Disclaimer: aunque lo intento yo no soy J.K. Rowling, la historia es de mi invención pero los personajes le pertenecen a esta "rica" escritora... jejejeje

CAPITULO 25: ENTRE COPOS DE NIEVE

Hermione llegó a la mansión Black la tarde de Nochebuena. Ginny salió a recibirla.

- Bienvenida Hermione.

- Hola Ginny – y ante el silencio preguntó - ¿No hay nadie en casa?

- Mamá está en la cocina preparando la cena para esta noche. Harry y Ron llevan todo el día encerrados en su habitación – Ginny titubeó – Tengo miedo que estén haciendo algo peligroso, tu ya sabes.

Hermione asintió.

- No te preocupes Ginny. Estoy segura que Harry no hará nada que le impida pasar la Navidad contigo – y le guiñó un ojo.

Ginny se coloró y siguió diciendo.

- Los demás llegaran sobre las ocho, y Sirius lleva desde la hora de comer encerrado en su dormitorio.

Ella no quiso decir nada ante el último comentario. Ginny respetó su silencio, y ambas subieron a dejar el equipaje de la castaña en la habitación que ambas iban a compartir. Subiendo por las escaleras, Hermione captó el brillo azul de los ojos de su ex marido a través de la rendija de la puerta de su dormitorio. Suspiró.

Ginny y Hermione pasaron la tarde arreglándose para la cena. La pelirroja llevaba una blusa verde botella con una falda en rojo oscuro. Hermione, en cambio, llevaba puesta un sencillo vestido negro que recordaba haber usado en la primera Navidad que ella y Sirius compartieron en su piso. Aquella Navidad estaban prometidos.

Bajaron al comedor y ayudaron a la señora Weasley a colocar la mesa. Luego comenzaron a llegar los invitados. Iba a ser una Nochebuena en familia y amigos. Los siete hermanos Weasley estaban allí, acompañados de sus mujeres o novias. Luego llegó Kingsley Shacklebolt, junto con Hestia Jones, con quien había comenzado una relación, y su sobrino Neville y la novia de este, Luna. Hermione sonrió al ver a tío y sobrino juntos. Echó de menos a Alice.

Harry y Ron bajaron muy elegantes. No dijeron nada de lo que habían hecho en todo el día, pero Ginny y Hermione advirtieron que el moreno cojeaba un poco. Remus Lupin y Nymphadora Tonks también llegaron. Fue entonces cuando Sirius bajó de su habitación. Cuando entró en el comedor, primero que nada se fijó en Hermione. La hubiera reconocido con cualquier ropa, pero aquel vestido fue un regalo suyo.

La chica notó su mirada y se giró. Marrón y azul. Sus ojos se encontraron. Y todo dejó de existir. Solo ellos dos. Sonrieron.

- Feliz Navidad Sirius – dijo Remus.

El animago apartó su mirada de su ex mujer para centrarse en su amigo.

Hermione por su parte, se puso a conversar con Ginny, Luna y Tonks.

Cenaron un delicioso pollo relleno preparado por Molly, además de otros manjares. Luego tomaron champán.

- Atención por favor – dijo Sirius – Como sabéis, esta casa fue una vez una mansión señorial, y como toda mansión, poseyó su propio salón de baile. Así pues, invito a todo el mundo a desplazarse a este salón para continuar la maravillosa velada de Nochebuena.

Y como un perfecto caballero, se acercó a Hermione con el brazo estirado.

- ¿Me permite mademoiselle? – preguntó elegantemente.

Hermione no pudo negarse. Y tomada de su brazo fueron los primeros en dirigirse al salón de baile. Los señores Weasley, Neville y Luna, Remus y Tonks, Kingsley y Hestia, Bill y Fleur, y para sorpresa de muchos, Harry y Ginny. Charlie y Ron, prefirieron guardar la compostura antes que hacer como Fred y George, y cogerse juntos fingiendo ser una pareja.

El primer baile que abrió la velada fue un vals. Hermione sintió como Sirius la tomaba dulcemente de la espalda y la guiaba con su mano. Ambos se deslizaron por la pista suavemente, causando la admiración de los gemelos, que si no fuera por Charlie y Ron, ya hubiese hecho una de las suyas.

Luego se sucedieron otras canciones distintas. Hermione bailó algunos bailes con Ron, con Fred (o era George) y con sus amigas.

Cuando se giro para buscar a Sirius, advirtió que no estaba en salón. Se retiro discretamente, y salió a buscarle al jardín.

- ¿Qué haces aquí?

Sirius estaba de espaldas, mirando hacia el cielo, y elegante con su túnica.

- Recordando otras navidades. Pensando en los que ya no están.

- ¿Puedo recordar y pensar contigo? – sonrió ella.

Él asintió. Hermione se colocó a su lado. Permanecieron en silencio.

- Hermione – la llamó Sirius, ella le miró – ¿podrás perdonarme?

- Sirius…

- Princesa – él se encaró a la chica, y Hermione pudo ver lágrimas contenidas en sus ojos – He sido un completo estúpido. Estaba demasiado preocupado por mí, para ver que no estoy solo, que tú también cuentas. Quiero pedirte perdón por las duras palabras de aquel día en verano, por haberte abandonado aquella noche de 1981, por haberte dejado de amar cuando murió Audrey… perdóname.

- Orión – susurró ella.

Eso bastó para él. Ella le había perdonado. Y no pudo evitarlo. Cerró sus ojos y acercó su rostro al de ella. Sintió como ella los cerraba también, y notó la calidez de sus labios. La besó de forma tierna y dulce.

Y luego el beso fue se convirtió en apasionado. Entonces, comenzaron a caer varios copos de nieve.

Ellos dos se separaron, con las mejillas enrojecidas. Sonrieron felices.

- ¿Me esperaras? – preguntó ella.

- Siempre Princesa – respondió él, y luego añadió – Dame un beso Princesa.

Hermione obedeció. Desde las ventanas del salón de baile, había una magnífica vista del jardín, y la pista estaba vacía de los mirones que se encontraban agolpados en las ventanas.

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Ginny despertó riendo a Hermione. Era Navidad. Y solo podía significar una cosa. Regalos.

Las chicas bajaron sus batines, y se encontraron a los Weasley, Remus, Tonks, Harry y Sirius, que también bajaban a abrir sus regalos en batín.

Aquello se convirtió en un ir y venir de risas y agradecimientos.

Hermione recibió un cuaderno en blanco de Remus, un completísimo kit de maquillaje del cual se hacían responsables Ginny y Tonks, el típico jersey Weasley de la Molly, una colección de libros de artes oscuras de Harry y Ron…

Encontró un pequeño paquete envuelto en papel color escarlata. No tenía nota externa, pero ella sabía de quien era. Lo desenvolvió, y abrió una caja de madera. Dentro había un precioso colgante de oro blanco que tenía forma de estrella. En él, había grabada una frase, su frase. "Dame un beso Princesa".

Entonces, sin importarle estar en medio de un salón con la gente que consideraba como su familia, sin importarle el hecho de les separaban veinte años de edad en aquel presente, solo viendo a Sirius, Hermione se levantó y le dio un beso.

- Es precioso. ¿Me lo pones?

Él, ajeno al resto de personas obedeció. El inesperado público contempló atónito la escena, mas de uno con una sonrisa involuntaria en sus labios.

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El día veintisiete, Hermione anunció que se iba a pasar la tarde y la noche con sus padres. Mentira a medias.

A las ocho de la noche, y con algunos copos de nieve cayendo, Hermione depositó un ramo de claveles blancos en la tumba de Laura, en el cementerio de Aberdeen.

- Buenas noches Hermione.

Ella se giró y le reconoció. Aunque ya sabía que era a él a quien iba a ver.

- Buenas noches Peter.

Peter Pettigrew se adelantó hasta acercarse a su vieja amiga.

- Ha pasado mucho tiempo ¿verdad?

- Para la Hermione que tú conociste sí. Y a cada uno el destino nos ha reservado una cosa.

- ¿Sabías que yo os traicionaría? Que pregunta – dijo él – Claro que lo sabías. Todo el tiempo lo supiste. ¿Por qué no hiciste nada?

Hermione suspiró. Ella tenía diecisiete años, pero Peter tenía ahora cerca de cuarenta, con un aspecto de más de cincuenta.

- Alguien me dijo una vez, que el pasado ya estaba escrito, y que por eso no se podía modificar.

- Remus siempre fue el más sabio de los cuatro – rió Peter.

- ¿Por qué me has llamado? – interrumpió Hermione.

- Nora. Está aquí, en Inglaterra. Mi hija está viva.

- Lo sé Peter. La he visto y Bellatrix me confirmó que era ella. Aunque responde al nombre Catherine.

- Bella se la llevó a un matrimonio de sangre pura ruso, la mujer era pariente de ella. La criaron como su hija. Y yo nunca tuve valor suficiente para rebelarme a Bella e ir en su busca. Fui un cobarde – Peter levantó la cabeza con orgullo y miró a Hermione – Pero quiero enmendar mi error. Ayúdame.

- ¿Pero que quieres que haga yo? – inquirió Hermione.

- Quiero que me ayudes a sacar a mi hija de los mortífagos.

- Peter – razonó la castaña – Eso es imposible. Tu mismo lo debes de saber.

- Nora aún no tiene la marca. Hace poco que esta con nosotros, desde verano. En todo caso, se la podrán cuando pase un año y haya demostrado su valía. Aún hay tiempo. Ayúdame Hermione… por Laura – suplicó el animago.

- Se que Nora esta con Draco Malfoy. Los vi juntos.

- Están prometidos. Parece ser que lo ordenó el Señor Oscuro, pero me da a mí que ambos no están disgustados con la situación. Su boda será el mes que viene – pero entonces Peter cambió su frío rostro a uno de súplica – Me da igual Hermione. Necesito sacarla de este mundo. Hacerle ver que los mortífagos son verdaderamente el mal.

- ¿Sabe que tu eres su padre?

- Lo ignora. Y no quiero que lo sepa. No quiero que sepa que su padre fue un cobarde traidor a sus amigos y su familia – contestó el hombre con rudeza.

- Peter, oí una conversación de Nora con Draco. Ella no desea ser mortífaga. Ni quiere que Draco lo sea tampoco.

Por los ojos de Peter se cruzó un rayo de esperanza.

- Entonces ¿me ayudaras? No se aún como hacerlo, pero se lo debo.

- Peter – le llamó ella - ¿Lamentas verdaderamente tu error?

- No hay día que pase sin que lo lamente de todo corazón – respondió él – Y todas las noches pido al cielo que me perdone por haber traicionado a mis amigos, y haberle fallado a mi mujer y a mi hija.

Hermione asintió.

- Te ayudaré.

Ambos sonrieron. Seguía nevando en el cementerio de Aberdeen.

¿Qué tal? He aquí un nuevo capítulo, con nuevas sorpresas. La carta era de Peter, y aquí tenéis la solución de la misma. ¿Qué me decís? Ya se que mucha gente odia a Peter, pero yo creo que tuvo que suceder algo para que cambiara, y esta es una de mis locas suposiciones jejeje.

Bueno¿y que hay de Sirius y Hermione? ;-)

En fin, gracias por los 145 reviews, son lo mejor de todo, y menuda alegría con tener 17 en el último capítulo. A ver a cuantos llega este.

Un beso y un abrazo muy fuerte para todos aquellos que dejaron un review y se molestan en leer el fic, además de disfrutar. No dejéis nunca de leer.