Disclaimer: aunque lo intento yo no soy J.K. Rowling, la historia es de mi invención pero los personajes le pertenecen a esta "rica" escritora... jejejeje

Dedicado a todos aquellos que siguen esta historia.

CAPITULO 4: EL CASTIGO

Hermione se levantó malhumorada. No podía creérselo. ¡La habían castigado¡Y todo por culpa de Black! Si no hubiera chocado con ella ni la hubiera provocado, no hubieran atraído al profesor Sanderson, y no estarían castigados.

Lily, Laura y Alice notaron rápidamente que algo le sucedía a la chica.

- ¿Estas bien Hermione? – preguntó Laura.

Ella no respondió.

- ¿Hermione? – tanteó Lily.

- ¿Qué te pasa? – preguntó Alice.

- ¡Black! – explotó la castaña sin poder resistirse mucho más.

- ¿Qué pasa con él? – preguntó Lily.

- ¡Estoy castigada con él por su culpa!

Y dicho esto, se marchó ofendida hacía el Gran Comedor. Las tres chicas se quedaron en la habitación.

- Yo digo que van directos al matrimonio – dijo Laura.

- ¿En que te basas para decir eso? – inquirió Lily.

- En lo mismo en que me baso para decir que tu y James acabareis frente al altar.

- Sigue soñando Morgan – farfulló Lily antes de marcharse también.

- Lo que yo te diga – le dijo Laura a Alice, ambas riéndose.

El día transcurrió rápidamente. Antes de que Hermione pudiese darse cuenta, ya era la hora de presentarse en el despacho del profesor Sanderson. La chica se dirigió allí, con el semblante sombrío, el cual se enfureció cuando vio que Black ya se encontraba allí, en su típica pose de despreocupación, apoyado en el muro contiguo a la puerta del despacho.

- Dame un beso Princesa.

Hermione directamente ignoró el saludo. Se plantó al otro lado de la puerta, pero sin apoyarse como el chico. Al cabo de unos minutos, el profesor Sanderson abrió la puerta y les invitó a entrar. Sirius, como buen caballero, cedió el paso a la señorita.

- Bien – dijo el profesor, cuando los dos alumnos se plantaron frente a su mesa – la cuestión está en que anoche ambos fueron pescados fuera de su sala común a deshoras¿correcto?

Los dos alumnos asintieron.

- Conforme a lo que dije, no les voy a restar puntos, pero van a tener que cumplir un castigo. Esta noche, Filch les espera después de la cena en el sala de trofeos. No les vendrá mal un repaso de en que consiste la limpieza muggle – dijo el profesor, encarnando una ceja, divertido.

- Venga profesor Sanderson… esos trofeos están limpios… solo hace tres días que James, Peter, Remus y yo les dimos una limpieza… - dijo Sirius.

- Como quiera señor Black, cambiaremos el castigo… ¿Qué les parece ordenar el invernadero ocho de la profesora Sprout? Después de la cena, Filch les abrirá la estancia. Que disfruten del resto de la tarde.

Nada más salieron del despacho del profesor, y la puerta se cerró, Sirius recibió una mirada asesina de Hermione.

- ¿Qué? – preguntó asombrado el chico.

- Estupendo Black, solo tu podías conseguir ese tipo de castigo… prefiero mil veces limpiar cosas que ordenar plantitas, sin tener en cuenta que a saber que vegetales endiablados podemos encontrarnos allí.

- Vamos Princesa, no te pongas así.

- A ver si te queda claro Black, no soy ni tu princesa, ni tu cielo, ni tu bombón, ni nada de tu posesión. ¿Entendido?

- Claro como una poción Princesa.

- ¡Black! – gritó ella perdiendo el control. Los alumnos que por allí pasaban miraban como ambos discutían - ¡Olvídame!

- No puedo Princesa, estas conmigo hasta en los sueños… no lo niegues, cumplir un castigo conmigo es tu sueño hecho realidad – dijo con su voz seductora.

- ¡Te odio¡Prefiero a cualquier vulgar Slytherin antes que a ti!

Y dicho esto se marchó hecha una furia. Sirius apenas pudo decir una palabra.

- Uau!

oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

Hermione corría por los pasillos. ¿Cómo se le había podido olvidar? Después de la cena, estaba tan absorta en sus pensamientos, que se había marchado a la biblioteca sin acordarse del castigo.

La chica rezó para no cruzarse con ningún profesor ni con Filch, y llegar lo más pronto al invernadero ocho.

Estaba muy cerca, cuando, de pronto y sin aviso, al girar una esquina chocó contra alguien. Levantó su mirada, y descubrió a la arrogante serpiente de Lucius Malfoy.

- Vaya… vaya… Kiely¿Cómo va todo?

- Vete a la mierda Malfoy.

Sin previo aviso, Malfoy la cogió por las muñecas, y la aprisionó contra la pared.

- Querida – susurró acercando sus labios a los labios de la castaña – ya estoy en ella.

Y sin avisar, besó a la fuerza a Hermione. La chica trató de resistirse, pero no poseía tanta fuerza como el rubio.

- ¡Suéltame¡Suéltame! – gritó desesperada, mientras el chico la besaba en los labios y el cuello.

- ¿No has dicho que preferías a un Slytherin antes que a Black? Pues pongamos tus palabras en práctica.

- ¡Suéltame! – gritó ella nuevamente, mientras algunas lágrimas empezaron a surcar sus mejillas.

Malfoy, desgarró la camisa de la chica, mientras esta gritaba y pataleaba, tratando de liberarse. Intentó golpearle y arañarle, pero eso solo provocó un mayor enfurecimiento por parte del rubio, que trató de arrancarle también la falda.

Hermione estaba aterrorizada. Lloraba de pura desesperación. Lucius Malfoy seguía besándola y tocándole sus pechos, mientras ella le golpeaba y arañaba. Por fin, logró deshacerse del chico. Consiguió darle con su rodilla un fuerte golpe en su entrepierna, logrando que el muchacho, la soltara y se encorvara sobre si mismo del dolor.

Hermione no se detuvo a comprobar el resultado, y se lanzó corriendo cuesta abajo, para llegar lo más pronto al invernadero ocho, y encerrarse allí dentro, aunque fuera con Sirius.

Cuando por fin entró, cerró la puerta y echó el cerrojo.

- Por fin te dignas a aparecer Princesa – dijo la voz irónica de Sirius – Estaba a punto de enviarte el carruaje a…

El chico se quedó mudo ante la visión de la chica que había delante de él. Su pelo, ya de por sí enmarañado, estaba ahora completamente deshecho como la melena de un león. Sus ropas estaban rotas, sobre todo la camisa, y mal puestas. Tenía golpes y arañazos en los brazos, y una pequeña herida sangrante en el cuello donde momentos antes Malfoy intentaba besarla. Sirius miró a los ojos de Hermione. Esos preciosos ojos marrones, que según el chico poseían un brillo único, ahora estaban cubiertos de lágrimas. Ella seguía llorando, sin apartar la mirada de él.

Sirius no lo dudó, se acercó a ella abriendo sus brazos, y en menos de dos segundos, Hermione se abrazaba a él, llorando con todas sus fuerzas. El merodeador la abrazó fuertemente, y acarició su pelo, intentando domarlo. Al cabo de un rato largo, cuando ella se hubo calmado, él preguntó:

- ¿Qué te ha pasado Hermione?

Ella le miró extrañada.

- ¿Me has llamado por mi nombre?

- Tienes una fea costumbre de responder con otra pregunta¿lo sabías?

Ella se rió alegremente. No respondió inmediatamente.

- Me atacó – empezó a decir en voz muy baja. Sirius la dejó proseguir – Quería que le besara… él quería… violarme… - la chica volvió a llorar de miedo – yo… tenía miedo… no sabía que hacer…

- Tranquila – susurró el chico – yo estoy aquí, y no voy a dejar que te pase nada. Te voy a proteger con mi vida Princesa… porque tú eres mi vida y sin ti no soy nada.

Hermione le miró. Sus miradas quedaron conectadas. Marrón y azul. Ninguno de los dos podía apartar la mirada. Se fueron acercando poco a poco. Sus labios chocaron, y poco a poco, se unieron en un beso. Un beso lleno de amor, ternura y pasión.

Sirius se juró que quien le había hecho eso a su Princesa iba a pagarlo muy caro. Hermione no podía creer lo que estaba haciendo. Estaba besando a Sirius Black, y era lo más maravilloso del mundo.

Sin separarse, sin dejar de besarse, Sirius empezó a acariciar la espalda medio descubierta de la chica. Ella, por su parte, acariciaba por encima de la camisa, el pecho de él. Pronto, la ropa empezó a incomodar.

Los restos de la camisa y la falda de Hermione se desperdigaron por el suelo del invernadero, mientras Sirius se quitaba la camisa y los pantalones sin dejar de besarla.

Se abrazaron como si de ello dependieran sus vidas. Ahora solo aquello importaba. Solo ese momento, y nada más.

Los besos y las caricias se repartían por todo el cuerpo. Pronto, ambos quisieron mucho más. Sirius arrancó el sujetador de Hermione, y se maravilló de los perfectos pechos de la muchacha. Él los tomo entre sus labios, y empezó a amarlos. Hermione gimió de placer, y eso complació al chico. No tardaron mucho en quedar totalmente desnudos.

- Princesa… - susurró él.

- Sirius… - murmuró ella.

- No… - la interrumpió él – Llámame… Orión…

- Orión – dijo ella.

- Te amo – dijo él.

Y entonces, Sirius la tomó. Él y Hermione se unieron, formando un único ser. Se acoplaron perfectamente el uno al otro en sus movimientos.

Ambos gemían de placer, el cual iba aumentando. Por fin, el clímax. Ambos se corrieron juntos, uniendo sus labios en un beso.

Luego, la calma. Hermione se recostó en el pecho de Sirius. Sus respiraciones trataban de volver a la normalidad, al igual que sus corazones.

Abrazados, se durmieron tapándose con las túnicas para no pasar frío.

¿Qué tal? Espero que os haya gustado, y hayáis disfrutado (en el buen sentido mal pensados) leyendo como yo escribiendo (no penséis mal)

Como he dicho al principio, este capítulo va dedicado a todos los que leéis el fanfic. Espero que sea de vuestro agrado.

Y ahora os toca a vosotros, aconsejarme, comentarme, criticarme… lo que sea, dejando un review (si, muy bien, haciendo clic en GO)

Por cierto, os encomiendo un trabajito. A ver quien me puede conseguir la letra de una canción (en español) que hable de amor y perdón. Si encontráis alguna, me la enviáis (la letra) al correo ¿de acuerdo? Muchos besos!

Por cierto, gracias por los 20 reviews.