Tu verdad y la mía.
"La vida en Brasil de Ozora Tsubasa, nuestra estrella del fútbol juvenil" rezaba el titular que su orgullosa madre escaneó y envió vía e-mail. Hasta le causaba gracia lo "tecnológica" que se había vuelto Natsuko para resolver el problema de la distancia, pero muy lejos de eso, el titular le desagradó. ¿Qué sabían esos periodistas de su vida en Brasil? En un par de párrafos hablaban de su éxito en Brancos, de lo famosillo que se estaba volviendo en el país sudamericano y hasta del atractivo que causaba en las adolescentes su tipo "exótico".
Pero ¿qué podían importarle esas chiquillas cuando él sólo pensaba en Sanae?
-¿Por qué no me respondes?- pensó en voz alta mientras comenzaba a redactar un nuevo correo. Después de doto, aunque ella no le respondiera sentía que, de algún modo, escribir le desahogaba. Sin pensarlo demasiado comenzó a teclear:
"Querida Sanae:
A estas alturas no se si llegarás a leer este mail, pero con la esperanza de que lo hagas haré mi último intento por llegar a tí.
Todo este tiempo ¿cuánto ha sido? al menos unos seis meses desde que recibí tu último mail en el que te decías muy ocupada, que tardarías en escribir... pues todo este tiempo he esperado pacientemente una palabra tuya. Pero nunca llega.
He visto, gracias a los envíos de mi madre, lo que aparece en la prensa sobre mí. ¿Acaso ahí está la razón de tu distanciamiento? no te culpo, pequeña. He sido yo mismo quien te ha hecho creer que en mi vida todo va bien, sólo por no preocuparte. Qué irónico, al final me ha salido el tiro por la culata.
¿Quieres la verdad? Si es mi única opción para recuperarte no me guardaré nada: las cosas acá son una lucha diaria, mis mayores rivales en Japón apenas le hacen el peso a un jugador promedio del Brasil y debo ganarme mi lugar todos los días. La presión es constante en la cancha, pero también fuera de ella.
Estar en otro país no es broma, y mucho menos estar solo. Si apenas fuera el idioma, pero es que las costumbres son demasiado diferentes. Acá de todo se hace una fiesta, suena maravilloso, pero cuando eres tímido es casi una pesadilla. No lo tomes a mal, pero acá las niñas son, como decirlo, algo desinhibidas. Puedo jurar que, si bien al principio me divirtió el asunto, a estas alturas ese "acoso" me tiene asqueado.
Hace un año atrás todo eso junto daba lo mismo. Llegar a casa y leer tus mails era como una inyección de entusiasmo. Si, tus ánimos siempre han sido mi mejor motivación y el mayor aliento para seguir adelante hasta en los peores momentos. No importa qué me contaras, era el saber de tí lo que me llevaba cada día de vuelta a Japón. Pese a la distancia estábamos juntos y era hermoso. Ahora que nada de eso existe mi éxito se ha vuelto más banal y mi vida más vacía.
Te necesito, Sanae, pero por sobre todo... te quiero".
Los rayos del sol matutino hicieron a Sanae abrir los ojos casi con resignación. Le costaba mucho reunir el ánimo y las energías para levantarse, pero había prometido a su madre acompañarla a elegir ropa para una cena elegante a la que estaba invitada. Le encantaba la idea porque, a diferencia suya, su madre era hermosa y seguro todo le quedaría bien. Después de reclamar a los cielos porque toda su ropa le estaba quedando ancha, escogió un par de prendas y se las echó encima. Detestó los horriblemente inflada que debía haber estado cuando compró esas "túnicas", como les llamaba ahora. Aunque siempre fue delgada, jamás reconocería que la ropa le sobraba por su extrema delgadez actual.
- Querida, ¿no bajarás a desayunar?- llamó su madre desde el primer piso.
- Emm, ¡¡ no… yo… no estoy lista, mamá!!
- ¿quieres que suba algo para ti?
- ¡¡Si, por favor haz eso!!
En dos minutos su madre subió un poco de leche y panecillos. Sanae le agradeció con una sonrisa dulce y un beso arrojado, pero en cuanto la señora abandonó el cuarto, no dudó en alimentar a su gata. Esa era su rutina y la mascota, en su inocencia, era su cómplice.
Marie paseaba su vista entre las prendas buscando un vestido juvenil, pero elegante, tal como ella, y reía escuchando a Jun quejarse por lo difícil que era hacer entender a los vendedores que, simplemente, quieres un traje formal. La gente tenía la imagen de Jun como un joven elegante y de pose severa, el príncipe de cristal de la clase más acomodada del Japón. Y aunque en parte era cierto, Marie convivía con un Jun mucho más alegre, divertido, tierno y, por sobre todo menos formal que el que la gente veía. Él tenía la habilidad de convertir hasta una aburrida compra en una graciosa anécdota. Pero era una afortunada y no sólo de él conocía el lado más amable. Recordó una ocasión en que su gran amigo Tsubasa, la buscó preocupado. No le importaba el soccer ni del estado de salud de Jun, que eran los típicos temas de los que hablaban. La bofetada que Marie recibió le daba vueltas en la cabeza. ¿Cómo podía su amiga estar al lado de un tipo violento y cobarde como ese? ¿Acaso la había golpeado antes? Ante eso no podía hacer nada, pero si volvía a tocarla le desfiguraría el rostro. Marie sonrió ante el recuerdo: eso no sonaba a Tsubasa, pero realmente lo había dicho. Era un gran amigo, de verdad.
Estaba perdida en esos pensamientos cuando algo la devolvió a la realidad…
- Jun, Jun, mira- dijo señalando a una joven que escogía entre unas blusas- ¿No es la animadora de Tsubasa?
- Mmm… no, no es ella- sentenció Jun observándola con disimulo.
- No, Jun, mira bien. Es ella, sólo que mucho más delgada que la última vez que nos vimos.
- Ahora que lo dices, mmm… Tal vez, pero no se, no la recuerdo bien- No había terminado la frase cuando Marie ya se acercaba a la joven. "A veces es tan impulsiva"- fue todo lo que cruzó por su mente antes de seguirla.
-Disculpa, ¿eres Sanae, cierto?- preguntó Marie y aclaró- del Nankatsu.
- Si, si soy yo. Y tú eres Marie, te recuerdo muy bien- respondió Sanae regalando la dulce sonrisa que le era habitual. Se sorprendió amenamente cuando vio al joven que se les acercaba- ¡¡Misugi, que atento de su parte acompañar a Marie en sus compras!!
Sanae, pese a no ser la misma de siempre, seguía dominando las mil y una formas de la dulzura, demostrando que ser adorable era sencillamente parte indisociable de su naturaleza.
- Señorita Sanae, que placer verla. La verdad, Marie y yo nos acompañamos mutuamente. Bueno, debo decir que yo la acompaño y ella me asesora. No tengo mucha paciencia con los dependientes de la tienda.
Sanae soltó una risita ante la confesión de Misugi. Realmente se veía muy distinto al joven severo que conoció años atrás, en aquél campeonato.
- Admito que casi no te reconozco. Estás muy delgada, Sanae- dijo Jun con honestidad.
-Pero si no he cambiado tanto- respondió entre sonrisas- sólo mira a Marie, ella si se esta muy bonita.
Sanae tenía maestría en desviar los temas sobre su imagen a cualquier otro objetivo. Nadie alcanzó a decir nada cuando la señora Nakazawa apareció llamando a Sanae, indicando con un gesto que su compra estaba lista.
-¡Voy mamá! Bien, lamento que nuestro encuentro sea tan breve, pero…
- Pierde cuidado- la interrumpió Marie- y dale saludos a Tsubasa, por favor.
-¿A Tsubasa? Emm, si, adiós.
Marie era una chica observadora, y tanto el cuadro general como la expresión de Sanae al nombrar a Tsubasa le causó mala espina. La voz de Jun la sacó de sus pensamientos:
- Tan flaca y con esa cara de enferma. ¿Crees que tenga algo muy malo?
- Me pregunto si Tsubasa lo sabe- respondió la chica aún mirando hacia la salida.
Los días pasaban y Tsubasa perdía las esperanzas de recibir noticias de Sanae, pero al abrir su correo se encontró con que le escribía nada menos que Marie, su amiga de la infancia, lo que lo sorprendió gratamente. Feliz, se apresuró a leer:
"Tsubasa-chan:
Supongo que no esperabas mi mail, y la verdad es que ni siquiera tenía tu correo, pero a través de Jun me contacté con tu amigo Taro (me simpatiza más que ese Ryo), quien me lo dio.
¿Cómo has estado? He leído por ahí lo popular que te has vuelto, pero ya sabes, mi cercanía a Jun me ha demostrado lo superficial que es la opinión de los medios. Prefiero enterarme de tu vida por ti, en serio. Además, hace un par de días me he encontrado con tu amiga Sanae y no me ha informado en absoluto. ¿Acaso ya no son amigos? Sería lamentable si fuese así. A propósito, me sorprendió lo delgada que está. ¿Está enferma? No me atreví a preguntarle, pero se veía tan pálida y demacrada… De todas formas no te preocupes, tal vez sólo fue mi impresión.
Mmm, sobre mí puedo decirte que estoy diseñando para una pequeña firma emergente. Es un proyecto de moda que será lanzado en un par de meses y me tiene tan feliz. Es tan emocionante que se hayan fijado en mí como diseñadora cuando aún no salgo del colegio… Lo mejor es que Jun me está apoyando. Estamos muy unidos, ¿sabes? Aunque es su deber por haberme tenido con el alma en un hilo por tanto tiempo jijiji…
Bien, no tengo nada más que reportar.
Besos, Marie."
- Sanae… ¿Enferma?
Para Tsubasa las cosas parecieron increíblemente claras. El distanciamiento de Sanae sólo podría responder a eso. Pero ¿por qué Ryo no le diría nada? ¿Acaso por no preocuparlo? Como fuera, le exigiría una explicación de inmediato. Después de todo, quién sabe por qué cosas estaría pasando ella y era inconcebible que él no estuviera a su lado para cuidarla.
