Lo que destruye un Corazón

Shikamaru no entendía que había hecho para que Temari hiciese aquello, sabía de sobras el temperamento de la kunoichi, pero no entendía la razón que la había llevado a eso. Su cabeza era un hervidero de pensamientos tratando de encontrar el motivo y lo único que le resulto algo útil por lo que ella pudiese estar así era el comportamiento de Ino. Tras estudiar el comportamiento de Temari desde que la había vuelto a ver le conducían a esa deducción, la causa de ese comportamiento era Ino. Cierto es que no estaba seguro de que fuese eso, pero le hizo sentirse feliz de que Temari estuviese celosa.

Temari estaba con un cabreo increíble, ver a Ino colgándose del cuello de Shikamaru susurrándole algo al oído fue más de lo que podía soportar en esos momentos. Sabía que eso pasaría, que actos así tendría que verlos si estaba con ellos, pero que lo aceptase, que lo entendiese no significaba que no le doliese, la inflexibilidad de una kunoichi desaparece en ciertos momentos haciéndola vulnerable al dolor. Ella sabía que estaba celosa, celosa de esa Yamanaka, no porque esta fuese fuerte, guapa, atractiva porque de fuerte poco tenía, de lo demás.. tenía pero era manchado con su carácter, estaba celosa de que hubiese estado con Shikamaru desde siempre, que le conociese mejor, que ahora aquellos labios que degustó le perteneciesen a ella.

Shikamaru quería verla, hablar con ella sin que nadie molestase por lo que fisgó en los papeles de Tsunade hasta que encontró la dirección de Temari, apenas si leyó la dirección desapareció con rapidez en dirección hacia allí, necesitaba besar esos labios, acariciar esa dorada piel y perderse en su aroma.

Temari permaneció algo más bajo el agua de la ducha, dejando que el agua fría la relajase, dejando que el tiempo trancuyese con la mente en blanco. Salió de la ducha y se ató la toalla y fue a recostarse al sofá, encendiendo la tele sin poner nada en especial, sólo porque el sonido destruyese el silencio del piso. Sus manos recordaban el tacto de la piel del Nara, su cuerpo las caricias de él. Se vistió y se puso un bata de verano de seda morada a juego con la ropa interior de puntilla, ese día no tenía intención de salir, permanecer en casa sin hacer nada, sin pensar en nada, simplemente tirada en el sofá con un granizado de limón a mano.

Shikamaru paró en seco delante de una placa con el nombre de Sabaku no Temari . En el momento que se paró los nervios le atenazaron, ¿y si no estaba? ¿Y si estaba con otro? Esa última idea le movió a abrir la puerta, para su sorpresa esta se abrió sólo con girar el pomo. Miró al interior, todo estaba oscuro, sólo entraban algunos tenues rayos de luz. Cerró la puerta tras de si y pasó hacia el salón, miró y no vio nada, hasta que su mirada se posó en el sofá donde Temari yacía dormida placidamente. Su corazón se aceleró al verla así, el batín con el lazo semideshecho dejaba ver mucho más de lo que debería ver.

Temari se revolvió un poco y quedó tumbada de lado hacia Shikamaru, su rostro relajado, sin el entrecejo fruncido y en esa posición provocaron que Shikamaru se arrodillase a su altura y la besara.