Dark
Me duele todo el cuerpo y respiro con dificultad. No pretendo mentirme... Afuera, un ruiseñor canta y acaricio la sábana, cerrando mis ojos y esperando el ardor húmedo en mis párpados: Llanto. Ya sé lo que pasó.
No sé si la maldad se transmite genéticamente. Sólo sé que mi sangre es tan igual a la de mi padre, como en teoría es la suya a la de mi abuela. Pero no sé si habré nacido contagiada de maldad. Mi madre dice que si hago caso a los médicos, me curaré y eso es lo único que importa. Los médicos dicen que debo pedirle ayuda a Dios, porque él salvará mi alma en tanto ellos, se encargarán de mi cuerpo. Pero yo no le rezo a Dios , ni por salud, ni por piedad. Yo le pido a mi padre que me ayude. Le hablo antes de dormir, cuando sé que también está durmiéndose, porque ambos estamos exhaustos. Siempre está turbio a esas horas. Le duele el pecho y a veces, tengo que susurrar una canción de cuna para que duerma con tranquilidad.
Ya han pasado tres años desde su última carta. ¡Tres! Está arrugada y deshecha, la última por Navidad, en mi escritorio.
Y hoy soñé que él se iba. No sé dónde estábamos, ni a dónde se supone que partía. Creo que era una estación de tren y él me cargaba. Me abrazaba y me besaba. Sus lágrimas tibias me caían en el rostro. Él tenía las maletas listas y a un lado. Yo llevaba un vestido rosado y blanco, el que suelo usar para ir a la Iglesia. Mi sombrero con un lazo rojo.
El silbido indicaba que el tren se iba. La gente, un montón de siluetas oscuras a nuestro alrededor, empezaba a caminar muy rápido y vertiginosamente hacia sus puertas.
-Adiós, Jamie.
Mi padre me soltaba. Yo lo veía muy fijamente y de repente, me daba cuenta de que estaba muy cansado. El cabello negro le ocultaba los ojos y marchaba por el andén, sin mirarme. Yo me perdía en la multitud, ahogada entre piernas y maletas.
Mis gritos se opacaron en las sábanas.
No comprendo los sueños. Cuando sueño, pienso que estoy despierta. Pensé que estaba ahogándome en un pantano, con los miembros destrozados. Había mariposas por todas partes.
El abeto de afuera tiene las ramas crecidas y las mismas galopan en la ventana, sobresaltándome como si fueran dedos esqueléticos.
Rezo, pero ahora, por primera vez, a la Virgen María.
En una pintura sobre la cabeza de mi cama, ella sostiene a su hijo cubierto de sangre, con la cara contraída por el dolor.
Tal vez , ella y yo nos entendamos.
N/A: ¡Miren: Crack¿Dónde? Aquí. T.T Y angst. Ni que decir OC. Mucho OC. Aplastante OC. Lo peor: Hay unas cuantas hojas de Word en las que ésto sigue, no muy bien delineado. No, esperen, lo peor es el marysueismo. Ya verán, cuando y si lo publico. ¿Tomatazos para la ensalada artística, please?
