Disclaimer: aunque lo intento yo no soy J.K. Rowling, la historia es de mi invención pero los personajes le pertenecen a esta "rica" escritora... jejejeje

CAPITULO 3: LOS MERODEADORES

Primeras semanas en Hogwarts. Hermione se sentía extraña. Se había hecho muy amiga de Lily, Alice y Laura, sus compañeras de curso. Además, una Ravenclaw de sexto iba algunas veces con ellas. Se llamaba Nora, y era la prima de Laura.

La castaña estaba encantada con todo lo que la rodeaba. Solo había un inconveniente, y era Sirius Black. Así como James perseguía a Lily por una cita, Sirius hacía lo mismo con ella. Todas las mañanas la saluda de la misma forma, "Dame un beso Princesa". Y empezaba a estar harta.

El Gran Comedor empezaba a llenarse de alumnos para comer.

- ¡Os quiero! – resonó la voz de Sirius Black, mientras entraba. Todo el Hogwarts femenino cayó rendido a sus pies.

- ¿Cómo puede ser tan... tan...? – empezó Hermione.

- ¿Estúpido¿Arrogante¿Presumido¿Imbecil?... ¿quieres más adjetivos? – respondió Lily.

- Creo que no – se rió Hermione.

- Dame un beso Princesa – empezó Sirius nuevamente.

- ¿No te cansas nunca de preguntármelo? – preguntó Hermione – ¡No!

- Al menos lo intento – respondió este, sin preocuparse - ¡Hey Cornamenta!

- ¡Canuto! – exclamó James, dirigiéndose a la mesa de Gryffindor – Hola Lily.

- Potter¿cuántas veces he de repetirte que para ti soy Evans?

- Las veces que quieras, aunque preferiría que emplearas ese tiempo en hacer cosas mucho mas provechosas. ¿Te hago una lista? – respondió este sin inmutarse.

Mientras Lily y James discutían (nadie les prestaba atención, dado que era un pasatiempo común durante las comidas, los cambios de clase...), Sirius intentó acercarse a Hermione.

- Princesa¿te apetece un tour por Hogwarts? – dijo seductoramente.

- No me lo digas¿tu eres el guía? – respondió esta mordazmente.

- Pensaba recomendarte a otro, pero ya que lo dices, creo que yo lo haría mejor que nadie... ¿qué¿te apuntas?

- No gracias, no pienso acercarme contigo a la torre de astronomía ni a la sala de los menesteres... ¡ah! Ni tampoco a ninguna aula vacía.

- ¿Conoces la sala de los menesteres?

Hermione se maldijo mil veces. Se suponía que no sabia nada de Hogwarts. Y así se acababa de descubrir ella solita.

- La mencionó James el otro día – se le ocurrió.

- ¡Ah! – exclamó Sirius, aunque ella notó que no se lo acababa de creer.

Rápidamente, intentó cambiar de tema.

- ¿Dónde esta Remus?

- Supongo que en la biblioteca... se pasa la vida allí dentro – respondió el ojiazul – Yo le cogí alergia el segundo día de clase.

- ¿De este año? – preguntó Hermione, temiéndose la respuesta.

- De primero – respondió el chico.

- Me marcho a la biblioteca – dijo mientras se levantaba y cogía unos mini bocatas que había en la mesa.

- ¿A estudiar o a dar de comer a Lunático? – preguntó Sirius.

- Piensa lo que quieras – respondió la chica, creyendo ver una expresión de celosía en el muchacho.

Hermione entro unos minutos mas tarde en la biblioteca. Inmediatamente localizó al chico. Ella le miró desde lejos. No podía creer que ese chico tan joven, divertido, amistoso... fuera el mismo profesor de DCAO, de expresión triste, melancólico... Se acercó.

- ¡Ey!

El chico dio un salto. Rápidamente escondió los papeles que tenía enfrente, pero Hermione advirtió que hablaban de licántropos. Decidió ignorarlo.

- Te he traído unos mini bocatas... seguro que ni te había dado cuenta que era la hora de comer.

- Gracias Hermione – dijo él, aún nervioso - ¿Qué haría yo sin ti? Ya es la quinta vez que me lo traes.

Ella se rió.

- ¿Qué estudias? – preguntó tratando de conseguir un tono despreocupado.

- ¿Yo? Eh... un trabajo de defensa, sobre animales peligrosos, ya sabes, grindylows, banshees, acromántulas, boggarts...

Hermione recordó que el profesor Lupin basó su curso en el estudio de criaturas peligrosas, y como saber defenderse ante ellas.

Le miró, intentado averiguar más sobre él. El licántropo estaba ahora comiéndose un mini bocata, aunque no dejaba de observar sus apuntes. Tenía un aire elegante, misterioso... y Hermione deseó poder saber mucho más de él.

- Cuéntame algo sobre ti – pidió la chica.

- ¿Sobre mí? – repitió él, atolondrado.

- ¡Claro! – se rió ella – los amigos se lo cuentan todo, y creo que después de salvarte la vida cinco veces de morir de hambre, merezco ser tu amiga y confidente – terminó con un guiño.

Él se rió, y de pronto advirtió que hacía tiempo que no se encontraba con una persona tan a gusto como lo estaba en ese momento con ella.

Y así fue, como Hermione y Remus se convirtieron en los mejores amigos que alguien haya podido ver.

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- ¿Seguimos siendo Los Merodeadores? – preguntó Sirius, a sus tres amigos, de repente.

- Pues claro – respondió James.

- ¿Lo dudas? – inquirieron Remus y Peter.

- Es que llevamos algunas semanas de curso, y aún no hemos hecho gala de nuestro encanto – dijo Sirius.

- ¿Aun no has ligado con ninguna chica? – preguntó Peter.

- Me refiero a las bromas, Snivellus – respondió cansinamente Sirius.

- Habrá que realizar alguna cosita – dijo James, con un brillo inconfundible en sus ojos.

Y los cuatro amigos, juntaron sus cabezas y se pusieron, como mugglemente se dice, manos a la obra.

Dos días después, a la hora de la cena, los Merodeadores ya estaban en el Gran Comedor. Nada más Lily, Alice y Laura entraron, adivinaron que tramaban algo.

Hermione lo adivinó también, pero más bien, porque notó en James el mismo brillo de ojos que Harry tenía cuando tramaba algo.

La cena dio comienzo. Pero algo extraño sucedía. Cada vez que alguien intentaba coger algo de comida, esta le rehuía. Los alumnos de las cuatro mesas y los profesores se encontraron con un grave problema a la hora de comer y beber. Los muslos de pollo, el zumo de calabaza, la sopa de hígados... nada se dejaba coger.

Muchos alumnos empezaron a enfadarse. Intentaron usar la varita para atrapar la cena, pero fue imposible.

- ¡Potter¡Se que tienes que ver con todo esto! – gritó Lily, enfadada.

- ¡Black¡Lupin! – se enfureció Hermione.

- ¡Pettigrew! – amenazó Laura.

Los cuatro Merodeadores no lo soportaron más, y sus carcajadas se hicieron resonar por todo el Gran Comedor. Alumnos y profesores les dirigieron miradas asesinas, mientras ellos seguían riéndose.

Dumbledore sonrió. Ahora si que el curso había comenzado. Los Merodeadores ya habían hecho su primera broma anual.

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Unos días más tarde la broma, Hermione salía de la biblioteca a la hora del cierre. Eran cerca de las diez de la noche, y se apresuró a ir a la torre de Gryffindor antes de que la pillaran.

De pronto, al girar una esquina, chocó contra algo, y cayó al suelo, esparciéndosele todos sus apuntes.

- ¿Qué demonios...? – exclamó la chica.

- Princesa – dijo una voz, que la chica conocía demasiado.

- ¡Oh no! Black – adivinó.

El chico la ayudó a levantarse, y le sonrió seductoramente. Hermione sintió dentro de ella una extraña sensación. Sus ojos se fijaron en los labios del chico... ¿pero en que estaba pensado¡Es Black!

Rápidamente, recogió todas sus pertinencias y trató de marcharse. Él la frenó nuevamente.

- Venga Princesa¿tan pronto huyes de mí?

- Black, no te lo pienso repetir muchas mas veces, olvídame – dijo ella.

- No lo niegues encanto – le dijo acercándose – no quieres huir de mí.

Ella se estaba poniendo nerviosa.

- Déjame en paz.

- Me vuelves loco Princesa – le susurró él, tomándola de los hombros.

- ¡Déjame! – gritó ella.

- Vaya, vaya, vaya... – resonó una voz tras ellos.

Los dos se giraron, y se encontraron con el profesor Sanderson, de DCAO.

- Dos alumnos a deshoras fuera de sus dormitorios. ¿Qué pretendían? Pero mira por donde, si es el joven Black.

- Buenas noches profesor Sanderson – respondió el chico con sus mejores sonrisas.

- Profesor – intervino Hermione – volvíamos de la biblioteca, se nos hizo un poco tarde. Perdimos la noción del tiempo estudiando.

- ¿Kiely no? – ella asintió – Lleva un mes aquí, y puede que no se haya habituado a todas las normas de Hogwarts, pero dudo mucho que en Salem permitieran que alumnos vagaran a deshoras por sus pasillos.

- Lo comprendo profesor – respondió ella.

- Les espero mañana en mi despacho después de las clases de la tarde. Por esta vez, el reloj de Gryffindor mantendrá su puntuación.

Y dicho esto se marchó. Los dos muchachos llegaron en silencio a la sala común de Gryffindor. Fue allí cuando la chica explotó.

- ¡Es tu culpa Black!

- ¡Eras tu la que volvía de la biblioteca¡Si no hubieras chocado conmigo ahora no estaría castigado!

- ¡Tu también estabas fuera de la torre¡Y si no me hubieras acorralado no hubiera gritado y no estaríamos castigados!

- ¡Eres una sabelotodo insufrible ¿lo sabías!

Hermione cerró su boca. Esa frase le recordó a cuando aún ella no era amiga de Ron y Harry, a cómo la trataban entonces.

Sin responder, dio media vuelta y se marchó a su dormitorio.

Sirius aún se quedó en la sala común pensando. ¡Merlín! Esa chica era única. Tenía algo que le volvía loco, y quería que solo fuera para él.

Muchísimas gracias por los reviews. La verdad es que me he emocionado cuando he visto 12 reviews, con apenas dos capítulos. Gracias a todos: Arkham Moon, Navigo, Molly Strife, Noelia, Xaica, Anabella Black, Valery Ryddle, Mari, Klass 2008, Brisa 2006 y Koumal.

Espero que este capítulo os guste. Os lo repito. Si tenéis alguna idea para el fanfic, alguna crítica, recomendación, fallos que habéis observado, cosas que os gusten o no... lo que sea... me lo decís.

Y al resto, espero que también os guste, y ya sabéis, dejadme algún review¿ok¡Muchos besos para todos!