Cercanía
A veces me pregunto si no estaré algo celosa de Jean. En cierta forma, él tiene todo lo que yo no.
La primera vez que nos vimos, me preguntó descaradamente a dónde iba y si podía acompañarme. Partiendo de ese instante, comenzó a llamarme "Jamie Dark" y ese nombre parece habérsele pegado a todo el mundo. Sólo mi madre y el Doctor no lo usan.
-Supongo que puedes ir hasta que termine de arreglar todo. -Dijo su padre, con una sonrisa algo forzada. Jean tenía los brazos tras la nuca y me observaba con curiosidad, sólo un ojo abierto, el otro entre cerrado y una forma de inclinar la cabeza hacia atrás que me hizo pensar en los gatos pequeños cuando observan las aves, siendo aún muy jóvenes para cazar.
-¿Seguro que no necesitas ayuda?-Le preguntó, llevando su iris hacia el rabillo, girando unos pocos grados. Pero el señor Russell ya estaba dándole sus papeles al cochero, para entrar nuevamente a la carroza, a buscar los otros. Jean se encogió de hombros e hizo sonar sus dedos, por detrás de la espalda.
Durante todo el trayecto me hizo preguntas incómodas. Como:
¿De dónde eres, Jamie Dark?
¿Por qué vives aquí?
¿Desde cuándo estás enferma?
¿Cómo es tu papá?
¿Qué estás leyendo?
…Entre otras.
Mis respuestas, en cada caso:
Soy de aquí. Pero de otro pueblo.
Nos mudamos para que pudiera tratarme.
Desde hace unos años…
No lo sé.
Era un hombre…Como todos los demás, creo.
Un libro…De piratas.
Y hubo muchos silencios, entre cada una.
Cuando llegamos al claro y me senté cerca de unas violetas, él se acostó de nuevo en el suelo. Me sentí mal por su ropa.
-Deberías cuidar mejor tu traje.
Jean se dio vuelta, boca abajo y se arqueó, como una serpiente.
-¿Sabes leer?
Creo que de no haber sabido, él me hubiese visto más como una mascota y menos como una amiga.
