rame

La noche avanzaba y Sanae no lograba conciliar el sueño. El tren de acontecimientos de las últimas horas la había arrollado sin piedad, sin dejarle pensar sobre lo que hacía, sin saber si actuaba según su voluntad. Kenji era muy apuesto, y le atraía sobremanera su forma de ser, tan diametralmente opuesta a los hombres que conocía, pero era imposible sentir amor por alguien a quien acababa de conocer.

Así, se preguntaba si fue un impulso responder su beso… si fue un impulso seguirlo besando mientras se aferraba cada vez más a su cuerpo, como buscando protección contra la tortura de su propia conciencia. Y aunque ahora en su cabeza había una tormenta, eso era mejor que escuchar constantemente la voz de sus culpas.

Estaba resignada a no poder dormir cuando sintió que alguien llamaba a su puerta.

- Sanae¿estás despierta?

- Si, Marie, pasa. ¿Sucede algo?

- No, no… es sólo que, bueno, hoy ha sido tan intenso. Deberíamos estar exhaustas y, sin embargo, ninguna de las dos logra cerrar los ojos.

- Es cierto- respondió Sanae sonriendo- Son demasiadas emociones para un solo día.

- Afortunadamente Kotoko tiene energías inagotables y se quedó cerrando, porque de verdad yo no resistía más.

- Disculpa por dejarlos en la fiesta.

- No te preocupes, Kenji me avisó que te traería.

- Si, el fue muy gentil en traerme- respondió Sanae con un dejo de nerviosismo. Marie pudo notar como su amiga se ruborizaba.

- Kenji es encantador y siempre está rodeado de un montón de chicas que harían lo que fuera por salir con él. Creo que eres muy afortunada.

- ¡¡Qué?!!!! A… ¿acaso tú nos viste?

Marie rió a carcajada suelta ante la atónita mirada de Sanae.

- Te delataste sola.

- ¡¡Oye!! Pero entonces¿cómo supiste?

- Es cierto que Kenji vive rodeado de chicas, pero lo conozco y, bueno, contigo es tan diferente.

- Me asusta esto. Pienso en Tsubasa y siento un remordimiento horrible.

- Yo también pienso en él, en que está de vuelta y todo eso. Pero tú eres una chica guapa de 17 años… ¿qué espera todo el mundo¿que detengas tu corazón hasta que él venga a reclamarte? La vida no espera, Sanae.

Sanae quedó impresionada por las palabras de Marie. ¿Cómo podía hablar con tanta madurez esa chica, si tenía su misma edad?

- Marie hay algo que quiero preguntarte.

- ¿Si?

- Bueno… es que me sorprende lo comprensiva que eres conmigo. Parece que supieras exactamente lo que siento y, la verdad, hasta ahora nadie se ha mostrado así, hasta complaciente.

- Sanae… yo se lo que es sentir que tienes el mundo en contra. Yo…- Marie se detuvo en tanto sus ojos comenzaron a humedecerse.

- No tienes que decirme nada, no quiero que te sientas invadida.

- Pero quiero decírtelo, Sanae… necesito decírtelo- La chica hizo una pausa antes de continuar- Se lo que es sufrir por la persona que amas y terminar volcando ese dolor contra ti misma. Sanae, cuando Jun estaba mal, ya en el campeonato en el que tú y yo nos conocimos, yo vivía angustiada. Mis días no eran más que rogar por que estuviera bien, por que ocurriera algún milagro, pero eso nunca sucedía. Llegó un momento de mi vida en el que ya no pensaba un minuto en mí, sentía que al lado de su dolor, nada de lo que me sucediera era importante, entonces dejé de comer. Al principio olvidaba algunas comidas, pero luego pasé de olvido a rechazo. Al tercer o cuarto día sucumbía ante el hambre y después… tú sabes lo que viene después. Ese condenado remordimiento…

- Pero Marie¡¡teníamos doce años!!

- ¿Puedes creer que nadie se daba cuenta?- Sanae estaba impactada con la confesión de su amiga- El problema cardíaco de Jun parecía eclipsar todo lo demás

- Siempre se les vio tan unidos. ¿Cómo es que no lo odiaste con todo eso?

- Porque él siempre me hizo sentir importante. De alguna forma era su culpa lo que me estaba pasando, pero por otro lado era mi consuelo.

- Te entiendo.

- Quería estar siempre junto a él, que el tiempo se detuviera para los dos. Por eso yo tampoco quería cambiar, y descubrí que mi bajo peso mantenía mi aspecto de niña. Tenía miedo a crecer, miedo a que las cosas cambiaran, miedo a que el tiempo me arrebatara a Jun. No quería dejar de ser una niña, pero acabé con mi infancia tal como tú estás acabando con tu juventud.

Sanae abrazó con fuerza a Marie. Quería llorar, pero se contuvo, pues había tantas preguntas que necesitaba hacerle, y sabía que aquél era el momento.

- ¿Cómo lograste salir?

- Fue él- respondió ante la sorpresa de Sanae- El amor de Jun me salvó. No se en qué momento se dio cuenta, pero sin decirme nada, se acercó cada vez más a mí. Ya no era yo quien lo cuidaba, sino él quien iba por mí cada mañana y luego de clases me acompañaba a casa. Compartíamos el almuerzo e incluso la cena, siempre con algún pretexto, claro. Era él quien me obligaba a vivir cuando yo sólo deseaba hundir la cabeza y, por supuesto, fue él quien me enseñó a quererme otra vez.

- Es maravilloso- dijo Sanae conmovida- yo que siempre pensé que tú estabas a su lado para cuidarle, y resultó ser recíproco.

- Como el amor, Sanae, no puede ser unidireccional.

- Me haces pensar que todo este tiempo que he estado huyendo de Tsubasa, lo único que he hecho es alejarme de quién me puede ayudar.

- No lo se. Sabes que quiero mucho a Tsubasa, pero debo serte sincera. Lo que hay entre ustedes parece un cuento de hadas: él se va lejos de su amada y ella le espera pacientemente hasta que un día, muchos años después, él regresa y son felices para siempre- Sanae soltó una carcajada que terminó por contagiar a Marie también, quien luego de un instante continuó- Es bello, pero hasta ahora sólo tienes ilusiones… Kenji es real.

-------------------------------------------------------------------------------------------------

La luz de la mañana llegó anunciando de golpe el nuevo día para quien tuvo una noche tan difícil, pero Tsubasa estaba animado. Pese a la sensación amarga que tenía, sabía que vería a muchas personas queridas, y eso debía alegrarlo. Guardó todo en su maleta y tomó el teléfono para llamar un taxi, pero repentinamente su corazón le exigió otra cosa…

- Aló…

- ¿Tsubasa?

- Acertaste, Misugi.

- Ehh¡¡Bienvenido!! Supongo que estás en tu casa.

- Me encantaría, amigo, pero mi vuelo se atrasó y terminé pasando la noche aquí en Tokio.

- ¡¡¿En Tokio?!!

- No te alarmes, sólo quería preguntarte por Sanae. Se que está en Tokio trabajando con Marie, pero como no tengo su número, pensé que podrías ayudarme.

Jun se encontraba en una encrucijada. Realmente no tenía la menor idea de qué responder, pero en ese momento llegaron las chicas para su buena fortuna.

- Es Tsubasa- dijo cubriendo el auricular- Me está preguntando por ti, Sanae.

- Dile que estoy en Tokio por muchos días.

- Siento decirte que él también está en Tokio.

- Demonios...

-------------------------------------------------------------------------------------------------

Durante el almuerzo Sanae no pudo contra sus nervios. Pese al éxito obtenido la noche anterior, apenas lograba esbozar una sonrisa notoriamente falsa.

- ¿Que es lo que te tiene tan incómoda¿Te arrepientes de lo de anoche?

- No, yo… la verdad no se si estoy lista para esto, Kenji, pero no me arrepiento de nada.

- Pero no lo estás disfrutando. Mírame, estamos aquí, juntos, después de una noche perfecta. ¿Por qué estás así?

Sanae no supo cómo responder, pero el mismo Kenji encontró las palabras por ella:

- Es el futbolista¿cierto?

- Kenji, él está en Tokio. Hoy telefoneó a casa de Jun y yo, bueno… le prometí que nos veríamos. Yo le debo una explicación.

-¡Él se fue, bonita, se fue a vivir su vida y te dejó con ese amor clavado en el pecho!

- Él me dijo que me quería.

- ¿Qué?

- Me lo dijo antes de irse a Brasil. En todo este tiempo la que rompió la comunicación fui yo.

Kenji no daba crédito a lo que escuchaba. Con las cosas puestas de ese modo, era muy posible que el deportista estuviese en Japón para recuperarla, pero si era Sanae quien se había alejado de él, se encendía una pequeña luz de esperanza.

-¿Te perdí, Sanae?

- ¡¡Oye!! En ningún momento he dicho que vaya a correr a los brazos de Tsubasa. Pero he estado huyendo todo el tiempo y él merece que, al menos, le diga por qué.

- ¿Puedo saber cuál es ese por qué?

- No puedo vivir de una ilusión, de un amor que es pura esperanza.

- ¿Y si te quiere de verdad?

- Estará acá un par de semanas y luego se marchará por otros dos años o tal vez más. No soy tan fuerte como todos piensan, Kenji, al contrario, soy demasiado frágil, demasiado débil para enfrentar la soledad.

-------------------------------------------------------------------------------------------------

Eran las cuatro en punto cuando Sanae llegó al hotel donde se alojaba Tsubasa, quien la esperaba en una de las terrazas. Cuanto más se acercaba a su destino, más se agitaba su corazón. Sabía perfectamente que estaba lo suficientemente confundida como para caer presa de sus impulsos otra vez, así que repasaba una y otra vez las palabras exactas de su explicación pensando que con ello lo evitaría. Caminaba lentamente como si no quisiera llegar, pero antes de lo deseable lo tenía frente a frente.

De nada sirvió repetirse veinte veces que en cuanto lo viera recitaría su guión, se daría la media vuelta y se olvidaría de él.

- Tsubasa…- fue todo lo que salió de sus labios mientras el amor de su vida la abrazaba casi con violencia.

Un deseo irrefrenable de sentir la piel de su amada había impulsado al joven a aferrarla a él sin pensar un segundo en lo que hacía, olvidando cuánto se repitió a sí mismo que tenía demasiado que explicarle, partiendo por lo que había visto la noche anterior. Pero ahora estaban allí, aferrados el uno al otro como si la vida se les fuese en ello.

Poco a poco, la mágica nube en que estaban envueltos comenzó a desvanecerse, y Sanae se sobresaltó como si despertara de un sueño, recordando de golpe todo lo que había planeado decirle.

- Lo lamento.

- Por qué, Sanae, que es lo que lamentas. ¿No te das cuenta de lo que estamos sintiendo ahora?

- Yo no soy la chica que tú quieres… yo, he cambiado demasiado.

- ¿De qué estás hablando?

- ¡¡Mírame, Tsubasa, mírame bien!! – gritó Sanae al borde del llanto.

- No!! Mírame tú a mí-Diciendo esto, Tsubasa la sujetó con fuerza y clavó en ella una mirada tan inquietante como llena de furia- No eres la única que ha cambiado, mis sentimientos por ti también son diferentes- Sanae sintió terror de seguir escuchando, pero Tsubasa continuó- Si alguna vez te quise, ahora te amo.

Sus palabras resonaban en la mente de Sanae una y otra vez, como si no lograra convencerse. Después de tanto dolor, una pequeña frase cerraba la mayor de sus incertidumbres, pero aún con el corazón saltando de alegría, una sombra volvió a posarse sobre ella…

- No puedo traicionar a Kenji.

Tsubasa sintió una estaca atravesar su corazón. Finalmente, el temor que le apresaba desde la noche anterior se había vuelto realidad, y Sanae quería a otro. Pero algo no cuandraba… ¿Por qué había reaccionado así¿Por qué no le había dicho desde un principio que ya no le amaba?

-Pero puedes traicionarte a ti misma.

Sanae no supo qué decir. Tsubasa tenía razón, se mentía a si misma intentando en vano convencerse de olvidarlo, pero por otro lado tenía sus razones para hacerlo.

-Tsubasa, yo… Dame tiempo, por favor.

Aunque el muchacho hubiera deseado estrecharla entre sus brazos y recuperar de una buena vez todo el tiempo perdido, dio lugar a la razón y comprendió que Sanae necesitaba ordenar sus ideas. Sabía que por muy confundida que estuviera, era una chica correcta que jamás pasaría por sobre otra persona, y eso era algo que debía respetar, aún si se trataba de su rival. Tampoco esta vez halló respuesta a las tantas interrogantes que le rondaban, pero con el corazón más sereno y más esperanzado decidió partir a Shizuoka y hacer todas las preguntas a Sanae cuando ella se sintiera preparada para responder.

- El tiempo que necesites… Sanae.

-------------------------------------------------------------------------------------------------

Continuará…

Notas:Bien, lo sé… ¿tanta espera para esto¿ni siquiera un beso? Bueno, los chicos son recatados. Claro que yo en su lugar recupero todo el tiempo perdido y más, pero ese es otro cuento.

Siento tanto la demora, pero este encuentro entre el par de tórtolos me ha salido realmente difícil, eso de no querer apurar las cosas, ni tampoco retrasar el encuentro hasta el próximo capítulo pese a que necesitaba contarles acerca de Marie... Pobrecita!! pero vamos que la anorexia no es sólo una obsesión por vestir la talla 36.

Bueno, gracias por leerme. Intentaré (no puedo asegurarlo) que el próximo salga más rápido.

Besos!!