Capitulo VII
Encuentros y desencuentros
– Ni te imaginas lo feliz que estoy – exclamó James a Hagrid, entrando a la casa de su amigo.
– Creo que no entiendo muy bien James… ¿vas a una detención con Sprout no?
– Si – respondió el chico con una enorme sonrisa
– ¿Me puedes explicar que te sucede? – preguntó Hagrid exasperado – ¿vas a cumplir un castigo… y estás feliz?
– Pues más que nada estoy feliz por el motivo que me castigaron…
– Oh… algo escuché a la profesora McGonagall. Te castigaron por armar un alborto enorme en medio de la clase de Transformaciones ¿no?
– No fue un alboroto – se defendió James – estaba celebrado una espectacular noticia que me dio Sirius… es culpa de él por soltar semejante bomba en medio de la clase de la profesora más estricta de todo Hogwarts – dijo muy rápidamente casi sin respirar. Hagrid lo miró levantando una ceja – Evans cortó con Taylor en el tren… por eso estaba así cuado llegó al compartimiento de las chicas ¿recuerdas que te mencioné algo de eso?
– No te voy a decir que me sorprende por que ya lo veía venir… – le dijo Hagrid con un tono misterioso – especialmente por que yo se muchísimo más sobre aquella relación que tú… pero de todas maneras no me lo esperaba… aún – añadió – En todo caso, entiendo que estés tan contento, James… es una buena oportunidad para ti.
– Si… bueno… ya me tengo que ir Hagrid, tengo que presentarme con Sprout luego y cuando termine con el castigo tengo que hacer unos deberes de Encantamientos.
Salió de la cabaña luego de recibir una cariñosa palmada en la espalda por parte de Hagrid, que casi lo bota al suelo y caminó con la firme decisión de ir luego a la biblioteca. Atravesó la explanada de césped, subiendo la suave pendiente hasta los invernaderos. La profesora Sprout lo esperaba con un enorme rastrillo, un par de guantes de piel de dragón y un cubo mágico de basura. Se tardó sólo dos horas en limpiar todo el invernadero tres, vigilado todo el tiempo por la profesora, que rondaba por ahí mismo, jugando con la varita de James entre sus dedos.
Luego de cumplir el castigo, Potter subió hasta las puertas de roble, que en ese momento se encontraban abiertas de par en par. En el Hall de entrada había unos cuantos fantasmas en un rincón discutiendo acaloradamente. James siguió su camino, subiendo unos cuantos tramos de la escalera de mármol y luego giró por un corredor en camino a la biblioteca para hacer su tarea de Encantamientos.
En medio del pasillo se encontró con Hagrid, que simplemente le guiñó un ojo de manera bastante misteriosa. Siguió caminando hacia la entrada de la biblioteca cuando vio una figura con túnica negra y larga cabellera roja entrar a la biblioteca. Se detuvo un momento dudando si hablarle o no, pero finalmente se armó de valor, y se apresuró unos pasos.
– Evans!! – llamó él – Hey! Evans!! – La chica se volteó a ver quien la llamaba, pero se arrepintió y siguió caminando hacia el extremo opuesto del pasillo – Lily… por favor – dijo James a la chica que le daba la espalda, con voz suave, casi suplicante.
Al oír su voz, Lily se detuvo en seco, aún dándole la espalda. Parecía estar debatiéndose entre seguir su camino, probablemente a la Sala Común, o darse la vuelta y hablar con él. Pero no daba muestras de decisión alguna, por lo que él se adelantó hasta quedar frente a ella, mirando su rostro. Ella levantó la vista, y él pudo por fin mirar dentro de aquellos hermosos verdes ojos.
– Lily… perdóname… – susurró James sin apartar la vista.
– Si… – susurró ella, luego de una pausa, en que solo se había dedicado a mirar a James a los ojos, como si buscara algo dentro de ellos – yo… no te preocupes, no hay rencores.
Estaban muy cerca uno del otro, James no se atrevía a cerrar la distancia que separaba sus labios con los de ella y Lily por su parte se mantenía firme y con una imprecisa decisión en el rostro.
– Me gustas Lily… – musitó él – te quiero…
Lily abrió los ojos a causa de la sorpresa, se alejó un par de cortos pasos, negando muy sutilmente con la cabeza. De pronto se volteó rápidamente, salió corriendo por el pasillo y subió las escaleras, perdiéndose de vista.
James se volvió por donde había venido y tomando un atajo llegó a la primera planta en unos segundos. Atravesó el Hall de entrada corriendo, enojado, y no se detuvo hasta llegar al Campo de Quidditch.
En los vestuarios, se cambió la túnica de entrenamiento, sacó una bolsa de pelotas de tenis y cogiendo su escoba de última generación, salió al terreno de juego. Encantó las pelotas para que lo siguieran y atacaran y montó su escoba cogiendo su varita fuertemente con la mano derecha.
Después de casi una hora sobre la escoba, James terminó de destruir las treinta pelotas. Dio un par de vueltas sobre el Bosque Prohibido y el Castillo, y bajó en la azotea de una torre.
Bajó las escaleras hasta el corredor del quinto piso. Pronunció la contraseña a la Dama Gorda y entró por el hueco. Una ves dentro James pudo ver a Lily volteándose, desde una mesa frente al fuego, para ver quien entraba, dirigiéndole una triste mirada. Pero él estaba demasiado dolido con ella por haberse ido sin dar explicaciones, no entendía por que lo rechazaba de aquella forma, si él había cambiado por ella y estaba demostrando que era sincero. Se encaminó a su cuarto sin siquiera mirarla y no volvió a salir hasta varias horas más tarde, cuando, bajo la capa invisible se encaminó a la Sala Común a estirar las piernas.
