Disclaimer: aunque lo intento yo no soy J.K. Rowling, la historia es de mi invención pero los personajes le pertenecen a esta "rica" escritora... jejejeje

CAPITULO 17: MEDIO MUNDO ENTRE NOSOTROS

Con el papel aún en sus manos, la chica abrió la pequeña librería. Zabinni Book's rezaba el letrero. Era una librería mágica, pero que al parecer, tenía una sección muggle. Y estaban buscando una bruja de ascendencia muggle para que les ayudara en la sección.

- Hola¿puedo ayudarla? – preguntó una mujer. Era de color, alta y elegante, con unos ojos negros muy bonitos.

- Hola, me llamo Hermione Black, y he cogido su anuncio de asistente muggle para la librería. Soy una bruja hija de muggles.

- Vaya, Merlín ha oído mis suplicas. Hace meses que pusimos el cartel, pero la gente no le hace mucho caso. Encantada, yo soy Elizabeth Zabinni.

- Mucho gusto.

- Bueno, señorita Black…

- Señora – corrigió inmediatamente Hermione – aunque si lo desea puede llamarme Hermione.

- Disculpa Hermione – sonrió la mujer – Yo a la vez te pediría que me llamases Elizabeth, o si lo prefieres, algún diminutivo.

- Gracias.

- Bueno Hermione, dime¿tienes conocimientos amplios de literatura muggle?

- Bastante, me consideraban un ratón de biblioteca. Y mis compañeros de Hogwarts se extrañaban de mis libros de literatura muggle sobre mi mesilla.

- Entonces no se hable más. Estás contratada.

- Gracias Elizabeth.

- Por cierto, tu acento no es de aquí¿verdad?

- Cierto, soy inglesa.

- Vaya una compatriota. Yo también. Bueno, nací allí, pero mis padres son de Sudáfrica. Y ahora, me he casado con un norteamericano.

- Gran mezcla de culturas – rió ella.

Así fue como Hermione, una gran auror inglesa, empezó a trabajar en una pequeña librería norteamericana. Poco a poco, descubrió para su asombro, que trabajaba para los padres de Blaise Zabinni, que en ese momento era un adorable niño menor de un año.

Remus puso se quedó serio y pensativo cuando ella le comunicó su nuevo trabajo.

- ¿Estás segura de que esto es lo que quieres?

- Hoy por hoy sí, estoy segura.

- Entonces yo no soy quién para negarte nada.

Llegó diciembre, y con él, la Navidad. El matrimonio Zabinni, Richard i Elizabeth, la invitaron a ella y a Remus a cenar con ellos y su pequeño hijo Blaise. El matrimonio no tenía familia viva, y por ello, sus amigos eran su familia.

Cuando regresaron a casa, Remus la llamó.

- Hermione – ella se giró hacia él – Yo aún tengo un regalo para ti, pero he preferido dártelo aquí.

Ella sonrió. Aquel era Lobo, su Lobo, su sorprendente y enigmático Lobo. Él le entregó un paquete cuidadosamente empaquetado. Ella, sonriendo como una chiquilla, lo abrió.

Era un simple cuaderno, de tapas duras en color rojo suave. Sobre la portada, tenía grabado en letras doradas su nombre, Hermione. Estaba en blanco, listo para ser escrito.

- ¡Oh Remus¡Es precioso! – le dijo ella dándole un beso.

- Se lo mucho que te gusta escribir, y he pensado que tal vez, querrías escribir todo lo que te pasa por esa cabecita… y quien sabe si también por ese corazón tuyo – le dijo con una profunda mirada miel.

- Gracias Lobo – le repitió ella con una sonrisa sincera, una de las pocas que Remus podía ver desde hacía mucho tiempo – Feliz Navidad – dijo antes de irse a su habitación.

- Feliz Navidad Nutria.

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El mes de mayo fue recibido con una temperatura suave y fresca, muy agradable. Hermione estaba tumbada en el diván, en el porche de su casa. Seguía viviendo con Remus, aunque ella sabía que el chico estaba planteándose volver a Inglaterra.

El sonido de un coche la sacó de sus pensamientos. Cerró el cuaderno en donde había estado escribiendo. Del vehículo, bajaron un matrimonio, y un niño de poco más de un año.

- ¡Mione! – gritó el niño.

- Hola Blaise – dijo ella tomando al niño en sus brazos.

- Hola Hermione – la saludó Richard con un beso en la mejilla.

Richard era una persona muy agradable. Hermione se preguntó que habría sido de él en el futuro, puesto que sabía que Elizabeth, su mujer, terminaría casándose con hombres ricos y mayores, para quedarse viuda al poco tiempo.

- ¿Cómo va ese novelón que estás escribiendo?

- No seas pesado Richard, sabes que no le gustaba hablar de él, u hoy por fin nos vas a desvelar alguna cosa – respondió su mujer.

- Sois unos pesados¿lo sabías? Aquí el único bueno es Blaise.

- ¡Mione! – exclamó el niño, provocando risas en los mayores.

- ¿Y Remus? – preguntó Richard.

- Ha ido al Ministerio. Estoy segura que está tramitando papeles para volver a Inglaterra…

- Pero aún no te ha dicho nada – adivinó Elizabeth.

- Cierto – dijo ella.

- Y eso te molesta – continuó la mujer.

- Puede que sí. Al fin y al cabo, soy su mejor amiga¿no?

- Voy a volver – dijo una voz. Remus había vuelto – Hola Richard, Elizabeth – saludó.

- ¿Cuándo?

- El mes que viene, y me gustaría que me acompañaras.

Richard y Elizabeth, disimuladamente, tomaron a su hijo y se apartaron de la conversación.

- ¿Para qué? Estoy muy bien así como estoy.

- Se va a cumplir un año.

Hermione cerró sus ojos al sentir una punzada de dolor atravesar su corazón.

- ¿Vendrás conmigo? – preguntó su amigo.

- Deja que lo piense.

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Un año. Un año desde el ataque al Callejón Diagon. Pese a que se había demostrado que eran mortífagos bajo los efectos de la poción multijugos, aún eran muchos los que desconfiaban.

Todos los dolorosos recuerdos se agolpaban en la mente de Hermione. Recordaba aún la súplica de Laura, los lloros de Nora y Audrey, su pequeña Audrey…

Habían llegado por la tarde. Aunque la gente supo que Remus había venido, Hermione pidió que su llegada se mantuviese en secreto. No había acudido al acto de recuerdo de las víctimas. En lugar de ello, fue primero al cementerio de Aberdeen, y visitó a su amiga Laura. Luego, se trasladó a Nottingham, y allí lloró desoladamente frente a la tumba de su hija Audrey.

No supo cuando tiempo permaneció allí, pero una voz la sacó de sus recuerdos.

- Hermione.

Era Sirius. Antes de girarse lo supo, puesto que habría reconocido su voz en cualquier lugar.

- Hola Sirius.

El muchacho que ella recordaba, era ahora un hombre de veintiún años. Y ese hombre no pudo resistir el ir a abrazarla. Y la chica bebió de aquel abrazo. Conectaron sus miradas, y poco a poco, fueron recortando la distancia entre sus rostros.

En el último instante, Hermione giró su cara, y Sirius terminó besando la mojada mejilla de la chica.

- ¿Cuándo has vuelto?

- Ayer por la tarde, junto con Remus.

- ¿Y por que…¿Por qué….?

- No estoy preparada Sirius.

El chico asintió.

- Le he traído flores todas las semanas. No ha habido ningún fin de semana que no viniese. Y si por razones de trabajo no podía venir yo, solía enviar a Lily – dijo refiriéndose a la tumba de su hija.

- Me alegro. Yo la he echado mucho de menos.

- Y yo a ti – dijo él.

Ella le miró, suplicando. El asintió levemente con su cabeza.

- ¿Te puedo invitar a comer a casa?

- Claro – sonrió ella.

Aquella comida fue de las más agradables que ella hubiese tomado en los últimos meses. Más tarde, se sentaron en el comedor y charlaron hasta que Sirius se quedó dormido sin darse cuenta. Cuando despertó, encontró una nota enganchada a su ropa con una aguja.

"Sirius, me marcho nuevamente lejos de ti, de todos los recuerdos que me acechan. Pero no te preocupes, porque volveré, y cuando lo haga, te prometo que será para siempre. Te amo, Princesa Hermione".

El chico sonrió. Esa era su mujer. La mujer que más amaba él en el mundo. Y si para recuperarla tenía que esperar a que ella regresase por su propia voluntad, él la iba a esperar con los brazos abiertos.

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Un día de agosto, Sirius recibió una lechuza. Esta llevaba un paquete y una carta.

"Mi amado Sirius,

En estas cortas líneas, apenas quiero expresarte mi amor y agradecimiento por estos últimos cuatro años.

Has conseguido que las penas que pudiese haber vivido antes hayan quedado olvidadas, y que las mayores alegrías que pueda haber vivido hayan ocurrido en estos últimos años.

Espero poder estar a tu lado próximamente.

Con amor, tú esposa

Hermione Black"

Sirius cerró los ojos y olió el aroma que el pergamino desprendía. Casi pudo sentir su olor, ese olor tan característico de ella.

Rasgó el papel del paquete, y se encontró con un libro.

Tenía las tapas duras, de color rojo suave. En letras doradas, el título "Medio mundo entre nosotros". Debajo, el nombre de la autora, Hermione Black.

Sirius lo ojeó. Era un libro. Un libro escrito por ella.

Abrió la primera página. Tenía una dedicatoria.

"Mi sombra tiene forma de Lobo. A él le debo muchas cosas de lo que soy ahora. Gracias por estar junto a mí. Gracias por el cuaderno que me impulsó a escribir.

Al único hombre que ocupa mi corazón. A mi fuente de inspiración. Al sol de mis días y la luna de mis noches. A él. Te amo"

Los ojos del chico se aguaron un poco. Parpadeó tratando de contenerlas. Pasó la página y comenzó a leer.

"Dame un beso Princesa. Una burda frase de la humanidad, que puede ser el centro del universo para dos miembros de ella…"

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¿Qué os ha parecido? Este es precioso. Me duele mucho tenerlos alejados el uno del otro, pero a la vez me agrada, porque así él ve que ella es su mundo. Y quien sabe, puede que cuando vuelva las cosas sean distintas… o no.

¿Qué os ha parecido el libro de Hermione? Es un libro de amor, habla de los sentimientos. Del amor entre dos personas. Concretamente, del amor entre ellos dos.

Bueno, ya sabéis, lo mismo de siempre por los siglos de los siglos… críticas, consejos, ideas, teorías, maldiciones, quejas… lo que se os ocurra (no valen declaraciones de amor que estoy con novio, aunque si el chico es guapo quien sabe ;-) jeje) tenéis que dejarme un review haciendo clic ahí donde pone GO.

Gracias por seguir leyendo, y ser fieles a la historia. Porque es gracias a vosotros por lo que la historia sigue creciendo. Besos.