Disclaimer: aunque lo intento yo no soy J.K. Rowling, la historia es de mi invención pero los personajes le pertenecen a esta "rica" escritora... jejejeje
CAPITULO 24: CHARLAS
Hogwarts estaba cubierta por un manto blanco de nieve. El frío había llegado y obligado a sacar las bufandas y las capas más gruesas a todos los alumnos y profesores del castillo.
Harry se despertó temprano y bajó a la sala común. Como era domingo, esperaba hallarla vacía, y se sorprendió al encontrar a su mejor amiga durmiendo sobre un sillón, cerca de la chimenea. Apretaba fuertemente contra su pecho un cuaderno, y sobre sus rodillas había otro libro.
El moreno no puedo evitar la curiosidad y tomó el libro que había en sus rodillas entre sus manos.
- "Medio mundo entre nosotros" por Hermione Black – leyó en voz baja.
El chico no pudo evitar la curiosidad, y sentándose en el sillón de al lado, abrió el libro y se dispuso a leer. Apenas una hora después, Hermione se removió en su asiento, y poco a poco se despertó.
- ¿Qué…? – se extrañó, tratando de enfocar su mirada.
Cuando lo hizo, se topó con un Harry absorto en la lectura de un libro. Su libro.
- ¿Harry?
El chico levantó sus ojos verdes y los fijó en ella. Hermione sintió como si fuese Lily quien la miraba. Por mucho que dijera la gente, Harry tenía mucho de su madre en él.
- Eres muy buena escritora – dijo el chico.
- Gracias – murmuró ella, azorada.
- Si aún sientes la mitad de lo que dices aquí, no entiendo porque lo alejas de ti – le dijo Harry seriamente.
- Han pasado muchos años – respondió Hermione.
- Yo creo que no – le sonrió él – Solo hay que ver esa chispa de amor que tienes en los ojos. Y en los de Sirius también.
- No son solo los años Harry, son las acciones. Nuestras vidas han sido muy diferentes. Él en Azkaban, y yo… bueno, yo no pertenecía a su época y nunca debí haber pertenecido.
- Hermione – dijo el chico mirándola fijamente a los ojos – Por una vez en tu vida, olvídate de las reglas, las normas y cruza de la línea entre bien y mal. Mira a tu corazón, escúchale. Y sabrás lo que debes hacer.
El chico se levantó, con el libro aún entre sus manos.
- No lo he terminado. ¿Me lo prestas?
- Te lo regalo. Al fin y al cabo, yo me lo se de memoria.
Se sonrieron. Entonces ella se decidió.
- Harry espera.
El chico se paró, y la miró. Ella se había levantado del sillón y se dirigía hacía un cuadro de color negro, situado en una inapreciable esquina de la sala común. Con un dedo, escribió sobre él la famosa frase de los Merodeadores, "juro solemnemente que mis intenciones no son buenas". El lienzo negro desapareció, dejando a la vista lo que parecía un pequeño armario. Hermione tomó una pequeña caja en sus manos.
Se acercó a Harry y se la tendió.
- Toma, esto te pertenece a ti.
Harry la cogió y le quitó el polvo que la cubría. Sobre ella, había un nombre grabado, "Cornamenta".
- Cada merodeador tenía una. En ella guardaban sus más preciados tesoros. No se que habrá en esa caja, pero ahora te pertenece.
- Gracias Hermione – respondió el moreno.
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Una semana después, hubo otra salida a Hogsmeade. Era el último sábado antes de Navidad, y la mayoría de los alumnos buscaban algún regalo para sus familiares y amigos.
- Tía ¿me compras esa muñeca? – dijo una falsa voz infantil.
Hermione se giró, y se encontró con Nymphadora Tonks, que la miraba divertidamente.
- Tonks¿no tienes demasiadas muñecas? – le siguió el juego.
- Pero ninguna tan bonita como esa – rió la metamorfomaga – Aún me acuerdo.
- Ya lo veo – dijo ella. Se abrazaron – Vamos a las Tres Escobas y nos tomamos algo.
- De acuerdo.
Tía y sobrina se fueron juntas. Siempre se llevaron muy bien, y ahora eran las mejores amigas.
Tonks pidió dos cervezas de mantequilla.
- ¿Cómo va todo por Hogwarts?
- Lleno de recuerdos – respondió Hermione.
Tonks le sonrió. Ese día llevaba el pelo negro y los ojos azules. Se parecía mucho a Sirius y a su propia madre.
- Así te pareces a Meda.
- Es mi verdadera apariencia – le respondió la auror.
- ¿Va todo bien con Lobo?
- Si – sonrió – Estoy muy feliz con él, aunque papa no lo acepte del todo.
- ¿Qué ha sido de tus padres?
- Mi padre vive ahora en Liverpool. Su familia es de allí, así que como su hija se ha ido del hogar, él ha tenido que buscarse mimos en otra parte, y ¿quien mejor que su hermanita pequeña que le adora por ser mago?
- Pero¿y tu madre?
La cara de Tonks pasó a ser una fría mascara.
- Meda murió.
Hermione no supo que decir.
- ¿Cuándo?
- En marzo de 1982. Apenas cinco meses después de la caída del Señor Oscuro.
- ¿Qué ocurre Tonks? – le preguntó entonces la castaña – Noto que hay algo más.
- Mamá quedó muy afectada por el encierro de Sirius. Le creyó un traidor, como todos. Yo solo tenía ocho años, y pasé de ver a mi tío favorito como un héroe a verlo como un asesino. Y luego, un grupo de mortífagos atacaron nuestra casa. Estábamos cenando con Remus Lupin, Gregory Thomas, y Susan Fisher, todos ellos de la Orden – Tonks temblaba, y Hermione le tomó la mano por encima de la mesa – Era un caos. Remus me cogió y conseguimos desaparecernos. Él avisó a los aurores, pero cuando llegaron, solo pudieron salvar a mi padre. Los demás estaban muertos.
- Merlín – susurró la chica.
- Fue ahí cuando odie por primera vez a Sirius. Porque le creía un traidor y un mortífago. Porque había ocasionado la muerte de mi madre. Me propuse ser auror por proteger a los buenos de los malos. Papa se volvió muy reservado y me refugié en las fugaces visitas que nos hacía Remus. Me fui enamorando de él poco a poco – respondió ella con una pequeña sonrisa.
- Tonks¿Qué es lo que sientes ahora?
- ¿A que te refieres?
- ¿Cómo te sientes cuando ves a Sirius?
Tonks centró su mirada en la cerveza.
- Se que es inocente. Que él no tuvo nunca la culpa de nada. Pero es muy difícil cambiar. Soy incapaz de verle como lo hacía con ocho años. Ya no es mi tío Sirius.
- Deberías darle una oportunidad. Estoy segura que él no ha dejado de quererte como lo ha hecho siempre.
- ¿Y que hay de ti? – le preguntó entonces Tonks – Sirius se pasea por la casa igual que un perro encerrado. Tiene los ojos llenos de tristeza. Te echa de menos. Te necesita.
- Es muy difícil olvidar y perdonar.
- Él te ha perdonado – y sonriendo añadió – Pero tiene demasiado orgullo Black para reconocerlo.
Hermione se rió. Y fue una risa sincera.
- Tía – la llamó Tonks – Si de verdad le amas aún, díselo. Aún recuerdo cuando viniste a casa a cenar. Fue la primera vez que Sirius no me hizo completo caso, porque estaba pendiente de hacerte feliz. Y estoy segura, que aún sigue estándolo. Dicen que el tiempo cura las heridas¿no?
La castaña le sonrió.
- ¿Quién sabe?
Aquella noche, antes de acostarse, Hermione había llegado a una conclusión. Seguía amando a Sirius Black, igual que el primer día. Por aquellos maravillosos cuatro años, por sus amigos, por Audrey, y por ellos dos, iba a dar un paso. Entonces sería él quién tendría que decidir si avanzaba con ella o retrocedía.
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- Ya era hora que llegasen las fiestas de Navidad – exclamó Ron.
- Claro, para atiborrarte de turrones y pastelillos de tu madre – se rió Harry.
- Mira que gracioso el cuatro ojos – comentó irónicamente el pelirrojo.
- Vamos a perder el tren – interrumpió Hermione.
- ¡Hermione!
La chica se giró y vio a Blaise acercarse a ella.
- Hola Blaise.
- Oye, mi madre me ha pedido que te de esto – le dijo el chico.
Blaise le entregó un paquete. La chica vio su nombre de casada escrito con la perfecta caligrafía de Elizabeth.
- Gracias.
- Nos vemos a la vuelta de vacaciones. Feliz Navidad.
- Feliz Navidad Blaise – respondió Hermione.
Cuando el Slytherin se marchó, los tres chicos subieron a uno de los vagones.
Hermione tomó el paquete y lo abrió. Dentro había un pequeño álbum de fotografías. Todas, de aquel año que ella vivió en Estados Unidos. Ella con Blaise de niño, con Elizabeth y Richard, todos juntos, con Remus, en la librería… recuerdos.
La chica sonrió. Harry y Ron vieron también las fotografías, y Ron se estuvo riendo de lo regordete que era Blaise hasta que Hermione le dio una pequeña colleja. Harry, en cambio, miraba a Hermione y a Remus.
A media tarde, los dos chicos salieron del compartimiento. Ron iba a buscar a Julia, una Ravenclaw de sexto con quien había hecho amistad. "Amistad" había dicho irónicamente Hermione. Harry simplemente desapareció.
Entonces, una lechuza negra llegó. El pergamino atado a sus patas iba a nombre de Nutria. La chica tomó el pergamino y la lechuza desapareció. Lo abrió.
"Se que has vuelto. Necesito tu ayuda. Creí hacer lo correcto entonces y ahora veo que me equivoqué. Quiero enmendar mi error. Por mi niña.
Si aceptas, nos vemos en el cementerio el día veintisiete a las ocho de la noche. Ya sabes donde.
Si no, no te culparé, pues al fin y al cabo, el único culpable soy yo.
Travesura realizada."
No llevaba firma, pero Hermione sabía quién se la había enviado. Y ahora se encontraba en una encrucijada. ¿Qué hacer?
Volvió a leer la carta. Y se decidió. Iría.
He aquí el capítulo 24. Nuestra pequeña Hermione ha recibido dos charlas. Harry y Tonks se preocupan por ella y por Sirius, y así se lo hacen ver. ¿Qué pasará ahora en Navidad¿Tendrá ella algún regalo especial de él¿Qué hay del misterioso pergamino que ha recibido Hermione¿Quién se lo envía?
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Muchas preguntas tendrán su solución en el próximo capítulo. Otras puede que más adelante. Hasta entonces, muchos besos.
