El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como todos los símbolos y elementos relacionados, son propiedad de Warner Bros., 2000

John Tucker Must Die Copyright 2006 Twentieth Century Fox Film Corp. and Dune Entertainament LL.C.

James Potter debe morir
Cap 2: En plan de venganza

-En mi caso si un hombre me hiciese sentir así... –empecé.

-...romperías con él –dijo Heather-. Blah, blah, blah...

-James encontraría otra novia en un segundo –razonó Beth.

-No –las corregí-. Yo no dije romper con él. Yo me vengaría...

Me miraron sin saber qué decir.

-¿Quién eres tú? –preguntó Heather.

Iba a contestar cuando...

-¡Lo sé! –exclamó Beth-. ¡Tú eres la chica que el año pasado se volvió loca y enviaron a rehabilitación en San Mungo!

-No, yo... –traté de explicarme, pero me interrumpieron.

-¡Ah, entonces eres la que internaron por bulimia! –dijo Beth.

-No...

-¿Campamento contra la obesidad?

-No... –me reí-. Yo...

-¡Hey! –la señora Pince regresó a la Biblioteca-. ¡Sin hablar!

-Mi nombre es... –empecé.

-¡Sin hablar! –repitió la señora, mirándome como si fuera retrasada.

Esa noche cuando estaba en mi habitación sentí el ulular de una lechuza en mi ventana. Fui a ese lugar y le abrí. Era una carta de mi mamá. Decía que ya estaba saliendo con otro hombre, un veterinario o algo así. Me senté sobre la cama y tomé una pluma de mi mesita dispuesta a contestarle, cuando otra lechuza entró a la habitación, pues me había dejado la ventana abierta.

Lily, nos juntamos en media hora en una sala desocupada del quinto piso donde las ventanas dan al lago. Identificarás la puerta porque tendrá un elástico rojo en el picaporte.

Queremos vengarnos de James.

Atte.:
Carrie Schaeffer
Prefecta de Ravenclaw
Capitana del equipo de Gobstones
Presidenta del Club de Encantamientos
Presidenta de...

Y así seguía una larga lista que ocupaba más de la mitad del pergamino.

Sonriendo, me coloqué la túnica sobre el pijama y mis zapatos, me guardé la carta en un bolsillo (y también la de mi mamá) y salí de la habitación al mismo tiempo que las lechuzas se iban por la ventana abierta.

En la sala común –vaya sorpresa- me encontré con Sirius Black conversando en una esquina con Peter Pettigrew. Al parecer ni me vieron, porque siguieron en lo suyo cuando salí por el retrato de la Señora Gorda.

Rato después llegué al pasillo que me habían indicado. La luz de la luna entraba por cada ventana. Identifiqué el elástico rojo en una de las puertas y entré.

-Hola –sólo estaba Carrie adentro, sentada sobre una mesa-. ¿Tu nombre era Lily, cierto?

-Sí –sonreí. Usualmente nadie se acordaba de mi nombre-, soy Lily...

Unos minutos más tarde apareció Heather en la puerta.

-Quiero destruir a James Potter.

Luego Beth:

-Me opongo a la matanza de animales, pero en el caso de James Potter haré la excepción...

-Vaya, ni siquiera lo conozco... –me dije en voz alta.

-¿Y? Tú no conoces a nadie –dijo Beth-. Eres como Suiza. Nutrial.

-Se dice neutral –la corrigió Carrie-. Si lo intentásemos las tres solas –se apuntó a ella misma y luego a Beth y a Heather-, nos mataríamos. Tú nos uniste –se dirigió a mí-. Tú nos demostraste que teníamos algo en común.

-Exacto –afirmó Heather-. Todas queremos matar a James Potter.

-Wow... –exclamé, mientras ellas se miraban entre sí-. Está bien...

A la mañana siguiente a la hora de almuerzo nos juntamos en la misma sala, pero al encontrarnos en el pasillo Beth y Carrie miraban hacia abajo por la ventana: allí James Potter venía de camino de los invernaderos seguido de sus amigotes, saludando con una sonrisa gigante a todo el mundo.

-¡Míralo! Pavoneándose como si fuera el dueño del colegio –exclamó Heather indignada.

-Oh, lo es... –susurró Beth.

-Vamos –Carrie se volteó y se dirigió a la sala. Abrió la puerta y nos dijo: -No toquen nada...

Carrie se había pasado toda su hora libre antes del almuerzo preparando la sala para hacer una exposición, con un proyector que yo sólo había visto utilizar una vez a la profesora de Estudios Muggles.

-Wow... –susurró Beth al entrar.

-Definitivamente pasas mucho tiempo en actividades extraescolares... –dijo Heather, despectivamente.

-¡Gracias! –exclamó Carrie, como si fuera un cumplido-. Beth... ¿Puedes apagar la luz?

-¿Cómo se...

-Nox, nada más –Carrie puso los ojos en blanco. Beth realizó el hechizo y se sentaron todas de frente al proyector-. Bueno, chicas... Aquí vamos... –Levantó su varita y con una floritura el proyector se encendió y apareció la cara de James en una de las paredes-. Lily... –me habló- haz lo tuyo.

-¿Lo... mío? –pregunté, tratando de recordar qué hacía ahí con tres de las chicas más populares de sus respectivas casas. Vi la cara de James en la pared y lo recordé-. Ah... vale –Me puse de pie y me giré hacia ellas-. ¿Qué fue lo que les atrajo de James?

-Lily, ya sé a dónde quieres llegar con esto –interrumpió Carrie-. Chicas, necesitamos definir a James. Es una estatua envuelta en pintura enmarcada en músculos, pero qué hace la diferencia?. ¿Es su encanto, su sonrisa... ese bronceado perfecto?. ¿Qué es, chicas? A fondo...

-Es... todo –respondió Beth-. Son sus ojos... sus labios... –parecía extasiada-, su pecho... El modo en que, cuando te abraza, su cuerpo se tensa...

-Oye –la detuvo Heather-. Todas sabemos que pasa cuando los hombres se ponen felices...

-¡No es lo que quise decir!

-Hey, chicas –las retó Carrie-. Guarden ese rencor para James, está bien? Miren, volviendo al punto... Todas coincidimos en que es atractivo.

-¿Y qué es lo que hacemos? –preguntó Beth.

-Bueno, las porristas, generalmente derribamos al otro equipo debilitando su confianza, haciéndolos sentir que son malos... –explicó Heather.

-No creo que sirva de algo eso de "EFE" "E" "A" "ESE", las superamos con creces –dijo Beth.

-¡Ya cállate!

-Heather, aunque me duele aceptarlo... tienes un buen punto –admitió Carrie.

-Sí –dije yo-. Y ya que el juego de James es siempre tener una cita... Para vengarse con un chico como él debemos hacer que nadie quiera salir con él...

-Exacto... –murmuró Carie, y con otro movimiento de varita sobre la cara de James en la pared apareció la frase que nadie quiera salir con él-, una destrucción sistemática de lo que es James Potter...

Y el James de la pared se desintegró.

-Chicas... –empezó Beth-. Creo que tengo una idea...

El plan de Beth fue así. Aquella tarde después del entrenamiento de Quidditch, la Hufflepuff se lo llevó a uno de los extremos del bosque prohibido, donde nadie podría verlos. Allí esperaba un compañero de curso de Beth, que se dedicaba a la fotografía. Ella le explicaría a James que el chico era un fotógrafo magnífico y que en sus vacaciones enviaba fotos a la revista The Snitch, una revista sobre Quidditch donde su padre tenía un puesto importante. Él podría hacer que James se hiciera famoso para el resto del mundo mágico, pero tenía una visión especial de las cosas. El caso es que su compañero lo haría posar tan ridículamente como pudiera, de los normales feliz, enojado, angustiado, a imitar un árbol, a hacer mohines, en fin... sin tener idea James para qué era realmente aquello.

Temprano al otro día, en pleno Gran Comedor, mientras James entraba conversando con una rubia de Slytherin de dos cursos más abajo no se dio exactamente cuenta de lo que se reían todos. Había un gran cartel colgado detrás de la mesa de los profesores que mostraba un anuncio donde salía James.

-¿Oye, ese no eres tú? –le preguntó la rubia mirando hacia el cartel.

Ahí James se dio cuenta. Una foto de él sonriendo junto a:

¿SÓLO OTRA CARA BONITA?

-A veces trabajo como modelo –se excusó James, pero sentía intriga de qué hacía su foto colgada ahí.

-¿De verdad?

-Sí.

-¡Oh, no lo sabía!

-¿Me das un sorbo? –le preguntó apuntando su jugo de calabaza.

-Claro... –le ofreció el vaso la chica.

¿O LA CARA DEL HERPES GENITAL?

Otra foto de James. Una horrible foto de James. Y estallaban carcajadas por todo el Gran Comedor.

-¡Conozco a ese tipo! –gritó una voz de mujer desde la mesa de Ravenclaw.

-¿Qué? No... –James frunció el ceño, mientras la rubia se alejaba despacio-. Yo no tengo eso...

Las palabras cambiaron mágicamente otra vez...

NO HAY NADA BONITO ACERCA DEL HERPES. LO SÉ, LO TENGO.

La rubia de Slytherin pegó un salto y miró su vaso de jugo de calabaza con asco.

-Holly –dijo James, asustado-. Yo... ¡yo no tengo eso!

-¡Merlín, ni me toques! –exclamó ella antes de salir corriendo.

-¡Holly, espera!

-¡No me toques, no me toques!

Desde el fondo del Gran salón, Heather, Carrie, Beth y yo estábamos atacadas de risa.

-¡Es él! –exclamó una Hufflepuff apuntando a James.

-¡El chico Herpes! –exclamó Snape desde su mesa, reventando de risa, y no era el único.

-¡Eso no es cierto! –aseguró James, de pie en medio entre las mesas de Slytherin y Ravenclaw-. ¡Sólo modelo como un tipo que tiene Herpes! –y fue saliendo del comedor.

-¿Vas a la enfermería, Jamsie? –le dijo su propio amigo Sirius Black, antes de seguirlo.

Nos faltó algo importante de tomar en cuenta. La regla número uno... nunca subestimes a tu oponente.

Tres horas después en el mismo Gran Comedor, al almuerzo, los profesores lo hicieron acercarse a su mesa y le entregaron un pequeño trofeo. Dumbledore dijo:

-Porque adolescentes responsables hay pocos, yo te premio a ti, James Potter, como un ejemplo a seguir...

-Personalmente no sufro enfermedad alguna de transmisión sexual, pero uno de cada cinco chicos, sí –dijo James con una sonrisa; las chicas presentes parecían embobadas-. Y me siento orgulloso –levantó su trofeo- de entregar mi voz a los silenciosos...

Aplausos. Malditos aplausos.

En la noche tuvimos una reunión de emergencia en la sala vacía de siempre.

-¡Rayos, debió haber funcionado! –exclamé-. Quiero decir... ¿Estamos olvidando algo?

-A mi sí –dijo Heather-, mi vida social...

Carrie anotaba algo en un pergamino.

-¿Carrie, qué es lo que estás anotando ahí?

-Oh, una lista, cosas normales, como todo el mundo... Tengo una lista de quehaceres, de metas, de eventos, de observaciones, mis principios, que por supuesto son muy diferentes... porque mis observaciones requieren un tema y mis principios no... –Todas la mirábamos con cara de pregunta-. Cosas normales...

-Sí, claro. Normales... –dijo Heather, mientras abría un frasco de pastillas.

-Por lo menos no estoy medicada –arremetió Carrie, mirándola con superioridad.

-Perdona, este es un suplemento de belleza completamente natural –respondió Heather.

-¿Qué estás tomando? –preguntó Beth, acercándose a ella para mirar la etiqueta de la caja-. ¿Estrógeno? Heather, torturan caballos inocentes para hacer esto, lo hacen con su orina!

-Orinar no es una tortura, la menopausia lo es. ¡Se las robo a mi mamá! Los hombres toman esteroides para tener pectorales... ¡yo sólo quiero aumentar una talla! –exclamó Heather, mirándose el pecho.

-No creo que funcione así –dije yo-, eso detiene tu producción natural de hormonas.

-Sí, y cuando no tengas más te va a crecer un bigote y un pene –se burló Beth.

-¿Es en serio? –dijo Heather mirando el frasco con asco.

-Ok, chicas... –medió Carrie-. Debemos volver al tema de James.

-Bien, hace falta un golpe más fuerte que destruya todo su potencial de macho, me siguen? –dijo Beth-. Tenemos que hacerlo entender qué se siente ser nosotras.

-Así es, y qué más horrible para un hombre que no ser varonil? –dije yo, apuntando el frasco de Heather.

Comenzaba el segundo plan. Hubo que esperar otro día para la práctica de Quidditch de los Gryffindor. Heather se encargaría de esa parte. Todos sabíamos que James le echaba una poción a su jugo de calabaza para tonificar sus músculos. Heather se metió a los camarines del equipo mientras todos practicaban en el campo y rellenó el frasquito de poción de James con su caja completa de estrógeno. Cuando él regresara, Heather le haría ver que no estaba lo suficientemente musculoso, y que debía tomar una dosis doble al sorbo diario que le daba al frasco. Y el plan iba a la perfección. Por lo que vimos, James no dejaba de tomar su jugo de calabaza acondicionado, pero los resultados aún no se veían. Sabíamos que el proceso era lento.

Un par de semanas después me encontré en la sala de Pociones con el primo de James, pidiéndome que fuera su pareja en un experimento, porque su anterior compañero había resultado lesionado. Acepté, pero el tipo era malísimo. Debí enseñarle paso por paso como se hacía la poción que estábamos elaborando y de todas maneras se la echó encima. Por suerte no era nada peligroso, sino no me imagino que pudo haber sucedido. ¿Cómo dos personas podían ser familia y ser tan diferentes?

Dos semanas más y había partido de Quidditch, Hufflepuff contra Gryffindor. Gryffindor aún no lograba sacarle una ventaja importante al otro equipo. Con mis binoculares, lo vi todo. El bateador de Hufflepuff le lanzó una Budgler a James en el pecho, y James, colocándose una mano donde le había dado la pelota le recriminó. El bateador lo miró con cara de burla. De seguro se quejaba del dolor como una niñita. Yo no era experta en leer labios, pero estaba segura de que le había dicho algo así. El tipo de Hufflepuff le lanzó un pelotazo de nuevo en menos de cinco minutos, y comenzaron a pelear. El profesor Smith, el árbitro, hizo sonar su silbato y detuvo el juego.

-¿Qué está pasando aquí?

Todos atentos a la conversación.

-Él empezó –se defendió James-, es muy pesado conmigo!

Y con su escoba se acercó a las galerías y le quitó una barra de chocolate a Remus Lupin de la mano para comérsela.

-¡Eso es mío! –exclamó Lupin.

-Lo necesito –se explicó James-. Y oye... ¿mis piernas se ven gordas en esta posición? –le preguntó reacomodándose sobre la escoba.

Lupin lo miró extrañado. El profesor Smith tocó su silbato de nuevo y el partido continuó. James salió volando hacia el otro extremo, y Sirius, suspendido sobre su escoba lo miraba con cara extrañada.

-¡James! –empezó a gritar-. ¡La Snitch acaba de ir hacia la otra dirección!

-¡No me mires así! –le gritó James de regreso, mientras el buscador de Hufflepuff que había escuchado el grito de Sirius fue tras la pequeña pelota dorada al otro lado del campo.

James lo vió asustado y lo siguió. Sirius, desconcentrado, perdió un pase y la Quaffle pasó a parar a las manos de una Hufflepuff que anotó. La Snitch se había perdido otra vez, porque los buscadores miraban desconcertados el campo. Si James hubiera estado en sus cabales, ya hubiésemos ganado el partido, pensé. El guardián de Gryffindor miró a su equipo con los ojos en blanco y pidió tiempo fuera. Reunió al equipo en la parte baja del campo.

-¿James, estás bien? –le preguntó uno de sus compañeros.

-¿Sí, por, acaso no me veo bien? Pues me siento bien, estoy perfecto –respondió James, agresivo-. ¿Qué dices?

-Digo que debemos enfocarnos en el juego –dijo Sirius, mirando enojado a James.

-No deberíamos demorarnos mucho más y si seguimos así vamos a perder porque tu Snitch no va a alcanzar al equipo de Hufflepuff –le recriminó una de las cazadoras a James.

-¡Ya lo voy a lograr! –exclamó James, sintiéndose ofendido.

-Volvamos al juego –dijo Sirius, haciéndole una seña al profesor Smith que volvió a tocar su silbato.

Pero no pasó mucho tiempo antes de que el buscador de Hufflepuff agarrara la Snitch y Gryffindor perdiera el juego. James fue el primero en bajar al campo con su escoba y se sentó en el suelo escondiendo la cara entre sus manos. Todo el equipo, consternado, bajó también y lo rodearon.

-James... ¿James, estás bien? –le preguntó Sirius, viendo a su amigo en tal deplorable estado.

Al mismo tiempo, la gente de la galería empezaba a bajar y todo Gryffindor y algunos de otras casas rodeaban al equipo para ver qué pasaba con James.

-¡No! –exclamó James, levantándose con voz angustiada y con los ojos un poco hinchados-. ¡No me siento bien, estoy ansioso, hinchado y me duelen los pezones!

-¡No seas una niñita! –exclamó Sirius, seguramente sintiendo vergüenza ajena-. Vamos, tenemos que irnos.

-¡No quiero! –sollozó James, y los ojos le empezaron a brillar por las lágrimas que se le acumulaban-. Quiero decir... ¡Siempre soy yo, James esto, James aquello, te necesitamos James!. ¡James, James, James! Siempre me gritan, pero nunca me escuchan... ¿Qué hay de mis sentimientos?

Fue un golpe mortal...

-¡Déjenme solo! –dijo antes de salir corriendo hacia los vestidores.

...que impactó con asombro. Gracias a nosotras, las chicas jamás estaríamos bajo el reinado de James Potter de nuevo. Finalmente cayó en desgracia, y nosotras estábamos en la cima del mundo. Los chicos ya no lo querían saludar en el pasillo, ni sus amigos le hacían demasiado caso. Y en el Gran Comedor lo vimos comiendo solo. Pero algo falló. De nuevo.

Hace dos días, en el pasillo, lo vimos solitario mirando por una ventana, y una chica de Gryffindor, de mi propio dormitorio, se le acercó.

-Lo que hiciste en el campo de Quidditch el otro día fue lo más valiente que le he visto hacer a un hombre alguna vez. Me llamo Steffy, puedes encontrarme en la sala común cuando quieras si necesitas conversar, ya sabes –le guiñó un ojo y se acercó para susurrarle: -Me quedo despierta hasta tarde -y se alejó.

Y ella no fue la única. Carrie aseguró ver a una de sus compañeras acercarse a James en clase de Encantamientos, y Beth lo atrapó cuando una niña de quinto año le coqueteaba en el hall del colegio.

Regla número dos... nunca, jamás, subestimes a tu oponente.

El muy descarado se acercó a Heather cuando ya había recuperado completamente su confianza y le dijo:

-¿Cariño, podemos hablar? Sé que me volví loco en ese partido de Quidditch. Mi consejera dice que debo analizar mi responsabilidad emocional... Y así, trabajando en mí mismo, y tratando de aclarar todo lo que me sucede y me ha sucedido... Bueno, tú sabes que sólo hay una chica para mí... Pero no creo que esa chica seas tú. Quiero decir, nos divertimos demasiado, sabes? Y estoy listo para buscar a alguien más profunda, más compleja... Así que... ¿estamos bien?

Exactamente el mismo discurso que más tarde le daría a Beth y a Carrie. Y de las tres se ganó una fuerte bofetada.

Tuvimos que reunirnos otra vez en nuestra sala habitual. Beth llegó refunfuñando de que la había botado.

-¿Ese maldito bastardo cree que yo no soy compleja? –dijo Carrie con rabia antes de aventar su bolso sobre una mesa.

-Tú inventaste la palabra compleja –le dijo Heather.

-Estoy tan deprimida que ni siquiera pude disfrutar del sexo de despedida –dijo Beth con voz grave desde el rincón en el que se había sentado. Nosotras la miramos con cara de asombro, y ella se dio cuenta-. ¡Merlín, soy una puta! –se dijo echándose hacia atrás y se golpeó con la pared. Nos reímos y ella se rió también.

Cada una había traído algo para comer. Abundaban los chocolates y las frituras. Empezamos nuestro festín y las chicas parecían más animadas.

-No puedo creer que llegué a comer carne por él... –confesó Beth-. Digo, era pescado... ¡a mí no me gusta comer nada que tenga una cara!

-Prueba esto, está muy rico –le dijo Carrie alcanzándole una barra de chocolate-. Es chocolate cubierto de chocolate. El chocolate... –empezó-, es como el James Potter de los alimentos.

-¿Qué, acaso conquista a todas las demás golosinas? –preguntó Beth y nos reímos.

-No, no, el chocolate hace que todo sea más bueno –dije yo-. Mi mamá dice que incluso puede reparar un corazón roto.

-Vaya... –empezó Heather-. Estuve pensando y... en vez de hacer todo esto deberíamos simplemente romper su corazón.

Nosotras la miramos.

-¿Qué? –exclamó Beth.

-Esa es una muy buena idea –dijo Carrie.

-Sí, a excepción de que él rompió con todas... –expliqué yo.

-No con todas –dijo Carrie y me observó con una sonrisa maliciosa. Las otras dos hicieron lo mismo. Sentí cómo mis mejillas se ponían rojas.

Continuará...

Muchas gracias por comentar. Siempre es difícil arriesgarse con una pareja nueva xD. ¡Reviews!