Atravesaban los inmaculados pasillos del hospital corriendo tras la camilla, mientras observaba a la muchacha que pálida como un fantasma boqueaba sobre la mascarilla de oxígeno.
Horas más tarde, un médico se acercó a David Jones.
Está bien, hemos conseguido hacerla un lavado de estómago a tiempo. Había tomado suficientes pastillas como para entrar en coma. Ahora descansa.
¿puedo pasar a verla?- preguntó el ejecutivo.
Claro, pero no la moleste en exceso.
Al atravesar la puerta, la muchacha abrió los ojos poco a poco. David se avalanzó sobre su mano, separandose después un par de milímetros, los justos para dejarla respirar:
Mi vida, mi amor, ¿por qué lo has hecho?, ¿es por algo que haya hecho yo?, ¿quieres adelantar la boda? ¿o atrasarla?, por favor, mi alma, dime que es lo que quieres que haga, chasquea los dedos y tendrás lo que desees.
Nada, mi cielo, no sé porqué lo hice.
En los días siguientes que Elizabeth pasó en el hospital nadie fue capaz de sacarla de esa conclusión: no sé por qué lo hice. Pero en realidad si lo sabía, porque estaba hastiada del mundo, de ser la mujer perfecta, la prometida perfecta del empresario perfecto, necesitaba un cambio en su vida. Por ello chateaba todos los días por Internet, buscando alguna novedad en su vida.
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Jake y su equipo llevaban aproximadamente dos semanas trabajando en la plataforma del videojuego, cuando tuvieron que trasladar todos sus bártulos a la misma empresa, por dificultades tecnológicas para enviar todo su trabajo por la red. Allí les instalaron en un cuartucho con cuatro ordenadores y una sola ventana, que daba casi al sótano.
Me encantan las instalaciones de esta empresa, son tan amplias, tan cómodas, tan increíblemente lujosas…- soltaba la perorata Gibs.
Vale, bueno, bastó Gibs.- le reprendió Ana María.
Eso mismo…- dijo mediante su "loro" Cotton. Michael Cotton el tercero en discordia en el grupo de Jake era mudo, y se comunicaba con el resto a la perfección mediante un pequeño aparatito electrónico que reproducía todo lo que él tecleaba a velocidad de vértigo. Sus compañeros le habían apodado el "loro".
Bueno, tengo que ir a hablar con David.
Oh sí abandonanos, deja aquí a tus pobres esclavos…- empezaron los tres a gritar con sorna mientras Jake cerraba la puerta.
Habían pasado dos semanas desde que había salido del hospital y aunque la habían prohibido terminantemente ninguna clase de estrés y estaba con medicación y consulta psicoterapéuticas, Elizabeth había decidido acudir al trabajo esa mañana, se había puesto sus mejores galas, un traje de chaqueta blanco, con unos zapatos de tacón negros a juego, el pelo recogido en un moño y unos pendientes de zafiros colgando de sus orejas, pendientes que pertenecían a la amplia gama de joyería que tenía su familia, especializada en esto.
Pues bien, salía de su despacho, situado al lado del de su futuro prometido, cuando tropezó con una masa corporal cargada de papeles y maquetas, y con un vaso de café cargado en la parte más alta de la torre. El choque consiguió que todos los papeles se desparramaran por el suelo y que la taza de café acabara directamente encima de la falda blanca de Lizzie que terminó por el suelo, como su oponente. Después de mirar furibunda la mancha, a punto de pegarle un grito al inconsciente que había la creado, pero al levantar la vista, observó al hombre que la había empujado al suelo. Se estaba deshaciendo en disculpas… tartamudeadas, y el color iba enciendo sus mejillas por momentos. Lizzie aceptó la mano que le tendía el muchacho, y después acuclillada le ayudó a recoger todos los papeles y maquetas que había esparcidos por el suelo, mientras él se ofrecía a pagar la cuenta de la tintorería…
Basta, basta, tranquilo… no pasa nada. Antes o después iba a acabar ensuciando el traje yo misma.- Esbozó una sonrisa tranquilizadora.- Soy Elizabeth Swann, encantada.
Igualmente, yo soy Jake Black.- dijo intentando alagar la mano, por encima de todos sus trastos y además consiguiendo que ninguno cayera al suelo.
¿tú eres Jake Black Pearl?.
Sí, soy yo.
Oh!.- dijo ella extrañada.
¿por qué?, ¿nos… conocemos?.- preguntó con un matiz de sorpresa y alarma en su voz, mientras daba vueltas a las pocas mujeres que conocía en su cabeza. Estaba Mindy, Stefanie, Diane, Lucille, y… bueno, creía que nadie más, y todas ellas habían pasado hace bastante tiempo. Su mejor amiga era Ana María, como su hermana pequeña, y tampoco podía conocer a esa mujer por ella, así que… la voz de Elizabeth interrumpió sus pensamientos, mientras de nuevo, volvía a enrojecer.
No, solo he oído hablar muy bien de ti. De tu trabajo.
Ah! Pues, muy agradecido, pero lo lamento, ahora tengo que irme, tengo una reunión que preparar en…- giró la muñeca para mirar el reloj y toda la pila de cosas volvió a tambalearse.-… bueno, en algo de tiempo, luego lo miraré. Gracias por todo, y de nuevo, si quiere que le limpie yo mismo la falda o mandarme la factura… bueno ahora trabajo aquí, así que… puede pasarse, primer piso.
Gracias, pero no.
Bien, hasta luego…- dijo Jake mientras empujaba con el trasero la puerta giratoria de la sala de reuniones. Elizabeth le observó un par de minutos a través de la cristalera mientras el esparcía por la mesa todos los papeles, maquetas… y encendía el ordenador, mientras en un gesto abstraído se levantaba las gafas con la punta del dedo índice.
Interesante, muy interesante.- murmuró para sí misma.
WENO CHICAS, molto grace a allenduka y a vale. Jolines con reviws como los vuestros no necesito más.
En fin, pido opiniones, qué tal está quedando Jack?, Lizzie y sus problemillas??. Un besote a todas.
A.
