Capitulo III
El novio de Lily
Haberla visto bajando del carruaje de la mano de ese idiota fue más de lo que podía soportar ver. Estaba tan hermosa, con sus ojos brillando, su cabello rojo y lacio, su sonrisa… ¿por qué no podía ser é quien la llevara de la mano hacia el Gran Comedor? ¿Por qué tenía que ser ese creído buscador de Ravenclaw?
El había decidido hacer todo por conquistarla, y ahora ella estaba más lejos que nunca… todo por culpa de su estupidez. Estaba seguro que la quería, y mucho. Estaba seguro que lograría conquistarla. Pero verla allí, con ese cretino, había esfumado todas sus esperanzas.
– James… te estoy hablando!! – decía Sirius en esos momentos
– Lo siento Canuto… estaba distraído… ¿qué me decías?
– Pues que ahora que Lunático es prefecto tendremos chipe libre para lo que queramos – al oír eso James se alegró un poco y dejó de pensar en Lily
– Si… va a ser estupendo… ¿tu que dices Lunático?
– No lo sé chicos…
– Oh! Vamos, no seas aguafiestas…
– ¿Por que no comes Cornamenta? – preguntó Peter de pronto.
– No tengo hambre Colagusano.
El banquete fue lo mismo que todos los años, los alumnos nuevos, algunas palabras del director, la comida, el discurso de principio de año, incluidas la lista de objetos y lugares prohibidos; y finalmente a la cama… Temprano por la mañana no tuvieron clases, por lo que James decidió saltarse el desayuno e ir a visitar a su amigo Hagrid.
– Te ves molesto… ¿qué sucedió?
– Tiene novio…
Hagrid se limitó a darle unas cariñosas palmadas en la espalda (que casi lo dejan en el suelo), para transmitirle su apoyo. Conocía muy bien al chico, y cualquier cosa que dijera sabía que no lo animaría. Estuvieron un rato en silencio hasta que James se puso de pie.
– Gracias Hagrid… necesitaba esto…
Se despidió de su amigo y volvió al castillo. Al pasar fuera del Gran Comedor, que ahora se encontraba vacío y con las puertas cerradas se dio cuenta que no había comido desde el día anterior, por lo que decidió bajar a las cocinas a comer algo. Estaba llegando al cuadro donde se encontraba la entrada cuando éste se abrió y por él salieron dos chicas.
– Dijiste que me ayudarías – le dijo a una de ellas
– No James… yo dije que no podría ayudarte…
– Pero esto me aleja más aún de ella… ¿por qué? Si sabes perfectamente que es lo que siento…
– ya te darás cuenta que las cosas cambian… hay que cometer errores para aprender – dijo en un tono misterioso.
– Sam… ¿podemos irnos? Quedé de juntarme con Robert… – Lily parecía apurada
– Oh!… está bien, vamos… – accedió – confía en mi… – le dijo a James. Y ambas se perdieron por la puerta que salía al Hall de entrada, conversando acaloradamente en voz baja.
James entró a la cocina luego que las chicas se fueran. Lo que Samantha le había dicho era muy extraño. Pero a pesar que se moría de celos iba a confiar en ella, iba a confiar en que las cosas al final salieran bien. No debía perder la esperanza. Pero lo que seguro perdería era la paciencia.
