Respuesta correcta.
-Es mentira, Sanae, lo juro…
Te abrazaste a mí repitiendo esas palabras una y otra vez, a ver si por fuerza lograbas convencerme. Y me mostraste todo tu miedo, tu frustración, tus debilidades… en fin, todo lo que yo odiaba en mí en ese momento me hizo amarte como nunca. Lloraste y te vi como el ser humano más hermoso que había visto jamás.
¿Por qué entonces yo no toleraba mi propia debilidad¿Por qué aniquilaba todo lo que, según tú, me hacía humana? Habría sido tan fácil, en ese momento supe que me amarías de todas formas, pero había algo en mi interior que se retorcía de tan sólo pensarlo.
Dormitaste apenas unos diez minutos y decidimos levantarnos. Si Jun y Marie llegaban seguro pensarían algo raro de encontrarnos así, además el baño no lucía muy bien con esas gotitas de sangre por decoración. A las cuatro de la mañana preparaste el desayuno. Me espantaba un poco la idea imaginando que me harías comer como a un futbolista, pero llevaba ayunando varios días y la taza de té en la estación me había abierto el apetito. Me limité a lo mínimo para sostenerme y afortunadamente tuviste el tino de no decirme nada.
- Volvamos a Shizuoka- me dijiste algo serio.
- Eso haremos.
- Volvamos ahora, en el primer autobús.
Lo que me decías tenía sentido. Era ilógico quedarnos más tiempo en Tokio, además yo debía ir al colegio. Pero siendo sincera, no tenía ganas de volver. Estaba tan feliz con tu sola compañía que volver y encima mirar las caras de todos…
- Tengo miedo.
- No dejaré que nadie te haga daño, lo prometo.
En ese momento no supe si te referías al resto o a mí misma, pero como fuere, tu respuesta me confortó. En ese instante sentimos la puerta.
- ¿Qué hacen levantados a esta hora?
Marie quedó confundida al vernos charlando en la cocina a las cinco de la mañana, y nosotros reímos de buena gana al ver la cara que puso. Además, trasnochada se veía fatal. Preparé leche y nos quedamos charlando un rato con Jun. Marie se fue a dormir casi en seguida porque tenía colegio.
- ¿Y dormirás una hora nada más?
- No hay remedio. Eso me pasa por hacerle caso en todo a Jun.
- ¿A mí? Pero si fuiste tú quien insistió!!!
No nos dimos cuenta como llegaron las siete. Tú hablabas del fútbol en Brasil y tus ojos brillaban, pero cuando nos contaste acerca las clases intensivas de samba a la que te sometieron tus compañeros Jun y yo no podíamos parar de reír, aunque a ti no parecía hacerte mucha gracia.
- Las playas…- dijiste con un dejo de añoranza- Río de Janeiro está a algo más de cuatro horas de Sao Paulo y tiene las mejores playas que he visto. Sanae, tenemos que ir juntos.
Me sorprendiste. A veces pienso que no te conozco lo suficiente. Creí que no me querrías al ver como estaba mi vida, no imaginé que yo fuera tan importante para ti, creí que cumplir tu sueño era lo único que te importaba y tampoco pensaba que te atrevieras a acercarte a mí con tanta determinación. En todo eso me equivoqué. Yo había cambiado mucho, pero tú también y ya no eras el niño tímido que había partido al Brasil.
Volver a Shizuoka resultó mejor de lo que esperaba. Tu visita subió el ánimo de todo el mundo, lo que desvió la atención y nadie me hizo preguntas desagradables. Era tan lindo ver la cara que ponías cuando bromeaban diciendo que volviéndome modelo cumplía el destino de todo futbolista…
Pero mis médicos no estaban nada felices. Tenía más cortes que nunca, había bajado casi dos kilos en la última semana y mi anemia seguía la misma tendencia. Resumen: todo mal.
- Escucha Sanae, si sigues bajando la única opción será internarte, y en la clínica te vigilarán hasta en la ducha ¿Es eso lo que quieres?- dijo mi nutricionista con cara fúnebre.
¡¡Por supuesto que no quería!! Deseaba con toda mi alma estar bien y dejar de hacerle daño a mi mamá y tí, pero entiende que tengo el cuerpo y el alma en guerra y es algo más fuerte que yo.
Los días pasaban como un sueño. Ibas por mí cada día al cole y me sentía como una niña mimada. ¡¡¡Era maravilloso!! Pero la magia acabó de golpe.
Kenji me llamó para avisarme de una nueva sesión de fotos y me hablaba como a una desconocida. No podía esperar que todo fluyera tan bien como siempre, sin embargo habría preferido cien veces que me exigiera una explicación, al menos un insulto de su parte… Pero nada. Su voz sonaba como un androide dándome instrucciones y eso me desconcertaba. Decidí no contarte los detalles para no preocuparte y esperé tranquila el fin de semana. Entonces supe que jamás podría engañarte.
-------------------------------------------------------------------------------------------------
Las tres horas en aquél autobús a Shizuoka transcurrieron muy distintas para los dos. Tú dormías como una bebé y yo sólo pensaba qué le diría a tu madre cuando llegara de mañana contigo a casa. ¿Ella sabía lo que te pasaba? Si era así tenía más posibilidades de que me creyera. Por suerte al llegar salió a recibirte como la hija pródiga y a mí, como si de un héroe se tratara. Comprendí que la pobre, sabiendo por lo que estabas pasando, estaba más atada de manos que yo.
- La cuidaré todo el día. Estoy de vacaciones, así que puedo estar con Sanae todo el tiempo- le dije a tu mamá para calmarla.
Tú me miraste con una cara que aún intento interpretar, pero tu mamá no podía estar más feliz.
- Trabajo todo el día- me dijo- así que nos haces un gran favor a ambas cuidando de ella.
Noté que te desagradó un poco nuestra conversación, pero cuando fuimos a tu control, algo peor debieron decirte porque me rogaste que cumpliera mi promesa de cuidarte.
Para mi eso fue muy extraño. Tú querías estar bien y yo entiendo que cuando alguien ya no quiere seguir adelgazando sencillamente come. Si te era tan difícil resistir el hambre¿por qué te costaba comer? Fue entonces que empecé a comprender tu enfermedad. No era una manía de estar flaca, era tu vida convertida en una contradicción. Decidí que en adelante no te daría a elegir. Hasta que las cosas no estuvieran en orden en tu vida, yo tomaría las riendas por los dos. Si hice bien o no, aún no estoy seguro, pero creo que no me equivoqué.
El viernes estabas notoriamente nerviosa. Me dijiste que tendrías una sesión de fotos y me pareció fantástico, pero tú no lo estabas disfrutando.
- ¿Te puedo acompañar?
- Tsubasa¿qué cosas dices?- dijiste entre risitas- me daría mucha vergüenza que me estuvieras viendo en una sesión.
No dudé de ti, aunque me atraía la idea de verte posando. Pero tu actitud me decía que había algo más…
- Aló¿Marie?
- Tsubasa¿Qué tal tu primera semana en casa?
- Ha estado genial. Mis antiguos profesores y el director me han recibido como un rey en la escuela y he jugado con el actual equipo, además de entrenar a los más chicos mientras espero a Sanae. También he recorrido Shizuoka entera. Menos mal que viene el verano porque me acostumbré al calor eterno de Brasil y hasta he pasado frío acá.
- Jaja!! Oye¿qué tal si nos juntamos el fin de semana? Debo viajar por una nueva sesión de fotos para Sanae y Jun no podrá acompañarme esta vez.
- Y… ¿quién más estará en esa sesión?
- Si lo preguntas por Kenji, si, estará. Pero es miembro de SugarMoon y debemos aprender a trabajar juntos después de lo que pasó ¿no crees?
- Lo que dices es razonable, pero no puedo quedarme tranquilo sabiendo que estará con ella.
- No pasa nada, Tsubasa. Kenji está un poco molesto con todo, pero es un buen chico.
- Está bien. Nos vemos el sábado entonces. Adiós.
- Adiós.
No me preguntes como lo conseguí porque pensarás que soy un psicópata o algo parecido, pero el sábado estaba tocando la puerta de un desconocido al que ya odiaba por sobre todas las cosas. En cuanto abrió a puerta los colores se esfumaron de su cara y entonces supe que era él.
- ¿Qué haces tú aquí?
Debo decir que su falta de cortesía estaba completamente justificada en este caso. Te confieso que yo en su lugar me abría portado peor.
- Necesito preguntarte algo sobre Sanae.
- Si te dijo que le hice algo, te mintió. Ahora por favor, déjame en paz- dijo cerrándome la puerta en la cara, cosa que impedí entrando a la fuerza. Él se cabreó con mi presencia, pero creo que al final le daba curiosidad saber a qué había ido.
- No es eso lo que quiero preguntar… Dime ¿sabías de su enfermedad?
- De qué estás hablando.
- ¡¡Sólo dime si lo sabías¿Lo sabías¿La ayudaste?
- Escucha futbolista. Vivo en este medio, veo chicas desaparecer todos los días y si ella quiere ser alguien ese es el costo. Ni siquiera está tan flaca.
- ¿Qué estás diciendo?
El tipo esperó un poco antes de responder. Parece que estaba disfrutando de ver mi cara de enojo y esbozó una sonrisa venenosa antes de decir su última frase.
- Estoy viendo que la muchachita quería una niñera y no un hombre… por eso te eligió a ti…
No pude evitarlo, pero esa fue la última frase que dijo antes de que mi puño se clavara en medio de su cara de galancete. Me fui de allí con toda mi furia contenida, porque te juro que le habría dado más, mucho más por todo lo que me guardaba desde mi llegada al Japón, pero viéndolo caer de un solo golpe con la cara ensangrentada, volví en mi. Tengo que confesarte que olvidé por completo tu sesión de fotos, y por mí mejor que el infeliz no se apareciera.
-------------------------------------------------------------------------------------------------
Kenji llamó ese día avisando que llegaría tarde, que había sufrido un percance y que comenzáramos sin él, pero jamás imaginé que se trataba de algo así. Llegó con la nariz vendada y el centro del rostro lleno de moretones. Mintió, inventó una excusa bastante creíble, pero se delató ante mí:
- ¿Y no vino tu novio? Habría jurado que vendría.
No necesitaba decirme que su "percance" tenía que ver con tus puños. No se qué demonios pasó por tu cabeza, pero tampoco consigo descifrar todo lo que pasó por la mía. Furia, con él y contigo, vergüenza y a la vez una extraña sensación de haber sido vengada. ¿De qué? No tenía idea, pero en mi interior algo clamaba por encontrar un culpable de todo lo que me pasaba y hacerle pagar. Y Kenji se estaba portando muy desagradable conmigo… sólo que no se merecía el golpe. O al menos eso creía yo.
Al terminar la sesión me acerqué a él. Me gustara o no la idea, le debía una disculpa.
- Lo siento, Kenji. Siento haberte causado daño, y siento también que Tsubasa se desquitara contigo, pero lo amo y no puedo luchar contra mis sentimientos.
- Lo que yo siento es haber pensado que podríamos divertirnos- dijo él sin siquiera mirarme- Tus sentimientos no tienen nada que ver aquí ¿o crees que iba a jurarte amor eterno?
- ¿Qué?
- Escúchame niña estúpida, bonitas como tú hay por montones y no necesito tus dramas existenciales ni nada parecido. Puedo tener en mi cama a la chica que quiera sin que se ponga a llorar por eso, así que ya puedes irte calmando.
- ¡¡Pues no se cómo Tsubasa no te molió el rostro, bastardo de mierda!!
Todos voltearon a vernos y yo sólo atiné a correr. ¿Cómo era posible que después de todo lo que había sufrido, él me escupiera en la cara que sólo quería acostarse conmigo?
Sólo se que corrí sin rumbo hasta que un cuerpo robusto me recibió en sus brazos…
- ¿Qué sucede mi pequeña?- Tu voz y tus brazos eran el refugio que yo necesitaba.
- Kenji… - entre lágrimas, fue todo lo que pude articular.
- Ese imbécil¿qué te hizo ahora? Desgraciado, le destrozaré lo que le queda de cara.
- ¡¡No, no Tsubasa!! Déjalo - te detuve agarrándote de la camisa- No quiero que encima te metas en problemas.
Vi en tus ojos que estabas dispuesto a todo, pero gracias al cielo Marie apareció en el momento exacto.
-------------------------------------------------------------------------------------------------
- ¡¡Tsubasa!!- Marie exclamó en cuanto me vio.
- ¿Qué sucedió Marie?
- No lo se, Sanae y Kenji discutieron, pero él se fue sin decirnos nada.
Tú tenías el rostro hundido en mi pecho y no dejabas de sollozar. La pobre de Marie estaba nerviosa y no entendía nada.
- Niñas, vamos a tomar algo y hablamos ¿si?
- Tsubasa…
Sabía que ibas a negarte, pero insistí.
- Apuesto a que no has almorzado. No te puedes negar.
Ya me había enterado de la clase de tipo que era ese Kenji, pero decirte esas cosas era caer demasiado bajo. En aquél local armamos todas las piezas del puzzle ante una sorprendida Marie.
- No me puedo creer eso de Kenji, lo conozco hace tanto tiempo…
- ¿Sabes Marie? Creo que eres una chica demasiado buena y por eso te confías- Le dije con la mayor sinceridad.
- No, no, yo creo que como Jun hace de guardaespaldas desde que son niños, a nadie le apetece hacerle algo a su chica- Los tres reímos ante tu ocurrencia. Tal vez porque en el fondo era verdad.
De pronto tu mirada se volvió triste y se perdió en tu vaso de zumo.
- Siento que desde que entré a SugarMoon sólo les he traído problemas.
- ¡¡No es así!!- se apuró en decir nuestra amiga- Gracias a ti el lanzamiento resultó perfecto y las fotos del catálogo están preciosas. Nosotros te queremos mucho y… bueno…- Marie dudó en seguir hablando y me miró como temiendo por lo que iba a decir, pero con un gesto le pedí que continuara- Yo también tengo culpa en esto porque te empujé a Kenji.
- ¿Qué?- Alguien debía explicarme esto. Debo decir que me sentí traicionado- Marie…
- No pienses mal, Tsubasa. Sanae estaba sufriendo mucho y yo no sabía que vendrías, así que pensé que una relación más concreta le haría bien.
- Seamos realistas- me dijiste totalmente seria- ¿cuánto tiempo estarás aquí antes de marcharte por otros dos años?
Eso fue demoledor. Hasta entonces, no me había enfrentado a esa verdad tan de cara a cara, pero tú me estabas forzando por primera vez a hacerlo. Debía hallar una solución a ese problema y, aunque en mi mente ya rondaba algo, mi idea era bastante irracional.
-------------------------------------------------------------------------------------------------
Al final de todo lo ocurrido ese día, pasar la tarde charlando con Marie había sido la mejor decisión del mundo. Nunca me explicaste muy bien cómo hallaste la casa de Kenji, pero después de lo que me dijo me sentía feliz de que lo hubieses golpeado. Ahora que lo he pensado mejor, Kenji no puede ser tan malo. Estoy segura de que todo lo que dijo fue por la rabia que sentía en el momento y hasta me arrepiento de haberle tratado así.
Durante la sesión y después junto a Marie me di cuenta de cuanto amor había alrededor mío. No sólo mi mamá y tú, también mis amigos del Nankatsu y hasta los chicos de Sugarmoon me trataban con cariño y me cuidaban, pero yo era incapaz de disfrutar ese amor. Reía con todos, pero no era feliz, y aunque todos decían cosas buenas sobre mí y me felicitaban, yo sentía que todo aquello eran voces al viento, nada llegaba a mi corazón. Entonces me di cuenta de que todo mi miedo, toda mi lucha no tenía nada que ver con los demás, porque todo el odio que siento proviene de mí misma.
Viendo las cosas de este modo, la manzana podrida aquí soy yo. Siempre pensé que la gente y lo que esperaban de mí era lo que me había hecho daño, pero ahora comprendía que en algún punto de mi existencia se me cayó el telón, revelando mis enormes y numerosos defectos, y todo el odio que ahora sentía por mí era lo que estaba dañando a los demás, justo a quienes más confiaban en mí…
- Siento que desde que entré a SugarMoon sólo les he traído problemas.
Marie me confortaba con sus dulces palabras, exculpándome de todo, reafirmando lo mucho que me querían, entonces me recordó el motivo por el cual casi te traicioné - Yo también tengo culpa en esto porque te empujé a Kenji.
- Seamos realistas… ¿cuánto tiempo estarás aquí antes de marcharte por otros dos años?
¿Qué haría yo cuando me dejaras sola¿Qué haría cuando mis amigas ya no pudieran cuidarme? Me quedaría sola a merced de mi peor enemiga… yo misma.
Mis palabras hicieron que te tensaras. Fijaste la mirada en tu plato como si en él fueras a hallar la respuesta correcta…
- Sanae… ven conmigo a Brasil.
-------------------------------------------------------------------------------------------------
Continuará…
-------------------------------------------------------------------------------------------------
Notas: Mmmm¿será realmente la respuesta correcta¿Tsubasa podrá ayudar a Sanae?
Eso ni yo lo se, pero lo veremos en el próximo capítulo!!!!!
Gracias a tods por leer este fic. Quiero decirles que es muy duro vivir con esta enfermedad metida en casa, pero lo peor de todo es cuando esa persona ha perdido las esperanzas y tú no puedes darle ninguna. Escribir este fic ha sido como una terapia para mí y agradezco de todo corazón a quienes se han detenido a leerlo. Todo lo que he escrito no ha salido de mi imaginación, sino de lo que he vivido durante todos estos años junto a una enferma y les aseguro que es sólo una pequeña parte. Les confieso que comencé a escribirlo para deahogarme, sin pensar que se llegaría a esto, pero ya ven, creo que terminaremos en el capítulo 11. Gracias por sus reviews y nos seguimos leyendo!!!!
