Interrupciones
Más que celos, siento algo de pena por Jean. A él le importa mucho la aprobación de su padre. Creo que me siguió solamente para confirmar algo que pudiera serle útil en algún momento.
Una semana después, estábamos jugando ajedrez. Tengo algunos recuerdos de mi padre, jugando con mi madre o con el panadero del pueblo.
El señor Russell no había cenado la noche anterior. El Doctor Yeegar lo excusó, diciendo que probablemente estaría intentando ponerse al tanto con su trabajo. En realidad, fue a la clínica a descansar, pidió una licencia para eso. Hizo un trato con el Doctor. Terminaría pronto con sus quehaceres y luego, se tomaría el reposo que le recetaron. Me abstuve de preguntarle, luego de que se terminara su estadía, un par de meses después, si acaso había cumplido su promesa siquiera un día. De haberlo hecho, probablemente el Señor Yeegar se hubiese limitado a suspirar.
Nos encontrábamos en la sala, frente a uno de los libreros. El padre de Jean bajó las escaleras y llegó arrastrando los pies en la alfombra. Tenía puesta una bata lavanda , un pijama a rayas grises y unas pantuflas negras. Estaba despeinado y su barba había crecido un poco. Sus ojos se habían enrojecido, tal vez por no haber dormido más de ocho horas.
Se detuvo frente a un estante y sacó un libro muy grueso. Parecía no habernos visto. Jean lo miraba con una mezcla de preocupación y curiosidad. Entonces, su padre volteó hacia él. Fue como si le costara reconocerlo. Luego sonrió con cansancio y le apoyó una mano sobre su cabeza.
-Dime, hijo, tú…-Se humedeció los labios y observó a Jean muy fijamente, como si fuese a decirle algo importantísimo.-¿Sabes algo sobre la regulación de la expresión génica?
Creo que en ese momento, sentí la sangre de Jean helándose en sus venas. Luego de una eternidad, finalmente contestó:
-No, papá. ¿Por qué…?-El padre de Jean retiró su mano con suavidad y se rascó la barbilla antes de responder, más para sí mismo que para nosotros:
-Por supuesto que no. ¿Cómo vas a saberlo…?-Su voz bajó de tono y se perdió entre sus labios. Las pantuflas se movieron, nuevamente hacia arriba, por las escaleras.
Jean tardó en recobrar el color de sus mejillas. Tenía la vista perdida, hacia un costado del tablero. Yo había movido la Reina, tres casillas, comiéndole una Torre. Se lo hice notar y levantó la mano derecha, como si estuviese haciendo ruido.
-¡No, no, no, Jamie Dark, ahora no!-Contestó bruscamente, poniéndose en pie, alejándose de la mesa.
Parecía tener hambre. Se precipitó a leer el lomo de cada volumen, hasta dar con uno especialmente grande. Luego se sentó en el piso , lo abrió y sus ojos se movieron sobre el papel durante tanto tiempo, que me dí cuenta de que no volvería a jugar. O a mirarme, siquiera.
Maski-chan-chan-chan hace su aparición
Sí, lo sé. Mi fic suesco sigue en pie. Grita ¿Mato a Jamie o aún les agrada? xD
