El fin del espejismo

Sanae no se estaba sintiendo del todo bien. Le asustaba no poder mantener su excelente rendimiento, pero concentrarse sin dejar de pensar en la comida era muy difícil. Lo peor es que, desde su encuentro con Marie y Jun, a sus preocupaciones se había sumado Tsubasa. Eso era terrible porque dejar de pensar en él le había costado mucho esfuerzo y ya no quería ilusionarse. Apoyó su cabeza entre ambas manos y, al retirarlas, se horrorizó al ver la cantidad de pelo que quedó entre sus dedos.

Lo sabía. Estaba totalmente conciente de que su rechazo a la comida le estaba pasando la cuenta. Bajó por una manzana y reunió toda su voluntad para dar el primer mordisco… La comió completa y, por primera vez en meses, no la golpeó el cargo de conciencia. Ya haría algo contra esos gramos de más, pero por ahora necesitaba que su cuerpo respondiera para el examen que tendría en la mañana.

El día siguiente transcurrió con gran normalidad. Sanae agradeció a si misma por el buen juicio que tuvo de comer algo, pues su estudio había dado buenos frutos. Rió de si misma por ser tan contradictoria; en el fondo, ni ella misma lograba entenderse.

-Te estoy diciendo la verdad, amigo- dijo Ryo al teléfono, ante la insistencia de Tsubasa- Sanae no tiene ninguna enfermedad. Lo único que nos tiene a todos enfermos es esa obsesión que tiene ahora por ser la niña modelo.

- ¿Modelo?

- Quiero decir que ahora le ha dado por ser perfecta. Ha subido mucho las calificaciones y, bueno, eso está muy bien, pero no creo que por eso debas dejar el resto de tu vida de lado ¿o no?

- Entonces… ¿no sólo a mí me ignora?

- Lo único que le interesa son sus estudios. Te lo digo en serio, amigo, está muy aislada.

Tsubasa no sabía que pensar ante las palabras de Ryo…

- Pero… ¿acaso no es verdad que está muy flaca y pálida? Eso fue lo que me comentaron.

- Si, eso es cierto. Pero yo creo que es por estudiar tanto. Lo más raro es que ahora tiene un séquito de niñas de primer año que parecen enamoradas de ella.

- Ja, ja ¿en serio?

- ¡¡Es verdad!! Yo no entiendo a las mujeres. Ahora que Sanae se cree diva, todas las chicas quieren ser como ella- Ryo continuó su charla con una ridícula imitación de mujer- "que es tan linda, siempre a la moda, blah, blah, blah"

Para Tsubasa, su amigo era un pozo de alegría que siempre lograba subirle el ánimo. Tal vez tendría razón, pero algo en su interior le indicaba que la observación de su amiga Marie había sido más certera. Si bien era cierto que Ryo veía a Sanae a diario, era innegable que el despiste de Ryo perdía contra la agudeza de la mujer más distraída. De todas formas, se sintió algo más calmado y pudo concentrarse más en sus entrenamientos. Pronto tomaría vacaciones y sería el momento de aclarar todas sus dudas.

-Sanae, espérame sólo este mes…

La práctica del Nankatsu había terminado hacía unos quince minutos y Kumi instruía a las nuevas asistentes. Era tan extraño estar ocupando el lugar de líder de su amiga, pero lo que más añoraba eran sus charlas y cotilleos camino a casa, como hacían siempre después de los entrenamientos. Cuando despidió a las chicas se dio cuenta de que Ryo la esperaba en la entrada. Desde que Sanae dejó el equipo, él se había ofrecido a acompañarla a casa. Sabía que era un gesto con dobles intenciones, pero no le desagradaba en absoluto.

- Extraño a Sanae- dijo Kumi con tristeza- ¿Qué le hicimos?

- Yo creo que ella sólo está escogiendo su camino.

- ¡Pero no es normal!, ¡no así!

- Tsubasa piensa que está enferma, o algo así.

- ¿Tsubasa? Creí que ya no hablaban.

- Y es verdad. Me contó que Misugi y su novia se encontraron con ella y que le vieron pinta de enferma. ¿No estará estresada con lo de la universidad?

- Todos queremos entrar a la universidad, pero no es para tanto.

- Eso mismo pienso yo.

- ¿Tú? Ni siquiera estudias, jaja…

- Oye!!!- Ryo puso una cara de enfado que de inmediato pasó a preocupación- Me refiero a Sanae… ¿No será cierto que está enferma?

- Mmm… hasta ahora rechacé esa posibilidad, pero no niego que últimamente he pensado en eso.

- Bueno, supongo que debemos estar atentos.

-Si. Bueno ya estamos en mi casa.

- Bien, nos vemos mañana. Adiós.

-Adiós.

La salud de Sanae se deterioraba con una rapidez cada vez mayor, lo que fue haciendo evidente a todos que algo en ella estaba fallando. Esa mañana no se presentó a clases y, aunque nadie comentaba nada, el ambiente se notaba enrarecido. El profesor notó la preocupación de la clase - Estudiantes, esta mañana la señora Nakazawa telefoneó a la escuela avisando que Sanae no se sentía muy bien y que la llevaría al médico. Es probable que le haya dado reposo y por eso no ha venido después de su consulta. Por favor, no se preocupen.

La chica faltó dos días más. Su madre estaba desesperada, pero sobre todo, inmensamente decepcionada de sí misma- ¿Cómo no me di cuenta antes?- esa pregunta le daba vueltas sin cesar desde la noche anterior cuando, al sentir un golpe proveniente de la habitación de su hija, había subido a ver si Sanae se habría caído o algo. Lo que encontró frente a sí fue el espectáculo más crudo y humillante en el que podría haber encontrado a su niña: ahí estaba ella, desmayada a las puertas de su baño, medio ahogada en su propio vómito… Por instantes no reaccionó.

- ¡¡¡Sanae!!!!- Recogió a su hija e intentó reanimarla con desesperación sin poder frenar su llanto. La chica respondió abriendo fugazmente los ojos, pero fue una señal muy breve. La mujer llamó una ambulancia y en poco tiempo su hija estaba siendo atendida.

Mientras, en la sala de espera tuvo el tiempo suficiente para asimilar las cosas. Miles de imágenes se agolparon en su mente cobrando sentido poco a poco. Estaba tan delgada, las palabras de preocupación de Kumi un día que se encontraron… todo ese tiempo pensó que la presión por entrar a la universidad la estaba estresando, pero su niña era sana, ¿cómo iba a imaginar que estaba haciéndose tanto daño? Pensándolo bien… nunca la veía comer. Desayunaba en su habitación, almorzaba en la escuela y durante la tarde cenaba antes que su madre llegara del trabajo…

- ¿Cómo pude ser tan ingenua?

Alimentaron a Sanae a través de una sonda hasta que lograron estabilizarla. En la mañana fue dada de alta, pero debía volver durante la tarde. Su madre no perdió tiempo y había pedido hora para una consulta con el psicólogo. No dejaría pasar un minuto para comenzar a tratar el problema de su hija. No después de todo ese tiempo.

No hubo palabras entre madre e hija en el trayecto a casa. Sanae se sentía demasiado humillada con lo sucedido y su madre respetó el dolor de su hija, pero había algo que si debían hablar:

- Esta tarde iremos al médico.

- Mamá…

- Hay que ver qué tratamientos existen y…

- ¿Mamá?

- ¿Dime?

- Yo, yo… no quiero esto, mamá. Yo…- El llanto no la dejó continuar. Aceptar que estaba enferma no estaba dentro de sus opciones y mucho menos luchar contra sí misma. Le había costado mucho llegar a donde estaba en su loca carrera contra el peso como para volver atrás. Para bien o para mal había cambiado y no estaba dispuesta a regresar.

- Lo siento hija, pero tengo que salvarte.

Durante la tarde, el médico les explicó a madre e hija los alcances de la enfermedad, y que debía enfrentarse con un equipo multidisciplinario de psicólogo, psiquiatra, nutricionista y endocrinólogo. Además, debían hacer una serie de exámenes para ver si su corazón había sido dañado, entre otras cosas. Finalmente, recomendó unos días de reposo para que la chica pudiera asimilar lo que se venía. Sanae aceptó tratarse a cambio del silencio de su madre, quien respetó el deseo de su hija.

Cuando Sanae regresó al colegio, la sombra en su rostro desapareció. Después del shock, volver a su vida normal era lo mejor que podía pasarle. Sus amigas estaban felices de verla bien y hasta se quedó a ver la práctica.

- Te extrañamos tanto- dijeron al unísono Kumi y Yukari.

- Fueron sólo tres días, hablan como si no nos hubiéramos visto en años.

- Es que estábamos muy preocupadas- se explicó Kumi - Pero dinos que te sucedió.

- No es nada, sólo cansancio.

- Ya sabía yo que tanto estudio te iba a hacer mal.

- Pero Yukari, es la única forma de entrar a una buena universidad.

- No, Sanae. Si te enfermas a causa del stress tampoco conseguirás tu objetivo- dijo sabiamente Kumi- recuerda que todos los extremos son malos.

Durante todo el día Sanae se mostró muy animada y eso relajó un poco a Kumi. Pero lo del stress ya estaba dejando de convencerla y se prometió permanecer muy cerca de su amiga en adelante.

Pasaron un par de semanas y, con ellas, las tareas recuperaron el protagonismo en la clase después del episodio de Sanae, por lo que ciertos cambios pasaron desapercibidos para la mayoría. Aunque la chica confió a Kumi que estaba asistiendo a terapia "por eso del stress".

Pero en lugar de verse mejor, estaba más demacrada que nunca. "No he dormido bien" o, "los estudios, ya sabes" eran sus típicas explicaciones. Al día siguiente tendrían un examen, por lo que Sanae había accedido a almorzar con sus amigas y otros compañeros para ayudarles con algunas dudas, pero con la condición de que fuera en su casa. Todos notaron lo incómoda que estuvo durante el almuerzo: más que comer jugueteó con la comida y apenas la probó. Estaba inquieta y no paraba de beber agua… -disculpen- dijo y se subió a su habitación. Kumi no dudó en seguirla y desde afuera escuchó entre sollozos, cómo su amiga ejecutaba lo que ya hace tiempo temía. Se sintió mal… muy mal.

-¿Kumi?... ¿Kumi, estás ahí?- llamó con voz quebrada Sanae, quien se había dado cuenta de la presencia de su amiga, pero no había sido capaz de controlar su impulso de devolver lo poco que había ingerido.

Kumi se sintió arrepentida de haber estado allí. Se arrepentía ahora que todos sus temores eran ciertos y no tenía una mínima idea de qué hacer- ¿Sanae?

- Necesito ayuda- Sanae apenas logró articular la frase y se echó a llorar como una niña.

Kumi entró veloz y abrazó con todas sus fuerzas a su amiga, apenas conteniendo las lágrimas. Pero debía ser fuerte. Luego de unos minutos, se levantó y le sonrió a Sanae - Mira cómo quedaste, te ayudaré- dijo mientras ayudaba a su amiga a limpiarse, como si no hubiera pasado nada- Te ayudaré a limpiar aquí, pero primero avisaré que no te sientes bien y que lamentas no poder seguir ayudando.

Reunió fuerzas y despidió a los chicos. En cuanto se fueron, se apoyó en la puerta al cerrarla y ya no pudo soportar más… lloró como nunca, rogando al cielo el coraje para apoyar a su amiga. Respiró hondo y subió rumbo a la habitación de la chica. Allí la encontró sentada en la cama, cabizbaja. No sabía qué decirle, pero fue Sanae quien habló primero:

- Perdóname.

Continuará…