a Grimauld Place, puedes estar tranquilo Draco, tu madre está a salvo.
-Gracias.
-Y ahora –continuó el director-…
De pronto su semblante se tornó serio.
-Hagrid –dijo entonces- llévatelos, ya sabes; y vosotros –añadió mirando a los chicos por encima de sus gafas de media luna con sus penetrantes ojos azules- pase lo que pase, no miréis atrás.
Acto seguido salió de su despacho y cerró la puerta tras de sí.
Hagrid había entendido perfectamente lo que pasaba; se acercó a una pared y pulsó una piedra, con lo que se abrió una puerta que daba a unas escaleras ocultas; hizo que los desconcertados chicos bajaran por ellas y luego pasó él, volviendo a cerrar la entrada secreta.
Dumbledore, al otro lado de la puerta de su despacho oyó cómo se marchaban, echó una última mirada a éste para comprobar que nadie se había quedado atrás y emprendió el camino hacia el jardín del colegio; solo, decidido…
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Los chicos corrían por un pasadizo de piedra con hacheros y antorchas encendidas en las paredes, siguiendo a Hagrid.
Entonces Lore y Bea se pararon.
-Hagrid –llamó ésta- ¿a dónde conduce este pasadizo?
Toda la fila de niños se paró y miró a Hagrid, expectante.
-A Grimauld Place, vamos –y se dio la vuelta para continuar corriendo.
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Dumbledore cerró los ojos mientras atravesaba el vestíbulo con la varita en ristre. Llamada de emergencia, a ver cuántos acudían.
Salió a la gran escalinata y entonces, al otro lado de la verja del jardín, vio aparecer a una gran multitud de magos. Atravesaron juntos la entrada y se congregaron en silencio frente a Dumbledore. El director sonrió al ver tantas caras conocidas. Estaban los Weasley al completo (excepto Ron; y Ginny que estaba con su clase siendo desalojada en ese momento), Lupin, Sirius, Snape y todos los profesores que no estaban con los alumnos, Filch, Mss Finnegan, incluso Mundungus Fletcher y ¡hasta Lockhart!, estaban también muchos miembros del ministerio, y muchos otros que no conocía. Todos habían venido a combatir junto a él, habían respondido a su llamada… aún así, Dumbledore temía que fueran pocos comparados con los que Voldemort traería…
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-Eso significa que Voldemort está aquí¿no? –preguntó Harry de repente.
Hagrid no respondió.
-Vamos.
-No.
-Harry, no me hagas tener que llevarte a la fuerza –pidió Hagrid sacando su paraguas.
-No –repitió Harry sacando su varita también- ¡no¡Estoy harto de que todo el mundo haga algo menos yo¡no quiero que me sigáis manteniendo al margen¡ha llegado el momento de que yo haga algo y lo voy a hacer¡no quiero que la gente siga sufriendo por mi culpa! todos me lo habéis dicho muchas veces: soy yo el que tiene que matar a Voldemort, soy yo el que lo tiene que hacer y voy a terminar esto de una vez por todas –entonces salió corriendo de regreso al despacho del director, seguido de cerca por Ron y Hermione.
-No podemos dejarles solos –dijo Neville entonces mirando con miedo el paraguas.
Entonces Bea, Lore y Luna salieron corriendo tras sus amigos y él también los siguió.
-Oh, vaya –comentó Draco- y ahora supongo que tenemos que seguirles y traerlos de vuelta.
-Vamos –repitió Hagrid; el pobre parecía que estaba a punto de explotar de nervios.
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Uno de los magos que se congregaban por segundos al pie de la escalinata subió hasta Dumbledore.
-Albus.
-Remus.
-Así que ha llegado el momento.
-Sí, ha llegado.
-¿Y tiene que ser aquí, en el colegio?
-Aunque nos fuéramos, ellos vendrían aquí, después de todo, quieren a Harry. No te preocupes, los alumnos están siendo evacuados a través de la estatua de Glanmoore Peakes y del sótano de Honey Duke´s donde les esperan sus familias, ya no deben quedar muchos.
Entonces el murmullo general se apagó. Sirius subió las escaleras seguido del señor y la señora Weasley.
-Albus –dijo- estamos todos contigo.
El jardín comenzó a llenarse de una densa niebla; a medida que se disipaba, bajo la luz de la luna llena fueron apareciendo mortífagos en el jardín.
El último que llegó, con Resschiz detrás, y se colocó al frente del grupo, fue aquel a quien esperaban y temían todos… o casi todos.
La serena voz de Dumbledore fue perfectamente audible en todo el recinto:
-Hola, Tom…
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Hagrid llegó al despacho seguido de Draco, casi sin aliento. Se encontró a todos los chicos paralizados, mirando por la ventana; se acercó y descubrió lo que les había causado tal conmoción: abajo, en los jardines del colegio, se desarrollaba una escena estremecedora, llena de luces y sombras, rayos de colores… y sangre…
La batalla había comenzado.
-Bueno –dijo entonces el guardabosques rompiendo el tenso silencio- si no me vais a dejar que os lleve a un lugar seguro, y veo que no, entonces si me disculpáis tengo un deber que cumplir, me alegro de haberos conocido a todos, sois geniales.
Y dicho eso, se marchó.
Harry hizo ademán de seguirle; pero Ron le retuvo por el brazo.
-Harry –comenzó- somos tus amigos.
-¿Intentas decirme que no vaya?
-No, Harry –esta vez fue Hermione quien habló- intenta decirte que pase lo que pase, estaremos contigo, quieras o no.
-No nos podrás persuadir de lo contrario –terminó Bea.
Harry miró a todos sus amigos, a todos los que estaban en esa sala, sabía que, de una forma u otra, por una razón u otra, todos le ayudarían… de nuevo.
-Chicos… gracias.
Dándose la vuelta salió disparado en pos de Hagrid, con Ron, Hermione y Bea detrás. Lore iba a ir también; pero se quedó al ver que los otros tres se rezagaban. Entonces Neville, que había estado cuchicheando con Luna dijo:
-Tengo que comprobar una cosa en la biblioteca.
Y los dos salieron corriendo del despacho.
Lore miró a Draco que seguía ensimismado por la ventana y se acercó a él, como animándole a hablar. Abajo, su padre se mantenía al margen de la lucha mirando a todas partes como si buscara a alguien.
Me está buscando –dijo el chico rubio- ha llegado la hora de que de la cara yo también. Como ha dicho Potter, ahora toca luchar. Además- añadió dando un paso y cogiendo a Lore por la barbilla- no quiero que pienses que Potter es más valiente que yo –dijo sonriendo.
Pasó por su lado; pero Lore lo paró agarrándolo del brazo.
-Draco, gracias.
-No, gracias a ti –le dio un beso en la mejilla y se marchó.
Ella no perdió un segundo y corrió también a luchar.
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Lupin había bajado a pelear cuando había comenzado todo y al primero que se había encontrado había sido Goyle padre. Al contrario que su hijo, él sí sabía usar bastante bien la magia y a Lupin le estaba costando un poco librarse de él. No obstante, no estaba en disposición de perder. Miró a su alrededor y vio a todo el mundo peleando hasta más no poder, no iba a quedarse atrás; además… en ese momento, en el cielo, asomó un resquicio de luna, estaba en cuarto creciente, por lo que no le convertiría en lobo, pero en esos momentos sí le infirió una fuerza sobrenatural que le hizo atacar a su oponente con una energía renovada.
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Sirius veía cómo su amigo Lunático conseguía a duras penas librarse de Goyle que, para sorpresa de todos, había mejorado bastante. Se dispuso a correr para ayudarle; pero dos mortífagos le salieron al paso a la altura de la cabaña de Hagrid.
-Vaya, vaya, Sirius –dijo uno de ellos- cuánto me alegro de verte.
Sin darle un momento para reaccionar, los dos le atacaron a la vez y Sirius salió disparado hacia atrás. Se levantó rápidamente y les atacó a su vez, lanzándolos a ambos hacia atrás. Pasaron varios minutos así, y poco a poco más mortífagos se iban uniendo a esa lucha ya que los presentes no conseguían reducir a Sirius. Al final, él era uno y los demás casi diez y acabó exhausto, pero se defendía.
Le atacaban y él a duras penas se defendía, pero salía volando hacia atrás para caer y volverse a levantar de nuevo y volverse a defender…
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Por otro lado Molly y Arthur Weasley habían encontrado nada más comenzar a Crabbe padre y a tres mortífagos más que luchaban junto a él.
Les estaba costando bastante librarse de ellos y pronto acabaron separándose, muy a su pesar, y luchando cada uno contra dos de sus atacantes. El Señor Weasley cayó rodando por el jardín y se levantó de nuevo, algo mareado, para defenderse otra vez y contraatacar.
La señora Weasley salió volando en la dirección opuesta y aterrizó en el suelo, levantó la cabeza algo aturdida por el golpe justo a tiempo de ver un rayo verde saliendo de la varita de uno de sus oponentes; pero entonces otro rayo color violeta interceptó el primero y lo desvió de su trayectoria, proyectándolo hacia un árbol cercano que se resquebrajó por el impacto; un par de pies inducidos en unos pulcros zapatos negros aparecieron a su lado y una mano se tendió para ayudarla a levantarse. La señora Weasley alzó la vista y vio el rostro de su hijo Percy, no sonreía, pero mostraba una gran determinación; ella sí sonrió, dejó que su hijo la ayudara a levantarse y los dos atacaron juntos a los mortífagos.
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Por su parte, los gemelos Weasley luchaban a la orilla del pantano contra un grupo de mortífagos.
-¡Bubotubérculus¡Hypnotia¡Piernas de gelatina¡Tragababosas¡Vomitibus!
-Mmmm…, Fred –llamó George a su hermano- creo que esos no van a funcionar aquí.
-¿Qué no? Mira y aprende –le respondió el otro con una sonrisa malévola.
Y dicho esto se encaró con uno de los mortífagos que peleaban contra ellos:
-¡Bubotubérculus!
Al pobre mortífago le habían entrenado para que soportara las peores torturas, las situaciones extremas, incluso la muerte; le habían entrenado para todo… bueno, casi todo; no le habían entrenado para esto. De pronto de su mano empezó a crecer a una velocidad vertiginosa un bubotubérculo, luego otro en el brazo y poco a poco se le fueron extendiendo por todo el cuerpo confiriéndole un aire de patata gigante de color violáceo. El mortífago soltó la varita de golpe y comenzó a chillar; entonces Fred lo neutralizó del todo con un desmaius para que los dementores pudieran llevárselo después.
- Bastante interesante¿no crees George? –inquirió Fred mirando con curiosidad al mortífago desmayado al que le seguían creciendo bubotubérculos por el cuerpo.
George tuvo que saltar y tirar al suelo a su gemelo para que no le diera uno de los hechizos que el resto de mortífagos había lanzado contra él.
-Por supuesto, Fred; pero ahora tenemos que librarnos del resto… aunque me gusta tu método –agregó con un brillo malicioso en sus ojos, idéntico al que tenía su hermano- es bastante eficaz…
Y los gemelos Weasley siguieron atacando a los mortífagos; probablemente fueron los únicos que, al margen de todas las circunstancias, se divirtieron con aquella batalla.
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Severus Snape había estado observando a los mortífagos justo antes de la pelea y no le había costado demasiado no perder de vista a su objetivo. Nada más comenzar la batalla bajó las escaleras tranquilamente; sabía quién le estaba esperando abajo y tenía ganas de luchar contra él; había hecho mucho daño a las dos únicas personas que él había querido.
Llegó abajo con la varita en ristre y allí estaba, esperándole, Resschiz.
-Hola, Severus –dijo éste con una sonrisita malvada- volvemos a vernos.
-Vas a pagar por todo lo que le has hecho a mi hija y por lo que le hiciste a mi mujer…
Y sin darle tiempo a reaccionar, sabiendo que el factor sorpresa sería su mejor, y quizá única, baza, el profesor Severus Snape atacó.
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-Hola Tom…
-Albus Dumbledore –siseó Voldemort sin apenas despegar los labios- me alegro de verte.
-¿A qué has venido, Tom?
-¿En serio no lo sabes? Estás perdiendo facultades, Albus. Quiero a Potter.
-Harry no está aquí, se ha ido.
-Vendrá, Albus, lo sabes. Harry vendrá a mí.
-No lo creo, Tom, Harry nunca ha sido como tú.
-Vendrá.
-No lo hará.
-Entonces le buscaré yo… pero antes tengo que acabar con esto –acto seguido se elevó por encima de todos los presentes a la vez que su hechizo favorito salía de la punta de su varita y se proyectaba directo al pecho del director quien lo paró justo a tiempo, aunque el impacto fue tan fuerte que lo lanzó hacia atrás, contra las puertas dobles de entrada.
En el instante en que Voldemort aterrizó en el lugar que momentos antes ocupara Dumbledore, todos los mortífagos atacaron y la verdadera batalla comenzó…
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Harry y los demás aparecieron en la puerta del colegio. Ante sus ojos miles de batallas individuales se desarrollaban violentamente.
-Ahí está –dijo Lore viendo a su padre defenderse como podía de Resschiz- nos vemos luego, chicos, suerte.
Salió corriendo hacia donde se desarrollaba esa batalla mientras Bea iba a ayudar a su padre a quien había descubierto un poco más allá.
Pronto todos sus amigos dejaron a Harry solo en las escaleras pues se habían ido a ayudar.
Harry buscó con la mirada la batalla de la que él tenía que formar parte y la encontró. Allí, en una esquina del colegio, un poco más separados de los demás, Voldemort luchaba contra su contrincante con todo su arsenal que, por lo que veía Harry, se reducía a Avada Kedabra y algún que otro Cruciatus.
Entonces se dio cuenta de que estaba solo.
Tenía amigos, sí, pero todos ellos libraban en ese momento sus propias batallas y ninguno podría ayudarle ahora; sabía que todos ellos le apoyaban, pero todos desde detrás, ninguno de ellos se había puesto delante de él para defenderle, salvo uno…
Albus Dumbledore, como si de un quinceañero se tratara, corría, saltaba, atacaba y retrocedía con la fuerza y la vitalidad que le caracterizaban en medio de una nube de colores entre los que predominaba el verde.
Harry decidió que tenía que ayudarle y se dispuso a bajar las escaleras. Justo entonces, Dumbledore se distrajo ayudando a una mujer que tenía cerca y a la que estaban a punto de matar y Voldemort aprovechó ese momento para disparar…
Pero Dumbledore se dio la vuelta justo a tiempo y lo paró; aunque el hechizo iba con la suficiente fuerza como para lanzarlo disparado hacia atrás. El director chocó contra la pared y cayó al suelo; mientras caía lanzó un hechizo a Voldemort que lo lanzó también hacia atrás haciéndole dar varias volteretas.
Ninguno de los dos daba tregua y los dos se levantaron, corrieron el uno hacia el otro y se atacaron a la vez. Con tan buena (o mala) fortuna que los dos rayos impactaron en el centro justo de la trayectoria e hicieron explosión. La fuerza del estallido lanzó a los dos contrincantes más lejos aún del fragor de la lucha.
Cosa que, para Harry, no estaba muy bien, ya que le estaba costando demasiado llegar a ellos a través de todos los batallantes. Aún así, esquivando a unos y tratando de ayudar a otros, siguió abriéndose paso con la vista fija en aquel a quien, según la profecía, tendría que matar para salvar el mundo…
Y estaba decidido a salvarlo…
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Hermione corría frenéticamente ladera abajo, había visto algo, había visto a alguien intentar dirigirse a ese algo y había visto como ese alguien era bloqueado.
Remus Lupin estaba en un grave apuro contra Goyle. Éste había recibido ayuda de dos mortífagos más y lo estaban acorralando. Lupin estaba exhausto, no tenía la varita y se tapó la cara en un vano intento de protegerse mientras los tres a la vez alzaron la varita a punto de disparar, Hermione vio que no iba a llegar.
"Piensa, Hermione, piensa" miró a todas partes, pensó. "Eso es" era una idea descabellada, pero lo iba a intentar. Confiaba en que Lupin se diera cuenta de lo que iba a hacer.
-¡Sferae lumus solem!
De la varita de Hermione salió una especie de pompa de jabón del tamaño de un balón de fútbol que se colocó entre los mortífagos y él, Lupin lo vio y cerró los ojos lo más fuerte que pudo, Hermione también. De pronto la pompa comenzó a iluminarse hasta tomar la intensidad del sol y más aún, la luz cegó a los mortífagos, Hermione aprovechó para llegar hasta ahí, devolverle la varita a Lupin y los dos siguieron luchando.
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Cuando Bea bajó las escaleras se encontró en una situación similar a la de Hermione: su padre estaba siendo atacado por cuatro mortífagos a la vez y se defendía de ellos como podía.
Bea vio que de pronto los mortífagos se sincronizaban y lanzaban los hechizos a la vez. Sirius no iba a poder pararlos todos, entonces se le ocurrió una idea: corrió hacia su padre más rápido de lo que había corrido en toda su vida justo cuando los hechizos estaban a punto de dar a su padre se metió en medio de un salto, le abrazó y pronunció un hechizo… los maleficios les atravesaron como si de aire se tratase y derribaron a tres de los mortífagos. Para el cuarto, simplemente, habían desaparecido en medio del combate.
Entonces volvieron a aparecer y Bea cayó al suelo, agotada. Sirius acabó con el perplejo mortífago y ayudó a su hija a levantarse de nuevo, juntos se dieron la vuelta y continuaron la batalla.
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Lucius Malfoy caminaba por el jardín bloqueando todos los hechizos que le pasaban cerca pero sin hacerles demasiado caso, casi inconscientemente; tenía una misión y tenía que cumplirla. Buscaba algo, o a alguien…
-Lucius –lo llamó una voz tras él.
-Narcissa –dijo sin darse siquiera la vuelta.
-Lucius mírame.
El padre de Draco se dio la vuelta, despacio y se encontró con la resuelta cara de su mujer.
-Tú también nos traicionas.
-No voy a abandonar a mi hijo –no hicieron falta más palabras, Lucius Malfoy entendió que se había quedado solo.
Atacó.
Narcisa se defendía bien, pero Lucius había sido entrenado por mortífagos expertos y pronto la acorraló indefensa contra una esquina bajo la gran escalinata. Iba a acabar con ella cuando un hechizo lanzado desde lo alto de la escalera le hizo salir despedido hacia atrás. Con un ágil salto Draco se planto frente a su padre, protegiendo a quien le había dado a luz.
-Me buscabas a mí¿recuerdas?
-Draco, por fin –dijo su padre sonriendo malévolamente mientras se levantaba- ahora comienza la lucha de verdad.
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Lore había salido en defensa de su padre, Severus Snape, pues éste peleaba contra Resschiz y no era fácil derrotarle. Los dos juntos estaban logrando hacerle algunos rasguños, pero no daba muestras de heridas más graves ni, lo que era peor, de cansancio y ellos ya estaban casi agotados.
Entonces Resschiz lanzó a Severus contra la pared, con tan mala fortuna que quedó inconsciente. Lore estaba sola. Justo en ese momento, a su lado, se desató una gran explosión y Malfoy padre e hijo atravesaron la línea de batalla de Resschiz y Lore. Lucius también había caído inconsciente y Draco estaba en el suelo, aturdido, abrazando a su madre, protegiéndola.
Resschiz que no desaprovechaba una oportunidad atacó con la esperanza de acabar con los Malfoy traidores, pero, para no cansarse demasiado, no les lanzó un Avada Kedabra, sino otro hechizo que, en condiciones normales, sólo haría daño, pero en la condición en la que ellos estaban, probablemente les mataría. Un haz de luz roja salió de su varita y dio en un blanco.
Draco se recuperó y miró hacia arriba justo en el momento en que Lore se colocaba entre el haz rojo y ellos. Se levantó a duras penas a la vez que ella caía y la sujetó.
-¿Por qué? –susurró.
-Yo siempre cumplo mis promesas –contestó ella también en un susurro antes de caer de rodillas al suelo, jadeando, pugnando por no quedarse inconsciente.
-¡Asesino! –Narcissa se levantó del suelo y ella y su hijo atacaron simultáneamente a Resschiz consiguiendo hacerle una herida en el pecho. Pero éste se levantó de nuevo tranquilamente.
-Insensatos –lanzó de nuevo el hechizo del rayo rojo y los dos salieron disparados hacia atrás y quedaron tumbados en el suelo, ya no se movieron.
-¡¡Bastardo!! –Lore se levantó de golpe y lanzó varios hechizos repentinos a Resschiz, de los cuales, dos o tres le dieron, pero el cuarto ya se lo esperaba y lo paró, la atacó él y la levantó contra la pared, ahogándola.
-No deberías haber dejado mis enseñanzas.
-Esa es la única decisión que me alegro de haber tomado –respondió ella casi sin respirar.
Entonces Resschiz miró las distintas escenas que se estaban desarrollando en el jardín del colegio, cuando volvió a mirar a la chica, estaba sonriendo… y ella había aprendido a temer esa sonrisa.
-Ha llegado la hora –y atacó.
En el jardín se oyó un grito y pronto todos los mortífagos, casi al unísono, murmuraron las mismas palabras de una de las Maldiciones Imperdonables.
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Harry llegó junto al lugar en el que luchaban Voldemort y Dumbledore y ambos pararon en cuanto le vieron aparecer, haciendo que Harry se sintiera observado e inseguro.
-¿Lo ves, Albus? –siseó Voldemort- ha venido, como yo predije.
Pero para su sorpresa, Dumbledore sonreía.
-Te equivocas, Tom –comenzó a decir pausadamente- Harry no ha venido a ti… ha venido a mí; y esta vez no me voy a poner delante de él.
Esas palabras fueron suficientes para que a Harry se le fuera todo el miedo o la inseguridad que pudiera tener y le ayudaron a tomar una resolución: estaba empeñado en terminar todo aquello de una vez por todas, fuera como fuese.
Durante un par de minutos, Dumbledore y Harry lucharon juntos contra Voldemort y la verdad es que ninguno de los dos bandos parecía conseguir una ventaja apreciable. Entonces, en un momento en el que pararon para descansar cinco segundos, Voldemort ladeó la cabeza, como si estuviera intentando escuchar algo… y sonrió.
-Ya han empezado.
Entonces Dumbledore metió la mano en el cuello de su túnica y sacó un colgante en forma de fénix que brillaba tenuemente.
-Beatriz… -susurró mirando hacia el lugar donde se estaba librando la mayor parte de la batalla.
Voldemort y Harry siguieron su mirada en el instante y los tres vieron lo mismo.
Abajo ya casi no hay peleas.
Algunos mortífagos aún murmuran hechizos, pero la mayoría están de pie, con las varitas apuntando al resto de magos.
La mayoría de los magos están… ¿formando filas?, sin ninguna expresión en el rostro…
Otros, pocos, sin embargo, yacen tirados en el suelo, retorciéndose, gritando algunos, todos con las manos en la cabeza.
Sirius, Lupin, Lore, Bea y Charlie Weasley se encuentran entre ellos.
Más mortífagos se encuentran a su lado apuntándolos con rostros de concentración.
Ellos intentan resistirse.
Los mortífagos infunden más fuerza a sus hechizos.
Todo está extrañamente más silencioso que hace unos segundos…
-Imperio… -susurra Dumbledore, cuyo rostro muestra una terrible tristeza de repente.
-Pronto –sisea de nuevo Voldemort- incluso vuestros amigos me obedecerán; y los que no lo hagan, morirán.
De pronto Dumbledore parece derrumbado, su cara no da nada a entender, pero su mano aprieta fuertemente la varita y sus ojos no engañan.
Voldemort parece estar absorto en lo que ocurre abajo; pero Harry lo nota.
De pronto, comprende por qué está así el director; tiene un dilema: él sabe cómo ayudar a todos los de abajo, pero no quiere dejar a Harry solo a merced de Voldemort…
-Profesor –dice entonces Harry en voz baja- vaya, yo estoy bien.
-Harry…
Harry lo mira directamente a los ojos, esta vez no va a sucumbir ante ese azul profundo, esta vez Dumbledore le va a hacer caso a él.
-Profesor, vaya, yo me las puedo arreglar aquí.
Entonces Dumbledore asintió y salió corriendo en dirección a la parte delantera del colegio; Voldemort estaba esperando ese momento para atacar y lo hizo.
Harry entonces pareció salir de un trance en el que había entrado al ver todo lo que ocurría abajo; rápidamente se defendió y le lanzó a Voldemort un desmaius.
Una risa gutural salió de la garganta de éste.
-¿Así pretender ganarme, Harry? Con un… ¿desmaius? –y volvió a reírse- vas a necesitar mucho más si pretendes matarme.
-Sé exactamente cómo matarte, Voldemort, no me das miedo.
-¿En serio¿Igual que tus amigos sabían cómo acabar con mis mortífagos?
-Mis amigos tienen algo que tus mortífagos jamás tendrán; amistad y confianza.
-Por eso pierden, míralos: si Albus no baja a ayudarles, no tienen nada que hacer; por eso sois tan débiles, necesitáis de los demás para sobrevivir.
-Te equivocas –contestó Harry mirándolo directamente a los ojos- por eso precisamente nos hacemos más fuertes; vosotros no tenéis a nadie a vuestro lado que os apoye y por eso vais a perder. Cuando el profesor Dumbledore les ayude acabarán con tus mortífagos y luego vendrán todos a ayudarme a mí, porque eso es lo que hacen los amigos, ayudarse entre ellos; y tú estarás solo contra todos nosotros, por eso vas a perder; porque siempre has estado solo y siempre lo estarás ¡Avada Kedabra!
Y un potente rayo verde salió disparado de la punta de la varita de Harry y pasó a escasos centímetros de la cabeza de Voldemort, quien lo esquivó justo a tiempo.
-Vaya, si resulta que sí sabes lanzar hechizos más fuertes –rió Voldemort- esto se empieza a poner interesante…
Dumbledore llegó a la gran escalinata y se subió a ella para observar el panorama.
Un par de mortífagos intentaron lanzarle el Imperio, pero él iba bien protegido.
Entonces comenzaron a llegarle voces mentales de aquellos que aún seguían luchando contra la maldición.
"Albus… no dejes que ganen" pedía Lupin.
"Profesor… ayude a los que no pueden resistirse" le decía Lore.
Entonces Dumbledore tomó una decisión.
"Albuss…" ese era Sirius, ya se había dado cuenta de lo que pretendía "Albus no… te necesitan… no lo hagas…"
Pero Dumbledore no tenía elección. Se colocó en el peldaño más elevado de la escalera. Los mortífagos no sabían lo que iba a hacer, pero intentaron darse prisa por si acaso.
-A… Albus… -consiguió articular Sirius en voz alta-… no… no…
Sirius vio que Dumbledore le sonreía amablemente, agradeciéndoselo, y luego levantaba la varita. Visto desde el suelo allí, encima de las escaleras, el profesor Dumbledore, con su túnica morada y dorada, su larga barba blanca y su varita en alto era una imagen imponente.
Los mortífagos descubrieron con horror lo que Dumbledore pretendía e intentaron protegerse, pero ya era tarde para ellos.
-¡¡¡Nooooooo!!! –Sirius gritó justo en el momento en que una cegadora luz blanca, con tintes verdes se proyectaba desde la varita de Albus Dumbledore y se dispersaba por todo el jardín como si de un torrente de agua cristalina se tratara, cegando a todo el mundo, incluidos Harry y Voldemort que estaban mucho más alejados que el resto, por un momento.
Los mortífagos estaban aturdidos en el suelo, los que se habían resistido a la maldición jadeaban también en la hierba y aquellos a los que les habían atrapado desde el principio comenzaban a despertar como de un sueño; pero el trabajo aún no estaba terminado, había que neutralizar a los mortífagos antes de que se despabilaran de nuevo todos. Pero nadie sabía dónde estaban Harry y Voldemort.
Cuando Sirius consiguió volver a ver, alzó la vista hacia las escaleras: Dumbledore se hallaba tendido en el suelo, con una mano colgando fuera del primer escalón, tenía una gran herida en la palma y la sangre goteaba al segundo; la varita había rodado hasta la hierba.
-¡Albus! –sacando fuerzas de donde no las había y con lágrimas en los ojos, Sirius corrió hasta llegar a la escalinata…
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Harry ya no podía más. Estaba al límite y Voldemort no le daba cuartel. Habían ido desplazándose hacia un lado del jardín y allí no había nadie más.
Entonces Voldemort lo desarmó y el chico fue lanzado contra la pared y cayó al suelo, de donde ya no se levantó, sólo tuvo fuerzas para alzar la cabeza y mirar a su enemigo a los ojos.
-Lo siento Harry, esto podía no haber sido así, podías haber… aún, aún puedes cambiarlo.
-No pienso…
-¡Únete a mí! Harry, juntos tú y yo podemos gobernar el mundo.
-No. La profecía… no puedes vivir si yo sigo con vida… no quieres que me una a ti… quieres matarme por la espalda… yo…
Una risa gutural se escapó de la garganta de Voldemort.
-Sí, puede ser. Pero hace tiempo, cuando te di a elegir, podía no haber sido así. Adiós, Harry Potter, el Niño que Vivió…
Voldemort levantó la varita, el rayo verde salió de ésta e impactó…
En el despacho de Dumbledore, Fawkes exhaló un agudo lamento…
-¡Noooooo!
Neville dobló rápidamente la esquina del colegio y se encontró con la escena que esperaba encontrarse.
Llegó justo en el momento en que el rayo verde salía de la varita de Voldemort… y saltó.
-¡¡Neville!! –Harry no se lo podía creer, Neville, su amigo Neville, había saltado interponiéndose entre él y el rayo verde, frustrando de nuevo el intento de Voldemort de asesinarlo.
-Neville… -el chico cayó al suelo, inerte, pálido.
-¡Harry! –Luna, con lágrimas en los ojos, apareció en la esquina por la que segundos antes había aparecido Neville corriendo, sostenía en la mano la varita de Harry- ¡toma! –se la lanzó- es tu oportunidad, ahora¡hazlo ahora!
Harry, con fuerza renovada gracias a Neville, se levantó, agarró su varita al vuelo y atacó.
-¡Avada Kedabra! –gritó.
El rayo verde salió proyectado con toda la fuerza que le quedaba a Harry en dirección a Voldemort; pero éste se había dado cuenta a tiempo; levantó la varita y gritó un hechizo de protección para formar un escudo. Del extremo de su arma salieron unas pequeñas chispas pero nada más ocurrió. Harry vio el desconcierto en la cara de su enemigo, milésimas de segundo antes de que el hechizo impactara limpiamente en el pecho de Voldemort.
Entonces supo que todo había terminado.
Al otro lado del jardín, en el campo de batalla principal, todos los combates cesaron simultáneamente justo cuando el rayo verde hendía el cuerpo del mago.
Voldemort clavó una mirada asesina en Harry… una mirada muerta…
La varita resbaló de su mano y su cuerpo cayó al suelo con un golpe sordo… inerte… frío, muy frío.
Casi simultáneamente todas las varitas de sus seguidores cayeron al suelo; se habían rendido nada más caer su líder, eso significaba que ya había terminado todo, definitivamente…por fin.
Los miembros de la Orden del Fénix las recogieron rápidamente y entonces comenzaron a aparecer…
Harry tenía una buena panorámica de todos los jardines; los vio llegar. Miles y miles de dementores aparecían de la nada en el recinto. Harry sintió frió, miedo, oyó a sus padres, el grito de su madre… y ya no pudo más. Sus ojos se cerraron y cayó al suelo, con la varita en la mano y el rostro sereno.
