Disclaimer: aunque lo intento yo no soy J.K. Rowling, la historia es de mi invención pero los personajes le pertenecen a esta "rica" escritora... jejejeje

CAPITULO 14: PAÑALES Y PREVIOS

Halloween nuevamente. Aquel año se habían reunido en casa de Sirius y Hermione. Pero no eran los mismos. La ausencia de Remus y Nora se hacía presente y nadie los podía olvidar.

James y Sirius seguían comportándose como los alborotadores que eran. Frank intentaba convencer a Alice para que se levantara y bailara con él. Lily y Hermione hablaban y reían en el sofá, mientras Peter se desvivía por su pequeña Laura, embarazada ya de siete meses.

Entonces, llegó una lechuza que aterrizó frente a Hermione.

- Es una carta de Remus – dijo.

- Léela – pidieron los demás.

"Mis amigos Merodeadores y queridas chicas,

Espero que todos os encontréis estupendamente, sobre todo la futura mama Pettigrew. Siento no haberme puesto en contacto en estos meses, pero espero que no haya sido tanto tiempo como para olvidarme. He conocido a un grupo de hombres lobo y me encuentro perfectamente. Pero no os preocupéis, volveré en diciembre para conocer al nuevo merodeador.

Os echo de menos y ansío volver a veros. ¡Feliz Halloween!

Con cariño

Remus J. Lupin"

- Ya creía que no volveríamos a saber nada de él – dijo James

- Remus no es así. Se ha acordado de nosotros todos los días al igual que nosotros de él – dijo Lily.

Todos sonrieron. Aquel era su amigo, el lobo, el pequeño problema peludo de James.

- ¡Ah! – dejó escapar Laura, con un pequeño grito.

- ¡Laura! – exclamó Peter - ¿Estás bien?

- Tranquilo – sonrió ella – Solo ha sido una patada demasiado fuerte.

Lily, mientras tanto, advirtió una mirada cómplice entre Sirius y Hermione.

- Chicos – llamó la atención el joven de ojos azules – Tenemos una noticia para ustedes – y dicho esto tomó entre sus brazos a su mujer.

Ellos sonrieron mientras sus amigos esperaban.

- Vamos a ser padres.

Tras un silencio de sorpresa, sus amigos se alzaron en felicitaciones.

- ¡Oh Hermione! – exclamó Laura - ¿Para cuándo?

- En abril.

- Bien hecho Canuto – le rió James.

Aquella noche de Halloween, la alegría resonó entre las paredes de aquella casa.

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Nevaba en Londres. Cinco hombres y tres mujeres esperaban en la sala de espera del ala de maternidad del hospital San Mungo.

Laura había ingresado en la mañana del 19 de diciembre, y llevaba cuatro horas en la sala de partos.

Hermione lucía ya una barriguita embarazada de cinco meses.

Entonces, la puerta se abrió y salió una sanadora.

- ¿Familiares de la señora Laura Pettigrew?

- Soy su marido – respondió Peter.

- Felicidades, su esposa ha dado a luz a una preciosa niña.

- Tengo una hija… tengo una hija… - repitió el orgulloso padre.

- Enhorabuena Colagusano – exclamó Sirius.

- Felicidades – dijeron los demás amigos.

Peter entró en una habitación para conocer a su primogénita. Media hora después, Peter volvió a la sala y dijo:

- ¿Alguien viene a conocer a mi hija?

El grupo de amigos entró. Laura acunaba a su pequeña. Su cabecita llevaba una pelusa castaña como avance del color de sus cabellos.

- Os presento a Nora Pettigrew.

Todos sonrieron, pero para Laura, la mejor sonrisa fue la de Remus.

- ¿Querrá cogerla su padrino? – le preguntó.

- ¿Yo? – preguntó él, anonadado.

Laura y Peter le sonrieron, y el joven tomó entre sus brazos a la niña. La pequeña Nora abrió sus ojos y Remus vio el color.

- Son claro… como Nora – le dijo a Laura.

- Se parece a su tía en los ojos – respondió la madre.

Remus se acercó a la bebe, y depositó un suave beso en su pequeña frente.

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Después de Navidades, Lily, James, Alice y Frank organizaron una cena. En ella, invitaron a sus amigos y algunos familiares. No habían dicho el motivo, pero muchos empezaban a sospecharlo.

Lily y Alice fueron quienes tomaron la palabra al finalizar la cena.

- Bueno… la verdad es que esta cena tiene un motivo muy especial para nosotros cuatro – empezó Lily.

- Es una noticia muy especial, y esperamos que compartáis con nosotros nuestra alegría – dijo Alice.

- Allá va… para el mes de julio, Alice y yo seremos madres.

La multitud de amigos y familiares se lanzaron hacia los matrimonios y les felicitaron por la buena noticia.

Hermione estaba ya de seis meses, y Laura llevaba en brazos a su pequeña hija Nora, de apenas un mes de vida. Las cuatro amigas no podían ser más felices con sus vidas.

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Sirius odiaba aquellos meses. Desde que Hermione había entrado en el tercer y último trimestre de su embarazo, su estado de ánimo variaba continuamente y sus caprichos iban en aumento.

Aquel 11 de abril tampoco fue distinto.

- Sirius…

Aun era de mañana, y el matrimonio seguía en la cama.

- Sirius…

- ¿Qué? – preguntó la amodorrada voz del hombre.

- Quiero una taza de chocolate.

- Mmpffmpf

- Sirius… quiero un chocolate bien calentito.

A duras penas, el chico se levantó y volvió poco después con una humeante taza de chocolate.

Se levantaron más tarde.

- Sirius…

- ¿Qué quieres Princesa? – preguntó él.

- Quiero leer.

- Los libros están en la estantería Princesa.

- No – pidió ella como una niña – Quiero leerme uno nuevo.

- Cariño, hoy no me apetece ir…

- ¡Quiero un nuevo libro¡Quiero leerme el último de Rachel Murray!

- Princesa…

- ¡Sirius Orión Black¡Ve a Nottingham y cómprame el último libro de Rachel Murray!

Y el pobre marido no tuvo más remedio que atender a los deseos de su esposa.

- Sirius…

- ¡¿Qué?! – gritó él.

Entonces, ella se puso a llorar.

- Princesa, no llores… Princesa – trató de suavizar el chico.

- ¡Ya no me quieres¡No te gusto con esta horrible panza!

- No digas estupideces. ¿Cómo no te voy a querer si en esa panza llevas a mi hijo¿Cómo no te voy a querer si sigues siendo mi Princesa?

- Sirius…

- Dime Princesa.

- Quiero fresas.

- ¿Fresas?

- Si – pidió como una niña caprichosa – con nata

Y otra vez el chico no tuvo más remedio que atender a sus deseos.

Pero poco después de comer.

- ¡Sirius!

- ¿Qué quieres esta vez¿No vas ni a dejarme dormir la siesta un poquito?

- ¡Sirius!

- ¿Qué¿Qué?

- ¡Sirius!

- ¡¿Qué pasa?!

- ¡Que he roto aguas!

El chico la miró sin entender.

- ¡Perro estúpido! – gritó ella - ¡¿Qué no ves que estoy a punto de dar a luz?

- ¿Qué¿Cómo¿Ya¿Ahora¿Hoy?

- ¡Mueve tu maldito trasero y llévame a San Mango antes de que te mande la primera maldición que se me ocurra!

Nervioso y sin saber muy bien cómo, Sirius tomó a Hermione, y se apareció lo más rápido posible en San Mungo.

Los sanadores rápidamente se la llevaron hacia la sala de partos, y el futuro padre se quedó en la sala de espera del ala de maternidad. Con un poco de tranquilidad, envió una lechuza a James, pidiéndole que avisara al resto.

Poco a poco, empezaron a llegar. James y Lily, luego Frank y Alice, más tarde Peter y Laura con su hija Nora, y dos horas después llegó Remus. Meda y Ted, con su hija Tonks, se pasaron tres horas después de que Hermione hubiera ingresado.

- ¿Por qué tarda tanto? – exasperó el futuro padre.

- No te preocupes – le respondió Laura – yo tardé tres horas en traer al mundo a Nora. Todo depende de la mujer y cómo vaya el parto.

Cuando se cumplían cinco horas del ingreso de Hermione, una sanadora abrió la puerta.

- ¿Familiares de la señora Hermione Black?

- Sirius Black, su marido – se levantó el joven.

- Felicidades, su esposa ha tenido una sanísima y preciosa niña.

Sirius abrió y cerró la boca varias veces, incapaz de pronunciar algún sonido.

- ¿Eh Sirius? – le llamó James.

- Tengo una niña… una pequeña princesita – dijo.

- Felicidades Canuto – exclamó Remus.

Poco después, Sirius entraba en la habitación. Hermione, tendida en la cama, sostenía entre sus brazos a su pequeña hija.

- Sirius, mira, es Audrey.

- Ya la veo.

El chico se acercó, y vio a una pequeña bebita, con la cabeza cubierta de suaves cabellos castaños, y con dos grandes ojazos azules bien abiertos, que miraban a su alrededor.

- Hola Audrey… hola Princesita – le dijo, tendiéndole un dedo, que la niña aferró con todo su puño.

El orgullo padre levantó la mirada hacia su mujer.

- Es preciosa.

- Te quiero Orión.

- Te quiero Hermione.

Media hora después, la habitación se llenó de flores y amigos. Todos felicitaron a la pareja, y la pequeña Tonks, con sus casi siete años, se empeñó en cogerla. Así pues, la sentaron en el sillón y su madre la ayudó a coger a su pequeña prima.

- Hola Audrey – y dirigiéndose a su madre, le espetó – Ella tiene un nombre bonito¿Por qué yo tengo que tener este tan feo?

Todos se rieron.

- Nymphadora es un nombre muy bonito – dijo Remus – pero muy largo¿Qué te parece si te llamo Nymph?

La niña, con el cabello rosa chicle y los ojos azules le miró, y sonriendo asintió.

- Pero solo tú.

Hermione les miró. Ahora ya sabía porque Remus era el único que la llamaba Nymph. Sonrió al pensar, que dentro de varios años, aquel joven y aquella niña estarían juntos.

Pero en aquel momento, solo le importaba su dulce niña. Tenía un agradable presentimiento. Tenía una hija de Sirius Black, y estaba casada con él. El futuro debería cambiar. Pero¿en que medida lo haría?

¿Qué os ha parecido? Uno de los mejores que he escrito. La verdad es que describir los caprichos de Hermione y los nervios de Sirius no ha sido nada fácil. Pero aquí está.

¿Qué pasara en el próximo capítulo? La verdad es que las cosas no siempre son de color de rosa, y a veces se tiñen de negro y rojo sangre. No me matéis ¿ok?

Cuídense, disfruten leyendo, y nos vemos en el capítulo 15, "Callejón Diagon"