º Common Kidz º
(Niños Comunes)
Autora: Juny S. Tao
Fecha de Término: 22 de Mayo de 2007
Contenido: Yaoi
Parejas: MattxMello
Advertencia: Pues besos, y eso NO es una advertencia. xD
Summary: Part04: BESOS Los niños de Wammy's lograron infiltrar una revista de dudosa procedencia al hogar y no hay quien se resista a echar una miradita, ni siquiera Matt. Sin embargo, Mello evitó hacerlo delante de todos y el resultado de eso fue… 'Todos son iguales.' '¿Qué cosa?' 'Los besos; todos son lo mismo sin importar la persona.' 'No te creo.'
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PART04: BESOS
Cinco años antes.
Sala compartida de Wammy's House.
Primer piso.
Matt, Mello, Near y la revista.
La tarde estaba bastante aburrida. Hacía algo de frío, el almuerzo había acabado hace un par de horas y la dentadura de todos los niños estaba limpia ya. Sin embargo, el que lo baños se abarrotaban era poco frecuente, era como su cada uno de los habitantes de Wammy's supiera cuando era que su "grupo de aseo" iba a enjuagarse los dientes y lavarse las manos después de cada comida. Eso era bueno, los griteríos estaban descartados a esas horas del día.
Por su parte, en una de las habitaciones del primer piso del lugar, un grupo de niños disfrutaba de las actividades de la tarde. Mello y Matt estaban en el suelo, sentado en un par de cojines, bastante entretenidos con el nuevo videojuego que les había regalado Roger mientras que, a su lado y algo alejado, se hallaba un silencioso y metódico Near, armando un complicado caminito con las fichas del Dominó. Lo oían sorber por la nariz de ves en cuanto y Mello, tan curioso como es, se levantaba un poco ver como iba su hazaña intelectual mientras que Matt configuraba las bases del juego.
-¿Dejarías de hacer eso?- Mello lo miró. –Es un fastidio.-
-No estoy haciendo nada.-
-¡Pues mi hombro lo siente!- Y fue allí que alejó la mano pesada de Mello de su hombro. Este lo usaba como apoyo para levantarse. –Ya, vamos a jugar.-
-Espera.-
-Ahora, ¿qué?- Preguntó con hartazgo. Entonces, su amigo rubio hizo que girara su cara hacia lo que hacía el niño de cabellos blancos. E silencio, había cambiado de lugar y, ahora, empujaba la primera ficha de aquel largo caminito que había construido con cuatro cajas de fichas.
Se veía increíble, casi la mitad de la habitación estaba cubierta de esas cositas blancas irrompibles.
-Oye, que genial.- Murmuró Matt, mirando como las fichas aún no terminaban de caer. ¡Eran miles! De pronto, un golpe.
-¿Jugamos?-
Matt se sobó el brazo mientras hacía una mueca.
-Envidioso…-
Y antes de que el rubio pudiera contestarle, la puerta de la habitación se abrió y un grupo de niños entraron haciendo mínimo escándalo. Los tres habitantes giraron el rostro para ver, con la boca cerrada, como era que los nuevos cuchicheaban acerca de algo que parecía ser bastante bueno. Mello elevó una ceja sin entender mientras su amigo se levantaba, dejando el mando a un lado. Sin más, lo siguió, jalándolo de los jeans para que lo esperara.
-¿Qué es eso?- Preguntó el rubio al llegar al grupillo. Uno de ellos lo vio sonriente y señaló con el dedo la revista que otro de ellos llevaba entre manos. Mello se la arranchó de las manos para ver de qué se trataba. -…- Sonrojo.
-Dame eso.- Y se la quitó. -¡Carajo!- Exclamó con algo de entusiasmo. Mello lo observó de reojo. -¡¿Dónde conseguiste esto?! No necesito leer el reglamento del orfanato para decirte que está prohibido tenerlo.- Le dijo con voz normal, pero con cierto tino sabiondo. El dueño de la revista mostró molesti al instante y le quitó el objeto prohibido de las manos. Matt no dijo nada: se la quitó de nuevo. -¡Quiero ver, ¿no?!-
-…- Su mejor amigo no hizo nada, tan sólo se acercó más a Matt y, apoyado en su hombro, observó junto con él el contenido sucio que había entre las hojas coloridas. No era que le desagradaba pero, sencillamente, le daba pena el estar viendo todo eso. Nunca había estado con una chica de esa manera, ¡ni siquiera había besado a una!, y algunas cosas presentes allí de verdad le parecían grotescas.
Se retiró del lado de Matt con el ceño fruncido y, como muchas veces había hecho, fue hasta el lado de Near a ver qué era lo que hacía tanto, y, si podía, intentaría hacer algo mejor que eso.
Esa misma noche, casi pasadas las siete, Roger había pasado a hacer una especie de inspección a las habitaciones, argumentando que había visto y oído un alboroto anormal después del almuerzo. Quería asegurarse. Por su parte, Mello se la había pasado rondando por todos lados con esa cara rara que siempre porta: ojos muy abiertos, cejas fijas y labios curveados hacia abajo. Bastante intimidante si obviamos el hecho que llevaba su pijama de niño bueno y su barra de chocolate en una de sus manos.
Lindo. n.ñ
Pero eso no importaba ahora que había logrado localizar la cochina revista que tanta emoción había causado hace rato. No es que le molestara, pero quería analizar porqué todos los niños que conocía casi se babeaban con esas cosas. A él le daban asco, de verdad, e incluso Matt había quedado maravillado con la página siete en especial.
Pausa para gruñir como perro rabioso. Mordida a su chocolate.
-Estúpida revista, como si tuvieras algo interesante…- Murmuró entre dientes. Llegó a su habitación y, al fijarse con cautela que toda existencia allí estaba dormida y la luz permanecía apagada, entró y cerró la puerta sin hacer ruido. Luego, se dirigió hasta su armario y se metió entre su ropa. Cerró la puerta y encendió una pequeña linterna que guardaba por ahí.
-Veam—
-¡BUUH!-
-¡MIERDA!-
Risas, muchas risas. Mello abrió los ojos como platos y respiró profundo, una y otra vez; cuatro veces en total. Luego, pateó a Matt, no importaba a dónde le cayera el golpe, se lo merecía por imbésil y fisgón.
-¡¿Qué crees que haces ahí metido, eh?!- Le preguntó con esa voz exageradamente moderada. De verdad, quería gritarle su vida. Matt se sobaba el lado derecho del cuerpo, emitiendo gemiditos de dolor. Había sido salvaje. -¡¡Habla!!-
-¡Nada, ¿bien?!- Aja, ya. –No seas idiota, Mello, te conozco, ¿si?- Este lo miró, desconfiado. ¿Él qué carajos podía saber de esto? –Te alejaste de nosotros y no viste la revista y, encima, te fuiste a jugar con Near.- Gruñido por parte del aludido. –Sabía que harías esto, ¿cuándo no te escondes en tu armario cuando no quieres que te vean?-
-…-
-¿Lo ves?-
-No, está oscuro.- Y, mostrando su cara de niñito negado y resentido, apagó la linternita. Matt bufó ante su actitud infantil. Entonces, palpó lo que estuvo más cerca con la pura intención que encontrar la linterna. -¡¡¿Qué haces, idiota?!!-
Manotazo jefe.
-¡Oye, ¿qué te pasa?!-
-¡Me tocaste!-
-¡¿Y por eso me golpeas?!-
Pausa para que ambos se acomodaran un poco. Matt emitió un quejido, todavía le dolía el golpe.
-Estás demente, Mello.-
-Pues yo no fui el que toqué ahí.-
-¿Ah?-
-…- Gruñido. -¡Me tocaste entre las piernas, estúpido! ¡Eso!-
-Ah.-
-¡¿Sólo 'ah'?!- Silencio. -¿Sabes? A veces pienso que eres un verdadero animal, ¿qué haces aquí de todas maneras?- Le dijo con voz engreída, encendiendo la linterna nuevamente. Fue allí que Matt pudo divisar como era que su rostro enojado estaba algo sonrojado. Sonrió al verlo en la posición que Near solía adoptar al estar sentado en uno de los sofás grandes leyendo un libro. Y es que se veía…
Lindo. n.ñ
Su fleco estaba desordenado y, en una de sus manos, la revista esa de la tarde que había traído Fate.
-Oy—
-¡¿Qué?!-
-¿De dónde sacaste la revista?- Le preguntó. Mello la observó de reojo. -Se la robaste a Fate, ¿verdad?-
-¡Eso no te incumbe, Matt!-
Este rió un poco. Luego, se acercó un poco más a su amigo hasta quedar lo suficientemente cerca como para sentir el calorcillo ligero que emanaban sus mejillas.
-Aléjate, estás muy cerca.-
-Cállate.- Espetó tranquilo. Luego, sonrió con picardía. –Je, je. Querías verla, ¿verdad? Asqueroso pervertido…-
-¡Yo no quería ver nada de esto! ¡No soy ningún morboso!- Y Matt le creyó cada palabra, aja. Hinchó los cachetes un poco al ver tal falta de fe de Matt. -¡Matt, es en serio!-
-Vamos, admite que te dio curiosidad.-
-Claro que no, es grotesco.-
-Porque no lo has probado.-
Mello se sobresaltó ante eso. Eso que Matty acababa de decir significaba que…
-Claro, y tú sabes mucho, ¿no?-
-Nop, pero sé que no es tan grotesco como parece.-
-¿Cómo puedes saber eso? Ni siquiera has besado a una chica, Matt.- Habló su mejor amigo ante la cara tan creíble que le regalaba. La verdad era que no estaba seguro si es que Matt había tenido alguna experiencia de estas que se presentaban en la revista, pero estaba seguro que algo ocultaba con respecto a esto. Y, ¿saben? Eso lo asustó y, a su vez, lo puso de muy mal humor.
¿Estaría saliendo con alguna chica del orfanato y no le dijo nada? ¡¿Qué clase de amigo es ese?! ¡Si será pendejo…!
-Bue--
-Lo has hecho y no me has dicho.-
-¿Estás molesto?- Preguntó de pronto. Mello desvió la mirada, dándole a entender que no estaba molesto porque se lo ocultó, sino porque lo hizo con alguien diferente, alguien fuera de su círculo cerrado. Qué asco.
-…-
-Bueno, la verdad es que nunca lo he hecho.- Parpadeos del rubio. –No he besado nunca a una chica, pero sé que todos son iguales.-
-¿Qué cosa?-
-Los besos. Todos son iguales sin importar la persona.-
-No te creo.-
-¡Pues es verdad!-
-¡No…!- Y se calló mucho antes de completar algo coherente. Cerró la boca que abrió para gritarle otra vez y, en su lugar, abrió los ojos con normalidad, no de esa manera exagerada como si estuviera asustado o asombrado. Mello soltó la revista de repente y jaló de la camiseta a su amigo, su mejor amigo.
Entonces, pasó. Ambos pares de labios hicieron contacto ante lo que eran cuatro estrechas paredes de madera y un montón de ropa limpia con olor a suavizante. Ambos participantes mantuvieron los ojos abiertos en un principio, pero en cuanto Matt sintió algo húmero moverse sobre sus labios, los cerró primero y relajó los hombros para poder acercarse más a su rubio compañero.
La mano nerviosa que se había enredado en la camisa de dormir de Matt ahora se encontraba en su cuello, ajustando el agarre para que su dueño pudiera disfrutar de un beso profundo que, por primera vez, estaba probando. Y le estaba gustando.
Fue extraño al inicio, los labios que compartían con él estaban rígidos, no sabía que diablos hacer para que le respondiera de una manera que pudiera guiarlo. Fue que utilizó su lengua y guardó sus dientes. Ya estando dentro de la boca que tenía frente a él, Mello instó a que alguien lo sostuviera, así como él hacía con Matt y la base de su cuello.
Pero fue tarde para reaccionar, ya que el aire se hizo demasiado necesario y la incomodidad aumentaba. Además, los nervios regresaron.
-…-
-…-
Mello cubrió su boca con una de sus manos mientras mirada con algo de molestia a su amigo, el cual no decía nada. Estaba idiotizado mirando un punto ajeno en el espacio.
-…Y después dices que no eres un morboso.- Comentó con diversión. Si, le había gustado tanto como a él y, ahora, Mello esperaba que todos los besos que le seguían, fueran con Matt o con cualquier otra persona, fueran iguales, ya que estaba seguro que así los disfrutaría enormemente.
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