Corazones abatidos
El jueves por la tarde Sanae no paró un segundo. Tenía tantas cosas que preparar para el fin de semana y los nervios la estaban matando. Partiría a Tokio el viernes al terminar las clases y estaría allá hasta el domingo. Aunque no era tanto tiempo como para cargarse de ropa, debía estar divina, lo que significaba sesión de peluquería, masajes, limpieza facial, manicure y, por supuesto, no comer absolutamente nada para no verse en la obligación de vomitar y con ello recuperar el aspecto de enferma crónica a la que estaba acostumbrada. De todo, eso era lo más difícil desde que su madre se había propuesto vigilar su alimentación, pero de un modo u otro el ingenio de la chica le sacaría del apuro.
Al llegar la noche, Sanae deseó no haber terminado nunca con los preparativos, ya que ni el cansancio era suficiente para espantar sus preocupaciones y dejarla dormir en paz. Aunque le hacía mucha ilusión el vivir una experiencia tan fuera de lo común como sería el lanzamiento de Sugarmoon, nombre de la marca, sabía que parte del éxito del evento era su responsabilidad, lo que la tenía hecha un mar de nervios.
Decidió revisar su correo para chequear las instrucciones que le había enviado Marie, pero lo que capturó su atención poco tenía que ver con la firma. La carpeta en la que automáticamente se almacenaban los envíos de Tsubasa casi llegaba al centenar de correos no leídos y aunque esa noche tampoco abriría ninguno, sintió una profunda tristeza nublarle el corazón. Aquella noche supo que sin importar cuán perfecto resultara el evento, la sombra de su amor perdido opacaría su felicidad.
La mañana del viernes transcurrió demasiado veloz para Sanae, quien apenas podía prestar atención a las clases.
Un joven guapísimo esperaba apoyado en su auto frente a la escuela gozando de las miradas traviesas de las estudiantes.
- Me tomé la libertad de venir a recogerla- Dijo acercándose a Sanae en cuanto la vio aparecer en la entrada.
- ¡¡Kenji!!- La chica notó inmediatamente cómo se convertía en el centro de atención- te lo agradezco mucho, pero debemos ir por mi equipaje.
Sanae sintió un codazo que provenía de su amiga Kumi. Hasta el momento, la chica no había comentado nada acerca de su "nueva ocupación", por lo que Kumi inmediatamente sospechó que la alegría de Sanae venía de la mano del apuesto desconocido.
- Eh, Kumi, te presento a Kenji Imai.
- Sanae… creo que tienes mucho que contarme.
Kumi los acompañó a casa de Sanae y se enteró por el camino de todos los detalles, descartando el temor de que Sanae hubiera cambiado a Tsubasa por el joven diseñador, y regocijándose en la idea de que, después de meses de ocultarse del mundo, Sanae se convirtiera en la imagen de una marca. Eso era casi terapéutico y estaba segura de que a su amiga le vendría muy bien.
Ya en casa, mientras terminaban de empacar, Kumi repentinamente recordó un importantísimo detalle que había dejado pasar con la emoción:
- Mañana…
- ¿Mañana?- preguntó Kenji.
- Mañana llega Tsubasa, Sanae- recordó Kumi a su amiga, ignorando completamente al joven.
- ¿Su amigo futbolista?- Kenji insistió en su intervención- vaya que coincidencia. Si tú quieres podemos invitarlo, pero dudo que a un futbolista le interese en algo la moda- Esto último lo dijo casi despectivamente.
Sanae rió ante el comentario y añadió- No te molestes, Kenji. En el mundo de Tsubasa sólo existe el fútbol.
Kenji y Sanae charlaban y reían de lo lindo, mostrando una complicidad enorme para conocerse tan recientemente, lo que a Kumi no le agradó del todo. Pero lo que más le molestó fue que su amiga respaldara la forma poco gentil en que el muchacho se refirió a Tsubasa. Sin embargo, prefirió callar para no arruinar el buen momento de Sanae, quien se veía muy ansiosa.
- ¿Estás segura de que no quieres venir a Tokio con nosotros? Me encantaría que me acompañases.
- Lo siento, amiga. Es que ya me había comprometido a organizar la recepción de Tsubasa. Y ya que no estarás, dejar a Ryo sólo en la organización sería desastroso.
Las chicas rieron a carcajada suelta, tocándole el turno a Kenji de quedar fuera de la conversación.
La tarde del viernes fue otra locura. Fotos, pruebas de vestuario y más fotos para una chica, mientras un joven caminaba de un lado otro con desesperación al escuchar por los altavoces que su vuelo tendría un retraso… ¡¡Ya sabía que el vuelo estaba retrasado!! De otro modo estaría viajando hacía rato, pero por qué no anunciaban a qué maldita hora se embarcaría al fin. La distancia de Sao Paulo a Tokio se le hacía tan eterna que una dificultad como esa no pudo haber llegado en peor momento, pero cuando pensaba en todo lo que le esperaba en su querido Japón, la ilusión parecía borrar todo lo demás. Eso pagaría con creces todo el mal rato del aeropuerto.
La casa de los Misugi era, con seguridad, lo más elegante que había visto Sanae en su vida. Aunque no era tan grande como la de Genzo, mansión que había visitado con cierta regularidad, el buen gusto de los Misugi superaba con creces el lujo provinciano de los Wakabayashi, por lo que la joven no cesaba de observar cada rincón como queriendo grabarlo en su mente. Jun había ofrecido amablemente recibirla en su casa durante el fin de semana, puesto que era el pretexto ideal para invitar a Marie también.
El desayuno no pudo ser más ameno, puesto que se unieron Kenji y Kotoko, completando así todo el equipo de Sugarmoon. Aunque Sanae apenas bebió un poco de té, todos atribuyeron su inapetencia a los nervios.
- En la tarde debes forzarte a comer algo o te desmayarás en la pasarela- indicó Kotoko, quien conocía muy de cerca las manías de las modelos.
- ¿Podrías tranquilizarla en lugar de ponerla más nerviosa?- dijo Marie entre risas, aunque lo que decía no podía ir más en serio.
- Ups!! Lo siento, no era esa mi intención. Lo que pasa es que mi mamá ha trabajado toda su vida en vestuarios, detrás de las pasarelas. Prácticamente me crié en este mundo y he visto tantas cosas que ni te imaginas…
- Yo… no te preocupes, estaré bien- Para Sanae no era la mejor noticia del mundo que alguien la estuviera cuidando así, pero sabía que la tarde sería demasiado ajetreada para los chicos como para que la vigilasen demasiado.
La tienda escogida para el evento era un monumento a lo chic. Aunque la firma era pequeña, estaba orientada a una elite, por lo que sus prendas se ofrecerían en escasos puntos de venta, manteniendo así la exclusividad, pasando a formar parte de las líneas juveniles de dichas tiendas. Sanae observó desde el segundo piso y se sorprendió de estar allí: representantes de revistas de moda eran los primeros en llegar, mientras el estacionamiento se iba llenando de carísimos vehículos…
"¿Dónde has venido a meterte, pequeña provinciana?"- se preguntaba Sanae aumentando su ansiedad. Ahora sólo quería estar a la altura de Sugarmoon.
Las modelos rápidamente se cambiaban en cuanto llegaban a los camerinos. Sanae pensó que al lado de esas chicas perfectas y, por sobre todo, flacas, ella debía verse como una especie de morsa perdida entre gacelas. Rió de si misma: a estas alturas no podía echar pie atrás.
Mientras se preparaba, Marie apareció a su lado entregándole un pequeño bombón de chocolate y trufas.
- No te presiones por comer, pero si llegas sentirte mareada, no lo dudes.
- ¿Marie?, tú…
- Yo estoy a tu lado, Sanae. No voy a presionarte ni dejaré que alguien lo haga.
Un grito indicando a todos que se alistaran a salir cortó su conversación.
- Después hablaremos si quieres…- Marie corrió al escenario mientras la música la anunciaba.
Al entrar a la tienda, los invitados se encontraban con una exhibición de las fotografías que Sanae se había tomado el día anterior, lo que daba las primeras pinceladas de lo que traería la colección. Adentro, las luces y la música invitaban a distenderse y disfrutar de lo que proponía Sugarmoon, la fiesta de la moda. Y así resultó todo, en especial para la "pequeña provinciana", como se autodenominó Sanae, quien despertó aplausos y flashes en cada aparición, y no escatimó simpatía cuando, micrófono en mano, describió y promocionó los accesorios de la colección.
Tsubasa llegó a Tokio desbordante de felicidad. Por culpa del atraso de su vuelo llegó casi anocheciendo, por lo que decidió partir a Shizuoka al día siguiente, pero aún así el reconocer su país, su gente y hasta sus letreros fue algo que le llenó el espíritu.
Saliendo del embarque se acabó su paz. Aunque los guardias le acompañaron hasta el vehículo que lo llevaría al hotel, la muchedumbre que le pedía autógrafos hizo difícil el trayecto. A sus diecisiete años aún no acuñaba los triunfos que le hicieran merecedor de tanto alarde, pensaba él. Pero al parecer el público japonés pensaba diferente.
En cuanto llegó a su habitación del hotel se lanzó de espaldas a la cama. La jornada había sido tan agotadora que no tenía energías ni para bajar a comer, lo que era de verdad extraño. Buscó el control de la tele con la idea de ver algo de fútbol local, pero lo primero que encontró fueron escenitas tipo "vida social". Iba a cambiarla cuando vio un par de sonrientes caras conocidas: nada menos que Marie del brazo de su novio Misugi, saludando en vivo desde el cóctel de Sugarmoon.
"Debes ser por lo que me comentó aquella vez"- Tsubasa recordó el proyecto que le había mencionado su amiga en el mail, aunque no lograba precisar de qué exactamente se trataba. Luego de unos segundos, apareció una imagen que le heló la sangre. Su Sanae (mil quinientos kilos menos, dicho sea de paso) sonreía a las cámaras mientras un guapete "quiensabequien" la tenía bien tomada por la cintura…
- Aló? Kumi?
- Tsubasa!! No puedo creerlo, ya estás aquí!!!. Tú mamá nos avisó de tu retraso y que llegarías mañana.
- Si, ahora estoy en Tokio- Kumi iba acontinuar con su efusivo ataque de alegría cuando Tsubasa se le adelantó- Acabo de ver a Sanae en televisión… Ella está…
- ¡¡Trabajando!!- interrumpió Kumi intentando de antemano resolver cualquier tipo de malentendido- Sanae es el rostro de la firma de modas de la novia de Jun. Ella la invitó a trabajar con ellos y cuando supimos que llegabas hoy ella ya había aceptado.
- De acuerdo- las palabras de Kumi no respondían ninguna de las preguntas que se formaban en su cabeza, pero decidió que no era un buen momento para comenzar interrogatorios- No te preocupes, sólo creí que estaba confundido porque la vi muy delgada…
De un momento a otro, las ilusiones de Tsubasa se tornaron en amargos pensamientos. La verdad es que no había que ser un gran observador para notar la diferencia entre la Sanae de sus fotografías y la que acababa de ver. Además, ese tipo… por más que tratara de convencerse de que estaba apresurando conclusiones, las imágenes lo conducían inevitablemente a explicar el por qué Sanae ya no le escribía. Ahora todo se mostraba ante él con una brutal claridad.
La noche era perfecta. Sanae se había lucido y con ello, había contribuido enormemente al éxito de Sugarmoon, lo que la tenía más que satisfecha. Durante el cóctel, las personas no hacían más que felicitarla y halagarla, pero su corazón se sentía cada vez más oprimido… "Tsubasa", era lo que en su mente se repetía una y otra vez.
Repentinamente sintió como un brazo envolvía gentilmente su cintura antes que un joven le hablara al oído.
- Señorita Sanae ¿se siente bien?, la veo algo incómoda.
- Kenji, yo… estoy un poco agobiada con todo esto
- También me estoy hartando de esto- solidarizó el joven- sonreiremos ante las cámaras y en cuanto nos dejen saldremos rápidamente de aquí-
- Pero cómo…
- Sólo sígame- respondió Kenji sin dejarla continuar.
Después de responder un par de preguntas con una sonrisa forzada, la pareja logró escurrirse hábilmente hasta la salida. Una vez allí, la chica notó que el joven aún sostenía su mano.
- Kenji...- dijo Sanae bajando la mirada mientras intentaba soltarse. Pero Kenji hizo caso omiso a la demanda de Sanae y en lugar de ello, la estrechó más y jaló a la chica acortando la distancia entre ellos, para luego tomar su barbilla con la otra mano y obligarla a mirarle a los ojos.
Sanae no sabía que pensar. No podía negar que desde el principio el joven apuesto la perturbaba, pero ella sabía que su amor era de otro. Sin embargo, la distancia entre sus labios se hacía cada vez menor. Ella debía detenerlo ahora, Tsubasa había regresado…
Kenji hizo una pausa antes de consumar lo que desde un principio deseaba y miró fijamente a Sanae como esperando su permiso. La chica no se movió en absoluto…
- El mundo del futbolista sólo tiene fútbol- dijo Kenji en un susurro- tú lo dijiste.
El maravilloso mundo rosa que se había construído esa noche se tornó de golpe en opaca realidad para Sanae. ¿Cómo pudo olvidar quién era en realidad Tsubasa? ¿Y cómo pudo olvidar que ese chico jamás miraría al estropicio en que estaba convertida? Sin embargo, un joven guapo, talentoso y por sobre todo tremendamente seductor estaba allí, adorándola aún siendo la horrible muchacha que ella era."Tsubasa lo siento, tomaste tu opción sin mí y ahora yo tomo la mía… sin tí".
La chica cerró sus ojos mientras sus labios descubrían por primera vez el placer de un beso dulce y cálido, pero con el corazón destrozado por la culpa.
Estando en la misma ciudad, dos jóvenes nunca antes estuvieron tan distantes…
Continuará…
