Las Apariencias Hacen Daño
Gaara no le había dejado despedirse, ni si quiera permitió que otros fuesen a despedirla, así que Temari se marchó, ni carta de despedida, ni una mirada atrás. A cada paso que daba fuera de la villa más miedo tenía a estar equivocándose, pero para mejorar antes hay que equivocarse, ¿no?
Por fin alcanzó a ver de nuevo las puertas de Konoha, aún no las habían abierto, la niebla lo rodeaba todo, disimulaba formas, pero no voces. Escuchó como una chica declaraba sus sentimientos a un chico en la penumbra de la niebla, refugiados de miradas por esta, no puedo contener en sentir una calidez en el pecho por aquel pequeño acto de valentía por la chica, sin embargo algo provocó que su tiempo se detuviese, un simple Mendokusai..
Sus ojos se tornaron en puro hielo, su gesto cambio al de una muñeca de porcelana, su aspecto se había tornado en el reflejo del antiguo Gaara, del Gaara controlado por Shukaku. Se apoyó en el muró esperando que el portón se abriese, bloqueando cualquier pensamiento antes de que acabase asesinando a la Yamanaka y al idiota del Nara. Tubo que dedicarse a pensar en métodos productivos para aguantar sin molerle a ostias… aunque ninguna le servía de una u otra forma el Nara acabaría ingresado. Ella no era como las otras chicas, no iba a echarse a llorar por algo así, al fin y al cabo nunca había sido como las demás.
Cuando el primer rayo de luz llegó a la puerta esta se abrió, y antes de que llegasen a darse cuenta Temari entró y se dirigió a su nuevo apartamento, allí podría pensar, con un buen baño, cómo acabaría todo eso…
