Disclaimer: aunque lo intento yo no soy J.K. Rowling, la historia es de mi invención pero los personajes le pertenecen a esta "rica" escritora... jejejeje

CAPITULO 21: EL PRIMERO DE SEPTIEMBRE

Hermione se sentó en los asientos de plástico de la muggle estación de King Cross. Eran las nueve de la mañana, y desde donde ella estaba se podía divisar la entrada del andén nueve y tres cuartos.

Aún faltaban dos horas para que saliese el tren aquel primero de septiembre hacia Hogwarts, pero lo había hecho a propósito. Quería pensar en todo lo que había ocurrido aquellas dos últimas semanas.

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FLASHBACK

Aquella mañana, Hermione se fue a Londres. Sus padres la dejaron ir reticentemente. Aunque ella no había dicho nada, ellos notaban que algo en su hija había cambiado.

La chica caminó por entre las calles de Londres. Pese a que solo hacía un mes que había estado allí, su mente recordaba mucho mejor el Londres de 1981. Al cabo de un rato, llegó a una pequeña calle de edificios. Subió y entró en uno de los apartamentos, lleno de polvo.

Gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas. Aquel había sido su primer apartamento. Allí había sido donde empezó a vivir con Sirius.

Unas horas más tarde, salió del apartamento con un aspecto diferente. Ahora era rubia, y parecía mucho mayor. Se encaminó hacía el Ministerio.

Nadie la reconoció. La chica caminó hasta el departamento de Leyes Mágicas, y concretamente, a la sección de trámites. Allí eran donde se hacía las actas de matrimonio, testamentos, y divorcios, como era el caso de Hermione.

- Buenos días – sonrió el delegado cuando le tocó el turno a Hermione.

- Buenos días – respondió ella – Quiero tramitar un divorcio.

- Muy bien. Veamos… indíqueme el nombre del matrimonio.

- Hermione Kiely y Sirius Black.

- ¿Sirius Black? - repitió interrogantemente el delegado, a la vez que la punta de su pluma de rompía de la impresión.

- Correcto – y entonces empezó su teatro – Verá, mi marido y yo nos separamos cuando él ingresó en Azkaban. Yo he vivido en el mundo muggle, y voy a casarme. Así que deseo que obtener el divorcio.

- Discúlpeme un momento – pidió el delegado.

Media hora más tarde, por la puerta del despacho, entraba el Ministro de Magia, Rufus Scrigmeour, acompañado del ex Ministro, Cornelius Fudge.

- Buenos días – saludaron.

- Señora Kiely – habló el ministro – He de comunicarle que nuevos descubrimiento han puesto a luz pruebas que podrían demostrar la inocencia de su marido. Por otro lado, supongo que sabrá que hace cuatro años que escapó de Azkaban.

- Se que escapó. Pero no me buscó y yo ya no deseo tener nada que ver con él. Solo quiero tramitar mi divorcio.

- Señora Kiely – intervino Fudge – Lo que voy a decirle es secreto y confidencial, a la vez que puede suponerle doloroso. Su marido falleció hace ya un año.

La mujer guardó un silencio.

- De todas formas, como usted ha dicho, es secreto. Por tanto, se me considera oficialmente casada y no viuda. Supongo que entonces no le supondrá ninguna molestia firmar un acta de divorcio¿o si?

- De ninguna forma – respondió el ministro.

El delegado volvió a entrar y se puso a redactar los trámites de divorcio. Cuado hablaron de posesiones, Hermione intervino.

- Yo solo quiero la casa de Nottingham.

- Muy bien. Además, tiene derecho a la mitad del dinero de la bóveda familiar.

- De acuerdo – dijo ella.

Poco después, Hermione salió de allí con un acta de divorcio en su bolsillo. Ya en el apartamento, cambió su apariencia. Con ello, daba por muerta y olvidada a Hermione Kiely, que alguna vez fue Hermione Black.

FIN FLASHBACK

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- Hola Hermione.

La chica levantó su mirada, y se encontró a su vieja amiga Elizabeth Zabinni.

- Hola Elizabeth. Hola Blaise, hola Richard ¿cómo va?

Hermione había ido a ver su amiga. Se puso al día de muchas cosas. Elizabeth y Richard, se habían venido a Inglaterra con su hijo cuando supieron que ella había desaparecido y su marido estaba en Azkaban. Richard murió poco después, y Elizabeth se había sumido en la desesperación. Remus la ayudó a sobrellevarlo, pero entonces conoció a un hombre rico, apuesto y galante. Ella cayó como una tonta enamorada, y al final él la despreció. Poco a poco, ella se había convertido en una fría mujer. Solo había tenido otro hijo con uno de sus siguientes maridos, y lo había llamado Richard, en recuerdo del único hombre que amó.

- ¿Entramos? – le preguntó Blaise.

Hermione miró el reloj. Eran las diez y cuarto. Sonrió.

- Vamos.

Ella siguió hablando con Elizabeth y Blaise, mientras el pequeño Richard, a sus seis años, corría entre ellos jugando.

Una vez en el andén, los chicos subieron sus baúles al tren y esperaron al resto de compañeros.

Harry, Ron y Ginny llegaron acompañados de toda su familia y algunos miembros de la Orden. Ron codeó a Harry.

- Oye¿Quién es esa chica?

Le señaló a una chica que vestía el uniforme de Hogwarts, pero apretado, dejando ver una bonita figura. Llevaba el pelo liso y de un castaño muy bonito.

Canuto se les acercó y dejó escapar un ladrido.

- Vaya, parece que a Hocicos también le gusta – rió Ron.

Harry, en cambio, notó extraña la mirada que Canuto tenía para con la chica. Y entonces, se desveló el misterio. Ella se giró, y todos vieron que era Hermione.

La chica los divisó, y le dijo a Blaise que se verían arriba en el tren. Luego se les acercó.

- Hola chicos – saludó.

- ¿Cuándo has llegado? – preguntó Ron.

- Esta mañana con Blaise.

- ¿Con un Slytherin? – preguntó asqueando el pelirrojo.

- No te consiento esa valoración – dijo ella, con una mirada autoritaria.

Remus fue el único que lo entendió. Aquel era Blaise, ese pequeño niño que hizo que el corazón de Hermione se volviese a abrir cuando más cerrado había estado.

- ¿Has hablado con Elizabeth? – le preguntó.

- Si, y me he puesto al día – le contestó.

- No me gustó como te marchaste de la Madriguera – le comentó Harry.

- A mi tampoco. Contaba con quedarme un poco más, pero las cosas no fueron bien – dijo.

Entonces se agachó frente al perro. Acarició su cabeza y el lomo, y el perro se dejó sin decir nada. Luego se miraron fijamente.

- Hay flores nuevas – dijo ella.

Nadie lo entendió, excepto para quien iba dirigido el mensaje.

El reloj marcó la hora de irse. Todos los alumnos subieron al tren. Se despidieron, y el tren marchó para otro nuevo curso a Hogwarts.

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Sirius Black estaba allí de pie. La quietud del lugar le inspiraba una gran paz. Sin quererlo, unas pequeñas lágrimas le recorrieron las mejillas desde sus azules ojos.

En aquella pequeña lápida se podía leer: Audrey Black, Abril – Junio 1980, Tus padres te llevaran siempre en el corazón.

Hacía dieciséis años que no iba a verla. Cuando salió de Azkaban se vio incapaz. Había visto a su mujer con apenas trece años, que sin conocerlo y sin saber lo que le deparaba el destino o ya le había deparado, arriesgaba su vida junto con Harry por salvarle. Entonces fue cuando descubrió que su vida no volvería a ser la misma, hasta que ella recordase el viaje. Y eso ocurriría en agosto de 1997, tal y como ella dijo.

Frente a la lápida, había un gran ramo de tulipanes. El chico sonrió. Aquel era el mensaje de Hermione.

Encontró también una carta. Era de ella. La abrió.

"Sirius,

Se que esto no me lo vas a querer perdonar, pero he tenido que hacerlo. Las cosas han cambiado, y aquella Hermione Kiely que conociste no pertenece a esta época. Aquí solo soy Hermione Granger, una chica de diecisiete años que te tiene por el padrino de Harry, el señor Black. .

Nuestra relación no volverá a ser la misma. Han pasado muchas cosas y muchos años, y todo ello han contribuido a nuestro distanciamiento. Por eso, hace una semana que estuve en el ministerio, y solicité el divorcio. Lamento tener que decírtelo así y en este lugar.

Espero que algún día Merlín y el destino nos dejen encontrarnos y hablar en mejores condiciones que las anteriores. Cuídate mucho y no dejes de ser feliz.

Con cariño,

Hermione Granger"

El chico lloró. Había sido un completo estúpido. Por su estupidez, había perdido a la única mujer que realmente había amado.

Arrugó la carta en su mano, y juró, frente a su hija, que iba a volver a conquistar ese corazón que tanto le obsesionaba, y a su vez, amaba.

Otro capítulo más para la serie. Espero que el fan fic cumpla vuestras expectativas, así que os lo dedico a todos vosotros, que lo leéis y aguardáis días a la espera de la actualización.

Gracias a todos aquellos que dejan sus reviews… Son una pequeña alegría, de ver la ilusión recompensada de un trabajo.

Disfrutad leyendo, y nos vemos en el próximo capítulo. Besos.