¿Besándote? ¿y por qué narices iba a estar yo besándote a ti si ni siquiera sé quién eres? – preguntó Harry al tiempo que la apartaba de él.
¿Sabes que eres muy malo Harry Potter? – se volvió a acercar sensual y lentamente – tal vez tenga que castigarte... – sonrió de medio lado mientras aprovechaba que el moreno parecía dispuesto a que no se acercarse para poder acorralarle contra la pared - ¿te gustaría eso?
Probablemente a ti no te gustarían las consecuencias... – esa loca le estaba poniendo de los nervios... ¿de dónde narices había salido y por qué tenía ese nudo en el estómago?
Vamos cielo...
¡No me llames así! – gritó como un histérico.
Me encanta cuando te enfadas... ¡Merlín! No te puedes ni imaginar cómo me estremezco... tal vez deberías acercarte un poco y comprobarlo por ti mismo...
¿Dónde estamos? – sería mejor cambiar de tema... desde luego a esta chica no parecía poder pararle nada...
¿Eso acaso importa? Estamos solos y tenemos todo el día por delante... – dio un paso más y consiguió atraparlo contra la puerta del comedor – y toda la noche...
Me estás poniendo nervioso...
Ese es el primer paso... – lentamente se acercó a la mejilla del chico al tiempo que esquivaba la mano derecha que intentaba pararla - ¿no quieres que te bese? – deslizó suavemente sus labios bordeando su oreja - ¿eso es un no? – sonrió al escuchar un suspiro por parte de su acompañante.
Creo que no deberíamos estar haciendo esto... – pero la mente se le nubló y lo único que podía ver era una diosa frente a él. Con hebras de oro que enmarcaban su rostro y una sonrisa capaz de alumbrar la galaxia entera... hay que decir que cuando el chico es hechizado se vuelve demasiado empalagoso... Él se sentía el hombre más afortunado del mundo ¡estaba con la mujer perfecta! Era inteligente, cariñosa, seductora, parecía saber exactamente qué es lo que quería en cada momento... ¡Merlín! La quería para él... la deseaba con todas sus fuerzas...
¿Qué tal si vamos a un sitio más cómodo? – se alejó lentamente de Harry y le ofreció su mano.
Donde tú quieras... – respondió totalmente embobado mientras recogía su mano con total adoración y la besaba lentamente. Andie sonrió y le guió escaleras arriba sin dejar de mirarle fijamente a los ojos ni una sola vez.
Y yo te repito que no deberíamos haberles dejado solos – volvía a decir Ron mientras terminaba su enésimo círculo alrededor de la mesa de su oficina.
¿Por qué dices eso? Estoy completamente segura de que Harry podrá con ese hechizo...
¿Y por qué estás tan segura?
Venció a ya-sabes-quien...
Con la ayuda de Hermione ¿Verdad?
Cierto
¿Y eso qué quiere decir?
¿Que si no está con Hermione no vale para nada su poder? – le miró extrañada la rubia.
¡No quiero decir eso! Me refiero – se sentó derrotado en una silla – que ella también es muy poderosa por si no te habías dado cuenta...
Lo he tenido en cuenta. Pero se supone que Harry está muy enamorado de ella ¿no?
Se supone que sí
¿Entonces dónde está el problema?
Bueno... tal vez... lo consiga... ¡no lo sé!
No te preocupes cielo. Dentro de nada estaremos frente a ellos y seguro que Hermione acabará dándote las gracias.
No sé por qué pero no estoy yo muy seguro de eso...
Ya hemos llegado – sonrió Andie y encendió la luz del dormitorio - ¿te gusta? – sonrió traviesa al ver cómo Harry miraba todo con los ojos como platos.
¿Hermione? – balbuceó sin quererlo. Habían entrado en su habitación. La cama estaba perfectamente hecha, por las paredes estaban colgados varios cuadros del colegio en los que aparecían los tres sonriendo. En una de las mesillas había un cuadro de ellos dos frente al lago...
¡¿Hermione?! ¡¿de quién estás hablando?! – gritó tan fuerte que le hizo dar un respingo. De repente un aura resplandeciente se formó en torno a ella dotándola de un aspecto fantasmagórico. Harry, lejos de sacar la varita o asustarse, se acercó a ella y la abrazó – Nunca vuelvas a hacerme esto... – dijo cuando comenzó a sentir los labios de él en el cuello dejando pequeños mordiscos.
Mientras las manos de Harry recorrían suavemente la espalda de Andie sus labios parecían querer apreciar el sabor de cada centímetro de su cuello. Era tan suave... su aroma era indescriptible... era como si miles de flores hubieran ofrecido su olor para que un pobre mortal como él se embriagase de su aroma... Únicamente se oían pequeños suspiros por parte de ambos y susurros apremiantes. Los nombres de ambos se fundían en el ambiente ya bastante caldeado. Oír su nombre de los labios de su amada era lo más cerca que iba a estar del cielo... estaba completamente seguro. Le encantaba cómo esos dientes casi apretaban su labio inferior cuando lo pronunciaba... ¡Merlín! Ese gesto le volvía loco... no podía contenerse... la apretó contra sí para que sintiese toda la excitación que sentía al tenerla junto a él... Esos labios que siempre le aconsejaban o reñían depende de la ocasión... ese rostro que le acompañaba desde que se despertaba hasta que dormía ¡y aún así seguía con él!... esas manos que tantas veces le habían ayudado a levantarse o habían tirado de él para divertirse... esa risa que tantas veces había conseguido que le acompañase...
Hermione – volvió a susurrar pero Andie no pareció darse cuenta ya que estaba más concentrada en las caricias que ahora Harry estaba proporcionando a su pecho aún cubierto – Hermione – pronunció al tiempo que su mano derecha comenzaba a buscar ese terreno prometido debajo de la ropa de ella – Hermione – era la única palabra que su cerebro podía procesar al besar una y otra vez los labios de su acompañante.
Shhhhh – le silenció Andie – Ahora no hables – le recostó en la cama y se posicionó encima de él sonriendo con picardía. Uno a uno fue desatando los botones soplando en cada trozo de carne expuesta para comprobar cómo el vello respondía a esa caricia tan especial erizándose. Lentamente, mediante pequeños besos depositados en todo el pecho, le sacó la camisa. Deleitó su vista con el espectáculo que tenía en frente. Los ojos antes verdes de su amante, se habían transformados en oscuros pozos de deseo. Sin apenas darse cuenta Harry había cambiado la situación apresándola entre el colchón y su cuerpo. Si esa fuese su futura cárcel no la cambiaría por nada del mundo. Lo único que pudo escapar de su garganta fue una pequeña risa.
Harry no podía creer que tuviese tanta suerte... ¡estaba con la mujer que más había amado en su vida! Y ella le correspondía... por supuesto que lo hacía... esos suspiros no podían confirmar otra cosa. Quería ver la perfección que tapaba esas estorbosas prendas. Poco a poco le fue despojando de los botones de su vestido para poder dejar a sus manos viajar por toda la geografía de su cuerpo desnudo. Cada suspiro que arrancaba de ella conseguía que su mente se nublase aún más. Llegó a pensar que se trataba de un sueño del que jamás querría despertarse... Hermione... Hermione... Hermione... Sus labios querían abrirse para llamarla... para disfrutar de su nombre mientras sus manos disfrutaban del placer de recorrerla una y otra vez... Hermione... Te quiero... Hermione...
Hermione – susurró al buscar refugio en su cuello – Te quiero.
Yo también – oyó la bendita respuesta que tanto tiempo había esperado. Sonriendo subió hasta su labios para capturarlos en un beso febril. Ni siquiera se dio cuenta del momento en que una extraña luz aparecía, ni cuando una parte de la anatomía de ella desapareció, ni siquiera cuando sus hebras doradas se transformaron en miel. No podía ver nada más allá de lo que siempre había deseado - ¿Harry? – ahora el tono de voz en lugar de ser sensual o lento, se había convertido en casi un chillido - ¿Qué está pasando?
¿Qué? – se levantó rápidamente para poder ver la expresión de ella. Los ojos miel reflejaban confusión y tristeza pero también anhelo - ¿Qué sucede? – No estaba muy seguro de lo que estaba ocurriendo. Hace sólo dos segundos estaba compartiendo su alma con la mujer de su vida y ahora estaba intentando separarse de él.
Quítate de encima por favor – pidió Hermione con el corazón en un puño. No podía recordar nada de lo que había pasado. ¡En un abrir y cerrar de ojos se había encontrado a Harry besándola encima de su cama! Y el vientecillo que corría por su piel parecía indicarle que estaba en ropa interior mientras que él tenía el torso desnudo y los pantalones a medio desabrochar. Tenía que aclarar sus ideas... lo último que recordaba era estar preparando la fiesta del cumpleaños de Harry... ¡no que estuviesen preparando esa clase de fiesta! Aunque hay que decir que no lo desagradaba en absoluto por supuesto...
¿Estás bien? – Aunque no entendiese nada de nada le preocupaba ella por encima de todo ¡Acababa de decirle que le quería y ahora actuaba como si nada de eso hubiese ocurrido! ¿Qué estaba pasando?
Creo que sí – se incorporó en la cama e, instintivamente, se tapó con su vestido que estaba tirado en la cama – Pero no entiendo lo que está pasando aquí... – comentó totalmente avergonzada.
No sé a qué te refieres exactamente – decir que estaba desubicado no hubiese sido exacto del todo...
Tú... yo... aquí... besándonos... - ¿esa su imaginación o cada vez hacía más calor?
¿Y? – le alentó a continuar.
¿Cómo que y? – pareció despertar de su sueño – y que me gustaría saber qué está pasando... ¡eso es todo!
Tú me has traído aquí, tú me has empezado a besar y a quitar la camisa y tú me has ayudado a quitarte el vestido... ¿eso es lo que querías saber?
¡No! Eso es más que evidente – respondió entre jadeos – Yo quiero saber qué es lo que pasó antes de eso.
Me subiste hasta tu dormitorio – como si lo hiciese todos los días se levantó para ponerse la camisa y atarse el pantalón – Pero ya veo que fue un error ¿no?
Yo sólo recuerdo haberte preparado una fiesta para tu cumpleaños... y después está todo borroso.
No pasa nada Hermione... será mejor que lo dejemos y ya hablaremos mañana cuando estés más despierta – sin darle tiempo a responder ni a explicarse salió de la habitación dejándola sola. En su defensa había que añadir que no estaba por la labor de pensar en esos momentos...
Así que piensa que se puede dejar a Hermione Jane Granger con la palabra en la boca ¿eh? – mascullaba mientras se levantaba y mantenía el equilibrio para ponerse el vestido - ¡Harry James Potter vuelve inmediatamente aquí! – gritó desde la puerta al ver cómo el cabello del aludido desaparecía por un recodo de las escaleras - ¡Aún no hemos terminado!
Yo creo que por hoy sí – respondió asomándose y medio segundo después había desaparecido con un suave ¡plin!
¡Será...! – Inspiró hondo para calmarse y recitar un hechizo. Un segundo más tarde se encontraba frente a él mirándole con una mezcla de hastío y burla - ¿a que no recordabas este hechizo?
Por favor Hermione... – casi le rogó – ahora mismo no puedo pensar ni nada... ¿no lo puedes entender?
Te doy una hora – se sentó en uno de los cómodos sillones del apartamento del moreno – Y si necesitas más tiempo no hay problema... yo te espero aquí sentada – le miró con una sonrisa y cogió una revista - ¿Corazón de Bruja? No sabía que te gustaran estas cosas... Es todo un descubrimiento... – comenzó a ojearla sin esperar una respuesta por parte del moreno que estaba mirándola atónito.
Está bien... veo que no me queda más remedio... – resignado subió a su habitación para darse una ducha bien fría... o mejor cuatro seguidas... Comenzó a andar pero llegó a la conclusión de que era mucho mejor aparecerse directamente en el baño. – Mira que es testaruda... – masculló al abrir el grifo del agua fría – ¡debería estar pensando cómo recuperar la memoria! Y ahora me viene con esas... ¡con que no recuerda nada! – se metió debajo del chorro - ¡Pero si ha estado persiguiéndome desde la fiesta de mi cumpleaños! – un pequeño flash pasó por su mente trayendo consigo la imagen de una seductora rubia - ¡Merlín! – debería ir ahora mismo abajo y decírselo todo a Hermione... pero antes... la ducha.
Por su parte la castaña no tenía ni idea de lo que había pasado. Recordaba vagamente haber accedido a realizar un hechizo con Ron para fabricar el regalo a Harry. Pero no sabía de qué se trataba... conociendo a su amigo podría ser cualquier cosa. Se levantó del sillón y se puso a dar vueltas a la sala para poder aclarar sus ideas... sus padres le decían que para que su cerebro consiguiese funcionar mejor debía estar todo su cuerpo en movimiento. Sabía que era una tontería pero por lo menos se relajaba considerablemente. Seguía dándole vueltas a la cabeza y no conseguía recordar nada de nada... únicamente un insistente fogonazo blanco y unas ganas enormes de encontrar a Ken... ¡a saber quién era ese! Mientras más se esforzaba en recordar algo más se empeñaba su cerebro en mostrarle las últimas imágenes registradas en la memoria.
Si al menos supiese por qué ha pasado todo esto... – susurró en voz alta mirando por la ventana - ¡Morgana bendita! – gritó cuando, al darse la vuelta inocentemente, se encontró frente a un Harry con el cabello mojado y envuelto en una toalla que jadeaba por haber salido a toda prisa de la ducha bajando los escalones de cinco en cinco.
Perdona por asustarte – logró decir en cuando el aire se quedó un rato en sus pulmones – Tenemos que hablar.
¿Es tan urgente que no has podido vestirte adecuadamente? – preguntó con el amago de una sonrisilla. Después del episodio anterior volver a verle con el torso desnudo no iba a ayudar a su cerebro a dejar de mostrarle lo que había pasado... y también lo que hubiese pasado si no lo hubiera interrumpido...
Es muy urgente – contestó totalmente serio y se sentó en el sofá invitando a Hermione a hacer lo mismo – Es sobre lo que ha pasado antes...
Te escucho – el corazón le latía violentamente y en lo único que podía pensar era en echarse encima de él y quitarle esa toalla que cada vez se hacía más y más pequeña...
Bueno... comencemos diciendo que el día de mi cumpleaños no acudiste a mi fiesta...
¿Qué yo hice qué? ¡Por supuesto que fui a tu fiesta! Vi cómo abrías mi regalo y dijiste que te gustaba.
Debes de haberlo imaginado...
¡Te estoy diciendo que no!
Está bien... está bien... Recuerdo haberme encontrado con una rubia despampanante. Vamos, el regalo de Ron...
Eso sí que no lo recuerdo...
Resulta que estaba loca y no hacía nada más que perseguirme a donde fuera... ¡si me estuvo esperando a que saliese del baño!
¿En serio? – que ella recordase fue ella quien le esperó a la salida... y la última vez que se miró al espejo no era rubia... ¿o sí?
Después me encerró en un armario y... bueno... - ¿cómo continuar sin acabar diciéndole que primero le siguió el juego porque pensaba que era ella y después paró por lo mismo? – No llegó a pasar nada ... pero no fue porque ella no estuviese interesada...
Ya, claro... – exactamente no le estaba escuchando del todo... ahora se recordaba a ella misma acorralando a Harry en un armario oscuro.
Es cierto – se defendió sin darse cuenta que su acompañante estaba despistada – Al día siguiente me siguió hasta la oficina y después de insistir me llevó a tu casa... una cosa llevó a la otra y... – su rostro podría servir perfectamente de anuncio en una carretera – bueno... el caso es que ella cambió de repente y se convirtió en ti - ¿hubiese sido mejor decirle que cambió porque se declaró? Tal vez... pero es que hoy no se encontraba muy valiente que digamos...
¡Merlín! – se levantó de golpe al entender que ella era esa rubia histérica - ¡Ron! – ahora lo recordaba todo... ¡iba a matarlo! Se encaminó furiosa a la puerta para encontrarse con ese pelirrojo que seguramente seguiría desternillándose de risa junto a su novia.
¡Espera! – antes de que ella tocase el pomo de la puerta él la detuvo - ¿qué has comprendido? ¿y qué demonios tiene que ver Ron en todo esto?
Pues... – se le presentaba un dilema: podría quedarse con Harry contarle todo y con suerte poder reanudar lo que habían dejado pendiente o ir a casa de Luna para matar a Ron. ¿Difícil elección cierto? Así que hizo lo que cualquiera hubiese hecho en su lugar; se volvió a sentar al lado de Harry – Mira, en resumidas cuentas, Ron quería regalarte la chica perfecta según la descripción que nos diste en el bar y...
¿La descripción que os di en el bar? – Ahora lo entendía todo... estaba claro el por qué de tanta preocupación por su bienestar... ¡si sólo hubiese dicho en ese momento que la chica perfecta para él estaba frente a sus ojos no hubiese pasado nada de esto! Desde luego...
Sí, esa. El hechizo consistía en dotar de vida a una muñeca para que fuese tu mujer ideal – al ver la cara que ponía el moreno agregó rápidamente – no sé exactamente qué es lo que estaba pensando Ron pero era así... – sonrió para disculparle, un gesto totalmente espontáneo – Así que imagínate lo que puede salir de un hechizo hecho por ese pelirrojo... En fin, que se le olvidó una palabra y el hechizo acabó dándome de lleno. Me convertí en una rubia pechugona loca...
Andie...
Exacto
Así que tú eras Andie ¿no?
Yo era Andie – respondió desanimada.
¿Y lo que ella hizo es como si lo hubieses hecho tú verdad? – no sabía por qué pero cada vez estaba más contento.
Más o menos sí.
Tú me encerraste en el armario.
Se podría decir que sí...
Tú me subiste a tu habitación.
Técnicamente...
Y tú me desnudaste...
No del todo – le salió la risita histérica - ¡además tú no te quedaste parado! Ni cuando me convertí en mi misma... – ahora era el turno de ella de ponerle a prueba – por cierto... ¿tú sabes cuándo me convertí en castaña de nuevo?
¿Yo? Pues no lo recuerdo la verdad... – debería salir de ahí corriendo pero... estaba vez sería valiente... o eso esperaba...
¿Seguro que no?
Probablemente recuerde algo...
No te lo calles...
Creo que cuando te quité el vestido y tú ronroneaste – vale, se lo iba a decir pero podría disfrutar un poco ¿no?
¿Qué yo ronroneé? – se acercó a él despacio - ¿En serio?
Por supuesto, yo estaba ahí... Hiciste un ruidito parecido a este – terminó de cerrar la distancia entre ellos y le acarició suavemente la espalda haciendo que ella ronronease de gusto – Igualito – sonrió
Vaya... así que fue en ese instante... – le recorrió con la mirada haciendo que a Harry se le erizara el vello por los futuros acontecimientos - ¿seguro que no fue al decir algo en concreto? – se acercó a su cuello y lo recorrió con sus labios.
¿Dije algo? – cerró los ojos para poder disfrutar de su caricia – No parece propio de mi en esos momentos...
¡Serás! – se apartó de él e hizo el amago de coger un cojín que estaba situado detrás de ella. Antes de llegar una mano detuvo su muñeca derecha. Finalmente se quedó quieta estirada hacia atrás apoyada en la mano izquierda mientras que Harry agarraba su cintura y permanecía casi encima suyo. Lo único que pudo hacer en ese momento fue soltar una risa traviesa.
Creo que era algo parecido a – se acercó a su oído y le susurró sensualmente – Te amo – le regaló un beso antes de mirarla a los ojos.
Más o menos recuerdo eso – sonrió y le besó tiernamente en los labios – Yo también te amo – susurró mirándole a los ojos.
Instantes después un vestido y una toalla se encontraban en el suelo de la sala.
¿Qué pasó después de esta escena? Que le sucedieron un número indeterminado de veces más. A los dos días siguientes, es que tenían mucho que decirse claro, Hermione decidió que ya era hora de visitar a su tan querido amigo. Así que, ni corta ni perezosa, se encaminó a su casa.
¿Quién es? – le saludó una voz somnolienta cuando llamó a la puerta ¿había mencionado que eran las cinco de la mañana?
Soy Hermione – contestó contenta.
¡¿Hermione?! – Ron abrió totalmente la puerta y se le quedó mirando como si estuviese frente a un fantasma - ¡eres tú!
Por supuesto... ¿quién esperabas que fuese? – le miró ceñuda.
¿El lechero? – respondió con falsa inocencia buscando mentalmente una salida para no recibir ninguna represalia por parte de su amiga.
Sólo venía a darte las gracias – le estrechó en un abrazo.
¿Seguro? – todavía no estaba muy seguro de lo que estaba pasando y no había descartado del todo el tema de la venganza por supuesto.
Por supuesto – sonrió – ahora tengo que irme... Harry me estará esperando – soltó una risita traviesa.
¿Eso es todo?
¡Ah! Se me olvidaba decirte que yo sigo siendo la que le ha dado el mejor de los regalos – sonrió como desde hacía dos días - ¡Adiós!
Sin ninguna represalia... impresionante – Ron cerró la puerta detrás suyo y se encaminó a su habitación – Será que por lo menos uno de nosotros ha madurado – se metió lentamente en la cama y, para aprovechar que estaba despierto, se volvió a su derecha para despertar sutilmente a su novia - ¿estás despierta cielo?
Más o menos – Luna encendió la lámpara - ¡¿quién es usted?! – gritó saltando dos metros fuera de la cama. Frente a ella estaba la más perfecta imitación de un Ken.
¿Hermione vengativa? Jamás...
