º Common Kidz º
(Niños Comunes)
Autora: Juny S. Tao
Fecha de Término: 22 de Mayo de 2007
Contenido: Yaoi
Parejas: MattxMello
Advertencia: Ninguna por ahora
Summary: Part03: CIGARRILLOS Matt necesita tener aquellos cigarrillos que tanto presumía su chucho maestro de arte, y Mello, chismoso como es, siguió al chico pelirrojo. Sin embargo, nunca imaginó que pudiera sentirse celoso de una mugre caja de cigarrillos. '¡Matt, esto causa cáncer¿Lo sabías?' 'Si, Near lo explicó' '¡Nadie habló de Near!'
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PART03: CIGARROS
Cuatro años y tres meses antes.
Oficina del muy marica maestro nuevo de arte en Wammy's House.
Primer piso.
Matt y Mello.
-¿Qué rayos crees que haces?- Matt lo ignoró olímpicamente, él seguía muy interesado en la cerradura de la oficina. -¡Matt¡Hazme caso!-
-Ay¿qué?- Le contestó de mala gana. El rubio tan solo bufó molesto. ¿Cómo se atrevía a ignorarlo, eh? Pelirrojo baboso… ¬u¬
Rabieta mental.
-¿Podrías decirme para qué me has traído hasta acá? Tengo sueño, te contaré.-
-Mello, esto es importante.- El aludido elevó una ceja dándole a entender que no veía nada allí que fuera importante. Es más, podría decirse que su existencia allí también era insignificante. Digo, la de ambos. Entonces, Matt se levantó y miró a Mello con seriedad. –Dijiste que no te quejarías.-
Su compañero soltó la carcajada sorda tan típica en él. Por Dios, este sujeto si que estaba loco.
-¡Por favor!- Casi rogó. Matt veía con las cejas algo arrugadas a un Mello bastante cruel. Estaba de brazos cruzados frente a él mirándolo con cara de "Analizo si esto realmente vale la pena del castigo".
Finalmente, se relajó.
-Bien, lo que sea.- Exclamó con sorna. Matt dio un muy ligero saltito. No, no ese saltito afeminado del profesor de arte, este era un saltito de hombres emocionados. u.u –Entonces¿qué rayos haces?- Volvió a preguntar al ver a su mejor amigo clavado con tanta curiosidad en aquella maldita chapa de bronce.
-Pues nada.-
-Ya, claro, llamemos nada a tu acto delincuencial.-
Matt le envió una miradita de reojo ante su actitud: estaba empezando a mosquearse. Si Mello podía ser bastante inteligente y astuto, también podía ser un quejicas engreído.
Y nada, suspiró derrotado.
-¡Maaaaatt!- Lo llamó el rubio zarandeando un poco la manga de su pijama al tiempo que su amigo de cabellos rojizos introducía un pequeño alambre en el agujero de la chapa de la oficina.
-¡Rayos, Mello!- Le reclamó mientras soltaba el alambre y soltaba la mano de Mello. Este frunció el ceño. –Cállate¿quieres? Esto es… ¡Aja! Listo.- Exclamó de repente, dejándole ver a su muy querido amigo que había podido abrir la puerta del lugar de la discordia. Entonces, ambos entraron. Matt cerró la puerta tras de sí.
-Ya¿ahora?-
-¿Te callas? Aún falta lo más importante.-
El muchacho del corte y fleco perfecto rodó los ojos en son de aburrición. ¿Qué le pasaba a Matt? El hecho que los estuvieran preparando para ser los sucesores del gran L no implicaba prácticas personales. No estaba seguro, pero quizá, solo quizá, Matt se quería adelantar a ellos al intentar organizar grupos de investigación y rastreo o esas cosas.
Sonrió ante aquella idea y pensó que el también quería estar enterado de la muy ridícula situación.
¿Qué? Todo puede ser si no existen pruebas. u.u
-Ma—
-¡Shhh!- Lo calló. Mello arrugó la nariz en señal de molestia. ¿Cómo se atrevía a callarlo siquiera, eh? –Ya casi está.- Le dijo bajando su voz en cada sílaba que soltaba. Por su parte, Mello se calló.
El chico de cabellera roja había desaparecido, literalmente, detrás del gran escritorio del profesor de arte a los pocos instantes que entraron al lugar. No prendieron más que una pequeña lamparita de mesa para luego cada uno ocuparse de lo suyo: Matt esculcando los cajones como parte del plan y Mello derramando inutilidad por doquier.
Mello podía oír a Matt discutir con la cerradura de uno de los cajones, sin embargo, pudo escucharlo celebrar a los pocos instantes. Entonces, se acercó a observar lo que había sucedido.
-¿Qué haces?-
-…-
-o.ó-
Nada. No, Matt no diría nada a menos que supiera que esa bella y pesada voz provenía de la caja de cigarrillos que había logrado conseguir. Sabía que el mucre profesor guardaba ese delicioso cigarrillos con toques de manzana en su oficina, lo sabía porque lo vio guardarlos un día que lo llamó a su oficina para informarle lo mal que llevaba el curso. Eso lo enfadó, si, pero ahora agradecía infinitamente su ineptitud a la hora de guardar secretos como estos.
Al hallarlos debajo de un par de planillas de notas, sus ojos se iluminaron y, automáticamente, pegó una de las cajetillas existentes a su mejilla para frotarla con afán. Mello, por supuesto, notó aquello y se le erizó la piel al ver como era que su mejor amigo se arrojaba contra la silla giratoria y, prácticamente, le declaraba su amor a aquellas mugrosas cajetillas de cigarrillos.
Odio.
Bueno, no tanto. Digamos que estaba un poco celoso de cierto objeto inanimado.
-¡Matt, ya!- Le espetó de repente. Se acercó a él y le quitó de las manos el maldito cigarrillo que ya había sacado con anticipación. Matt frunció el ceño ante el ataque.
-Dame eso.-
-Espera.- Y no hizo más que llevarlo hasta su nariz y frotarlo contra la misma. Fue rápida la manera en que lo alejó de sí. Esta mierda era brutal, olor tan fuerte, pero tan constante a la vez. Además, olía a manzanas. Lo acercó con más prudencia esta vez. -¿Manzanas?- Matt asintió viéndolo.
Mello se lo arrojó de mala gana. Su amigo, asustado, lo atrapó como pudo.
-Lo odio.-
Y aunque Matt lo vio de manera casi mortal, a él no le importó. Estaba molesto con ese maldito juguete al que le había tomado "cariño" tan rápido.
Sip, lo odiaba.
-Esto te matará, Matt.- El aludido sonrió de lado.
-Aja, si es que no lo haces tú primero.-
Esa misma noche, después de dejar todo como estaba… Miento, Matt no dejó nada en su lugar: sacó todos los cajones, revolvió todos sus papeles y garabateó las planillas de notas recién hechas. Si, bueno, Mello participó en ello porque en su retorcida mente aquello era sana diversión y Matt no lo desmintió en ningún momento.
Como decía. Esa misma noche, ambos se dirigieron al baño del tercer piso y se encerraron. Por uno de los tragaluces del lugar se podía observar como el cielo estaba por completo desolado: aún faltaban un par de días para que el primer cuarto de luna saliera y, con ella, las demás estrellas perdidas.
Por su parte, Matt se hallaba bastante emocionado con el positivo resultado de su misión, abría la cajetilla una y otra vez mientras palpaba, algunas veces, el par que llevaba en el bolsillo de su pantalón. Sonreía como un idiota y Mello de verdad quería golpearlo.
Bufó fuerte para llamar su atención.
-¿Qué pasa?-
-No sé qué hago aquí.-
-Sepa, tú viniste.-
-Payaso...-
Matt sonrió y, sin contestarle, abrió la cajetilla nueva. Pasó su nariz, a cierta distancia, para disfrutar, por centésima vez, del delicioso aroma del tabaco combinado perfectamente con las manzanas rojas.
Sin esperar más, sacó una caja de cerillos y encendí su primer cigarrillo.
-Waaa…- Exclamó con deleite. Mello observaba todo sentado en uno de los lavabos antiguos. Arrugó las cejas con molestia al ver a su amigo en tremenda divagación personal. ¿Sería tan bueno? No, lo creía así. El ambiente empezaba a fundirse con aquel pesado aroma y Matt, a su vez, empezaba a perderse dentro de una extraña humareda.
-Carajo, esto es un asco.- Soltó tapándose la nariz. –Me largó, púdrete solo con esa mierda.-
-Oye¿a dónde vas?-
-A dormir.-
-¿Por qué?-
-Por qué me aburro aquí, contigo y con tu nuevo mejor amigo.-
Esta fue la oportunidad de Matt para reír divertido.
-Estás celoso… oso XD.-
Turno de Mello para hacer su jugada: sonrojarse y rabiar.
-¡Cállate!- Le gritó, acercándose a él y arranchándole el cigarrillo de los labios. Matt no se quejó, es más, le sonrió. A veces, Mello podía ser bastante divertido. –Ni siquiera huele mejor que yo…- Risa de su compañero.
-Ya, dame eso.-
-¡No!- Y lo alejó. -Asco, Matt, esto causa cáncer¿sabías?-
-…-
-¡¿Sabías?!-
-Si, claro. Near habló de eso en la clase de hace dos semanas.- Comentó como quien no quiere la cosa haciendo que Mello casi inflara los cachetes del coraje. ¿Por qué meter a Near en un momento crítico como este? Je, je. Claro, para fastidiar.
-¡Nadie está hablando de Near!- Renegó al instante. Se los dije: Mello es demasiado impulsivo, es su naturaleza; es como el gato al que le pisas la cola y ataca.
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¡GRACIAS X LEERME!
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