Disclaimer: aunque lo intento yo no soy J.K. Rowling, la historia es de mi invención pero los personajes le pertenecen a esta "rica" escritora... jejejeje
CAPITULO 15: CALLEJON DIAGON
Era un soleado día del mes de junio. Mientras que Frank y James trataban de conseguir misiones para no tener que soportar en sus casas los caprichos de sus embarazadas esposas Alice y Lily; Laura y Hermione disfrutaban de sus hijas en un día de compras.
El Callejón Diagon estaba repleto de gente que iba de aquí a allí haciendo compras, paseando, disfrutando con la familia o los amigos…
Laura y Hermione se lo pasaron de lo más lindo. Pero cuando salieron de la herboristería, oyeron gritos y explosiones. Luego se encontraron, con gente que corría.
- ¿Qué sucede? – preguntó Laura.
- Mortífagos y aurores. Una batalla campal – respondió un hombre que corría.
Hermione y Laura apretaron fuertemente contra ellas a sus hijas, y se dispusieron a correr también, tratando de escapar.
Giraron una esquina, y trataron de aparecerse.
- ¡Han puesto un campo anti-aparición! – exclamó Hermione, cuando observaron sus nulos intentos.
- ¿Qué hacemos ahora?
- Correr a buscar una chimenea con polvos flu, saquear las tiendas de escobas, o llegar al Caldero Chorreante¿Qué opción te gusta más?
- ¡Corre!
Un grupo de mortífagos habían aparecido delante del callejón.
- Un momento – se extrañó Hermione – Ese es Dawson, es un auror.
Y atónitamente, observó como el auror mataba a un hombre que había tropezado y caído.
- ¡Merlín! – gimieron las chicas.
El auror la vio y fue hacia ellas.
- ¡Corre!
Más adelante, vieron a Frank.
- ¡Frank! – gritaron ambas.
Otra vez se detuvieron. Frank estaba torturando a dos niños pequeños y a su madre.
- ¡Frank! – gritó Hermione asustada - ¿Qué estas haciendo?
- ¡Corre Hermione! – le gritó Laura.
Las chicas siguieron corriendo, esquivando rayos y maldiciones, tratando de llegar a un lugar seguro.
- ¡Ah! – un sonoro grito de dolor salió de la boca de Laura.
Hermione se giró, y observó que Laura mostraba un gran corte sagnante en el costado.
- ¡Merlín Laura¡Estás herida!
- Hermione… yo así no puedo huir…
- No digas estupideces, vamos, hemos de salir de aquí – le respondió tirando de ella.
- No puedo… - Laura ahogaba el dolor – Estoy… muy malherida… llévate a Nora.
- ¿Qué estas diciendo¡Tenemos que salir de aquí las cuatro!
- Yo… no puedo… por favor Hermione… coge… a Nora… llévatela… huid… os cubriré un tramo… tal vez pueda esconderme… Hermione… - Laura suplicaba.
Hermione tenía los ojos anegados de lágrimas. Laura se sacrificaba por ella, y las niñas.
- Hermione… coge a las niñas y vete.
Entre sollozos, Hermione tomó a Nora entre sus brazos, y apretándolas fuertemente contra ella, y sin mirar atrás, salió corriendo. En su corazón, le dolía abandonar a Laura.
- ¡James! – gritó Laura.
Hermione se giró. Laura estaba frente a James, y este le lanzaba la maldición crucio. La chica cerró sus ojos. ¿Por qué los aurores atacaban a inocentes¿Por qué sus compañeros y amigos?
Un grito de Laura rasgó el momento. Hermione lloró.
Entonces advirtió una presencia tras de ella. Echó a correr. De pronto, todo se hizo negro. Su último pensamiento fue para Nora y Audrey.
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Hermione parpadeó y humedeció sus ojos. Poco a poco, enfocó la vista. Estaba en una habitación de paredes blancas con una franja verde. Estaba… ¡en San Mungo¿Qué había sucedió? Empezó a recordar, el ataque, las niñas, Laura…
Lloró. Y entonces advirtió la presencia de un hombre dormido en el sillón.
- Sirius… - su voz sonó ronca, como si no la hubiese usado – Sirius…
El chico se despertó medio desorientado. Y entonces la vio despierta
- Hermione – susurró.
Se acercó a ella y se abrazó fuertemente. Empezó a llorar.
- Sirius¿Qué ha pasado?
- Princesa – dijo él, besándola – Creí que te había perdido.
- ¡Audrey¡Y Nora! Sirius¿Qué ha pasado¿Dónde esta Laura?
Su marido seguía llorando.
- Princesa, llevas tres semanas en San Mungo, en estado comatoso.
La chica calló. Tres semanas. Habían pasado ya tres semanas desde ese ataque. Pero había algo más.
- Sirius… - le llamó suavemente, pidiéndole que le contara más cosas.
- Encontraron a Laura muerta, cerca de donde te encontraron a ti, inconsciente.
- ¡Merlín! – gimió la chica – Sirius¿Dónde están las niñas?
- Nora ha desaparecido, no han encontrado su cuerpo en el callejón…
- ¿Y mi hija? Sirius¿Dónde esta Audrey?
Sirius lloraba.
- La encontraron a tu lado, la tenías medio abrazada… pero… estaba… Audrey… estaba… Audrey estaba muerta.
Hermione se quedó muda. Se volvió a hacer negro todo.
- Hermione – oyó que la llamaban – Hermione.
Hermione maldijo. Seguro que era Ron o Harry. Abrió sus ojos lentamente. Pero no halló a sus amigos. Era un sanador. Y recordó que seguía en el pasado.
- Hermione, soy el sanador Plummer. ¿Qué recuerda?
- El ataque… Sirius contándome… - se interrumpió, y volvió a llorar.
- Tranquila Hermione – la calmó el sanador – su marido se encuentra ahora mismo avisando a sus amigos de que usted ya despertó. Y los aurores querrán hablar con usted, puesto que es una de los nueve superviviente del ataque.
- ¡No! – gritó ella - ¡Los aurores no¡Ellos atacaron a los inocentes¡Fue su culpa! – estaba llorando y temblando de rabia.
- Princesa tranquila – Sirius había entrado en la habitación, y su voz sirvió para tranquilizarla.
- Será mejor que ahora esté rodeada de la gente que quiere. Volveré más tarde – anunció el sanador.
La puerta se abrió, y el sanador se marchó. Entonces entraron Remus, Peter, James, Lily, Frank y Alice. Hermione se puso a gritar nuevamente.
- ¡No¡Fuera¡Asesinos¡Fue vuestra culpa¡Asesinos!
- Hermione tranquilízate. Somos nosotros – le dijo Lily.
- ¡No¡Asesinos¡Mi hija¡Laura¡Asesinos¿Dónde esta Nora?
- Salid fuera – pidió Sirius, y una vez lo hicieron, y Hermione se calmó, le pidió que le contara que había sucedido.
Hermione le contó todo lo que había visto. A Dawson, a Frank, a James…
- Princesa, eso es imposible… Frank y James estaban de misión en Escocia.
- Yo… yo… les vi Sirius – tartamudeó.
- Los otros ocho han contado lo mismo que tú. Que vieron a aurores atacar a la gente, sin haber mortífagos allí.
- ¿Entonces?
- La única teoría que hay en el cuartel es la de que posiblemente fueran mortífagos bajo los efectos de una poción multijugos. Es la única opción.
Hermione se abrazó bajo de Sirius.
- ¿Qué vamos a hacer ahora?
- Vivir – le respondió el chico simplemente.
- ¿Dónde…? Me gustaría… yo… Audrey… - tartamudeó de nuevo la chica.
- Está enterrada en Nottingham, cerca de casa – susurró el hombre.
Ella asintió, y lloró en los brazos del chico.
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Peter se encontraba solo en su casa. Antes estaba llena de vida. Ahora faltaban sus dos mujeres. Laura y Nora. Aún recordaba el frió cadáver de Laura, cuando le habían pedido que la reconociera. Aún no creía que estuviera muerta. Y su pequeña Nora, su alegría, su vida… era la única que había desaparecido. ¿Dónde estaría?
Una lechuza se posó en el alfeizar de la ventana. Un simple pergamino sin remitente. Intrigante.
"Buscas la verdad. Nora sigue viva y yo se donde está. ¿Estarías dispuesto a todo por ella? Si es así, te espero el día 18 de agosto en la Mansión Ryddle de Pequeño Hangleton, a las nueve y media de la noche. Ven solo"
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Hermione salió del hospital el día treinta de julio. Pero a la salida, se cruzaron con Frank, que llevaba apresuradamente a Alice a la sala de partos. Así que decidieron quedarse. Cuatro horas después, conocían al pequeño Neville Longbottom.
Hermione le miró. Era el desastre de Hogwarts, el apasionado de la herbologia, el chico del sapo, el olvidadizo… pero ante todo su amigo. Pensó en los buenos momentos que había vivido con él, y los malos. Las clases de Hogwarts, la sala común, los estudios, la batalla del departamento de Misterios en quinto, la batalla de Hogwarts en sexto curso…
Aquella noche, Hermione apenas pudo dormir en su cama. Sirius y ella permanecieron toda la noche abrazados. Pero ella no durmió. Simplemente dejaba pasar las horas pensando en su vida, en su hija, en Sirius, en Harry, Ron, Ginny, Neville y los demás, en James, Lily, Frank, Alice, Peter, Remus, en Laura y Nora…
La mañana del treinta y uno de julio, Hermione esperaba la lechuza. Llegó a las diez de la mañana. Lily acababa de ingresar en San Mungo. Rápidamente, Sirius y Hermione se fueron para el hospital. A las cinco de la tarde, conocían al fin a Harry.
Aquel bebe que aún tenía sus ojos cerrados y no tenía más que una pelusa negra donde estaría ese indomable cabello, era su amigo Harry. Su mejor amigo. Quien correría aventuras junto a ella y Ron, que tomaría decisiones equivocadas por amor, y lo daría todo por este. Quien lucharía por un mundo nuevo.
- Hermione – la llamó Lily.
Ella y Alice compartían habitación junto a sus hijos.
- Alice y yo queríamos pedirte una cosa – le dijo.
- ¿Qué es?
- Queremos que seas la madrina de nuestros hijos – le dijo Alice.
- ¿De los dos?
- Si – respondieron únicamente.
- El padrino de Harry será Sirius y el de Neville será Gideon Prewett, pero nos gustaría que tú fueses la madrina de ambos. ¿Qué dices?
Hermione miró a los bebes. Dormían juntos, sin saber que les depararía el futuro.
- Si.
Hermione se prometió a si misma, que cuidaría de esos niños cuando sus madres no estuviesen. Entonces la asaltó otra duda¿y si consiguiera que sus madres siguieran junto a ellos¿Qué cambios podría ocasionar en el futuro, en su futuro? Evitaría doce años en Azkaban a Sirius, evitaría que Neville se criara con su abuela y Harry con sus odiosos tíos. Pero no habría trece años de paz. Tal vez alguno muriera de niño. Tal vez nunca hubiera sido amiga de ellos. Tal vez no habría corrido esas emocionantes aventuras. Tal vez, Harry y Neville no serían los maravillosos chicos que son ahora.
Hermione se puso a llorar. Era demasiada presión. Sirius la tomó por los hombros y la abrazó. Depositó un beso en su frente. Luego, él volvió a dedicarse a su ahijado.
Ella, sin decir nada a nadie, se retiró sigilosamente de allí y se marchó a casa. Ya daría explicaciones a su marido, o tal vez no.
Pero si hubo una persona que la vio irse. Remus no había podido apartar la mirada de ella.
¡No me matéis! Se que me vais a odiar, pero la historia debe seguir su curso, y el futuro no debería de modificarse. Aun así, Hermione sigue aún en el pasado, y no se sabe cuando va a volver a su tiempo (vosotros no, yo si jejeje) Este capítulo no fue nada fácil de escribir, y lamenté mucho lo ocurrido. Pero os prometo que todo tiene su motivo.
A partir de ahora, las cosas van a cambiar mucho. La muerte de un ser querido hará se cambie la forma del ver el mundo y las lealtades. A veces, el amor se hace fuerte y otras se debilita…
Gracias por los reviews, y por seguir leyendo. Espero que la historia os guste en general. Agradezco mucho a todos aquellos que me elogias (hacéis que me ponga roja frente al ordenador) y la confianza que me dais al seguir leyendo y opinando. Un beso muy fuerte a todos, los que seguís Dame un beso Princesa desde el principio y a los que han llegado luego.
Por cierto, dejadme reviews, ya sabéis, eso de hacer clic en GO y desahogarse de ideas, críticas, (amenazas), alabanzas, etc… Un beso!
