º Common Kidz º
(Niños Comunes)
Autora: Juny S. Tao
Fecha de Término: 22 de Mayo de 2007
Contenido: Yaoi
Parejas: MattxMello
Summary: Part05: VUELTA Y REGRESO Estamos en medio del ahora y el momento en que ambos se encuentren ha llegado. Mello por fin a decidido ver al chico de los googles, sin embargo, este parece estar tan emocionado como afectado. 'Déjalo, Mello.' 'No quiero, te extrañe mucho, Matty…' 'Si, claro…'
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PART05: VUELTA Y REGRESO
Actualidad.
Departamento alquilado; Los Ángeles, CA.
Quinto piso.
Matt.
Matt ya estaba instalado en el pequeño departamento que había conseguido en Los Ángeles por una módica suma de dinero. Si bien no tenía demasiado, podía afrontar los gastos hasta que pudiera conseguir más. No comía mucho, ni gastaba demasiado en frivolidades, es más, era dueño de un par caja de baterías nuevas que utilizaría para el grupo de videojuegos que había logrado comprar. Como los amaba, eran lo suficientemente entretenidos como para opacar el triste tormento que su mejor amigo le había regalado desde el día de su partida.
Habían sido más de dos meses de lloriqueos escondidos en el baño de niños del tercer piso y de maldiciones contra su persona. Lo llegó a odiar tanto que ya ni siquiera tenía idea de porqué lo hacía, tan solo quería asesinarlo con sus propias manos. Sin embargo, un viernes, luego del desayuno, lo pensó mejor mientras comía su avena caliente y se decidió a encontrarlo personalmente, golpearle el rostro muy fuerte y decirle lo mucho que lo había extrañado. Estuvo cuatro años esperando por ese día hasta que, sin saber cómo, Mello lo localizó en uno de sus escondites casuales. Llamó a su celular, le habló como si lo hubiera visto hace un par de horas y, ahora, también quería verlo.
Fue allí que él plan de golpearlo y decirle que lo había extrañado se desmoronó ante sus ojos. No dijo nada en cuanto lo escuchó decir "Matt, soy Mello", tan sólo abrió la boca y sintió que todo se volvía negro. El cuerpo le tembló y obedeció de inmediato en cuanto su mejor amigo le pidió apuntar unos datos importantes. Decía que había pasado algo horrible hace unas cuantas semanas y que necesitaba su ayuda. Luego, colgó. Nada más.
-Ya no sé que hacer ahora.- Se dijo viendo la calle desde la ventana del quinto piso en donde se encontraba.
Tenía ambas manos en los bolsillos de sus pantalones ajustados y estas temblaban como el día en que recibió, después de mucho tiempo, una llamada del rubio ingrato. Si, ingrato porque lo abandonó sin siquiera avisar. Él hubiera entendido.
-Mentira, no lo hubiera dejado irse aunque me matara.- Sonrisa suya.
Ya, bueno, eso no tenía importancia ahora. Había visto una motocicleta aparcarse frente al edificio, lo cual lo obligó a ver su reloj: ya era la hora en que dijo Mello que vendría. Ya, claro, ahora quería orinarse en los pantalones.
-Carajo…- Balbuceó como pudo al ver como una elegante figura con pantalones de cuero bajaba del vehículo. Llevaba una chamarra con capucha cubriendo la mitad de su cuerpo, pero con haber visto la otra parte de su cuerpo cubierto por tela más sugerente, no se quejaría. Segundos después, vio la cabellera rubia aparecer bajo ese casco, mas no vio la cara del sujeto en cuestión.
-Bueno, supongo que esperaré a que subas.- Se dijo nuevamente. En realidad, quería lanzarse por las escaleras del edificio y llegar hasta él, pero ya sería muy obvia la desesperación. Debía estar tranquilo. –Aja, tranquilo…-
Y sus manos sudaron otra vez, por lo que tuvo que limpiarlas en los muslos de sus jeans ajustados. Respiró hondo y empezó con la caminata relajante. Una vuelta, dos vueltas, mirada hacia la puerta, otra vuelta, mirada a la chapa de la puerta, quinta vuelta, mir—
Allí estaba. Tocaba la puerta esperando a que le abriera… hasta que lo hizo.
Matt, sin tener tiempo para decir nada, sintió un peso regular sobre él, el cual lo empujaba hacia adentro y apretaba su cuello de manera brutal. Emitió un par de gemidos de dolor. De verdad que era fuerte dando abrazos.
-Ya, espera.- Le dijo tratando de apartarlo de él, pero la figura recién llegada se rehusó a hacerlo.
-No, no quiero que me veas.-
-¿Qué dices?- Ahora sí que no entendía nada de nada. O sea, venía y ¿ahora no quería que lo viera? Estaba loco si pensaba que le haría caso. –Estás demente si cre—
-Soy horrible, Matt, de verdad.- El chico pelirrojo quedó en silencio y dejó de forcejear. –Mi rostro está jodido por culpa de ese imbésil del segundo L, no sabes cómo lo odio.- Comentó con voz ruda, pero sonaba dolida, muy dolida. Mello todavía tenía en él esa parte tan tímida y resentida que mostraba en el orfanato. No cambiaría.
-No jodas, Mello.- Habló y, en un momento de distracción, lo empujó lejos de él. Entonces, lo vio: medio rostro derretido, oculto a medias por la capucha de la chaqueta. –Dios mío…-
-…-
Matt no dijo más, apretó los ojos y volvió a abrazar con fuerza el cuerpo de su amigo de corte y fleco perfecto, al menos, eso seguía igual de… bueno, perfecto.
A los pocos minutos de estar allí, abrazados como una inmóvil estatua del parque, ambos se separaron un poco para verse a los ojos. Mello parpadeó a ver que su amigo llevaba, como siempre, goggles en la cara, pero estos eran nuevos. No preguntó a nadie y los levantó para ver sus ojos azules, los cuales mantenía ocultos la mayor parte del tiempo.
De pronto, sintió enormes ansias por acariciar parte del rostro de Matt, justo el lado que él había perdido, el lado que jamás volvería a ser lindo. Aquel pensamiento lo obligó a arrugar las cejas con pena, demostrándole al amigo que no vio por más de cuatro años que estaba dolido y necesitaba algo de cariño.
Matt lo observó en silencio, sintiendo como la tela rígida de los guantes de Mello surcaban su cara con lentitud hasta llegar a sus labios y pasar hasta su cuello como último paradero. Tragó saliva al ver como los ojos medio cansados del rubio seguían fielmente sus movimientos y luego regresaban a ver los suyos con profundidad.
-Yo…-
-Lo sé, sé que quiere golpearme.- Le dijo, completando la frase que, hace unos días, pudo haber sido cierta mas no ahora. En estos momentos, lo único que su mente lo ordenaba hacer era abrazarlo con mucho más fuerza y besarlo como nunca antes lo había besado, olvidando cada cosa que pudo haber pensado o dicho acerca de él. Sin más, recordó el último beso que se dieron, el cual fue nada más y nada menos que en su esquina en el baño del tercer piso.
-…-
Matt sonrió de lado al ver como era que Mello se acercaba a él otra vez, abriendo un poco los labios y con el cuento de cerrar los ojos lentamente. Odiaba que hiciera eso, lo ponía tan nervioso, pero qué diablos. Una de sus manos apretó más la chaqueta que llevaba el rubio, mientras que este se ocupaba de arrastrar sus dedos hasta la nuca del pelirrojo, ambos, concientes y esperanzados con que aquello resultara de una vez.
Matty sintió que, como la primera vez, era el rubio quien lo apresaba primero, urgiéndole abrir la boca como primera demanda. Aplastó su cuello nuevamente hasta que no hubiera más espacios vacíos y solo existiera fricción, calor y más fricción entre ellos, sus lenguas y la saliva que empezaba a derramarse por la comisura de sus labios.
Y, así como la primera vez, el aire hizo falta, pero la comodidad era normal incluso los nervios ya no regresaban, estaban tan acostumbrados a esto que ya era una más de sus actividades.
-Oye, ¿hace cuánto no besas a alguien?- Preguntó Mello en son de burla al tiempo que soltaba un poco su abrazo y frotaba su nariz con la de su amigo con derecho a roces. Fui allí que sintió cuando la arrugó, fastidiado. -¿Qué?-
-…Nada.-
-Me mentiste.-
-¿Ah?-
-Dijiste que todos los besos eran iguales; es mentira, ¿lo sabías?-
Entonces, Matt se soltó de una sola, dejando al rubio con los brazos elevados y sin nada a lo cual acariciar. Aquello logró que Mello elevara una ceja ante su actitud, la cual no tenía nada de agradable. Cerró la puerta y lo siguió hasta la ventana que era hasta donde había caminado y volvió a envolverlo, encerrándolo con sus brazos por la cintura para así ocultar su rostro medio desfigurado entre su cuello y cabellos. Soltó un par de besitos por ahí, logrando que el pelirrojo se estremeciera.
-Déjalo, Mello.-
-No quiero.- Y lo apretó más contra sí. –Te extrañe mucho, Matty.-
-Si, claro.- Respondió sarcástico. Aquellas simple frase lo obligó a recordar, de manera vívida, los primeros momentos en que sintió su vida partirse por su causa. Se había ido dejándolo solo, abandonado y, con mucha más razón, olvidado y sin importancia.
Tuvo que sorber por la nariz al tiempo que se colocaba sus goggles nuevamente. No quería que lo viera con los ojos llorosos, no ahora que quería estar enojado, pero, ¡carajo!, no podía, no podía estar desarrollando sentimientos negros cuando lo único que interesaba ahora era volver a acariciar con ansias la cabellera rubia del muchacho desaparecido.
De pronto, escuchó a Mello suspirar derrotado y, luego, lo soltó despacio.
-¡Bien! Hablemos.-
Mello se acomodó la capucha de la chaqueta antes de darse la vuelta caminar hasta la puerta. Matt lo miraba desde el mismo lugar, junto a la ventana, sin decir nada, no entendía muy bien qué quería hacer.
-Vamos al tejado de esta pocilga.- Habló con una sonrisita de lado, provocándole a su mejor amigo una sonrisa de diversión. ¿Cuándo Mello había aprendido a ser amable? Exacto, nunca. Mello jamás diría nada amable aunque de ello dependiera su vida.
Al llegar al último piso de su edificio, el cual solo tenía siete, ambos se sentaron en el borde del mismo, mirando hacia el rascacielos más próximo. El cielo les decía que la puesta de sol no tardaría en aparecer y, con ella, la disminución de un par de grados en la temperatura. Matt sacó una cajetilla de cigarrillos del bolsillo de su chaleco y escogió uno, encendiéndolo con rapidez y expulsando la primera calada por la nariz.
Estaba callado, muy callado, y Mello ya estaba comiendo chocolate.
Sonrió ante esto. Esa era otra de las cosas que jamás cambiarían en él: su afición desmedida, casi enfermiza, con el cacao procesado.
-Y aún te ves bien.- Comentó el pelirrojo sin mirara al chico chocolate. Este lo observó de reojo.
-Ajap.-
-…- Matt sorbió por la nariz ante la respuesta. Quizá su cigarrillo se estaba consumiendo entre sus dedos mientras él observaba sin miedo alguno la acera siete pisos más abajo, pero su cerebro estaba… no, su mente estaba ocupada en saber porqué aquel miedo no era captado a comparación del miedo sentimental. Mello se portaba tan indiferente ahora, comía como siempre lo hizo en Wammy's House, sin ver a nadie, pero sabiendo que Matt siempre estaría allí.
Ya, si creía en lo que decía entonces era como decir que Mello nunca se preocupó por él porque tenía la sensación de que él siempre estaría allí.
Matt suspiró. Era cierto, todo.
-Sabías que siempre estaría esperándote y que, en el momento que llamaras, yo iría sin importa nada.- Habló en tono bajo sin verlo. Mello giró su faz hacia él para verlo jugar con el cigarrillo encendido y mirar hacia el vacío. Lo vio parpadear también y eso era típico signo de llanto, aunque Matt nunca llorara.
-Matty…- Comenzó, pero el chico negó con la cabeza, no quería que dijera nada o, simplemente, quería que lo olvidara. Si, no había dicho nada y, si lo pensaba de nuevo, Mello no le debía explicaciones tan profundas. Así que sonrió y, en ese mismo instante, Mello se recostó en su hombro, acomodando la forma de su cabeza al cuello de Matt.
-Me dirás toda la mierda que has hecho hasta ahora.- Dijo. Mello rió ante eso.
-La última: acostarme con la zorra de la discípula de Near.- Y volvió a reír, bajo, pero lo hizo. Por su parte, Matt frunció el ceño en silencio. No quería decirlo, pero su querido Mello se había convertido en eso: una zorra.
-Ya.-
-No estaba mal.-
-Aja, ya.-
-Incluso la—
-¡YA!- Le gritó, obligándolo a que se levantara del su cómodo lugar. -¿Qué no captas la indirecta, Mello?- Prosiguió, esta vez con voz fuerte, haciendo notar lo mal que le había caído el inocente comentario. Claro, pregunta con respuesta, sino te agradaba, allá tú. Pero ese no era el caso, no. El caso era qu—
¡ARG! Mello idiota…
-Bueno, me callaré.-
-Si, cállate.-
-…-
Mello respiró y se recostó en el hombro de Matt nuevamente.
-Matt.-
-… ¿Qué?-
-Near lo dijo: el necesitaba iniciativa y yo tranquilidad…- Pausa para elevar su mano cubierta hasta su rostro, delineando el inicio de su cicatriz. –Por eso pasó lo que pasó.-
-…-
-Yo…- Mello sorbió por la nariz antes de continuar. Se levantó de su apoyo y obligó a que Matt lo mirara. –¿Sabes? Creo que si no me hubiera ido del orfanato, nada de esto me hubiera pasado. Mi rostro seguiría intacto y—
-Seguiríamos juntos.-
-…- El rubio no hizo nada más que acercarse al rostro serio de Matt y colocar un beso lento sobre sus labios. El chico lo había tasado desde el día en que hablaron por teléfono, imaginaba que estaba enojado, pero se equivocó, estaba dolido, no molesto. Le respondía las muestras de afecto como siempre, pero lo hacía de manera fría y bastante mecánica. Mello no quería eso; lo había extrañado demasiado como para dejar que su actitud lo arruinara.
Genial, ahora estaba mostrando que era el peor de los egoístas.
Se separó de él sin despegar su mano del rostro del pelirrojo, la había dirigido hasta allí en medio del beso.
Suspiró.
-¿Matt?- Este parpadeó. -Dormiré aquí esta noche.-
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