Disclaimer: aunque lo intento yo no soy J.K. Rowling, la historia es de mi invención pero los personajes le pertenecen a esta "rica" escritora... jejejeje
CAPITULO 16: LEJOS
Peter estaba allí. Mansión Ryddle, Pequeño Hangleton. El reloj marcó las nueve y media de la noche. Había ido solo, tal y como la nota le pedía.
- Bienvenido.
Una suave y fría voz habló. Peter se giró, y frente a ella se alzó una mujer de cabellos negros y ojos azules muy fríos. Se le hizo familiar. Pero no la podía ver bien del todo, a menos que se acercara más.
- ¿Quién eres¿Dónde esta mi hija?
- Vas muy deprisa – respondió la mujer.
Se miraron en silencio.
- Los aurores creían que habían mortífagos en el callejón. Atacaron y de pronto se encontraron con la realidad. Entonces decidieron que nadie podía contar la verdad y mataron a inocentes. Pero uno de ellos se quedó con un bebé, tu hija ¿cierto? – dijo la mujer.
- Eran mortífagos bajo los efectos de poción multijugos – respondió el chico.
- ¿Y tu te crees eso?
- Ya no se que creer.
- Yo te diré que creer. Cree en la magia verdadera, cree en el mundo mágico puro. Cree en tus ideas, cree en ti… y en tu hija. ¿Estás dispuesto a ello?
- Si – respondió el chico.
- ¿Estás dispuesto a recuperar a tu hija¿Estás dispuesto a luchar por tus creencias y por ella¿Estás dispuesto a matar y morir por ello?
- Si.
- Bien Peter.
- ¿Quién eres?
La mujer se acercó a la luz, y Peter por fin la reconoció. Bellatrix Black, o Lestrange de casada, la prima de Sirius, la hermana de Andrómeda.
- ¿Te unes a nuestra causa¿Jurarías lealtad al Señor Tenebroso?
- Si.
Peter ya era otra persona. Todo su dolor, toda su ira, se transformó. La vertió hacia quienes creía los causantes de su dolor. Y si para ello había de cambiar, lo iba a hacer. Colagusano dejó de existir. Ahora solo era Pettigrew.
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Hermione se levantó cuando el sol aún no había salido. A su lado, Sirius seguía durmiendo. Se puso la bata encima, y salió al pasillo. Sus pasos la llevaron hasta la habitación contigua, en la puerta de la cual, había un pequeño cartel donde se podía leer Audrey.
Hermione abrió la puerta, y entró la habitación de su hija. De esa hija que ya no estaba junto a ella. Todo seguía igual. Después de dos meses todo seguía igual. La ropa guardada en los cajones, los peluches sobre la cuna… Pequeñas lágrimas se deslizaron por las mejillas de la chica.
Su vida había cambiado mucho. Le había costado mucho aceptar la muerte de su hija. Además, cargaba a sus espaldas con la muerte de Laura y la desaparición de Nora.
Encima de la mesilla, había una foto enmarcada. Era la primera foto de la familia. Hermione en la cama del hospital, sosteniendo en brazos a la pequeña, y Sirius rodeándolas a ambas con sus brazos. Sonreían. De vez en cuando, ella y Sirius se besaban, y otras veces besaban a su hija.
Ahora ya no existía eso. La relación de Sirius y Hermione se había congelado. Pocas veces eran las que Sirius le daba un beso a su mujer en los labios, y ya no compartían noches llenas de pasión. Eran dos desconocidos, dos extraños bajo un mismo techo.
Para Sirius, ahora solo era Harry. Harry por aquí, Harry por allá… y Hermione no podía culparle. Sirius estaba ilusionado con su hija, había hecho grandes planes que ahora no servían de nada. Y todo su amor se había quedado sin destinatario. Por eso, se lo entregó todo a su ahijado. Lo había tomado como su hijo, aún cuando no lo era en realidad.
- Princesa… - Sirius estaban en el marco de la puerta.
- Siento haberte despertado – murmuró ella secándose las lágrimas.
- No pasa nada¿Por qué no vuelves a la cama? Aún es muy temprano.
- Voy.
Sirius se volvió a su habitación. No había entrado en el cuarto. No lo hacía desde que la niña ya no estaba. Se sentía incapaz, un traidor al recuerdo de su hija por olvidarla a favor del hijo de James y Lily.
Hermione regresó y se tumbó a su lado. Tenía frío, pero su marido no lo advirtió. Le daba la espalda.
Cuando amaneció, comenzó un nuevo día.
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Octubre llegó con lluvias.
Aquel día, Hermione preparaba la comida sin muchas ganas. Ya lo había decidido, y solo faltaba que él lo supiera.
La puerta se abrió.
- Ya he llegado – sonó la voz de Sirius.
- Comemos en un cuarto de hora – le respondió ella.
Sirius entró en la cocina. No se acercó a ella para darle un beso. Ya no lo hacía.
- Si cocinaras con magia terminarías antes – le dijo.
- Sabes que me gusta hacerlo de forma muggle – le respondió.
Tal como había dicho ella, un cuarto de hora después, se sentaban a comer. Lo hicieron en silencio.
- ¿Qué tal el día?
- Normal, ya hace tiempo que no hay ataques y hay bastante tranquilidad en el cuartel.
- Bien – respondió ella.
Sirius la miró.
- Princesa¿no crees que sería bueno que volvieses al trabajo? Encerrarte en casa no es lo más adecuado.
- No me siento con fuerzas para trabajar.
- Princesa – le suplicó él – Eras una de las mejores aurores que el cuartel tenía. Sacaste matrícula. Ojoloco te echa de menos en el trabajo. Y la Orden del Fénix también.
Ella no respondió. Bajó la mirada al plato. Tal vez debería decírselo ahora.
- Voy a marcharme Sirius – murmuró.
- ¿Qué? – se extrañó él.
- Que voy a marcharme – repitió.
- Eso ya lo he oído – dijo él anonadado – Lo que no entiendo es porque dices eso.
- Porque necesito marcharme de aquí. Olvidarme de todo esto. Volver a vivir.
- Estas diciendo tonterías.
- No son tonterías Sirius. Necesito volver a creer que puedo ser feliz, que puedo seguir viviendo.
- ¡No digas estupideces! – gritó él. Ella se asustó al verle enfadado - ¿De que demonios hablas¿Ya no eres feliz junto a mí¿Es eso?
- ¡Si! – gritó ella.
Se hizo un profundo silencio. Él se había quedado mudo de la impresión.
- Sirius – dijo ella, más calmada – Las cosas han cambiado mucho. Y lo sabes – el hizo ademán de interrumpirla – No me interrumpas por favor. Desde la muerte de Audrey ni tu ni yo somos los mismos. Ya no te acercas a mí, ya no me abrazas por las noches, ya no me amas – susurró – La familia que teníamos ya no existe. Tu vida se centra ahora en Harry, y yo me he salido de ella.
- Podemos arreglarlo – dijo él.
Hermione negó con la cabeza.
- Es muy difícil. Yo ya no soporto toda esta tensión, esta indiferencia. Necesito marcharme por un tiempo. Solo te pido que comprendas y respetes mi decisión.
Sirius asintió con la cabeza. Muy serio, preguntó.
- ¿Dónde vas?
- Lejos – dijo ella, y dicho esto, se levantó y se marchó, dejando el plato a medio comer.
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El aeropuerto de San Francisco estaba a rebosar de gente. Muggles corrientes, aunque también hubieras magos entre ellos.
Hermione salió por la puerta del vuelo procedente de Londres, con escala en Nueva York. ¿Por qué había elegido San Francisco? Tal vez por la mentira de que aquel era su lugar de origen.
Aunque no era el único motivo.
- ¡Hermione!
Ella se giró, y sonrió. Un chico de cabellos castaños claros y ojos dorados la llamaba con la mano.
- Hola Lobo – le dijo abrazándole.
- Hola Nutria¿has tenido buen viaje?
- Normalito.
- Bienvenida a casa ¿no?
- Tal vez – sonrió enigmáticamente ella – ya no se cual es mi casa.
- No te preocupes. Todo se solucionara. En menos que canta un gallo tendrás a Sirius aporreando a tu puerta con una ramo de tulipanes – se rió él.
- No le dije a donde iba.
Él le miró.
- Necesito un tiempo, y él prometió respetar mi decisión. Si vuelvo, lo haré cuando esté preparada. Y te rogaría a ti también, que si regresas, no les digas nada – le respondió ella.
- De acuerdo. No te preocupes – la abrazó y sonrió – todo va a salir bien Nutria.
- Eso espero Lobo, eso espero.
Hola de nuevo. He aquí una nueva entrega de Dame un beso Princesa. Agradezco haber sobrevivido a vuestros instintos homicidas por el último capítulo.
La familia Black se disuelve. Sirius se queda con James, Lily, y el pequeño Harry en Inglaterra, y Hermione se va a EEUU con Remus. ¿Volverá¿Pasará algo entre ellos dos¿Intentará Sirius volver a verla, y que le perdone?
Las dudas (algunas, no todas) se resolverán en el próximo capítulo. Y gracias a todos aquellos que dejan reviews... ya van 81... ¿se podría pedir llegar a 100?
¡Nos vemos! Seguid leyendo y cuídense todos. Besos
